¿Patriotismo o conveniencia?

Tendríamos que remontarnos a la época de Franco para situar el último intento, políticamente organizado, de inculcar en España un patriotismo de corte clásico. Uno basado en una interpretación grandiosa de la Historia, en la creación de un orgullo de pertenencia y en la fe en un proyecto común. Uno, en definitiva, que justificase de algún modo eso del amor a la Patria. Con la democracia este sentimiento patriótico entró en desuso, porque las nuevas elites políticas estaban decididas a desmarcarse todo lo posible de aquél régimen y porque, además, estaban dispuestas a hacer lo que fuese por incorporar a los nacionalismos catalán y vasco. El resultado es que, hoy en día, a la mayoría de los españoles con menos de 50 años les resulta extraño ese sentimiento. Al menos se sienten bastante distantes de ese patriotismo vibrante del que hacen gala los ciudadanos de otros países, como Estados Unidos o Francia. Naturalmente, tenemos lazos afectivos, lingüísticos, culturales, históricos y quizás de otros tipos, que nos hacen sentirnos identificados y unidos a esta nación. Estos lazos darían para hablar de un nacionalismo suave pero no para explicar esos ardores que vemos en otras partes.

Por eso, a muchos españoles nos cuesta comprender esa explosión nacionalista de Cataluña. Ellos argumentan que, frente al suyo, existe un nacionalismo español. Y ciertamente existe, aunque tenga un perfil bastante más bajo. Desde luego, a la mayoría de los españoles no nos da en absoluto igual que España, por una hipotética independencia de Cataluña, pudiera verse reducida en su tamaño geográfico, demográfico o económico y que, por ello, pudiera perder influencia internacional. Pero, ¿tiene eso que ver con el mencionado amor a la Patria? No lo creo.

Hay otros factores que nos impulsan a aferrarnos a este país mucho más que los sentimentales. Son básicamente de tipo económico y político. Apenas se suele hablar de ellos desde este punto de vista, pero están ahí y son tremendamente eficaces como elementos de fidelización nacional.

El Estado de Bienestar es uno muy evidente. Quizás, la mayoría de los españoles no se sientan muy patriotas, pero ninguno querría ver peligrar sus pensiones, ni la posibilidad de acceder a una sanidad y a una educación gratuitas, ni la percepción de un subsidio de desempleo, ni tantas otras prestaciones que nos proporciona este modelo de Estado. Prestaciones que, para la gran mayoría, solo son posibles en el marco político y económico que nos brinda este país. Porque, sin las fronteras que lo encierran y delimitan, sería muy difícil identificar a quienes tienen derecho a esas prestaciones y quienes tienen que pagar qué impuestos para así poderlas financiar. Añadamos a eso que nuestra democracia también está articulada y organizada políticamente en función de un territorio, el nuestro. Sin la separación del resto que nos brindan nuestras fronteras, sería muy difícil identificar quienes tienen los derechos políticos que les reconoce nuestro sistema (ejercicio del voto, presentación de candidatos, etc.) y tampoco se podría imponer el cumplimiento de la legislación que articula este sistema.

Pero las fronteras no solo sirven para localizarnos. El asunto va más lejos: sirven para identificar a las partes contratantes de este modelo de sociedad con el que nos hemos dotado: por una parte, los contribuyentes y electores, y por otra, los representantes políticos, gobernantes y funcionarios que gestionan el Estado. Este es, probablemente, el cemento más eficaz para mantener viva la idea de España; más incluso que los lazos culturales, afectivos y, por supuesto, más que la visión histórica que nos quieran inculcar en cada época. Pero, no nos engañemos: es un cemento basado en la pura conveniencia. Porque de amor, lo que se dice amor, tiene más bien poco. Aunque sea un ejemplo extremo, desde luego hoy no serían muchos los que, así, en frío, estarían dispuestos a morir por la Patria. No sé si en el pasado eran muchos más, pero en el presente son una rara avis.

Parece evidente que la relación con la Patria ha ido perdiendo gran parte de su contenido sentimental o emocional, para irse transmutando en algo mucho más racional y pragmático: una relación contractual entre ciudadanos y gobernantes; ciudadanos y Estado, en suma. Una relación en la que, a fuerza de cultivar la atribución de derechos a aquellos a cambio de las obligaciones fiscales y de observancia de la ley, se ha ido coloreando de un sentido reivindicativo de carácter economicista y legal, en el que poco margen puede quedar para el sentimentalismo patriótico.

Como todo cambio, este tiene su lado positivo y su lado negativo. En el primero yo subrayaría, a vuelapluma, la mayor libertad psicológica y emocional de los ciudadanos en relación con su Patria, con su Nación. Libertad que les da una mayor capacidad para decidir los vínculos que le unen con ella. Hoy, por ejemplo, es más fácil irse a vivir y trabajar al extranjero. Influyen muchos factores pero antes, para la mayoría de la gente, la emigración era un recurso a la desesperada, cuando se pasaba hambre. Hoy la gente tiene muchas menos ataduras para moverse de un lado para otro; es más ciudadana de este mundo. Y eso es positivo porque, con sus matices, es una actitud que contribuye a hacer realidad una cierta superación de las fronteras y una cierta relativización de los recelos ancestrales frente al extranjero, visto como sinónimo de extraño. Por otra parte, hay una menor mistificación de nuestro destino o espíritu nacional, y eso contribuye a templar algo los sentimientos de superioridad que nutrían esos discursos de antaño sobre la grandeza de la Patria, que tantas aventuras militares expansionistas justificaron.

No obstante, tiene un lado negativo a superar. La relación de los ciudadanos con su Estado-nación se ha ido configurando, como digo, en una especie de relación contractual en la que el Estado se ve legitimado en tanto en cuanto es capaz de proporcionar a sus ciudadanos los derechos políticos y económicos que estos esperan recibir. Y como cada vez son más los derechos a los que se aspira, entre otras cosas porque la competencia electoral de los partidos lo estimula, el Estado va teniendo cada vez más complicado obtener los ingresos que le permitan financiar esas demandas ciudadanas.

Pero hay otro aspecto importante. En la medida en que el disfrute de esos derechos, sobre todo los que se refieren a las prestaciones del Estado de Bienestar, solo es viable si quienes vengan del extranjero a residir a nuestro país están en condiciones de aportar a las arcas públicas más de lo que reciben, significa que nos hemos instalado en un nacionalismo que no solo es de conveniencia sino que además es estructuralmente desconfiado, egoísta e insolidario hacia todos los que vienen a nuestro territorio huyendo de la miseria o de la violencia que asola el suyo. Así pues, dejémonos de pamplinas: nos dará mucha pena ver la tragedia que lanza a tantísimos inmigrantes y refugiados a intentar cruzar nuestra frontera como sea, pero ningún gobierno (sea cual sea) podrá abrirles las puertas porque, en última instancia, nosotros, los ciudadanos, al reclamar las prestaciones de nuestro Estado de Bienestar, le estaremos presionando indirectamente para que mantenga esas puertas bien cerradas.

Habrá que plantearse algún día hasta qué punto se puede aspirar a una relación sin conflictos ni violencia con esas otras partes del Mundo, mientras nos escudamos en unas fronteras para poder disfrutar de unos derechos que, desde su punto de vista, no son más que privilegios. 

12 comentarios

12 Respuestas a “¿Patriotismo o conveniencia?”

  1. Gulliver (Jesús Casado López) dice:

    Tanto el patriotismo como cualquiera otra modalidad de nacionalismo se encuentran sujetos a ese mecanismo cerebral del animal racional, mediante el que el conocimiento y la razón persiguen justificar, definir, desarrollar e implementar, los dictados que le impone un instinto muy primitivo. En este caso, el instinto primario tribal, de pertenencia y adhesión a un grupo y a un determinado territorio. Nos parece mucho más digno defender nuestras ventajas, nuestra superioridad, arguyendo nuestras nimias diferencias y nuestras subjetivas identidades, que reconociendo que nos estamos dejando someter por nuestro atávico instinto animal.

  2. O'farrill dice:

    Querido Manuel: como de costumbre dejas sobre el tapete asuntos que no caben en un artículo en cuanto a su análisis. Menos aún para su comentario.
    En primer lugar hay que entender el significado histórico de lo que han sido los conceptos «patria» o «nación». Dos cuestiones que sirven (o han tratado de hacerlo) de cohesionar pueblos sin por ello dejar de lado a otras sociedades. Es un lugar de pertenencia común en el que nos sentimos cómodos y protegidos. Son conceptos que tienen más que ver con el mundo militar si quieres, pero que también pueden formar parte de una cosmovisión diferente a la nuestra. Esa es la libertad.
    Luego hay un asunto puramente administrativo: los lugares en que coexisten sociedades que se han ido cohesionando precisan de una organización que conlleva la situación de ser reconocido como «nacional» (entre otras cosas para aportar impuestos para ser bien administrados o servir para delpilfarrar a capricho, como estamos viendo). Una cosa es la teoría y otra la práctica real.
    Esa organización social y política es el Estado. El conjunto de personas que mantienen unos servicios públicos y una organización administrativa para gestionarlos con eficacia, austeridad (eso se olvida mucho) y legitimidad (no pueden colarse aquéllos servicios «especiales», como los que conocemos).El responsable del funcionamiento del Estado es el Jefe de Estado que… ¿de quien depende? Como los demás «poderes» de la soberanía popular o nacional (artº 1.2 de la C.E.) «de la que emanan los poderes del Estado (todos). Sólo esa soberanía prevalece en democracia y desaparece con el totalitarismo (como el actual). Y se identifica con «patria», «nación», si no no sería soberanía.
    En tiempos de poderes absolutos los reyes se consideraban dueños de las naciones y disponían sobre ellas y su futuro (el ejemplo de España con Carlos IV o Fernando VII es una muestra). Por ello surgieron las revoluciones y con ellas la afirmación de las identidades nacionales en sus constituciones.
    Todo ello no impide que los pueblos entre sí se relacionen, se admiren sus culturas, se entiendan… y se respeten. La diversidad es riqueza, la uniformidad es pobreza.
    Ahora bien, entender que las inmigraciones provocadas por mafias institucionalizadas e intereses geoestratégicos o geopolíticos es admisible, es volver al viejo tráfico de esclavos cuyas motivaciones no eran muy diferentes: para que vivan mejor. Y un cuerno….
    Ahora a los antiguos «negreros» se les llama «salvadores» y a los «traficantes» almas seráficas y altruistas (que viven del tráfico ilegal) y a los que no les importa las «bajas» o «pérdidas» de clientes en el camino hacia los sueldos precarios, el desarraigo cultural, a la soledad y a la desesperación.
    La filantropía se convirtió en negocio hace muchos años.
    Un cordial saludo. .

  3. R. Estévez dice:

    Tengo una objeción al uso de «estado de bienestar» para traducir al español la expresión inglesa «welfare state». Creo que welfare state, en español, alude a «estado asistencial». Lo digo por no olvidar la poco sutil diferencia entre vivir de la caridad pública (que es el sentido de la expresión inglesa) y tener el derecho a ser sostenido por otros.
    No es una diferencia menor porque marca la frontera entre vivir de otros –la figura consagrada en inglés como «free rider» o gorrón– y ser poseedor del derecho a que otros paguen por nosotros. Algo insostenible salvo en circunstancias infrecuentes.
    Esto último es la base de la destrucción de cualquier sistema social porque supone un derecho sin límites ni obligaciones. Es decir la gran mentira sobre la que agoniza Europa. Tal como están las cosas terminaremos manteniendo a toda África que es inmensamente más grande y más rica y más musulmana que la mísera Europa. La UE necesita atención urgente.
    Si alguien cree que nuestra élites son ajenas a este diseño creo que se equivoca.

    En otro momento proseguiré con el interesante artículo.
    Saludos

  4. Cristobal dice:

    Don Manuel, encuentro difícil en cuanto a conceptos se refiere el tema que nos trae, tengo dudas con los conceptos de nacionalismo y patriotismo. Las cargas ideológicas de unos y otros, son variables a voluntad de unos y otros. Entiendo que hay ideologías que traspasan fronteras internacionales, que en otros tiempos fueron dictaduras belicistas muy patriotas con marcadas líneas fronterizas y hoy se denominan globalismos.
    Por otra, pararte el patriotismo, más que considerarlo ideología, lo definiría casi como una religión, con escasa carga política, más bien basada en lo gremial, de las diferentes profesiones, sin tinte político, solo comprometidos con sus profesiones y sus evoluciones (un electricista de los de ahora está más especializado en sus diferentes nuevas ramas que los de hace 40 o 50 años y así con todas las profesiones) Se podría decir que es lo que trae progreso . En política, en mi opinión, está todo inventado .
    Para no extenderme solo una cita del filósofo Teodor W . Adorno, de su libro . Crítica cultural y social

    Cito:
    La voluntad de poder es más fuerte que todas las teorías. En el comienzo surge la dirección y surge el aparato al servicio del programa; luego sus titulares los defienden por deseo de poder y de botín, como ocurre hoy día generalmente en todos los países, en los que miles de personas viven de los negocios y los cargos dados por el partido; finalmente, el programa se olvida totalmente y la organización trabaja por si y para sí misma.
    Fin de la cita .
    Saludos .

  5. Cristóbal dice:

    El libro es Critica cultural y sociedad de 1955
    Disculpen .

  6. Rafa dice:

    Mi afición a la historia, me ha enseñado que el concepto de patria y nación es una construcción mental cambiante en la evolución y desarrollo de los países.
    Poca gente considera igual de españoles a los Ab-derramanes, forjados en Al Andalus que a Carlos I de España y V de Alemania, nacido en Gante.

    Con respecto al territorio ocurre lo mismo, durante el reinado visigodo, España comprendía la Septimania (Galia Narbonense) y toda la península Ibérica, sin embargo tiempo después en el Imperio Español, no se ponía el Sol.

    Transcurridos los años parece que se conservan los mismos cánones

    Nuestro país está ya repleto de migrantes, ya muchos nacionalizados, pero cuando alguien nos inquiere para describir un español, casi nadie le ve de color chocolate o amarillo.

    Quizá como tu comentas Manuel, el concepto ha sido transformado por matices económicos que priman la relación del estado con los ciudadanos.

    Este nos proporciona unos servicios, educación, sanidad, carreteras, etc, y nos los cobra a través de unos impuestos, si esta relación es buena y nos permite desarrollarnos podríamos decir que estamos satisfechos con nuestro país.

    En el caso de la migración que pretende establecerse en función de la capacidad del país para acogerlos (normalmente llegan de zonas depauperadas) imagino que estos servicios que no existen de donde proceden, les parecerán maravillosos, pero en algún momento habría que decirles cuanto cuestan.

    Un abrazo

  7. M. Oquendo dice:

    El Nacionalismo separatista nace tras la victoria cultural de la Revolución francesa que instaura el concepto republicano de Nación como «constructo» sustitutivo de la divinidad y encarnación del sentimiento de un «colectivo» nacional uniforme creado por Rousseau. El cabronazo que envió a sus cinco hijos al hospicio. El personaje en sí es un fraude que vivió financiado por las élites intelectuales republicanas a quines hizo la pelota de forma abyecta.
    Como tal es un movimiento pequeño burgués que emerge a finales del XIX de entre los pequeños terratenientes que no habían formado parte de laas élites revolucionarias. Sabino Arana es un arquetípico representante de este grupo de gentes que fomentan la deificación del pequeño terruño para no sentirse desbordados ni olvidados tras la revolución industrial burguesa.
    Jon Juaristi tiene una obra que describe magistralmente el proceso. «El bucle melancólico» es una obra soberbia del gran nivel científico y literario cuya lectura recomiendo.
    El nacionalismo –muy distinto del patriotismo o amor a lo propio– ha sido visto como una patología narcisista en el sentido de que es usado para valorar una comunidad muy por encima de otras. «Los Otros».

  8. O'farrill dice:

    Una pequeña indicación al comentario de Rafa con el que coincido plenamente.
    Los inmigrantes no proceden de «zonas depauperadas» pues las riquezastanto humanas como materiales de esos países, les han sido arrebatadas para obligarles a dejar sus raíces con la promesa de un «mundo mejor». Esa era la razón de la esclavitud para quien cree en la salvación de esas personas (normalmente la ignorante inocencia adolescente). Pero la geopolítica y la geoestrategia de los estados, es más pragmática y se utilizan como carne de cañón al servicio del capitalismo de siempre. A mayor oferta de mano de obra, peores condiciones laborales. Una prueba de nuestra hipocresía de las llamadas «izquierdas» que hace mucho tiempo vienen dedicándose a ser «cipayos» de los ricos y, a ser posible, ser nuevos ricos.
    No hace falta citar ejemplos muy próximos.
    Un saludo.

  9. Rafa dice:

    Gracias O’ farrill por apuntar estos datos, que yo no maticé por falta de espacio y no alargar el comentario.

    Efectivamente la Geopolítica utiliza las materias primas, incluyendo a los seres humanos en favor de unos países e intereses y en detrimento de otros.

    La inmigración es utilizada a veces para empobrecer a países de destino, como ejemplo cercano el caso de Marruecos y España, otro caso el replanteamiento que ha tenido que hacer Francia en el Sahel. También para favorecer todavía otras economías, como mano de obra barata.

    Por tanto no hay ni habrá una política común con respecto a la inmigración, y tampoco se alertará y promoverá en los países de origen. que en contraposición a ese paraíso prometido, existen unas mafias y que pasarán probablemente a ser tratados como esclavos modernos

    De esto también nos da ejemplo la Historia.

    En la invasión musulmana de España, además de algunos pocos guerreros profesionales de un imperio en expansión como el Islam; penetraron bere-beres, muy poco islamizados y empobrecidos del norte de Africa, después de sufrir una terrible y larga sequía que afectó también a la península ibérica.

    Los conquistadores no quisieron repartir con ellos el botín y los que quedaron, acabaron fusionándose con población autóctona en zonas de León y Galicia, (los maragatos, probablemente sean antiguos pertenecientes a la tribu marawata y otras del Sahara, y los nombres de mouro y mouriño gallegos, también da idea de que fueron moros cautivos.)

  10. Manu Oquendo dice:

    Recomiendo visitar un resumen del Congreso de Suresnes de 1974 y guardar una copia de la Resolución segunda. Ya en ella se habla de «nacionalidades y regiones»; es decir, un programa destructivo de la unidad de España que nos ha debilitado en una Europa también hoy en muy mal estado. Es interesante por ver qué tenía en la cabeza el PSOE por aquel entonces y cómo se ha trasladado a la realidad actual.

    También es la evidencia de que en la esencia del socialismo hay un gen que degrada el cuerpo que lo alimenta. Hoy el socialismo ha casi desaparecido de una Europa convertida en espacio colonial de los EEUU. Queda fuerte y divisivo en España y esto quizás merecería nuestra reflexión porque no es normal que un partido en manos de la Banda del Peugeot –todos ya imputados y con su jefe a punto de serlo– se haga de modo tan fácil con casi todas las instituciones del estado. Luego viene el genio de González Pons y nos recuerda a todos que «votamos las leyes juntos en el 88% de los casos».

    Lo llevamos claro

  11. R. Estévez dice:

    ¿Es compatible el concepto de patriotismo con una UE centralizadora, colonial y belicosa? Creo que no. En modo alguno. Ni la independencia, ni la libertad y soberanía nacional son posibles en la Europa que nos muestra Von der Leyen.

    Von der Leyen, de raices familiares bien imbricadas en la Alemania de Hitler –es obligado recordar que al igual que el nuevo Canciller– está asumiendo un papel solo comprensible desde dichos antecedentes y nos pretende enfrentar con nuestro principal vecino, Rusia, a cuenta de las aventuras expansivas de los EEUU desde que Bush padre faltó a su palabra «porque había ganado».
    Ya estamos en guerra de manos de esta gente.

    En este sentido les adjunto un breve artículo sobre la cuestión que ya es la más importante sobre la mesa de los Europeos. Nos pretenden convertir en Los Nuevos Cipayos. Y pagar por ello.

    ¿A dónde va la UE?

    La UE da la impresión de carecer de un plan estratégico y, por tanto, de la luz con la cual estos planes iluminan el camino cuando las cosas se complican. Buena parte de sus decisiones actuales parecen estar influenciadas por la guerra de Ucrania y por una cierta miopía acerca de debilidades estratégicas que tarde o temprano tendremos que enfrentar. Entre estas debilidades están la subordinación a los intereses de los EEUU y el enorme coste fiscal de todo lo producido en la UE.
    Un ente dependiente no desarrolla estrategia porque esta le viene dictada. A su vez, un coste fiscal elevado no acompañado de ventajas tecnológicas diferenciales termina por desindustrializar – y empobrecer– a aquellas economías que los sufren.
    La guerra de Ucrania, una cuestión coyuntural fruto de estrategias ajenas, se ha convertido en foco de decisiones con efectos graves para la UE. A su vez, la nula atención de Bruselas a los efectos de nuestros costes fiscales es causa de la deslocalización de empresas a otras geografías menos onerosas como los EEUU. Hoy importamos de los EEUU productos antes europeos como los BMW.
    Mientras los presidentes Trump y Putin tratan de resolver la guerra de Ucrania y sus causas profundas, la UE y el Reino Unido parecen buscar el regreso al status quo anterior al golpe de estado de Maidan en 2014. Golpe que derribó a un Yanukovich elegido democráticamente e instauró un gobierno cuyos miembros fueron designados por Victoria Nuland, a la sazón Subsecretaria de Estado para Europa.

    La posición de la UE sobre cuestiones como la devolución de Crimea y de los cuatro “oblasts” ganados hasta ahora por Rusia es tan irrealizable que apenas muestra el desinterés por una solución pactada y quizás el temor de que los EEUU y Rusia lleguen a un acuerdo directamente. Una posición que expondría la escasa relevancia de la UE y su condena para los próximos siglos a la enemistad con nuestro principal vecino. Riquísimo, enorme y poco poblado, por cierto.

    Como decía Brzezinsky, el dominio de la masa terrestre euroasiática exige el control de Ucrania; un país anti ruso en su occidente y de lengua rusa en la parte oriental que ya está incorporada a Rusia. Ucrania — rica en recursos y grande en superficie para los estándares de la UE–, habría sido una preciadísima adición a la Unión Europea incluso sin sus depósitos de litio, cuya mayor parte está en territorios hoy ya controlados por Rusia. En el occidente de Ucrania, que incluye la histórica ciudad rusa de Odessa, tuvieron presencia Polonia, Hungría y Rumanía. Los registros de propiedad polacos mantienen los datos de varias ciudades de esta parte de la actual Ucrania.

    En Marzo del 2022 Ucrania y Rusia llegaron en Turquía a un acuerdo que preservaba la integridad territorial de Ucrania a cambio de su no entrada en la OTAN. En aquel momento Boris Johnson, –otra vez el Reino Unido sembrando discordia– consiguió que Zelensky no lo rubricase tras serle prometida la ayuda militar y financiera necesaria. Hoy, en 2025, ya sabemos que Ucrania terminará perdiendo no menos del 25% de su territorio si acepta una estricta neutralidad militar. La alternativa es la ya probable pérdida de Odessa con graves efectos en la viabilidad de Ucrania. De momento Rusia no ha objetado a la entrada en la UE de lo que quede de Ucrania, pero es posible que el Kremlin termine dándose cuenta de que, hasta ahora, todo lo que entra en la UE termina siendo parte de la OTAN cuya razón de ser es, precisamente, Rusia.

    Javier Solana al hablar de las primeras sanciones a Rusia, afirmó en 2022, que dicho “castigo” costaría a los ciudadanos comunitarios tres veces más que a los rusos. Tres años más tarde hay razones para pensar que se quedó corto porque la Sra. Von der Leyen está hoy exigiendo un incremento del 250% del presupuesto militar y la pérdida del control nacional sobre el mismo que pasaría a ser gestionado por una autoridad central. Ya sabemos que el 70% de las compras del primer presupuesto que se acerca al billón de euros sería de armas producidas por EEUU. Al río revuelto de los anuncios guerreros toda una revolución centralizadora se prepara en Europa.
    Es decir, se aleja el escenario de un espacio europeo seguro y libre de amenazas para todos sus miembros. Algo bastante distinto de dos bloques enfrentados por diseño. Con cada expansión de la OTAN hacia el Este nuestros misiles se acercan a Moscú hasta quedar hoy a menos de 10 minutos. ¿Es razonable esperar que Rusia no reaccione a pesar de que su presupuesto militar no llega al 10% del de los EEUU o de la UE?

    Estas y otras iniciativas de Bruselas no suelen ser objeto de discusión abierta y transparente, pero debieran serlo porque muestran las consecuencias de las decisiones políticas y cuestionan la misma continuidad de una UE cuyos ciudadanos y países retengan algún poder sobre la guerra y la paz. Hoy existe el claro riesgo de que estas decisiones se tomen por gentes no elegidas por los ciudadanos o, incluso, que sean tomadas por personajes ajenos a nosotros resultado de componendas desconocidas de la ciudadanía.
    Junto a la cuestión de quién y cómo decide sobre la guerra y la paz existe otro problema importante. La deslocalización empresarial europea a los EEUU. Nadie puede sorprenderse de ella porque los costes fiscales son un poderoso factor de pérdida de competitividad y las empresas europeas están desplazándose a los EEUU y con subvenciones de Washington ya desde el mandato de Biden.

    Así pues nos encontramos, casualmente, con una UE hostil hacia Rusia tras habernos vetado a nosotros mismos el acceso a los recursos y mercados rusos. El resultado es la no viabilidad de la industria alemana y de otras de menor entidad.
    Esta pérdida de competitividad es tan evidente que hasta organismos de la ONU lo han resaltado. En efecto, el último informe de la OMPI mostraba que China duplicaba a los EEUU en solicitudes de patentes y otros registros de propiedad intelectual con un 40% de la actividad global. Japón, con un 10%, la mitad que Estados Unidos, ocupaba el tercer lugar y Corea del Sur, con un 6,7%, el cuarto. La Unión Europea, que entonces incluía al Reino Unido, era la quinta “potencia” con un 5,6%. Lo realmente chocante era que la UE tiene casi diez veces la población de Corea. Una grave situación desconocida del gran público.

    Así las cosas es ilustrativo recordar los “grandes esfuerzos estratégicos” de la UE en los últimos 25 años:

    1. Implantación de las ideologías de género. Leyes del Parlamento Europeo de Febrero del 2006

    2. Imposición del CO2 y de su impuesto asociado, que arranca en 2012 a 4 euros por Tm y ha llegado a superar los 100 euros por Tm encareciendo nuestra producción como si, literalmente, no hubiese un mañana.

    3. Implantación de políticas “ambientales” ideológicas cuando no causa directa de catástrofes como la reciente de Valencia o nuestro apagón eléctrico.

    Políticas que desincentivan la producción agrícola interna al tiempo que inducen la deslocalización industrial.
    El resto del mundo –incluyendo los EEUU—nos deja solos en estos “esfuerzos”. Si añadimos la mayor fiscalidad del mundo nuestro suicidio está servido. Recordemos que toda fiscalidad termina siendo otro coste del producto.

    Por todo ello es imperativo un cambio estratégico muy importante si la UE quiere mirar hacia un futuro de progreso. Ello implica no solo buscar espacios de libertad y de autonomía crecientes.
    También hemos de revisar lo construido desde la dependencia estratégica así como las jerarquías políticas que sirvieron a la dependencia y que quizás no sean las necesarias para afrontar el futuro.

    Saludos

  12. M. Oquendo dice:

    Cosas para recordar.

    Esta semana Madrid está de fiesta homosexual. El «orgullo» le llaman aunque realmente nadie sabe bien de qué o por qué se debe estar orgulloso.

    Se trata de aumentar la población de estos arquetipos que tienen un rasgo común: son estériles en general y no persiguen tener hijos. En consecuencia nuestra cultura desaparecerá en la medida en que esta población se desarrolle y tenga éxito.

    El objeto de este correo es recordar el origen de estos festejos.

    Para ello debemos recordar el Memorandum 200 de la NSA de Kissinger a Nixon en 1974.

    Fue secreto hasta los primeros 90 (inicialmente iba a serlo hasta los 80) y hoy sigue operativo.
    Es largo, unas 123 páginas, establece como suprema prioridad de los EEUU el control de la fertilidad global. Incluye medidas punitivas a quienes no sigan las directrices de control de natalidad, aborto, etc. (acceso a financiación del FMI, por ejemplo) y recomienda el desarrollo de “arquetipos humanos” alternativos.
    El gran desarrollo del lobby homosexual y de otros arquetipos estériles, en Occidente, procede de ese memorándum en cuanto comienza a ser conocido.
    El original de dicho memorandum debería encontrarse en la red bajo «NSA memorandum 200».
    Pocas cosas son fruto del azar.
    Saludos

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