“No hay nada más fácil que el autoengaño. Ya que lo que desea cada hombre es lo primero que cree.” (Demóstenes s. III a.C.)

Si algo hubiera que destacar del entorno que rodea a la infancia actual, respecto de anteriores épocas, dos aspectos son los que marcarían la mayor distinción. En primer lugar, la abismal diferencia en el caudal de estímulos a los que los niños están expuestos, siendo en estos momentos varios miles de veces más los que se presencian. Y, en segundo lugar, la dificultad que se observa en relación con los lenguajes.

Esta última, que requiere de una explicación, engloba fenómenos como la pérdida del afán lector, la profusión de los lenguajes visuales más simples, la utilización del lenguaje como rasgo de identidad y no de comunicación, el descenso de personajes públicos con un buen manejo de la lengua en favor de aquellos otros que utilizan un lenguaje más básico, y la enorme influencia de los medios de comunicación.

Cabría preguntarse si los dos aspectos mencionados pudieran guardar una relación entre sí, y no faltarían argumentos significativos que atestiguaran que existe una vinculación entre ambas realidades, pudiendo ser en realidad dos caras de un mismo fenómeno.

El poder del lenguaje reside, simplificándolo, en que tiene la facultad de establecer el pensamiento de las personas, es decir, define la realidad, la designa, valora y estructura de una forma determinada, siendo por tanto el que a la larga establece la jerarquía y prioridades del caudal sensitivo que todo ser humano percibe en cada momento, priorizando no solo aquello con lo que interactúan los sentidos, sino también definiendo de qué forma lo tienen que hacer. Si cuando vemos una mesa, por poner un ejemplo, lo que observamos es su color, utilidad y funcionalidad, su forma, y no su composición, su estructura o su esteticidad, se están recogiendo unos atributos y no otros, y ese lenguaje interno que llamamos pensamiento lo recogerá así.

El pensamiento y su expresión, el lenguaje, no solo tiene que ver con la percepción externa, sino que también se establece en la dirección opuesta, de dentro afuera. Y así, la forma de procesar las sensaciones que se producen en nosotros tiene que ver con la capacidad de identificar, nombrar y manejar las vivencias, estados, emociones, sentimientos y sensaciones en cada persona. Por tanto la importancia de educar en general tiene que ver también con tu educación interna, y tu propio desarrollo personal va a estar sujeto a ello.

Todos los poderes han utilizado el instrumento del lenguaje en sus propósitos de dominación y sometimiento, en pos de eliminar la libertad humana, y lejos de creer que el problema esté resuelto, me pregunto cuáles son las formas actuales en las que ejercen ese dominio.

Las investigaciones recientes ponen en evidencia que el término “educación emocional” tiene creciente importancia en nuestro contexto social. Los factores de transmisión natural de dicha educación siempre han sido los englobados en el término tejido social, familia, vecinos, amigos, profesores. Las importantes variaciones sociales que se han suscitado en el último medio siglo, en los ámbitos más cotidianos para el ejercicio de ese aprendizaje, especialmente en el entorno de la educación y la familia, han dado lugar a la generalización de estas carencias.

La educación emocional es uno de los objetivos básicos esenciales implícitos en la crianza de cualquier medio y cultura, fuera esta del tipo que fuera, y en nuestra sociedad occidental contemporánea, la manera de criar ha variado sustancialmente sus objetivos relegando esta forma de educación sustituyéndola por otros fines que han cobrado más relevancia, especialmente los que tienen que ver con el mundo de lo académico. Es de temer que estas generaciones “hayan pagado el pato” de todos los cambios producidos. Dicho de otra manera, económicamente no hemos mejorado el PIB, pero hay que ver como está de “Bruto el Producto Interior”.

La denominación de este estado de la cuestión entre los expertos es el de “analfabetismo emocional”, que engloba diferentes déficits al respecto: escaso nivel de introspección, incapacidad de control de los impulsos, mínima posibilidad de designar los propios estados internos, dificultad para diferenciar emociones básicas, tendencia marcada a la explosión e implosión, escasez de recursos en el manejo emocional, bajo nivel de entendimiento de las circunstancias y estados ajenos, problematización de las relaciones sociales, conflictividad afectiva, elección de la evasión y huida como respuesta a los problemas personales, utilización de sustancias enajenadoras de la consciencia como recurso al afrontamiento de conflictos… ¿Les suena?

Pese a todo, importa poco como queramos diagnosticarlo, seguro que el gremio de turno aplaudirá la iniciativa, lo auténticamente trascendente es que así estamos condenando a esas personas a la infelicidad, al sufrimiento y a la alienación, es decir a estupendos espectadores de Tele 5.

Y mientras, los adultos de nuestras sociedades no enseñamos estos aspectos tan claves para el desarrollo de un individuo sano, y sin quererlo, les hacemos víctimas de sus propios estados emocionales, y por tanto, seres más esclavos y manipulables, ¿qué hacemos enseñando inglés a toda popa? Si alguien no sabe qué hacer con lo que siente, y ni siquiera sabe como se denomina, ¿qué importancia tiene llamar al tres three? ¿Cómo los educadores que están observando y padeciendo esto todos los días no ponen el grito en el cielo? ¿Qué hacen los programas de las escuelas para dar solución a estas carencias? ¿Por qué se pone tanto énfasis en cumplimentar cien mil papeles y no miramos a lo que tenemos de frente tan a flor de piel? ¿Por qué los padres no sacan de casa el televisor? ¿Por qué quien tiene en su mano intentar dar solución a estos problemas, los políticos, insisten en otras cosas?

No es que vengamos de una situación mejor, en absoluto, sino de que en esta sociedad   que la hemos creído tan completa y satisfactoria llamándola de derecho y de bienestar, en la que no nos cansamos de pedir casi siempre al Estado, hemos establecido las prioridades en aspectos muy cuestionables, cuando no abiertamente egocéntricas, y no nos damos suficiente cuenta de que este tipo de carencias no las van a resolver otros, incluso puede ser que les interese que las cosas estén así, sino que tenemos que resolverlas cada uno en nuestro ámbito y responsabilidad, y la actitud pasiva, delegadora y autocomplaciente que se aprecia ya nos está pasando factura.

4 comentarios

4 Respuestas a “Y EL VERBO SE HIZO … PLAYSTATION”

  1. Tremendo el articulo, emociones?…a veces me pregunto porque he de sentir alegria por el hecho de p.e. tener dinero..y no siento esa alegria al ver a mis hijos cada dia…claro!..con la que cae…o es que nos han comido la cabeza pero bien…..por otro lado…si todo esta en venta…todo aquello que venga de los sent.humanos creo, da pingues beneficios a la estructura economica..o estamos pero que bien vapuleados emocionalmente y la economia de los que la Impulsan, en ALZA… en fin, emociones-la mejor de todas, sentirse libre, y cuan dificil es….y…mas complicado que nos lo pondran sino Despertamos.

  2. Aprendiza dice:

    Artesanos.
    Los chicos tienen que aprender a amasar y a moldear, sin olor a plastilina.
    Que cocinen
    Que siembren lo que comen
    Que se tiren por el suelo
    Se rompan los zapatos
    Que no se laven
    Pinten paredes
    Hagan ese ruido divino con palitos, cazuelas, chinatos..
    Que sigan volando cometas

    ¡Que se suelten! que sigan usando sus alas, que sigan viendo dibujos entre las sombras, corriendo detrás de las mariposas, que sigan en su mundo, sin vocaciones prematuras, con la vocación de bebérselo todo.
    Confiar en su divino potencial: su risa.
    Reivindico niños «hiperactivos» por las calles,ruidosos, besucones…
    Esos «rabo de lagartija» que me pierden.

    Dejar que usen sus alas, esas con las que nacieron. Que sigan tocando como cuando eran bebés

    Soltarles.

    1. Carlos Peiró Ripoll dice:

      Eso es, niños vivos, niños fuertes, y niños inteligentes.

  3. Dicen que, la experiencia es, la Madre de la Ciencia; y si nos limitan las experiencias?, como conocernos a nosotros mismos?, cómo saber nuestras capacidades, sentimientos, emociones, límites etc..?, si siempre hacemos lo mismo?, que aprendemos?, si apenas tenemos oportunidades de variar en algo nuestra vida, cómo experimentar nuevas emociones?,..aún así, creo-opino, es obligado el ejercicio de intrspección personal y el ir comprendiendónos y conociendónos lo más que se pueda, única manera, creo, de poder comprender a otras personas que se encuentren en relación con nosotr@s; dificil tarea..también es.

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