Socializar y socialización son términos ambiguos, con más de un significado. En psicología y sociología, la socialización es el proceso mediante el que los individuos se adaptan al grupo al que pertenecen, asumiendo e interiorizando las normas, los comportamientos, los valores y las formas de percibir la realidad que dicho grupo maneja. En economía y política, la socialización consiste en conseguir que los bienes, los servicios y los medios de producción sean propiedad de la comunidad, limitando su propiedad privada y extendiendo al colectivo lo que antes estaba reservado a unos pocos.

Por aunar ambas acepciones, socializar algo sería ponerlo a disposición de la sociedad. Y esto supone, en la mayoría de los casos, anteponer el interés común a los intereses particulares. Con todo lo que ello puede llegar a implicar, si nos paramos a pensarlo detenidamente.

Si combinamos este planteamiento con la idea que actualmente tenemos de democracia, la socialización se llevaría a cabo de acuerdo con las decisiones de la mayoría. Es decir, se decidiría en las urnas qué es lo que se socializa y cómo debe hacerse; por ejemplo, el acceso a la sanidad o a la educación, recaudando los fondos necesarios mediante un sistema de impuestos redistributivos.

En este contexto, la educación universal, la asistencia obligatoria a la escuela, es uno de los principales mecanismos socializadores; ya que contribuye a la socialización de las personas, los conocimientos y la cultura. Es decir, proporciona una referencia común sobre lo que se debe hacer, sobre aquello que es necesario saber y sobre lo que es digno de venerar.

Porque cuando se habla de socialización de la cultura, la idea que subyace es la de la adquisición mayoritaria de ciertos cultos y liturgias, construidas en torno a personas, obras, lugares y momentos que se consideran significativos. Pero se olvida que una persona culta no es tanto la que conoce y practica los cultos sino, sobre todo, aquella que se cultiva, que ha trabajado sobre sí misma preparando el terreno para que pueda dar frutos.

Y esto, que es un trabajo individual, no se puede socializar. Como tampoco, por la misma razón, se puede socializar el conocimiento; aunque se consiga que los conocimientos estén a disposición de todos. Se puede socializar la propiedad de las universidades y las escuelas, se pueden unificar los currículos y las pruebas de acceso de forma que sean iguales para todos, se pueden paliar las desigualdades económicas o sociales, se pueden dilatar los plazos o reducir las exigencias, pero lo que cada uno aprende, la forma en que accede a lo que le rodea y el modo en que incorpora lo que recibe y lo que le sucede, es único. Y esto, la unicidad de cada ser humano, se obvia, cuando se piensa en cualquier tipo de socialización.

Junto con la asistencia sanitaria y las pensiones, el acceso universal a la educación es uno de los logros del modelo que conocemos como estado del bienestar. Con este espíritu, se multiplica la oferta educativa y se extiende su duración y su gratuidad, para que todos puedan ejercer su derecho a  ser educados.

Pero universalizar la educación no puede consistir en que todos alcancen unos conocimientos establecidos en una legislación, los mismos para todos. Universalizar no es uniformar, ni homogeneizar; es hacer que llegue a todos, pero no para conseguir lo mismo sino cada cual lo suyo, aquello que busca o necesita para desarrollar su potencial.

Socializar la educación no es llegar a un consenso social sobre la forma adecuada de entender el mundo y la realidad. Aunque hay fuertes intereses en que eso se produzca. Por un lado, se facilita el acceso a una inmensa cantidad de conocimientos, y por otro estos conocimientos se seleccionan y se ofrecen, elaborados y agrupados en paquetes, de forma que lleguen a todo el mundo y sean fáciles de asimilar.

Y en esto consiste, para muchos, la idea que se tiene de educar. Una idea que, además, está contaminada por el utilitarismo y, aunque el conocimiento no es un bien finito, ni algo que se pueda redistribuir, lo que parece que se busca es la socialización de los beneficios materiales que reporta; beneficios que se asocian a la posesión de títulos y el ejercicio de determinadas profesiones. Así, el mensaje de la socialización se entiende como disponer las cosas de manera que todo el que lo desee pueda obtener un grado o una licenciatura.

Sin embargo, al mismo tiempo que se abren las puertas, se impone la realidad de que no hay suficiente para todos. Se entra así en una espiral de devaluación de lo académico, en la que los títulos recuperan su valor cuando, por decirlo de alguna manera, ya no están socializados; es decir, cuando se obtienen mediante una combinación de dinero, trabajo e inteligencia superior a la de la mayoría.

Es decir, a pesar de la socialización, se siguen formando élites; tanto por aristocracia, por herencia familiar o genética, como por meritocracia, por méritos y logros acumulados y acreditados en un proceso de selección.

Solemos pensar que las conquistas sociales se obtienen desde abajo hacia arriba, desde las masas o el pueblo llano que, progresivamente, va arrebatando sus prebendas a las élites. Pero bien podía ser al contrario, que los cambios que han supuesto una mejora se hayan producido gracias a que estas élites, o parte de ellas, los han concebido e impulsado.

3 comentarios

3 Respuestas a “La socialización del conocimiento”

  1. Manu Oquendo dice:

    Buenos días y un breve apunte.

    El último libro del emérito Dalmacio Negro –“La ley de hierro de la Oligarquía”– aclara que de la palabra “democracia” ya hay 650 acepciones registradas.

    Creo que “socializar” tiene algunas menos pero es evidente que ambos términos ya son “Significantes vacíos”.

    Significantes vacíos son palabras que no sirven para describir ni para entenderse con precisión. Son meros “contenedores” para producir y gestionar emociones que posibiliten la manipulación pavloviana de sus destinatarios. Muy frecuentemente hasta el propio emisor participa instintivamente en ello. Sin ser consciente.

    Verbigracia, la primera definición que del Diccionario nos ofrece Enrique. Dice lo siguiente: “la socialización es el proceso mediante el que los individuos se adaptan al grupo al que pertenecen”.

    ¿Es esto cierto? En mi opinión más No que Sí.
    Me temo que llega bastante forzado y tampoco refleja lo que realmente ocurre.

    Por tanto mueve a interrogarnos acerca del por qué el diccionario lo expresa de dicha forma y no como en realidad sucede en el mundo observable.

    En el caso más general que nos ocupa la definición sería más fidedigna si dijese: “la socialización es el proceso mediante el que los grupos hacen que los individuos se adapten a los comportamientos deseados por quienes están al mando”

    Esta segunda definición es algo más cierta que la primera. Una mejor descripción de la realidad.

    Pero tiene el inconveniente de ser más clara. Tanto que inmediatamente produce una cierta prevención al ver que el énfasis pasa a directamente al verdadero Sujeto de la Acción que se Predica.

    Hace unos meses estuve leyendo un libro de un Físico ya fallecido y me llamó la atención su concentración en definir correctamente cada aspecto de los temas que trataba.

    Arrancaba con su etimología latina y griega y a partir de ellas descubría al lector con qué frecuencia los diccionarios se han convertido en instrumentos activos de “socialización” a expensas de su función de ser descriptores de la realidad y de los significados.

    Que Zapatero no tuviera éxito en su intento de que se cambiase el Diccionario de la RAE para que la palabra Matrimonio reflejase lo que entonces le convenía no quiere decir que otros intentos no tengan éxito.

    Como decía Cohen……………los dados vienen trucados –de fábrica. “The dice are loaded”.

    Y si nos adentramos en la definición de Democracia nos encontramos con cosas tan curiosas e instructivas como esta.

    https://www.youtube.com/watch?v=k8vVEbCquMw

    Un libro muy oportuno:

    “Cómo lee un buen escritor” de Francine Prose. Ed. Crítica.

    Saludos cordiales y muchas gracias por el artículo.

    1. Alicia dice:

      No sé si he entendido el video, pero me ha parecido una tomadura de pelo ¿Debería avergonzarme de ser tan torpe?
      Lo digo en serio, que muchas veces no estoy segura de mis ideas ni de pensar con claridad.
      No veo que lo que el video explica conduzca a algo mejor, o distinto por lo menos, de la que tenemos.
      Más bien creo en las élites, que si es cierto que en según de qué o en qué lo sean pueden resultar no muy dignas de alabanza hay aspectos en los que resultan imprescindibles y gracias a ellas las sociedades (o quizás sólo algunos individuos) progresan.
      Las masas, en cambio…

      1. Manu Oquendo dice:

        Esa es la primera impresión, Alicia.

        Luego, con el tiempo, nos vamos dando cuenta de que el autor del guión es alguien que ha tenido que leerse en detalle los Federalist Papers, a Sieyés, a Rousseau, a Locke, a Cicerón, a Platón a Aristóteles a Tocqueville y a muchos juristas actuales de todas las orientaciones para darse cuenta de que todo lo que dice ese video de apariencia tontuna ya lo habían dicho otros y que además es comprobable.
        El guión no es de un aficionado.

        Entonces la sensación pasa a ser de honda preocupación y hasta puede que de rechazo porque se pierde la confianza, nos quedamos sin apoyo firme y no estamos acostumbrados a ello.

        Esta es la segunda fase y, con suerte, el comienzo de la tercera.

        En esta última comienza uno a preguntarse si se puede hacer algo o si estamos en manos de Dios o de unas élites benévolas que piensen por nosotros y nos den la solución.

        Bienvenida al club.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies