Los nuevos tiempos

“La interconexión digital total y la comunicación total, no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo y nos llevan a una autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones”. Byung – Chul Han. “La expulsión de lo distinto”.

Llevo años quejándome de que no tengo tiempo para nada. Principalmente, para leer, o para escribir mis cosas más allá de mi trabajo alimenticio, es decir, para seguir desarrollándome como individuo. Pero luego, cuando mi hija se duerme, yo empiezo a cenar frente al ordenador, navego por internet, me paso un rato en Twitter y, finalmente, me pongo una serie en Netflix o HBO. O sea, tengo tiempo, pero estoy demasiado cansada para hacer algo con él y opto por lo más cómodo. Pero esta supuesta comodidad me va sumiendo en una inercia que me aboca a la ignorancia, la anestesia intelectual y a un vacío que, a la larga, es difícil revertir. Y podría pasarme la vida haciendo exactamente lo mismo, cada vez con menos energía, cada vez un poquito más deprimida, cada vez más aislada, sin asociarlo a que cada vez pongo menos esfuerzo en nada que no sea obligatorio: ganarme la vida y cuidar de mi hija.

Entonces, no puedo evitar plantearme todo lo que llevo años escuchando: que la tecnología hará la vida mejor, porque por el momento lo que veo es que te hace la vida más cómoda. ¿Es esto mejor? Y no es que esté proponiendo hacernos la vida más incómoda, pero tengo la sensación de que esta pereza intelectual nos está convirtiendo en una sociedad enferma, perezosa, ignorante y vanidosa (pero de buen rollo)

Todo el mundo se enfada mucho conmigo cuando critico las redes sociales, como el yonky que asegura tenerlo todo controlado y es capaz de argumentarse cualquier cosa con tal de seguir consumiendo. Yo también soy una yonky, pero con el tiempo me he ido haciendo consciente de que no lo tengo todo controlado; más bien es la tecnología la que me está controlando a mí. Como si las redes sociales fueran el camello repartiendo “caramelos”, y nosotros los niños en la puerta del colegio.

Y parezco una retrógrada nostálgica y cascarrabias cuando aseguro que nuestra vida no es mejor ahora que antes. Puede que, en el fondo, sea además las tres cosas, pero:

¿Es mejor relacionarse por wasap que en persona, sin apenas exponernos, a lo largo de los años, a la presencia de otros? ¿Es mejor tuitear todo lo que pensamos constantemente, o lo que nos está pasando o lo que hemos visto o lo que opinamos? ¿Es mejor? ¿Es mejor sentir la necesidad de enseñar las fotos de todo lo que hacemos a los demás en vez de, simplemente, vivirlo? ¿Acaso no es suficiente vivirlo? ¿De verdad necesitamos público para seguir existiendo? ¿Es esto una permanente función? ¿No parece la definición perfecta de una “farsa”?

¿Es mejor que te traigan a casa unas zapatillas en vez de ir a comprarlas? Sí, porque no tenemos tiempo para ir de compras. Vale, en ese caso replanteo la pregunta: ¿es mejor vivir sin tener siquiera tiempo para ir a comprarte unas zapatillas?

¿Es mejor ver todo el cine en el sofá en vez de acercarte a una sala y, ya de paso, salir de tu casa y relacionarte? Sí, porque tampoco tenemos tiempo para eso. Vale, ¿es mejor vivir sin tener siquiera tiempo para ir al cine?

¿Es mejor agotar las pocas neuronas que quedan despiertas navegando sin rumbo por internet, leyendo tuits sin la voluntad de cerrar la página, en vez de leer, como antaño, antes de acostarnos? Sí, porque a esas horas estamos ya muy cansados. Bien, ¿es mejor llevar una vida en la que estamos demasiado cansados como para hacer cualquier cosa que requiera un mínimo de esfuerzo?  ¿Y no puede ser que estemos más cansados, precisamente, por vivir así?

¿No puede ser que esa supuesta comodidad, en vez de hacernos la vida más fácil, nos esté haciendo la vida más estéril? La pereza llama a la pereza y, en este momento, el esfuerzo intelectual parece una excentricidad. Un artículo de más de un folio es “demasiado intenso”, quedar con la gente es “demasiado complicado”, si total, ya nos lo hemos contado todo por wasap, y leer un libro es “demasiado cansado”.

No, no vamos a mejor. Y os aseguro que este no es el discurso de una señora que echa de menos el pasado, sino de una señora que va notando el deterioro de sus capacidades, de sus energías, de su curiosidad, de su desarrollo e, incluso a veces, de su alegría. Porque todo parece una simulación de vida, una vida que no estamos viviendo plenamente, sino poniendo en manos de una pantalla para que desde ahí se nos genere alguna emoción. Emociones que cada vez tenemos menos capacidad de generar nosotros mismos.

“Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento. Se ansían vivencias y estímulos con los que, sin embargo, uno se queda siempre igual a sí mismo. Uno acumula amigos y seguidores sin experimentar el encuentro con alguien distinto. Los medios sociales representan un grado nulo de lo social”.  Byung – Chul Han. “La expulsión de lo distinto”.

Hemos normalizado la exhibición constante de quiénes somos o de quiénes queremos que crean que somos, hemos normalizado la necesidad de relatar nuestro pensamiento y nuestras actividades a los demás. Hemos normalizado hacernos fotos a nosotros mismos en cualquier situación y no sentimos ningún pudor por ello porque “todo el mundo lo hace” y, además “¿qué tiene de malo? Pero yo me pregunto: ¿Y qué tiene de bueno? ¿Qué tiene de bueno seguir alimentando una autoestima bulímica? ¿Es que no nos hemos dado cuenta ya, a estas alturas, de que esto no tiene fin? ¿Que esa autoestima jamás se conformará con nada y cada vez necesitará más alimento? ¿Será acaso la última experiencia de nuestra vida, un selfie en la cama de paliativos junto a una sonriente enfermera? ¿Rezará nuestro epitafio, inscrito en una lápida: “dame un like antes de irte”?

Este comportamiento está condicionando nuestra manera de pensar, de estar, de ser. Las redes sociales no son solo un instrumento, o un pasatiempo, sino una forma de vida. Y lo son porque en el momento el que te vas a comer una paella, tu cabeza te recuerda que tienes que hacerle una foto para enseñarla inmediatamente. ¿De qué sirve comerme una paella si nadie más va a saber que me he comido una paella? ¿De qué sirve pasarlo bien si nadie va a saber que me lo estoy pasando bien? ¿De qué sirve estar vivo si no puedo constatar con todo el mundo que lo estoy, a través de mi selfie diario?

“La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo. Esta adicción intensifica la sensación de vacío”. Byung – Chul Han. “La expulsión de lo distinto”.

Y entonces me diréis que la tecnología es muy útil para el trabajo y para las relaciones sociales, que si no estás conectado no trabajas, que si no estás en redes te quedas aislado, y ¿sabéis qué? Estoy de acuerdo, esto funciona así y no lo podemos negar, pero insisto, ¿es mejor?

Llevamos años escuchando que la tecnología es una gran herramienta, y creo que así puede ser, el problema empieza cuando la herramienta de la tecnología pasas a ser tú. En este momento, nosotros somos herramientas en manos de la tecnología. Y encima, ni siquiera sabemos para qué.

Y ahora voy a subir esto a Twitter.

5 comentarios

5 Respuestas a “Los nuevos tiempos”

  1. O'farrill dice:

    De nuevo mi enhorabuena a Bárbara por su artículo y sus reflexiones que comparto en gran medida. «En este momento, nosotros somos herramientas en manos de la tecnología….» Magnífica descripción de una sociedad anómica y perdida donde los únicos ideales posibles son conservar el trabajo y la salud (aún en condiciones precarias para la vida de verdad).
    Las tecnologías no son malas ni negativas por sí mismas, pero constituye una tentación su uso para fines espurios de manipulación social. Y no faltan quienes las aprovechan con gran habilidad. El problema siempre está en darnos cuenta de quien controla a quien. En estos momentos y desde hace ya bastantes años (Kissinger) se las ha dado prioridad frente a cualquier otra forma de ejercicio profesional o actividad laboral. Como es lógico, ya son dueñas de las vidas de muchas personas y se han apropiado de su voluntad. Basta ver el carácter imperativo de las «órdenes» que transmiten al usuario que, de no cumplirlas (como apunta Bárbara) se quedará sin el «caramelito» de conocer cualquier cosa banal e intrascendente.
    Todo tiempo pasado fue mejor…. En muchos aspectos sí. Una anécdota personal de hace unos días con motivo del fallo de la caldera de calefacción. El técnico, unos treinta y tantos años, con su mascarilla puesta, tras comprobar que no había avería real me dice: «es que es una caldera antigua y no tienen fallos…. en todo caso sus recambios son originales…..» Al mirar a su alrededor y ver una lavadora también antigua que no ha tenido ningún fallo en unos cincuenta años y un frigorífico sencillo que sigue funcionando desde hace sesenta años por lo menos, me dijo: » Sabe usted… yo muchas veces creo que antes se vivía mejor…»
    Es cierto, tenemos más elementos (herramientas) que facilitan tareas, pero también que nos convierten en sus servidores permanentes. Vehículos, electrodomésticos e incluso algunas facetas del mundo digital, cuanto más simples y sencillos son, menos requieren nuestra atención. El problema está cuando acaban convirtiéndose en adicción, se los adora como a los dioses modernos y, para muchos, «ya no saben vivir sin ellos».
    Como siempre, un cordial saludo.

  2. Mark dice:

    Buenas tardes.

    Las rrss no han sido creadas para hacernos mejores personas, ni más creativas ni más solidarias. Simplemente están, como otros negocios para ganar dinero.

    Creo que no hace falta un artículo para «criticar» aquel refresco que sirve mejor como desatascador, o esa cadena de comida rápida que mata millones de millones de animales, con sus consecuencias climáticas y ambientales, y que por muy cómodo que sea no aporta nada nutricionalmente.

    El problema es este, que hacen falta artículos para decir lo obvio.

    En realidad el sencilla, nos la suda. Eso sí se merece un artículo.

  3. pasmao dice:

    ¿Que se le puede decir a Bárbara que ella no sepa?

    Mi sensación es que si este desmadre tecnológico prospera cómo prospera es porque además viene muy bien a terceros. Cuando el 11S .. al poco hubo no se que cosa con antrax (luego dicen que fue el FBI o la CIA, a saber) y los envíos por correo físico de lo que se consideraba cartas, aunque fueran recibos bancarios, pero también postales o simples cartas de cariño que un nieto enviaba a su abuela de manera «analógica» .. quedaron capadas.

    Si existía el correo electrónico para que el físico. Si es que además implicaba riesgos, cómo el del antrax.

    Obviamente todos esos correos acabaron pasando por servidores donde un robot los analizaba .. etc etc, lo mismo con los whatsapp, o con lo que le decimos a Alexa, Siri.. ¿Es casual que lo que antes era imposible o muy complicado, de rastrear clasificar, organizar.. ahora en su versión ceros y unos se promocione con tanta unción? Yo creo que no.

    Pasa lo mismo con el dinero físico y el electrónico.

    Lo peor es que lo sabemos, pero tragamos. Por pereza, imbecilidad, o incluso porque nos parece mas moral (la leche)..

    Por suerte personas cómo Bárbara nos recuerdan el precio que estamos pagando por ello y lo que es peor, el mundo que estamos dejando a futuras gneraciones, con una vocación de esclavas de si mismas que asusta.

    Un cordial saludo

  4. Ligur dice:

    Hace un par de años decidí por pura convicción, alegando hartazgo de las nuevas tecnologías, de la manipulación que ejercen sobre la población y del enganche que padecemos ante ellas, cual Nicotiana Tabacum para un fumador. Como digo, decidí eliminar de mi movil, watsap.
    Para que las prisas …
    La familia, amigos y clientes dieron la voz de alarma. Los primeros ya no podían enviarme las fotos de la sobrinita-nieta disfrazada en carnavales, pero lo mas trágico es que ya no estaría en el chat familiar. Los segundos, la del ternasco que se iban a zampar en no se donde.

    Pero los clientes, ay los clientes, esos eran otra cosa. Me llamaron con urgencia por que no podían enviarme la foto del eccema que tenía su niño en la cara, para ver si la torcedura del pié precisaba tratamiento o para decirme que el dolor no sabían por la proximidad si era de estómago o de colon transverso. Y aquí me di cuenta que con las cosas de comer no se juega.
    En definitiva, fue, que por estos últimos, volví a instalar el susodicho watsap, sabiendo que tendría que seguir padeciendo las fotos y los absurdos y gilipoyezcos muñequitos que acompañan a cualquier mensaje, esto es, corazones palpitantes, pulgares arriba y morritos con un corazón colorado carentes de toda sensualidad.

    Hace un mes quise probar suerte con twitter, yo que había jurado y perjurado que por ahí no pasaba. Pero ya se sabe, la gente me animaba y la carne es débil; contándome que era muy divertido, podía seguir a la gente que dijera algo interesante, podía hacer que la gente me siguiera a mi si tuiteaba algo guay o podía descalabrar al que me pareciera que dijera capuyeces.

    Leí a un pollo que por decir a Pablo Iglesias, “chepas coletas, dimisión por cab…n”, había conseguido 375 seguidores en un plisplás. No daba crédito.
    Y me preguntaba, si, todos sabemos que es un indeseable, pero ¿por que dar más pábulo y evidenciar lo que es evidente por conseguir seguidores de paja?.
    Está claro que no todo el mundo se comunicaba en este medio de la misma manera, los había sesudos y no carentes de lógica y razón y que sus cortas exposiciones eran bastantes potables.
    Aún y así sentía que esto no era para mi. Fue mi experiencia y duró hora y media, suficiente para darme cuenta de la sobrevaloración que tienen las redes sociales y del control que ejercen sus creadores sobre nosotros.
    Cada cual debe saber si merece la pena contribuir al embrutecimiento y alhelamiento, perteneciendo a estas nuevas tribus digitales, donde el conocimiento brilla por su ausencia.

    No se puede decir mucho más de lo tan bien expuesto por Bárbara y siguiendo el hilo los compañeros.
    Estas tecnologías y redes sociales, sirven para lo que sirven, que cada cual saque sus conclusiones, vea como las utiliza y que de positivo tiene seguir en ellas o no.

    Saludos de corazón

  5. Manu Oquendo dice:

    El artículo de Bárbara de hoy lo guardo como un ejemplo de lo que debe ser evitado en el uso de estos instrumentos de intercomunicación social y cómo debemos trabajar en que las prácticas nocivas se reduzcan de modo que veamos prevalecer lo que de positivo pueden tener y de hecho tienen.

    Dicho lo cual también quiero decir que, Byung – Chul Han me parece, en general, un pseudo-filósofo inteligente y oportunista que ha accedido a la fama en una Europa que está muy de capa caída en varios ejes y el intelectual entre ellos.
    Esto no quiere decir que Byung-Chul Han no diga cosas ciertas o incluso muy sensatas, pero junto a ellas también se le escapan otras bastante cuestionables.

    Por ejemplo, la notoriamente falsa afirmación de que » La interconexión digital total y la comunicación total, no facilitan el encuentro con otros. Más bien sirven para encontrar personas iguales y que piensan igual, haciéndonos pasar de largo ante los desconocidos y quienes son distintos, y se encargan de que nuestro horizonte de experiencias se vuelva cada vez más estrecho. Nos enredan en un inacabable bucle del yo y nos llevan a una autopropaganda que nos adoctrina con nuestras propias nociones”.

    Tuve la misma sensación durante la reciente lectura de su obra «»Psicopolítica» (2014). Un hombre dotado para el marketing de consumo, en ocasiones original pero también superficial y dado a generalizaciones poco procedentes.

    El caso es que muchísimas cosas, los artículos y comentarios de este blog –y los de la autora entre ellos– tienen exactamente el efecto contrario de lo que Herr Han sugiere. Ninguno de nosotros nos habríamos conocido, tratado, reunido y comunicado –con bastante profundidad y todavía mejorable frecuencia– sin el concurso de las redes de telecomunicaciones y los dispositivos actuales. Esto es un bien nuevo que hoy nos es accesible y que hace veinte años no lo habría sido.

    Termina Dña. Bárbara su siempre breve artículo con otra cita del citado Byung-Chul : “La adicción a los selfies no tiene mucho que ver con el sano amor a sí mismo: no es otra cosa que la marcha en vacío de un yo narcisista que se ha quedado solo. Esta adicción intensifica la sensación de vacío”.

    Cierto. Pero… ¿A cuánta gente afecta? ¿En qué rango de edades? ¿Gentes infantiles o maduras? ¿Poco atractivas o ejemplares?

    No me imagino a los autores y comentaristas de este blog haciéndose «selfies» o escribiendo para otra cosa que para comunicarse en positivo. Para acercarnos a la verdad, a la realidad, en un mundo en el cual cada vez es más difícil «distraerse» en el camino hacia ella quedando así reducidos a la nada más banal.

    En todas las sociedades humanas es muy difícil encontrar seres iguales por mucho que tratemos de convencernos de lo contrario. Por ello, en vez de fijar nuestra atención en los segmentos de población más «carentes» de rasgos y comportamientos humanos dedicásemos nuestra atención a los que «añaden valor y ejemplaridad» es posible que cambiasen las nada edificantes tendencias que el Poder Social vigente se ocupa de instaurar.

    Un rasgo aterrador de los colectivos humanos es el hecho de que el nivel de inteligencia de casi un 20% de la población la hace incapaz de participar positivamente en la generación de valor. En el otro extremo vimos hace unos días en prensa a una Ministra de Formosa con un 180 de Coeficiente Intelectual.
    Otro, ya comentado en este blog, es el hecho de que la media de CI de países como China, Formosa, Japón o Corea es de 108 mientras Occidente ningún país supera 98 y alguno, como Noruega que lo mide sistemáticamente está en Regresión desde hace treinta años.

    He dicho aterrador porque nuestro sistema político garantiza de modo determinista que los mejores cerebros están excluidos del proceso de toma de decisiones.
    En estas condiciones comienza a ser comprensible tanto el proceso de Empobrecimiento como la Degradación moral que se ha adueñado de Occidente.
    Si alguien conoce algún librito de Byung-Chul Han que se ocupe de esto agradeceré me lo haga saber.

    Saludos cordiales

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