En 1954, durante un esclarecedor experimento de psicología social conocido como “The Robbers Crave Experiment”, 22 chavales de 11 años que no habían tenido contacto previo entre sí fueron divididos en dos grupos y trasladados a extremos opuestos de un campo en mitad de un parque natural en Oklahoma, sin que cada grupo tuviera constancia de la existencia del otro.

En la primera fase del experimento, cada grupo eligió un nombre y un símbolo que los identificase, y desde el primer momento se vio como, automáticamente, se desarrollaban jerarquías internas. Después de un par de días, cuando cada conjunto ya tenía una identidad propia, se pasó a la segunda fase del experimento; se puso en contacto a los dos equipos y se buscó la confrontación entre ellos a través de competiciones deportivas y otras pruebas, comprobándose enseguida que la hostilidad entre ambos grupos era manifiesta, hasta el punto que los investigadores incluso tuvieron que acortar esta fase del estudio por miedo a que se les escapase de las manos y acabase en violencia física.

Pero si las dos primeras fases de la investigación son muy reveladoras de cómo funciona el ser humano, la tercera fase lo es aún más: ahora que los grupos estaban claramente enfrentados, para promover la unidad entre ambas facciones se introdujeron tareas que necesitaban de la colaboración de todos, problemas y peligros ante los que los dos equipos tenían que unirse forzosamente si querían salir adelante. Vista la necesidad de colaborar, los dos grupos, que habían llegado a odiarse en la fase anterior, no solo disminuyeron el comportamiento hostil, sino que al final del experimento se llevaban tan bien que incluso insistieron en volver a sus casas en el mismo autobús.

Lo que nos enseñan los resultados de este revelador estudio es que, en primer lugar, necesitamos sentirnos parte de un conjunto definido, tener unos colores que seguir y una bandera por la que pelear; pero también nos enseña que da igual lo enfrentados que puedan estar dos (o más) grupos ya que, cuando de verdad hace falta que colaboren para defender los intereses que consideran como propios, no tardan en dejar a un lado todas sus diferencias y unirse en contra del enemigo común.

En democracia, el pueblo delega la responsabilidad de gobernar el país en un determinado partido político, una organización que, en teoría, defiende un planteamiento ideológico y tiene una idea clara de como quiere hacer las cosas en aras del bien común. El problema radica en que en una situación en que el sistema se tambalea, los miembros de la casta política se equivocan de “enemigo común” ante el que unirse, y no consideran que este sea una crisis económica brutal, una tasa de desempleo escandalosa o el progresivo deterioro de la calidad de vida de los ciudadanos que les han votado, sino el mantenimiento del estatus quo del que viven.

Por eso resulta tan chocante observar los “enfrentamientos” entre partidos políticos; porque,  ¿de qué enfrentamientos hablamos? No son enfrentamientos: son más bien discusiones en el seno de un matrimonio de conveniencia. Se critican unos a otros y airean la basura del de al lado, pero sin tocar las bases del sistema que les alimenta, porque en el fondo dependen los unos de los otros. ¿Qué sería del PP sin el PSOE? Nos hacen creer que son archienemigos, como Sherlock Holmes y Moriarty o Lex Luthor y Superman, pero en realidad se parecen más a la pareja de Arma Letal (no voy a decir quien es quien…); siempre discutiendo, pero con un claro objetivo común. Un objetivo que, desgraciadamente no es un país mejor, sino la perpetuación de los privilegios de un determinado tipo de clase política y de aristocracia económica.

Pueden tener, y hacernos saber que las tienen, pequeñas diferencias de opinión por motivos ideológicos: aborto si o aborto no, educación para la ciudadanía o religión… pero cuando se toca la necesidad de revisar los fundamentos del sistema que les da de comer, las bases de una democracia que a veces parece estar a punto de resquebrajarse, tardan muy poco en ponerse de acuerdo para defender sus intereses.

Porque me encantaría que aparcasen sus diferencias para llegar a acuerdos sólidos y alinearse en temas de calado, acuerdos que dejasen de lado electoralismos baratos para fijar una posición común en temas de Estado; en temas fundamentales. Me encantaría que fuesen capaces al menos de dialogar sobre cómo debería de evolucionar el sistema educativo, cuál es el  modelo de Estado que necesitamos, hacia dónde debería encaminarse el sistema productivo del país o cómo podemos arreglárnoslas para que, en un futuro cercano, y con la pirámide de población que tenemos, todo el mundo pueda tener acceso a una sanidad digna.

Pero no se reúnen para eso.

Esos temas los obvian y cuando llegan al poder simplemente aplican una serie de recetas dictadas por la ideología de cada cual, a sabiendas de que cuando las urnas den el relevo al otro partido, su Némesis, va a volver a retocar todo a su modo. Pero eso sí: a ninguno de los dos les escucharas discutir cuando se trate de fijar una postura común contra cualquier iniciativa que implique cambios de calado en la Ley Electoral.

La situación actual es lo suficientemente grave en muchos aspectos, en ámbitos que abarcan desde la crisis económica hasta el pulso soberanista de Cataluña, como para que los representantes de los principales partidos políticos dejen de lado sus planteamientos electoralistas y formen un frente común en aspectos básicos para el futuro del país.

Dicen que solo con mencionarle a Churchill el nombre de Stalin le estabas fastidiando la velada, pero aun así llegaron a sentarse juntos cuando fue necesario para luchar contra algo que podía acabar con todo. Tomen ejemplo, queridos líderes de nuestros denostados partidos: pónganse de acuerdo en algo más que en la defensa de sus propios intereses. Hagan pactos para resolver los problemas del país, y luego, una vez hayamos salido del cenagal en que nos han metido, por mi parte pueden seguir despedazándose.

 

9 comentarios

9 Respuestas a “EL ENEMIGO COMÚN”

  1. Adam Smith dice:

    De sus ejemplos yo saco la conclusión opuesta. Cuando dos grupos se han organizado para competir por algo, si bien hay circunstancias muy particulares que los motivará a una acción conjunta, sólo interesan las reglas de la competencia y cómo se harán cumplir las reglas. Por supuesto hay situaciones (por ejemplo, competencia internacional de gobiernos nacionales por expandirse) en que las reglas no existen, sea porque no se acordaron antes (implícita o explícitamente) o porque no hay mecanismo alguno para hacerlas cumplir. Y si no hay reglas, habrá guerra. Cuando se dan circunstancias particulares para una acción conjunta, una vez que las circunstancias cambian y se vuelve a la situación normal, la competencia (y el show) continúa y quizás con mayor intensidad para recuperar el tiempo perdido. Por eso no extraña que el énfasis sea en cambiar las reglas y sus mecanismos de cumplimiento, pero este cambio o lo impone el ganador o lo acuerdan las partes en conflicto, no los espectadores.

  2. Adam Smith dice:

    Hoy, como ayer y siempre, la competencia política entre grupos organizados para acceder y gozar el poder legítimo del Estado nacional (ese poder basado en el monopolio de la violencia para hacer cumplir las normas jurídicas en el territorio nacional y defender la integridad de este territorio de las amenazas externas) es intensa y no se limita a un par de grupos sino que involucra a muchos más grupos en que se divide la elite nacional. España es un ejemplo claro de una competencia intensa con muchos grupos, incluyendo los partidos políticos pero también otros que representan preferencias o creencias o intereses económicos. La elite española está muy dividida entre esos grupos y las circunstancias de la crisis económica, contrariamente a lo que usted dice en su nota, han intensificado la competencia entre ellos porque por definición una crisis implica pérdidas y alguien debe hacerlas. Sí, no conozco ni lo necesario ni lo suficiente para un análisis detallado de la competencia política en España hoy, pero no me cabe duda que la crisis ha sacado lo peor de la elite española tanto a nivel personal como colectivo. Los ejemplos más extremos de reacción anti-social son los colectivos del periodismo, de la academia y de la llamada cultura que han dejado en claro su conversión en ejércitos de parásitos al servicio del Estado.

  3. Adam Smith dice:

    Estos últimos días, la nueva crisis argentina ha sido motivo de atención en España. Como todas las crisis anteriores, esta nueva crisis se origina en la pretensión del gobierno de turno de abusar su poder para beneficio del grupo controlador. Desde que los militares dejaron de ser una alternativa de poder (diciembre 1983), las crisis políticas argentinas son largas y con fuertes consecuencias económicas. La competencia entre el grupo controlador del gobierno de turno y otros varios grupos se intensifica a niveles de alerta roja y su análisis requiere primero identificar bien los grupos participantes. Si bien el gran éxito de Perón fue institucionalizar el Partido Justicialista o Peronista con una mayoría absoluta del electorado, no se puede ignorar que en su historia los grupos internos del Partido han ido cambiando y que hoy la competencia política en Argentina tiene lugar principalmente dentro del Partido. Hoy el grupo controlador del Partido y del gobierno es La Cámpora, los revolucionarios de 1970-76, y se enfrentan a los grupos viejos pero sin poder controlar todas las provincias y más importante todos los municipios del Gran Buenos Aires. En algunas provincias y algunos de estos municipios los grupos viejos siguen controlando el Partido y hace tiempo empezaron la reconquista del Partido a nivel nacional. El enfrentamiento interno del Partido se intensificó con la elección parlamentaria de octubre pasado y hasta ahora el grupo controlador se niega a negociar con los grupos viejos para salvar al Partido en la próxima elección presidencial (cuando el Partido se divide, pierde la mayoría absoluta, algo que pasó en 1983 y luego en 1999). Si no hay acuerdo dentro del Partido, la crisis argentina tendrá consecuencias graves no solo para el Partido sino también para el país porque todavía falta mucho para la elección presidencial y los grupos no-peronistas no están en condiciones de imponer solución alguna.

    Compare usted ese breve análisis con lo que dice hoy uno de los mejores analistas políticos argentinos en su columna de La Nación

    http://www.lanacion.com.ar/1658655-un-liderazgo-con-la-brujula-danada

  4. Manu Oquendo dice:

    Muy interesante artículo, –y no menos interesantes comentarios– sobre un asunto siempre presente y complejo. También de actualidad.

    Unos años después del experimento que cita el autor, Mancur Olson publicaba “The logic of collective action” y tanto el artículo como los comentarios de Adam Smith me han convencido de que debo recuperarlo y volver a leerlo. A ver si esta vez, casi cincuenta años tras su publicación me aclara las ideas..

    La tesis de Olson consiste en negar a los grandes grupos sociales de base la capacidad para influir realmente en sus intereses comunes.

    Bien porque individualmente o en grupos pequeños se es más eficaz personalmente o porque no hay forma humana de ofrecer incentivos individuales suficientes para una acción sostenida. Algo se me olvida, seguro.

    El éxito del nacionalismo de algunas de nuestras otrora regiones consiste, precisamente, en haber sabido dotarse de los incentivos necesarios para una acción duradera. ¿A quién se la colaron?

    Por ejemplo, los empleos en el sistema escolar público de quienes enseñan la lengua autóctona. En todos los casos estos puestos han sido copados por extremistas (ERC, BNG o HB). Es decir, el incentivo económico lo pagamos todos y ellos inculcan la ideología.

    Esto es relevante en este momento en el cual nuestras clases medias (realmente el 99% de Stiglitz) asisten impotentes a su destrucción.

    Estamos viéndolo pasar delante de nuestros ojos y no tenemos la capacidad de cambiar nada. Cero patatero.

    Un asunto interesante para el cual, de momento, no tenemos respuesta.

    Saludos

    PD. Excelente el artículo de Sergio Berensztein traído por Adam Smith

    1. Adam Smith dice:

      Sobre teoría de la acción colectiva, siempre es bueno volver al libro original de Mancur Olson, pero le recomiendo también ver este libro de Todd Sandler

      http://catdir.loc.gov/catdir/samples/cam041/2004040672.pdf

      que actualiza, usando teoría de juegos, las ideas iniciales de Olson.

      En todo caso, el post de Raúl no plantea un problema de acción colectiva en el sentido de Olson y Sandler (su teoría supone un interés común pero un conflicto en la contribución que cada miembro del grupo está dispuesto a hacer para promover y lograr el interés común). El post de Raúl supone la coexistencia de grupos con intereses distintos pero que eventualmente pueden tener un interés común y entonces se plantea el problema de si los grupos involucrados están dispuestos a sacrificar sus intereses particulares que están en claro conflicto para lograr el interés común. Sí, parecen similares, pero hay una diferencia fundamental porque el interés común es consecuencia de circunstancias que necesariamente son pasajeras y por lo tanto es mucho más difícil que los grupos participen. Póngalo de esta manera, dos equipos de fútbol que compiten intensamente pueden ponerse de acuerdo para promover una idea al comienzo del partido (los dos equipos aparecen con letreros diciendo Basta a la Droga), pero no les pida que se pongan de acuerdo en cuestiones esenciales de la competencia. Así, en una competencia entre dos partidos políticos con probabilidad alta de acceder al poder, siempre habrá diferencias importantes en cuestiones esenciales (por ejemplo, educación) y harán todo lo posible para diferenciar sus posiciones. A mi juicio, esta diferencia es clara cuando uno compara lo que escribió originariamente Olson (ejemplos de formación de sindicatos) y lo que luego escribieron Sandler y otros en relación a acciones colectivas globales (ejemplos de contribución de los países a políticas internacionales para hacer frente a contingencias).

      1. Manu Oquendo dice:

        Muchas gracias, apreciado Adam.

        Comparto lo dicho por Raúl y ratificado en su comentario acerca de la cooperación.
        Dado que hemos pasado en su día por Olsen –y usted, además, por Sandler cuyo texto ya está aquí, gracias nuevamente– no deberíamos hablar mucho más de esto.
        Pero…
        Pero tanto el artículo como sus comentarios, lo que me traen a la mente (incluso repasando la segunda mitad del siglo XX en estas cosas) son cuestiones como las siguientes.

        Los análisis académicos que conocemos estudian zonas endógenas del sistema y no el sistema en si.
        Es más, suelen ser “financiados por” y necesitan el “beneplácito de”.

        Desconozco, por ejemplo, alguna simulación de qué sucedería en un juego como el de los países democráticos occidentales en el cual el poder se consigue por compra de votos, el ganador decide quién paga los votos que ha tenido que comprar y, de remate, el poder puede cambiar las reglas, prácticamente todas, durante el partido.

        Me lo puedo imaginar porque mi especialización durante unos años, ya lejanos, fue la optimización de modelos dinámicos, pero creo que esta reflexión-simulación, nos haría ver las cosas hoy, con mucha menos complacencia.

        Existen académicos de esta y de otras disciplinas que nos hablan de disfuncionalidades críticas del sistema en su conjunto (me refiero a las constituciones nacidas desde los años 40 del S-XX) y de su colapso real ya. Disimulable, pero Irrecuperable sin cambios estructurales importantes e improbables. Tocqueville lo vaticinó sin necesidad de muchas ecuaciones ni calculadoras.

        Pero volvamos un momento a la cooperación, diálogo y win-win. De acuerdo.

        ¿Siempre? ¿Hay límites?

        Lo que hoy vemos es que el poder vigente es incapaz de enfrentarse con éxito a adversarios que usan la Irracionalidad como arma contra un sistema utilitarista. Valores imposibles para el sistema.

        ¿Cómo compites con un terrorista que mata niños a bombazos y está feliz en la cárcel o en el seno de Alá porque sabe que ganará el juego con certeza absoluta en sus términos?

        ETA, Alqaeda, Chechenos, Neofascismo identitario, Hamás, y los que están naciendo como setas visto el éxito, lo exhiben cada día.

        ¿Cómo responde el sistema?

        Pues lo explican Michael Mann y John Hall en “Power in the 21st Century”……….

        “Buy them off and make friends with them”. “Cómpralos y hazte amigo de ellos”

        Es decir deberíamos tener más claros los límites de la cooperación y cuándo, lo que procede es lo contrario.

        Un saldo cordial.

  5. José María Bravo dice:

    Raúl, interesante reflexión. Tu, como hombre, de ciencias habrás visto lo de la Teoria de Juegos que dio el Premio Nobel a John Nash.

    El como la cooperación permite que todos los “jugadores” ganen.

    En nuestro “tinglado” electoral lo importante suele ser vencer al enemigo. No se ve al enemigo común, o sea, no se cuestiona a si misma.

    Seguimos dispuestos a materializar nuestro egoismo o identificar el ego con la ideologia. La patraña de la imagen y el efectismo.

    En fin, como es bastante evidente, la ciencia va mucho más adelante que estos politicos.

    1. Adam Smith dice:

      Por años he dado cursos de teoría de juegos y le puedo asegurar que la gran contribución de esta teoría es su intento de desarrollar una taxonomía de interacciones sociales para identificar aquellas en que predominan el conflicto (caso más claro juegos de suma cero), las que predominan la cooperación (más precisamente la coordinación en juegos de suma positiva), y por último aquellas en que coexisten incentivos para el conflicto y la cooperación. Desde su publicación siempre he recomendado leer el capítulo 1 del texto de Sam Bowles, Microeconomics, como introducción a las interacciones sociales (se puede acceder gratis a una versión en español en http://bowlesmicroeconomia.uniandes.edu.co/).

      En cuanto a su afirmación de que la ciencia va mucho más adelante que la política, no la comparto porque la comparación es imposible. Entendidas como esferas de acción humana, tanto en la ciencia como en la política se dan interacciones cooperativas e interacciones conflictivas. La competencia entre científicos (y no importa cómo definamos ciencia y quiénes son científicos) es tan intensa como la competencia entre políticos y para competir la historia nos ha enseñado que lo mejor es formar equipos cuyos miembros cooperan para su éxito. Un laboratorio (equipo científico) está dispuesto a hacer muchas cosas (buenas y malas) para ganarle a otro. Un partido político también.

  6. colapso2015 dice:

    Mucho homo roboticus…

    Creo nadie se ha percatado un adolescente en puertas no es representativo del comportamiento de una sociedad.
    Salvo claro está se comporten como adolescentes,…

    Mucho pesimismo y poca idea …

    El homo-roboticus en esencia niega de un plumazo una cosa tan simple y compleja a la vez como es el homo-sapiens-civile … esto es si a un sapiens-civile le acotan cada vez más la libertad de actuación las respuestas que da como es obvio tienden a ser robóticas ( opciones propuestas ) frente a acciones racionales ( razonadas sobre una base o punto de vista ) . El arma utilizada algo tan simple y peligroso como una idea no cuestionada, en las mieles de un co-humano.

    Pudiera parecer extraño pero la democracia no va de facciones, sino de individuos dentro de un orden común. INDIVIDUOS.

    Una tesis tan simple como esa nos lleva por ejemplo a pensar que ninguna violencia es legítima, incluida la de la organización que administra ( ejecutivo y administración ) la nación ( legislativo y ciudadanos ) , salvo trate de preservar esta simple regla.
    Se puede deducir, las ejecuciones de reos son asesinatos,…, y quien lo apoya asesino.
    Estas cosas igual suenan un poco fuerte en algunos estados (religiosod, no matarás) de los EEUU, pero es lo que hay.
    O que votar a partidos (grupos) y no a personas es profundamente anti-democrático.
    O que si una persona no tiene voz y voto en todo momento sobre aquello que le afecta eso no es democracia…

    Y visto lo visto y con los números en la mesa no sé si sería peor el nazismo que el comunismo… que en esencia es lo mismo, la misma idea. Los grupos son más importantes que las personas,…, y ese grupo se oculta en algo tan simple como una idea, por supuesto falaz, sobre la naturaleza de la sociedad.
    Eso evidentemente desde la sabiduría que proporciona tener un humano robotizado… de opciones limitadas, …, por ejemplo un œconomicus.

    Ya saben tenemos la opción del rebaño de ovejas, …
    Pero desde luego prefiero la del homo-civile, aquel que huye de lo penal para admistrar las cosas de la ciudad, la civilización. Toda una tecnología … no apta para homo-roboticus, y demás adoradores de la visión plana y monovalente de lo humano.

    Ahora que si fuere por lo que fuere el río no fluye, por carencia de racionalidad, empatía o ambas, comúnmente inteligencia, llegaremos al homo-antihomo

    El enemigo (problema) común es el latrocinio organizado enmascarado de razón de estado.
    Mientras que los contribuyentes han pagado sobrecoste anteriores, ahora ya directamente ROBAN , miles de millones en impuestos y deuda, para repartir a entidades o grupos privados, o público-privado. Esa fuerza coactiva del Estado, no lo convierte en el robín hood a la inversa sino en lo que cualquiera niño adivinaría con vergonzosa puntería. El Estado se ha convertido en una banda de asaltantes de caminos… y mientras tanto venden la recuperación basada en deuda, inflacionaria y necesariamente corruptora del tejido social. Pues una cosa es aumente el ingreso en números, otra el ingreso real y otra que si uno come tres pollos y da medio a los tres restantes, mientras les prohíbe la avicultura, ganadería,…, en esencia libertad,…, se le llame generosidad o solidaridad o…, derechos sociales y toda esa prior-ata de politiqueo con rancio abolengo.

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