Sin una divina Providencia a la que confiar nuestro destino y sin un Estado capaz de asegurar nuestro bienestar y nuestro porvenir, ¿en qué podremos basar nuestra confianza en el futuro?   En el mundo del Medievo el orden establecido giraba en torno a Dios. Era una sociedad rural y la vida, muy dependiente de las incertidumbres del clima y la naturaleza, que influían decisivamente sobre sus cosechas o su ganado, estimulaba una entrega a la divina Providencia. Las personas de entonces no veían ninguna posibilidad de configurar su propia vida y encontraban natural poner su destino…

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