¿A dónde vas capitalismo?

La ciencia ficción está aquí mismo.

Los vehículos autónomos son una realidad, aunque los Comités interdisciplinares se estanquen en interminables discusiones sobre cómo programar la inteligencia artificial en aquellos casos en los que toque tomar decisiones imposibles para el ser humano, como, por ejemplo, si se debe elegir entre salvar la vida de los pasajeros o la de un niño que cruce la calle (si fuera un viejo no habría dudas, una pura decisión eutanásica).

La biogenética ya permitiría elegir los niños que queremos tener: guapos, altos, inteligentes,… Sólo las dudas morales/éticas ponen barreras.

Cada vez es más real la posibilidad de alargar la vida (con calidad) hasta límites, hace tiempo, insospechados. Además, la biología y la inteligencia artificial permiten aumentar las capacidades de los individuos hasta convertirlos casi en los semidioses de la mitología.

Pero todos estos cambios tienen evidentes costes.

La automatización, nos pongamos como nos pongamos, va a provocar un aumento del desempleo. Puede haber dudas en el porcentaje en que va a incidir, pero ciertamente va a ser sustancial. Además, el desempleo se va a cebar sobre todo con el sector de la población menos cualificado y, por tanto, con menos posibilidades de adaptación.

Además, todos los avances de la bioquímica y la IA serán caros y, por ello, sólo estarán a disposición de los más ricos, que, de este modo, incrementarán su capacidad para competir frente a los demás (porque literalmente vamos a estar “de más”). Es decir, la brecha entre los ricos (cada vez más ricos) y el resto va a ser cada vez mayor.

Las clases medias en los llamados países desarrollados están en franco retroceso, si no en auténtica vía de extinción. No hace falta ser muy observador para darse cuenta de que el desplazamiento de riqueza que la globalización está causando del primer mundo a los países en desarrollo se está cebando fundamentalmente en las clases medias: desaparecen de Europa o Estados Unidos para crecer en China o la India.

Y conviene recordar que la democracia occidental surge de la mano del esplendor de la burguesía que, a medida que va prosperando, quiere hacer oír su voz para reclamar un espacio de decisión que hasta entonces sólo correspondía al monarca, a la nobleza y al clero.

Sin una clase media fuerte, las democracias se tambalean, dado que volvemos a la profunda separación, sin nexo alguno, entre nobleza (con poder y riqueza) y súbditos (cuanto más distraídos y menos formados mejor).

Pensemos en sociedades democráticas con un fuerte desempleo, con una clase media empobrecida y con una brecha cada vez mayor entre la gran mayoría y un pequeño porcentaje de población que vive a todo trapo. Estas serían democracias ciertamente explosivas en las que la mayoría -y recordemos que la democracia no es más que el gobierno de la mayoría- votaría cabreada y contra la minoría dominante. Es decir, el caldo de cultivo ideal para los populismos, que se extienden como un virus por todas las democracias del primer mundo y ofrecen visiones simplificadas -de buenos y malos-, fácilmente asimilables por las mayorías.

A estos factores habría que añadir que la política fiscal cada vez resulta más ineficiente para reducir las desigualdades, dada la libre circulación de capitales que está instaurada: al verdaderamente rico le da igual residir aquí o allá, escapando de las tributaciones más altas, con lo que los sistemas impositivos de países cada vez más endeudados deben cebarse en una clase media cada vez más baja y en decadencia.

Quizá penséis que me estoy poniendo algo tremendo. Pero cualquier solución debe partir del diagnóstico y de nada sirve cerrar los ojos porque la ola te va a llevar igualmente por delante.

Obviamente, la clase dominante puede optar por jugar a fomentar populismos inocuos, que, dando la sensación de atender a las masas, se dediquen a distraer y a mantener el statu quo. No sería demasiado difícil dada la situación de precariedad de la mayoría de los medios de comunicación o la facilidad de crear y dirigir corrientes de opinión a través de las redes sociales. El puro gatopardismo del que todo cambie para que todo siga igual.

Pero creo que esta sería una visión cortoplacista y poco inteligente, que no tendría en cuenta que las grandes revoluciones violentas tuvieron su origen en situaciones de fuertes desigualdades y penurias económicas de buena parte de la población. Seguramente los todopoderosos Romanov y la aristocracia rusa no podían pensar pocos años antes que en 1917 se desataría el infierno de la Revolución. Pero así fue.

Si nuestras clases dominantes tuvieran una mínima visión, estarían pensando en las reformas que permitan una evolución social y eviten una traumática revolución.

Nadie tiene las claves de hacia dónde debemos caminar (y yo no soy una excepción), pero me da la sensación de que ni siquiera nos estamos sentando a plantear un futuro más amable. Y citando al colaborador de este blog, Raul Pérez, me parece que si no hay evolución, habrá revolución.

2 comentarios

2 Respuestas a “¿A dónde vas capitalismo?”

  1. O'farrill dice:

    Hay un condicionante que lo dice todo: «Si nuestras clases dominantes tuvieran una mínima visión…» Ya lo creo que la tienen…. desde hace muchos años. Es un plan global para toda la Humanidad y, de paso, pretenden para el propio planeta Tierra….. Empezó con las tecnologías que venían a sustituir a la industria y los modelos empresariales y corporativos, basados en patrones ejecutivos donde los resultados de gestión en términos económicos han ido precarizando a las clases medias. La empresa «humana» con sentido social, nacida de iniciativas personales, daba paso a los grandes grupos que iban asfixiando a las pequeñas, apropiándose de su producción y cambiándola en su organización y resultados (los «bonus» primero).
    El capitalismo es global e inabarcable. Es algo etéreo que se alimenta de más opacidad y virtualidad y provoca una cada vez mayor brecha social. No mayores beneficios. Además, si nos damos cuenta, está basado en sistemas imperativos de lenguaje que nos ha ido acostumbrando a obedecer sin rechistar. Quedamos sometidos a las máquinas (nuestros juguetes actuales) que accederán a nuestro deseo, siempre que previamente hayas obedecido sus órdenes te atengas estrictamente a ellas.
    ¿El futuro? probablemente esté ya en lo que creíamos ciencia ficción: una humanidad sometida, sin libertades de ningún tipo, convenientemente adoctrinada y orientada por la propaganda, esa máquina que nos hace mirar hacia donde ellos quieren, escondiendo la verdad y la luz del pensamiento. Aconsejable releer las obras de Orwell, Bradbury, Huxley, etc…. y repensar en el «planeta de los simios» con todo lo que significa. De momento observar los modelos y patrones sociales es bastante signficativo…..
    Un saludo.

  2. Manu Oquendo dice:

    Buen tema el que nos plantea Isaac. Una anécdota interesante: en 1990 el coche más barato que podríamos comprar costaba el 25% de la renta mediana. Hoy cuesta el 50%. A ambos lados del Atlántico. En otro momento traeré el texto o el enlace en inglés.

    Por ir al grano con la cuestión.
    El Sistema en el cual vivimos ya no es «Capitalismo» por una razón: En nuestras Constituciones y en nuestra Legislación el respeto por la Propiedad Privada es prácticamente inexistente de lo subordinada y mediatizada que está. A nivel privado y a nivel empresarial. ¿O no han visto aún la psicosis de okupación que existe porque las propias autoridades lo protegen y facilitan? 100,000 casos y creciendo.

    A su vez la Libertad de Empresa está muerta de hecho por dos factores: los Monopolios imperiales –especialmente en nuevas tecnologías– o los que en Europa y en España han nacido como grandes contratistas del Sector Público. Todo el resto de la economía está de una u otra forma Jerarquizada e Hiper Regulada y lo va a estar mucho más con directrices subvencionadas por el Estado, muchas por la vía de precios al consumo para garantizar rentabilidades (¿es capitalista esto?) , con instrumentos de dominación como el Cambio Climático o con la Responsabilidad Penal Corporativa que de hecho nacionaliza a todo el tejido empresarial convirtiéndolo en una fuerza de Policía y de Vigilancia sobre la propia población que, además, paga el coste de la misma.
    Para verlo en España basta mirar al IBEX 35 y ver qué pocas empresas no son Servicios Públicos del tipo Utility, un escandaloso Oligopolio Bancario hiper-regulado y con clientes cautivos y compradores obligados de deuda pública, o grandes contratistas y suministradores del Estado. De momento se salva Inditex.
    El sistema sigue llamándolo «capitalismo» pero hace mucho que ya no lo es. Es lo que inevitablemente debe surgir de las Constituciones Socialistas implantadas tras la segunda Guerra para servir de contrapeso a la entonces URSS.
    Por lo tanto nos interesa evitar que la semántica nos nuble la visión porque ya solo faltaría que viviendo en realmente un sistema de dirección y supervisión central —tipo socialismo soviético disimulado– bajo constituciones socialdemócratas llamásemos al conjunto «capitalismo» y «laissez faire».
    Súmenle que el sistema genera endeudamiento y pauperización progresivos, colectiva e individualmente, a la inmensa mayoría de la población –a ambos lados del Atlántico– y lo que tenemos es lo que explica el autor pero tratando de disimular la situación a base de semántica como siempre ha hecho el marxismo desde que Stalin nos envió a los Estructuralistas a Paris y a Nueva York.

    Seguiremos con la cuestión porque como bien dice el autor, hay muy pocas cosas más importantes y es complejo.

    Mi impresión hoy es que esto ya no es un problema económico en sentido estricto. Estamos ante el resultado determinista de un Sistema de Poder que trata de ocultar sus actos escondido tras los camuflajes del poder Económico, el Coactivo, el Político y el Cultural (Michael Mann).

    Para abordarlo vamos a tener que ir…………»back to basics». A las cosas importantes de verdad.

    Saludos cordiales. Feliz Navidad.

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