Telemedicina

La medicina es un arte muy antiguo; tiene mucho de experiencia, algo de ciencia, algo de tecnología, un poco de psicología y, sobre todo, depende de la relación entre el enfermo y el sanador. El contacto humano, la relación, es fundamental.

Eso que se llama ojo clínico es un don que ha salvado muchas vidas. Pero ahora se desestima, no tiene cabida dentro de los parámetros de la medicina occidental. Desde la óptica de la ciencia dura, si los síntomas son los mismos debe procederse de la misma manera, siguiendo un protocolo; y este protocolo, como cualquier otro, puede transformarse en un algoritmo que automatice los pasos, la forma de proceder.

Creando una base de datos gigantesca, de casos, tratamientos y resultados, y diseñando un software de inteligencia artificial, es posible que un sistema informático diagnostique y proponga la forma de proceder, con o sin la intervención o la supervisión de un médico. Para los casos sencillos el terapeuta no sería necesario; bastaría con seguir las instrucciones de la máquina, responder a sus preguntas, completar sus formularios, de modo similar a como se tramitan las gestiones bancarias, el pago de los impuestos, las compras telemáticas y tantísimos otros trámites que antes eran presenciales y ahora son online.

Sin llegar a esos extremos, posiblemente porque no se dispone todavía de la tecnología necesaria, ya se están aplicando algunos de sus planteamientos, entre ellos la videoconferencia. Esto permite paliar, en parte, la carencia de personal sanitario en servicios como las urgencias extrahospitalarias de Atención Primaria; así, si no se dispone de un médico al que acudir en las proximidades de donde vivimos, se puede solicitar ayuda a través de una pantalla en la que mostraremos la herida, hablaremos de nuestros dolores, intuiremos y contaremos a nuestra manera lo que nos pasa y confiaremos en que quien está al otro lado considere que lo que sucede es urgente y sepa decirnos cómo tenemos que proceder.

Me resulta difícil imaginar cómo se puede emitir un diagnóstico sin palpar, tomar el pulso o la temperatura, mirar el iris y la pupila, escuchar la respiración y tantos otros indicios que requieren del contacto personal. Salvo que se tenga la capacidad de sanar a distancia, algo que la Radiónica mantiene pero que es rotundamente negado por la medicina convencional.

No niego que la telemedicina tenga su utilidad en algunos usos puntuales, pero sí cuestiono que se implante como norma, con el criterio de qué es una alternativa igualmente eficaz pero más barata. Como en tantas otras situaciones, el usuario se enfrenta a un entorno que no domina teniendo que resolver dos problemas, el propio y el que le supone descifrar los arcanos de la interfaz. Muchas veces sin nadie a quien preguntar, inseguro de cada paso y desconociendo como volver atrás y deshacer o aclarar aquello que, por error, acabamos de ejecutar. Y todo ello confiando en que nuestro DNI, el número de afiliado a la Seguridad Social, nuestra cuenta bancaria, nuestro domicilio o nuestro teléfono estén convenientemente ocultos y protegidos en la selva de Internet. Imaginemos lo que puede suponer que las grandes empresas tuvieran acceso a nuestros datos médicos.

Pero incluso en el supuesto de que todo fuera sencillo, que no lo es, habrá muchos que prefieran tratar con una persona que con un ente que carece de empatía, por muchas que sean sus imperfecciones. Es más difícil ignorar a quien tenemos enfrente que a alguien que está al otro lado de un terminal cuya existencia suponemos.

Y pensando mal y en clave conspiranoica, parece que lo que se va buscando es todo lo contrario, que el contacto sea el mínimo, que no haya relación entre personas. El teletrabajo, la mensajería, la educación a distancia, la realidad virtual, el metaverso… conforman un estilo de vida que nos insta a no salir de nuestras casas. Así es como desaparece el tejido social y el mundo se llena de psicópatas.

2 comentarios

2 Respuestas a “Telemedicina”

  1. O'farrill dice:

    Enhorabuena por el artículo.
    Habría que empezar por saber si las máquinas hacen el juramento hipocrático que, posiblemente, haya desaparecido también de la medicina convencional a la vista de muchas situaciones médicas actuales pasadas al mundo de la política.
    Personalmente he sufrido todo tipo de pruebas y análisis (que se cobran luego al Estado) y que dan la sensación de lo más elemental: el ojo clínico que tuve que buscar en un profesional ya jubilado y supo darme todo tipo de información sin mirar a ninguna máquina. Eso me salvó.
    He tenido que pedir «alta voluntaria» hospitalaria en un par de ocasiones por manifiestos errores en el diagnóstico y sus consecuencias, por parte del ese nuevo mundo médico que está aprendiendo (tales negligencias o errores no tienen repecusión pública) y he tenido que reclamar por tratamientos sin diagnóstico claro para familiares a pesar de los posibles y graves efectos secundarios.
    Y llegó la pandemia haciendo que los médicos no quisieran ver a sus pacientes, menos aún tocarlos o examinarlos, menos aún saber sus circunstancias personales y la posible relación con las patologías. En el mundo sanitario se extendió un manto de miedo irracional en su profesión ¿por falta de preparación y conocimiento o por falta de verdadera vocación? (con las excepciones correspondientes). Pero los convertimos en héroes simplemente por hacer lo que debían: su trabajo al servicio de las personas que pagan sus sueldos.
    Pero no es algo que pueda achacarse solamente a la Sanidad o a los servicios públicos. El mundo corporativo esconde sus responsabilidades tras unas pantallas de «call center», de grabaciones, de supuestas atenciones al cliente, de «todos nuestros agentes están ocupados», etc.etc. para esconder sus muchas carencias profesionales y sus responsabilidades personales en la gestión. Al fin y al cabo las máquinas no tienen responsabilidad. Además las hemos hecho inmunes a cualquier crítica no se vaya a pensar que estamos anticuados….
    El día que nos demos cuenta del «caos» en que vivimos (o sufrimos) será tarde para reaccionar. Sólo quedarán los lamentos de siempre.
    Un saludo.

  2. Leila dice:

    Dentro de muy poco el médico va a ser un bien muy preciado: ya no hay reemplazo para aquellos que se jubilen de ahora en adelante, ni en la sanidad pública ni en la privada. Nos estamos cargando un sector básico, azotándole con bajos sueldos e inestabilidad laboral. La pandemia puso de manifiesto la escasez de medios pero, lejos de paliar los errores detectados, seguimos mirando hacia otro lado e invertimos en otros aspectos más onerosos (armamento, inteligencia artificial, urbanismo, entre otros).

    Nos estamos cargando la sociedad de raíz: el sistema educativo ya no hace discurrir a los alumnos, el sistema sanitario se desvanece, los medios de comunicación de masas ofrecen contenidos vacíos… Estamos asistiendo a la creación de una sociedad de ovejas autómatas y semiaisladas que navegan sin rumbo definido, siguiendo a pastores a los que no les importa sacrificar su rebaño a los lobos.

    ¿Estamos a tiempo de cambiar?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *