Ya en su día los yo-yos Russell de Tívoli lanzaron una campaña a nivel mundial, con el patrocinio de una multinacional de refrescos, en los que pusieron a los niños a jugar con el aparatito de marras. Pese al empeño publicitario no acababan de calar aquellos platillos unidos que subían y bajaban sin cesar, y aunque las cabriolas posibles resultaban impactantes, nada tenían que hacer ante una excitante carrera de chapas, una partida a muerte al gua, o un reñido futbolín entre rivales. Los niños entonces, antes de la llegada del TDAH, encontrábamos en el yo, y después, yo,…

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