Describía hace casi cien años Sri Aurobindo, en una publicación suya que llevaba por nombre “Un Sistema de Educación Nacional”, cuáles eran los tres sonoros principios en los que debía basarse un buen sistema educativo. Y comenzaba diciendo que el primer principio de la verdadera enseñanza era que nada puede ser enseñado. Desarrollaba este principio arguyendo que el maestro no es un capataz, o un guardia urbano armado con porra, sino un ayudante y un guía cuyo trabajo principal es sugerir y no imponer.  Alguien cuya misión en esta vida no es la de moldear la mente de los…

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