Aunque nuestro proceder sea reformista y esté lleno de contradicciones, nuestro planteamiento debe ser radical. Es preciso pensar en utopías sin olvidar el momento presente, las circunstancias en las que tenemos que actuar.

Así, al hablar de la educación y de la escuela, si es que tenemos la intención de cambiarlas, debemos tener claro cuál es la función de la una y de la otra; porque es posible que en la sociedad futura, en ese mundo mejor que todos buscamos, la escolarización ya no sea necesaria.

No se puede desligar la educación de la sociedad en la que está inmersa; no se puede separar de su historia, su economía y su política, ni se puede aislar de sus costumbres, sus oficios, sus artes, sus creencias y sus valores. Es el resultado de todos ellos y, a la vez, la que los transmite, los perpetúa y los genera.

Y lo mismo sucede con la escuela, que es un producto social; una institución regentada por educadores, por personas que se consideran con la autoridad, la preparación o la licencia necesarias para educar. Una organización que tiene como objetivo instruir y formar; es decir, transmitir conocimientos y destrezas y, también, modelar al que se educa, inculcándole los valores, creencias y códigos de conducta de cada comunidad.

El sentir mayoritario es que la educación es la principal herramienta tanto para perpetuar como para transformar un paradigma y que la escolarización es la manera más efectiva de llevarla a cabo.

Al universalizar la escolarización, a medida que las sucesivas generaciones han pasado obligatoriamente por la escuela, hemos llegado a pensar que la educación es el resultado de un proceso institucional dirigido por los educadores. Así, aunque muchos coinciden en la necesidad de cambiar la escuela muy pocos se plantean la posibilidad de erradicarla, de sustituirla por otra cosa.

Es innegable que la escuela ha aportado, y aporta, importantes beneficios. Gracias a ella ha sido posible reducir drásticamente el analfabetismo, compensar hasta cierto punto las desigualdades sociales y proporcionar la preparación necesaria para integrarse en el modelo productivo. Sin embargo, también ha contribuido a la difusión del pensamiento único y a la creación de otro tipo de categorías sociales: sin ir más lejos, la de aquellos que han fracasado en la escuela frente a los que tienen algún tipo de título. Y el creciente índice de fracaso escolar es un síntoma de agotamiento, de que algo está empezando a fallar en ella.

La escuela, lo mismo que ha sucedido con el Estado, puede que haya crecido demasiado. Cada vez emplea a más personas y cada vez extiende más su ámbito de influencia. Muchas de las cosas que se aprendían fuera de la escuela ahora solo pueden aprenderse dentro de ella. Este es el caso, por ejemplo, de muchos oficios; pero también el de los valores éticos o religiosos, que se han convertido en asignaturas. Con la complicidad del poder, todo se ha vuelto académico. Aunque la mayoría de nosotros, salvo los profesores, hemos aprendido nuestro oficio fuera de la escuela.

El sistema educativo es una organización cada vez más cara y complicada en la que progresivamente se gasta más para obtener el mismo rendimiento; y gran parte del gasto empleado en educación se dedica al mantenimiento de la organización misma, no se invierte directamente en la labor educativa. En torno a la educación, se ha montado una empresa gigantesca. Además de profesores, hay un ejército de orientadores, pedagogos, asesores, inspectores, psicólogos, editores o informáticos que viven de ella. Decenas o cientos de miles de personas, máquinas y edificios dedicados a impartir conocimientos y valores de todo tipo.

Como muchas otras instituciones, el sistema educativo tiende a olvidar los fines para los que ha sido diseñado y se convierte en un fin en sí mismo. En vez de ofrecer el servicio que debiera, sirve a sus propios intereses. Se convierte en una industria que fabrica y vende un servicio, cuya demanda no depende exclusivamente de que este servicio sea necesario sino también de que se haya hecho creer que se necesita y se hayan dispuesto las cosas de tal manera que no haya otras formas de obtenerlo distintas de la oficial.

Pero las dos funciones para las que originalmente estaba destinada la escuela se podrían cubrir de otras maneras, posiblemente mejores, más baratas, más flexibles y con menos carga ideológica.

Para empezar no parece lo más adecuado, ni tampoco que sea deseable, que la escuela sea el principal formador en valores, que sea el vehículo de transmisión de una determinada ideología. Esto es lo que de alguna manera quería señalar el premio Nobel José Saramago, cuando decía “yo fui educado por una familia de analfabetos, que me inculcaron valores sin muchas palabras”. La socialización del individuo, la incorporación de actitudes y aptitudes que le permitan incluirse en la comunidad a la que pertenece y contribuir a mejorarla, ha de ser el resultado del convivir cotidiano y no de un procedimiento diseñado y controlado por una institución. Especialmente si los valores que se intentan inculcar están en contradicción con los que se defienden o practican fuera de la escuela, o incluso dentro de ella.

Sin embargo, sí parece útil que existan espacios y ambientes que faciliten el aprendizaje de habilidades, destrezas y técnicas, así como otros que contribuyan al enriquecimiento cultural. Pero estos ambientes y espacios no han de ser necesariamente escolares.

Centrándonos, por ejemplo, en la Formación Profesional, ¿por qué los oficios no pueden aprenderse directamente en las empresas, que serían las que seleccionarían a sus aprendices, así como la forma de desarrollar su aprendizaje?

En cuanto eso que llamamos cultura general, ¿por qué debe consistir en las lecciones de arte, historia o literatura que establecen los currículos oficiales? ¿Por qué debe adquirirse memorizando, en vez de impregnándose de ella? ¿Por qué no transformar las bibliotecas y los museos en focos activos de aprendizaje? ¿Por qué no impulsar nuevamente los ateneos?

Respecto a los medios de comunicación, y sobre todo Internet, ¿Por qué intentar adaptarlos con calzador para convertirlos en recursos didácticos que concuerden con lo escolar y lo académico? ¿Por qué no utilizarlos directamente para facilitar el aprendizaje? Los cursos en línea son una realidad, ya hay universidades y empresas prestigiosas que los facilitan, además de infinidad de particulares. Y lo mismo podría decirse del potencial que tienen las redes sociales, tanto para difundir la tontería como para debatir sobre ciencia o filosofía.

Se podría objetar que esta forma de educación, aparentemente caótica y dispersa, no ofrece las mismas garantías y seguridades que proporcionan los títulos oficiales. Puede que sea cierto, pero también lo es que, como decía Ivan Illich, “vivimos en una sociedad en la que el progreso social está ligado, no al conocimiento comprobado, sino al historial de aprendizaje mediante el que presuntamente se adquiere”. Habría que buscar nuevas fórmulas de certificación y nuevas maneras de otorgarlas. Pero sobre todo habría que eliminar la práctica de utilizar los títulos para cerrar puertas, que impide, cuando no se tienen, que el aprendizaje continúe por los cauces oficiales y no lo reconoce cuando se ha producido por otras vías. Incluso se podría pensar en árbitros o jueces independientes con el suficiente prestigio personal como para desempeñar esta función.

Otra posible objeción es que esta forma de educar no garantizaría la igualdad de oportunidades, ni suavizaría las desigualdades sociales de la forma en que lo hace la que tenemos ahora, que discriminaría a los que tienen menos recursos económicos. Pero esto también está pasando ahora, incluso en las escuelas públicas, y el Estado podría seguir subvencionando la educación, pero no creando instituciones sino repartiendo directamente moneda educativa; es decir, pagando a aquellos que estudian con créditos o bonos intercambiables por servicios educativos.

Sería una cantidad limitada, pero suficiente, que cada cual tendría la potestad de administrar y gastar dónde y con quién le parezca, pagando los servicios tanto de una escuela (si es que esa le parece la mejor opción) como de otras organizaciones y particulares. Es más, a partir de cierta edad, la edad legal para trabajar, en muchos casos no serían necesarios estos pagos; ya que serían las empresas las que se ocuparan de retribuir a sus aprendices.

También hay que tener en cuenta el altruismo de las personas. Cuando esta forma de aprender se implante, es de esperar que haya personas dispuestas a colaborar de forma desinteresada en la formación de los demás; por ejemplo, muchos de los jubilados a los que ahora no se les facilita compartir su experiencia y sus conocimientos. Todo ello sin tener en cuenta que el que enseña también aprende y siempre obtiene un beneficio de su acción.

Todas estas alternativas son solo un esbozo, sugerencias de cómo podría ser un sistema educativo no escolarizado. No explican cómo se podría garantizar que todo el mundo adquiriera destrezas tan básicas como leer, escribir o calcular (aunque ahí tendría mucho que aportar la educación en casa y sus variantes); no describen cómo deberían ser las nuevas universidades y cuál debería ser su cometido. Simplemente plantean la posibilidad de construir otro sistema, en el que también podrían estar incluidas las escuelas (otro tipo de escuelas), que no se basara en la escolarización. Y esto solo será posible si, al mismo tiempo, se está produciendo un cambio social.

Sería complejo, pero no sería un caos. Y no podemos olvidar que la complejidad es necesaria para que aparezca algo nuevo. Incluso la ciencia y las matemáticas lo sustentan: en los sistemas caóticos aparecen vórtices, focos atractores, patrones de interacción, que son creadores de un orden espontáneo.

7 comentarios

7 Respuestas a “DESMONTAR LA ESCUELA”

  1. Canija dice:

    Totalmente de acuerdo con el artículo, desgraciadamente todo está montado para intentar “encajar” en un molde, que poco a poco va perdiendo consistencia, y va habiendo cada vez mas gente incrédula que sospecha que este “camino”/”teatrillo inventado por unos pocos listillos”/”escenario para producir”..respecto a los valores de ser productivo/útil/válido para el sistema..YA NO SE SOSTIENE, NO ES VÁLIDO.
    Pero hemos de reconocer que casi todos lo hemos defendido/perpetuado/sostenido..y muchas de las veces inconscientemente o por interés personal..y esto es lo que creo que es clave para el cambio, quiero decir PODER RENUNCIAR a unos cientos de eurillos o poder emplear tu tiempo en hacer cosas de manera altruista..yo misma me he dado cuenta como reacciono de manera absurda con el dinero..si ganaba 700 necesitaba 700 pero si ganaba 1000 necesitaba 1000, ¿era cierto que necesitaba 1000 para vivir? claro que no!! y que hacia con esos 300? salir, divertirme, cenar fuera y al cine, ni se me pasaba por la cabeza dárselos a otro o invertirlo en algo en lo que creo aunque no tenga nada que ver conmigo..pues creo que ha llegado la hora de DEJAR DE MIRARSE EL OMBLIGO SEÑORES O ESTO NO VA HACIA NINGÚN SITIO!! Respecto a mi vida, paradójicamente, lo único que me ha aportado una valía profesional es mi experiencia en el campo artístico, ni mi carrera universitaria ni lo aparentemente asimilado en la escuela me dan de comer a día de hoy. Y yo, he ido buscando mis maestros y echando un buen numero de horas a empaparme de lo creativo y a ensayar, y es esto lo único que me alimenta en el sentido literal y en el abstracto.
    Nos estamos cargando a los genios con la educación y con la escuela ..
    Una niña bastante inteligente después de leer un problema de matemáticas..(Si Pepito tiene 800 naranjas, vende 350 y recibe otro paquete de 500 ..¿ cuántas naranjas le quedan a Pepito?)dijo ” Y a mi que me importa cuántas naranjas tiene Pepito !”..y lo peor es que nos sorprendemos de tal comentario..cuando es lo más sencillo que una niña piense así..ni siquiera se enseña historia del pensamiento matemático, lo que el niño recibe es TIENES QUE APRENDER A HACER FRACCIONES PORQUE A MI ME DA LA GANA, Y NI TE PLANTEES COMO O PORQUE DE SU EXISTENCIA PORQUE TU PROFE NO VA A SABER RESPONDER O NO VA A PERDER EL TIEMPO EN EXPLICÁRTELO A TÍ, YA QUE TIENE QUE CONSEGUIR MANTENER “DESPIERTOS” A OTROS 29 DE LA CLASE (COMO UN ENCANTADOR DE SERPIENTES) Y POR SUPUESTO TU PREGUNTA “NUNCA VINO A CUENTO, A NADIE LE INTERESÓ, ERES MAL EDUCADO POR INTERRUMPIR EL “FLUIDO” TRANSCURSO DE LA CLASE, Y DESDE LUEGO TENER CURIOSIDAD Y SER ENTUSIASTA ES SER GILIPOLLAS EN DEFINITVA”. Y PARA MÍ EL MAS GRAVE DE LOS MENSAJES “NO DUDES, HAY QUE SER SEGURO, NO TE EQUIVOQUES, SI FALLAS EL TERRIBLE BOLÍGRAFO ROJO DEL PROFE SE MANIFESTARÁ CON LA “M” DE MAAAAAAAAAAAAL”..Como quieres que un niño preste atención a una amargada cara de sabueso en vez de mirar por la ventana un arbolillo, a lo mejor los niños distraídos están buscando su verdad

    Gracias al respeto y a la confianza de mis padres en mi, yo voy desarrollando mi “carrera artística”, pero porque a mi no me han convencido de que haga una carrera con futuro, y gracias a eso tengo FUTURO…Y ESE FUTURO NO IMPLICA TENER UNA NÓMINA..(AY, PERDÓN A LOS QUE SIENTAN QUE SON GUAYS POR TENER UNA..)

  2. Quebrantando el Silencio dice:

    El planteamiento de la sociedad desescolarizada de Illich y la actualización que se plantea en esta entrada debería hacernos reflexionar a todos en general sobre el sistema educativo actual. Sin embargo, disiento cuando se comenta que el sistema educativo ha olvidado para qué fue creado.
    En mi opinión jamás lo ha olvidado y lo sigue cumpliendo a la perfección.
    Este sistema tal y como lo conocemos ahora (con su famosa universalización) se empezó a forjar con el paso de una sociedad campesina a una industrial con la llegada de la revolución industrial. El poder puso en manos del clero la misión de convertir a personas que vivían acorde con sus necesidades y trabajaban en función de ellas en perfectos peones fabriles preparados para acatar horarios, ordenes y todo lo que fuera necesario para satisfacer las necesidades de producción del estado y del capital.

    Un saludo.

  3. Pedro dice:

    Veo muchas ideas de Iván Illich en este artículo, cuidado que te van a tachar de anarquista 😉

    Uno de los problemas que encuentra la escuela es que la sociedad se apoya en ella, es decir, tiene el deber de educar y formar. El peligro de convertir los derechos de unos en obligaciones de otros es que los primeros olviden sus propias responsabilidades. En otras palabras, parece que la escuela tiene “en exclusiva” la responsabilidad de educar. Esto es uno de los errores más grandes que se pueden cometer.

    El hecho de que se haya creado una institución que trate de garantizar uno de los derechos del ser humano actual (el derecho a recibir una educación) no quiere decir que esta deba ser la ÚNICA vía.

    Lo que considero innegable es el derecho de todo individuo a recibir una educación dado que la única vía hacia la libertad es el conocimiento. No podemos librarnos de cadenas que no sabemos que existen, ni podemos elegir de forma libre si se nos cierran las puertas por no poder leer o escribir.

    Pero ¿a qué educación tenemos derecho?¿y a cambio de qué?

    Es cierto, tenemos derecho a una educación, pero también tenemos la obligación de recibirla y somos “libres” para elegirla dentro de un reducido abanico de posibilidades.

    Podríamos pensar que la solución no es eliminar la escuela, sino ampliarla, tirar sus muros y que toda la sociedad sea responsable de la educación de las generaciones futuras. Pero esto ya es así, solo que no sabemos, o no queremos aceptar nuestra responsabilidad.

  4. facundo dice:

    “¿Cómo sabes que no te he enseñado nada?”, me preguntó padre rico con calma.

    “Bueno, usted nunca me ha dirigido la palabra. He trabajado por tres semanas, y usted no me ha enseñado nada”, dije casi lloriqueando.

    “¿Acaso enseñar significa hablar o disertar?” me preguntó padre rico.

    “Bueno, sí”, repliqué.

    “Así es como te enseñan en el colegio’, dijo él sonriendo. “Pero esa no es la forma en que la vida te enseña, y diría que la vida es el mejor de todos los maestros. La mayor parte del tiempo, la vida no te habla. Es como que te va empujando. Cada empujón es la vida diciendo, `despierta; hay algo que quiero que aprendas’“.

    “Padre Rico, padre pobre”, Kiyosaki

    1. Enrique Sánchez Ludeña dice:

      Hola facundo, gracias por comentar.
      No conocía a Robert Kiyosaki y el texto que adjuntas está bastante en la línea de lo que se dice en el artículo. Así que me he puesto a buscar un poco por Internet y no tengo claro que el personaje y el libro me acaben de convencer; pero es una primera impresión y tendría que leer el libro completo.
      Un saludo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies