El odio

La nueva moda es llamar equidistante a todo el que no está en el extremo. Esto me recuerda al personaje de Resines en “Amanece que no es poco”, un tipo bastante cínico que se mantiene al margen de la política por cobardía e ignorancia, evitando así ser víctima de los unos y los otros y poder conservar su posición.

Pero ahora se da por hecho que todo el que no se muestre tajante y aferrado a su versión de los hechos, en realidad es un cínico que teme perder privilegios.

Esta insinuación o acusación (Eso ya depende de las formas) le viene muy bien al que pretende vender su autenticidad convirtiéndose en el más extremo de todos, que es exactamente lo que uno hace de adolescente en busca de su identidad.

Por lo que estoy viendo en prensa y, sobre todo, en redes sociales, el personaje extremo solicita atención y necesita diferenciarse. Por eso es más leninista que Lenin, porque leninistas hay muchos y no quiere confundirse en esa masa, por eso otros son más franquistas que Franco, que franquistas ya hay muchos y ser uno más no es suficiente.

Para diferenciarte del resto, necesitas destacar, y si no tienes armas intelectuales para situarte por encima de los demás, solo te queda intentar ponerlos por debajo. Y ahí llega el insulto de la supuesta equidistancia. Y con esto no estoy negando la existencia de los equidistantes, que los hay.

Aunque Resines no quiera meterse en política, en realidad, todos lo estamos, porque todo funcionamiento social es política. Pero, aunque esto sea una obviedad, creo que conviene recordar que una cosa es la política y otra el partido. Y si no te muestras claramente partidista, es cuando te calificarán de tibio para desacreditarte, porque resulta mucho más amenazante un ser humano comprometido, pero libre, que un ser humano atado en corto a su partido.

Y ante el riesgo de ser tachado de cobarde y equidistante, uno acaba refugiándose en el rebaño de sus votantes más afines.

Hoy en día, para ser de izquierdas solo hace falta repetir muchas veces que lo eres y llamar facha a todo el que discrepe contigo. Pero hubo una época en la que quienes luchaban contra el franquismo defendían los valores de la izquierda con sus actos, a veces jugándose la vida, y no jugándose solo unos cuantos seguidores en Twitter ávidos de eslóganes que les reafirmen en su eterna adolescencia.

Llevo demasiados años sin escuchar apenas una frase o una idea que no haya escuchado mil veces antes, porque la autenticidad parece solo asociada a la controversia, a lo supuestamente incorrecto, al grito mediático, y a tirar de un extremo de la cuerda durante toda la vida sin apenas elaborar una reflexión.

Vivimos en un modelo social sostenido en una cuerda cada vez más tensa, basando nuestra existencia en seguir tirando del extremo que nos corresponde.  

Si la cuerda está tensa, es solo porque los ciudadanos nos seguimos prestando a tirar de nuestro lado, y no parece inofensivo que el discurso político nos incite a que no dejemos de hacerlo. ¿Nos hemos preguntado por qué? Nuestra furia es su salvoconducto.

Pero no vivir instalado en el odio no significa darlo todo por válido, no significa vivir al margen de las injusticias, de las mentiras o de las desgracias ajenas. Ni siquiera significa carecer de ideología.

No vivir instalado en el odio solo significa que tu vida tiene sentido más allá de tu enemigo.

El odio es un motor que deberíamos apagar de vez en cuando para descubrir qué nos mueve cuando no estamos odiando… Aun a riesgo de quedarnos aparcados para siempre.

7 comentarios

7 Respuestas a “El odio”

  1. pasmao dice:

    Pues si Doña Bárbara

    El signo de los tiempos es el «odio luego existo»; lo peor es que no creo que sea por casualidad. Hay unas dinámicas de odio que se han establecido desde arriba de una manera muy evidente que ocultan que si las cosas fueran de otra manera unos cuantos muy bien instalados tendrían mucho que perder.

    Lo peor de todo ésto es que además de ser perjudicial para la úlcera, sobre todo la propia, es que además es muy aburrido.

    La Nueva Inquisición, con su misal, sus verdades reveladas y su listado de herejías y anatemas … siendo juez y parte (cómo en el salvaje oeste) con el DELITO DE ODIO (de lo que se trata es de institutonalizar.. lo que es privado) es además de muy aburrida muy cara. No habrá épica alguna para estos inútiles. … que además nos salen por un pastón.

    Al menos los jueces de la horca del salvaje oeste .. salían baratos. Pero cómo gran parte del poder inquistorial va ligado a una liturgia muy cara, para que el pueblo vea quien manda, estos nos están arruinando.

    Si para algo sirve esta web y quienes aquí escriben (cómo usted y otros) es por lo menos para romper esa dinámica tan aburrida y poco orignal.

    Un muy cordial saludo

  2. O'farrill dice:

    Comparto la opinión de «Pasmao». El odio se fabrica, se inocula y se distribuye desde intereses ajenos a la sociedad, con el fin de dividirla y someterla. El odio es opuesto al amor y éste no es lo que nos venden. Son dos conceptos que, como el miedo (tan ligado al odio) hábilmente manejados, son capaces de crear crisis sociales (ingeniería social) haciendo de las personas simples «cobayas» de laboratorio. Al final, el odio es el producto de un relato (cuanto más emocional mejor) más o menos sesgado, que busca y procura el desamparo personal, para sustituirlo por el supuesto amparo de quienes mandan.
    En la España que me ha tocado conocer, no recuerdo odios sociales sino convivencia, solidaridad y humanidad (esas personas que paraban para auxiliarte en la carretera, esos vecinos que siempre te prestaban lo que te faltaba, ese interés -a veces excesivo- por tus asuntos o tus intereses de los amigos….) Nadie preguntaba antes si eras de izquierdas o derechas o, más adelante, conservador o «progre»….. Pero llegó el comandante y mandó parar… Surgieron los partidos, los líderes, los concursos electorales y, sobre todo, las «memorias» histéricas (ya que no históricas), la pelea por las subvenciones públicas, la compra de votos, los privilegios de unos y la inflexibilidad con los otros, los cargos por los que pelear, etc.etc. Y se creó el conflicto. Y el conflicto personal trajo los odios colectivos salpicados de insultos y navajeos…..
    Las sociedades no se forman en el odio, sino en la convivencia pacífica y en el reconocimiento de los mismos problemas diarios. Por eso son fuertes y hay que romperlas con cualquier excusa: el género, el cambio climático o las «memorias»…. Se trata de llevar a la quiebra social (y con ello política) de un país, de una nación desde políticos marionetas de la plutocracia globalizadora… Así compran más barato.
    Un saludo.

    1. Mark dice:

      No entiendo muy bien que tiene que ver el odio con la historia, o el cambio climático, que mejor llamamos destrucción sistemática de todo, ecosistemas milenarios incluidos. Igual es que odiamos todo, todo lo que no sea nuestros ombligos, estén más a la izda o derecha de nuestros testículos u ovarios, según proceda.

      Prefiero odiar a negar, bastante más peligroso.

      1. O'farrill dice:

        Por supuesto está usted en su derecho y su opinión es igual de respetable que las demás (racionalistas/negacionistas incluidos). Yo no odio a nadie por sus pensamientos, por muy diferentes que sean a los míos. El odio suele dejar úlceras en el estómago propio (como señala Pasmao) y no lleva a nada bueno (como el crimen). Por eso no es aconsejable. Otra cosa es que seamos unos «pardillos» y nos creamos a estas alturas que el Sol gira alrededor de la Tierra o que los ciclos planetarios son cuestión del BOE. Un saludo.

  3. Lucas Montes dice:

    El odio es una emoción. Aunque la emoción no sea antagónica de la razón, aunque apenas exista razonamiento carente de pasión, el odio sí nos aleja del análisis y del razonamiento. También me parece que el odio es uno de los productos de las varias polarizaciones que caracterizan nuestro tiempo, no solo entre las supuestas izquierda y derecha, sino nacionalistas y no nacionalistas, los de aquí y los de fuera, los ortodoxos y los heterodoxos etc.
    Despertar el odio, envolverse en banderas, señalar al disidente, blancos y negros: todo esto es dejar de pensar y no nos lleva a ningún lugar bueno o deseable, porque detrás de todo esto sí hay alguien que piensa, que mueve los hilos.
    Pero no razonar es tan cómodo y tan asequible…
    Gracias

  4. Manu Oquendo dice:

    Aunque quizás esté solo parcialmente adormilado parece que el odio, en sus efectos, es hoy menos violento que antaño.

    Durante la guerra civil, hubo en Madrid innumerables chekas, sacas y eventos como Paracuellos que individualmente fueron al menos cuatro o cinco veces peores que la represión de la postguerra. En la Barcelona de entonces todavía peor.

    Hay incluso un evento poco conocido que fue el metódico asesinato de unos trescientos Trotskistas por parte de lo que entonces era el Socialismo-Comunista bajo la batuta directa de dos comisarios de Stalin. Sus cadáveres fueron eliminados en los hornos de una panadería construida al efecto en Alcobendas por un miembro del partido que siguiendo órdenes se ocupó de destruirla para borrar toda huella un par de semanas antes del final de la guerra.

    Ayer, en la 2, vimos en casa de un hijo una película para la memoria: Lagun. La librería de José Ramón Recalde y Mª Teresa Castells y regentada en el día a día por Ignacio Latierro durante más de cincuenta años.
    Esta librería, durante cuarenta de esos años situada en la vieja plaza de la Constitución, fue destrozada muchas veces por la parte más odiante y violenta del nacionalismo en numerosas ocasiones. Hasta con quema nazi de libros. Finalmente hubo que cerrarla y por aportaciones privadas se pudo volver a abrir en el centro. En la calle Urdaneta. José Ramón y Mª Teresa murieron hace cuatro y tres años respectivamente. Ignacio sigue al frente aunque ya va menos por la tienda. Un símbolo de la escasa resistencia vasca al odio estratégico. Es necesario guardarlo en la memoria y desde aquí agradezco al guionista, compañero de estudios y todavía amigo, el gesto y el trabajo.

    Deberíamos profundizar en la anatomía íntima del odio. Puede que, como dice Bárbara, sea una emoción. Seguro que sí. Pero también es un instrumento maleable. Un arma racional de guerra y hay muchas formas de guerra.

    Para hacer esta disección del alma humana no tengo recursos pero nos son necesarios. Diría que imprescindibles.

    Siempre me ha llamado la atención la imposibilidad de hablar sobre determinadas cuestiones con algunas personas. A veces dentro de las propias familias. Quizás no muestren el odio abiertamente pero lo que se detecta de modo inmediato es la bajada de una barrera invisible que rechaza la conversación, los datos, los argumentos o simplemente las preguntas sin respuesta. Tras la barrera hay una mirada vidriosa que ha dejado de verte y te ha convertido en enemigo mortal. Para siempre.

    Estoy seguro de que tras ello se esconde el abismo de nuestra psicología más profunda e instintiva. Un abismo insondable para quien lo lleva a cuestas y para quienes lo sufren.
    Me gustaría sacarlo a la luz más allá de la defensa a cualquier precio del narcisismo más patológico o de su incorporación a la propia identidad subjetiva y sacralizada.
    Esto en lo que compete a la masa humana y sin olvidar que, desde siempre, el odio fue y es un arma eficaz y que hay en las cúpulas de algunas ideologías y estructuras de poder; expertos azuzadores del odio y de la fragmentación. Como mero instrumento útil de agresión para conseguir y preservar el poder.

    Buenos días

  5. Ligur dice:

    Está claro, que en España, la polarización se está produciendo a pasos agigantados y por ende, el odio. Pero no es en el odio donde termina este periplo, después, se dan otros movimientos a tener en cuenta, movimientos y desplazamientos que deberíamos saber parar antes de llegar a situaciones nada deseables. El odio es el comienzo.

    La ira, cólera, violencia y odio nos llevan a la duda, obsesión y desconfianza; estas, al miedo y cobardía; estas a la charlatanería, la irresponsabilidad y la mentira y estas, a la inseguridad, al llanto y a la depresión.
    Cinco movimientos emocionales que se pueden vivir en un dilatado o corto espacio de tiempo, (dependiendo como cada cual lo gestione), sin que lleguemos a plantearnos siquiera, como fuimos capaces de meternos tan de lleno, en una situación determinada y para nada deseada.

    Saludos

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