En 1811, en Nottingham, una multitud de obreros enfurecidos prendió fuego a sesenta máquinas de tejer medias. Los telares industriales y  las máquinas de hilar permitían sustituir a los artesanos por obreros menos cualificados, que producían más y por salarios más bajos. Las máquinas destruían empleo, no solo en las fábricas sino también en el campo. En manos de los empleadores eran, por tanto, una amenaza. Esta destrucción de máquinas, como reacción y como forma de presión de los trabajadores sobre los empleadores, se extendió por toda Inglaterra y, desde allí, a Europa.  En España, en 1821, más de mil…

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