A unos días de los salvajes atentados del aeropuerto de Bruselas, y de los no tan cercanos pero igual de salvajes atentados de Lahore, o los que se producen casi cada día en Irak, se alzan las voces en todo occidente para responder de forma contundente ante la barbarie. La pregunta del millón, naturalmente, es cómo hacerlo sin coartar por el camino las libertades civiles, sin renunciar a aquello que nos hace ser “civilizados” y sin dar alas a los terroristas ofreciéndoles con nuestras acciones una justificación para las suyas. Parece evidente que encender velas en los lugares donde cayeron…

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