¿Es posible la libertad de pensamiento?

El 19 de agosto de 2013 Ángela Merkel realizó la primera visita de un jefe de Gobierno alemán al antiguo campo de concentración nazi de Dachau, junto a la ciudad del mismo nombre y a solo 16 km de Múnich. Poco después, en un acto de su campaña electoral, hacía esta reflexión: “el campo de concentración también estaba entonces a cuatro pasos de Dachau; el que quería, podía ver y oír” lo que pasaba con sus presos; “por eso es importante que no vuelva a suceder, que no volvamos a mirar a otro lado”.

Dachau fue el primer campo de concentración que construyeron los nazis. Inaugurado el 22 de marzo de 1933, a los dos meses de que Hitler llegara al poder, permaneció abierto doce años. Con motivo de su inauguración, Heinrich Himmler, por aquél entonces jefe de policía de Múnich, explicó públicamente para qué lo querían: para internar a todos los comunistas y socialdemócratas “que representan un peligro para el Estado”. Se calcula que allí murieron cerca de 40.000 personas, entre judíos y presos políticos. Aunque no se dispone del número exacto de campos de concentración y de exterminio, se habla de varios millares; por tanto, cabe suponer que la cifra de alemanes que actuaron como guardianes en esos campos ascendería a varios centenares de miles.

Uno de los muchos aspectos sobrecogedores que rodean al período nazi es que, entre tantos alemanes que convivieron día tras día con las atrocidades que allí se hicieron, no se conozca ningún caso de rebelión o al menos de negativa a colaborar con aquello. Tampoco parece que hubiera reacciones en contra de la población que tuvo conocimiento de aquellos hechos; y si pensamos en los familiares y amigos de todos esos guardianes, en los vecinos que vivían cerca de esos campos y hasta en los trabajadores que hicieron funcionar aquella gigantesca maquinaria logístico-administrativa de represión y exterminio, esa población tuvo que ser necesariamente muy numerosa. La pregunta, por tanto, no es baladí: ¿cómo fue posible que una de las sociedades más culta y civilizada de Europa se dejase arrastrar a esta situación, aceptando mansamente y sin ningún tipo de insumisión este tipo de hechos durante años?

En 1961 se celebró en Jerusalén el juicio contra el teniente coronel de las SS, Adolf Eichmann, encargado del transporte de los presos a los campos de concentración y de exterminio. Quizás fue el juicio más importante contra el nazismo después del de Núremberg. Para cubrirlo periodísticamente, la revista norteamericana The New Yorker envió a Hannah Arendt, filósofa judía de origen alemán que tuvo que huir a Estados Unidos perseguida por los nazis. La visión de esta ex sionista sobre el acusado levantó una auténtica polvareda. Según ella, Eichmann era un hombre como tantos, no el Satanás que sus acusadores trataron de pintar. Lo que más le llamó la atención es que “era realmente incapaz de pronunciar ni una sola palabra que no fuera un cliché”. “Su incapacidad para expresarse estaba vinculada estrechamente a su incapacidad para pensar”. En su opinión era un producto de la sociedad alemana de aquellos tiempos; una sociedad que “se había defendido ella también contra la realidad y contra los hechos con los mismos medios: la autointoxicación, la mentira, la estupidez”. Arendt tituló su reportaje como “Informe sobre la banalidad del mal” y asoció esa banalidad con la incapacidad para pensar por cuenta propia, utilizando la obediencia como pretexto para acomodar el pensamiento propio a la visión del poder dominante.

Obviamente, la situación actual de Europa dista muchísimo de la que dio lugar al régimen nazi; pero tampoco conviene echar en saco roto esa experiencia histórica. Cuando la señora Merkel afirma que “el que quería, podía ver y oír” lo que pasaba en el campo de Dachau y cuando recomienda “que no volvamos a mirar a otro lado”, lo que dice tiene mucha carga de profundidad; quizás más de lo que ella misma pretende. En realidad lo que está reclamando es un ejercicio de responsabilidad ciudadana. No está diciendo que sus compatriotas de entonces fueran culpables o inocentes en el sentido jurídico de estos términos; de hecho, se atuvieron a las leyes que había. Lo que subyace a sus palabras es que, más allá de lo que dijeran sus leyes y su Gobierno, su sentido de la responsabilidad individual les debía haber llevado a rebelarse contra aquello. Así de claro.

Sin embargo, en nuestra sociedad nos hemos sensibilizado tanto hacia los conceptos de inocencia y de culpabilidad que apenas nos hemos ocupado de clarificar el de responsabilidad. A ojos de todo el mundo la culpabilidad está clara: se incurre en ella cuando se infringe la ley, y se paga con multa o cárcel. La inocencia también está clara: es ese estado en el que te encuentras por defecto, mientras no se demuestre tu culpabilidad. El inocente, por tanto, no tiene que hacer nada: sólo cumplir las leyes. ¿Dónde queda el espacio para la responsabilidad? Pues en el código social de conducta que nos hemos ido articulando no queda muy claro. Si el ciudadano cumple escrupulosamente con las leyes y es, por tanto, un inocente perfecto, parece que se puede permitir el lujo de no hacerse responsable de nada. Socialmente lo que se le exige es que no sea culpable de infringir ninguna norma legal, así que centra toda su responsabilidad en no salirse del estado de inocencia. Si había que hacer algo más, pues que aprueben una ley que lo diga, y si no que le dejen en paz; esa parece la reflexión que ha ido calando en nuestra sociedad y así nos hemos ido adentrando en una hiperregulación de nuestra existencia. Muchos ciudadanos entienden que su responsabilidad fue transferida al Estado en una especie de acuerdo tácito, por el cual ellos cumplen las leyes que aquél aprueba y el Estado se hace cargo del resto.

¿A qué se refería entonces la señora Merkel? Pues muy sencillo: para empezar se supone que en una democracia el poder reside en el conjunto de los ciudadanos; lo cual significa que estos tienen, como mínimo, la responsabilidad de ejercer bien ese poder. Parte del mismo, que no todo, lo delegan en el Parlamento y en el Gobierno, con lo cual contraen la responsabilidad de comprobar que estas dos instituciones lo ejercen adecuadamente. Queda además otra parte del poder, que es todo aquel que los ciudadanos no delegan, que deben ejercer por sí mismos con la responsabilidad que ello conlleva. Pero más allá de que vivamos o no en una democracia, cualquier persona, por el hecho de haber nacido, tiene la doble responsabilidad de procurar su mejor desarrollo posible como persona y de hacer otro tanto con la sociedad que le rodea.

De las muchas cosas de las que nos deberíamos sentir responsables como ciudadanos, tanto Ángela Merkel como Hannah Arendt apuntan a una bien clara: la de pensar y analizar con criterio propio la realidad que nos rodea. Parece fácil pero fue precisamente la dejación de esa responsabilidad lo que, según ambas, creó el sustrato de docilidad social en el que pudo crecer el régimen nazi. La cuestión, sin embargo, no es nada sencilla. La responsabilidad de desarrollar un pensamiento propio de poco sirve si no genera un cambio de conducta, si no lleva a una acción distinta. Así pues, podría decirse que bajo el régimen nazi la gente prefirió no pensar por miedo a las consecuencias; y es cierto que ese miedo reduce mucho, si no la anula, nuestra predisposición al pensamiento crítico. Pero, ¿qué pasa cuando esta predisposición desaparece en una sociedad que teóricamente goza de plenas libertades?

En una sociedad como la actual, donde a la libertad de pensamiento y de opinión se une el mayor porcentaje de universitarios que ha habido nunca y donde la disponibilidad de unos medios de comunicación, como internet, permite a cualquiera ejercer esas libertades, la proliferación de ideas distintas y novedosas debería ser moneda corriente. Sin embargo, vemos que no es así: el triunfo de las redes sociales dedicadas al chismorreo o a contar banalidades parece que fomenta una tendencia a la elementalización y la superficialización del pensamiento. En vista de ello, parece obvio que, además de la dejación de responsabilidades que se está produciendo a niveles individuales hay también un fracaso del sistema educativo y de la propia democracia.

En el fondo subyace la cuestión de qué forma de pensamiento es la que convendría desarrollar. El pensamiento que tiende a alinearse con el de la mayoría y, sobre todo, con el que se promueve desde las instituciones en el poder, solo sirve para reforzar el orden ya establecido. Ese fue el que llevó a los alemanes a comportarse bajo el régimen nazi como lo hicieron. El que de verdad interesaría es el que lleva a cada persona a cuestionar con criterio y en profundidad las verdades que le llegan como incuestionables, sean desde la órbita política, la económica, la cultural, la científica, la religiosa, la moral o cualquier otra.

En cierto modo supone colocarse desde la perspectiva de que la realidad que nos rodea es enormemente compleja y que nuestros recursos intelectuales son todavía muy limitados como para creernos que esa realidad nos va a deparar ya pocas sorpresas. Deberíamos partir de la base de que es mucho lo que aún nos queda por descubrir y que, por tanto, lo que hoy nos parece lógico y conveniente, seguramente mañana nos parecerá manifiestamente insuficiente, tanto a nivel social y político como en cualquiera de los ámbitos en que nos situemos. Carece de sentido, por tanto, pretender perpetuar esquemas sociales, políticos o de cualquier otro tipo como si fueran verdades sagradas, cuando en cualquier momento nuevos descubrimientos científicos, logros tecnológicos, movimientos sociales o revoluciones culturales pueden echar por tierra sus fundamentos. Por el contrario, habría que apoyar la innovación y la producción de ideas nuevas en todas las áreas. Pero eso requiere un entorno social, no solo educativo, que promueva una forma de pensar rigurosa y profundamente crítica, insumisa e independiente, que reduzca al mínimo las verdades indiscutibles, que rechace el recurso a los clichés y estereotipos al uso, que intente explorar la complejidad de la realidad y, sobre todo, que venga acompañado del coraje necesario para defender públicamente esas nuevas ideas.

Sin eso la democracia no pasará de ser una caricatura de lo que realmente debería ser; algo que en cualquier momento, si las circunstancias vienen mal dadas, se puede venir abajo. En una sociedad en que la mayoría de las personas estuvieran acostumbradas a pensar de esta forma, sería prácticamente imposible que volviera a surgir un régimen político como el de la Alemania de 1933.

12 comentarios

12 Respuestas a “¿Es posible la libertad de pensamiento?”

  1. Manu Oquendo dice:

    Para Karl Popper («La Sociedad Abierta y sus enemigos») una sociedad abierta es una en la cual el individuo no está sometido a los dictados de la tribu o de la colectividad sino que «se enfrenta a sus propias decisiones». Es decir: es responsable de ellas.

    Sociedad Abierta es fundamentalmente un concepto filosófico –más que jurídico– que está íntimamente ligado a una antropología en la cual el individuo, para «ser» y «realizarse», debe ser Racional, Libre y Responsable de sus actos para desde ellos ejercer su voluntad en la dirección de su realización dentro de la Ley Natural.

    Estos conceptos de Libertad y Responsabilidad Individuales y Racionalidad están en franca Regresión en nuestras sociedades bien porque los niegan, bien porque han creado y promocionado mecanismos de dominio colectivos que funcionan de modo análogo a los tribales y de modo totalitario. Sin opción ni discusión.

    Libre Albedrío y Ley Natural son así conceptos que han sido erradicados del paradigma antropológico y la ciencia oficial –subvencionada– trabaja para enterrarlos

    Las causas son conocidas y están radicalmente ausentes del relato de la ortodoxia.

    Sobre la cuestión de la Democracia hay que recordar que La Constitución Democrática moderna más antigua es la de los EEUU y No Usa ni una sola vez la palabra «democracia» en sus 10 páginas. En su lugar usa el término Gobierno «Representativo».

    La clave de este sistema es pues la Calidad de Representación que es su «Virtud» y un Reflejo de la «Virtud» de su Demos, de su base social individual y colectiva.

    Buen tema este de la «Virtud» –el «Dao» chino– porque, como todos podemos constatar, los gobiernos «representativos» actuales llevan décadas tratando de eliminar cualquier rasgo «virtuoso» de sus sociedades.

    Comenzando por negar el propio concepto de «Virtud». Claro que, ya desde la Revolución Francesa, el nuevo sistema se ocupó de ir impidiendo la «Representación» hasta prohibirla como hizo Sieyès y como, por ejemplo, hace nuestro Art. 67.2 de la CE de 1978.

    Anoche recuperé una vieja versión de la «Sociedad abierta y sus enemigos» –Routledge, 1966– y encontré en la introducción la observación de que las democracias posibilitan que el poder cambie de manos por medios no violentos. Lo que no encontré –ni siquiera en el tomo 2 que es el que tenía más trabajado– fue la afirmación de que las democracias fuesen sociedades abiertas.

    De hecho la principal diferencia «popperiana» entre las sociedades «tribales», cerradas o totalitarias, y las abiertas consiste en que las primeras otorgan un mínimo margen de libertad personal y las segundas promueven la responsabilidad individual y la capacidad de elección racional. La diferencia entre Reglas no Discutibles (Políticamente Correctas) o la Discusión Inteligente previa a las Decisiones (Aceptación Eficaz y Racional de la Incorrección Política).

    Es decir, la principal diferencia es el libre albedrío de individuos racionales y no la cuestión de si estamos o no estamos en democracias formales.

    Así, la Nota de la página 216 del Volumen I del libro citado comienza reconociendo la paternidad de Bergson y, a seguir, puntualiza las diferencias de Popper con este autor francés y también las diferencias con Graham Wallas que consagró el término «Great Society» o con Lippmann que hizo lo propio con «The Good Society» en 1937.

    Afirma Popper en la misma nota aclaratoria que «The Great Society» bien puede ser Sociedad «Cerrada». Que es el punto que quería traer a colación porque hoy YA ESTAMOS en esa situación y ellos (los tres autores) estaban en la primera mitad del siglo pasado o incluso del XIX como Bergson. Es decir, estaban en el momento embrionario de las Distopias que hoy vemos en plena eclosión mientras nosotros, como si estuviésemos anclados en el tiempo mental de Lippmann, sufrimos un largo episodio de disonancia cognitiva y aparentamos, felices, que lo que sucede no está pasando.

    En términos de tiempo histórico estamos ya en plena fase Recesiva y Regresiva en las democracias formales occidentales convirtiéndolas en sociedades «Cerradas», «Totalitarias» o incluso «Tribales».

    Esta fase comenzó a ser perceptible hace tiempo. Probablemente a mediados de los años 70, cuando la Élite Fáctica del sistema «Post Bretton Woods» comenzó a ser consciente de sus limitaciones y de las limitaciones del sistema que habían creado con tanto esfuerzo.

    Algunos documentos de aquella época, –unos públicos y otros no desclasificados hasta mucho después–, apuntan sin el menor género de dudas en esa dirección. Pero esto es tema para otros varios y muy largos artículos.

    El tema que hoy trae –nuevamente– Manuel Bautista es, en mi opinión, el factor causal más importante del declive de nuestras sociedades.

    Vale la pena insistir en él porque hoy, bajo la apariencia de una falsa etiqueta –«democracia»– vivimos en sociedades cerradas claramente totalitarias –salvo en el sexo y la droga–, todo está milimetrado y dirigido por unos pocos que, para mayor escarnio, no son públicos ni conocidos pero ejercen el poder.

    Saludos cordiales

  2. Paco dice:

    Gran artículo. Con demasiada frecuencia se confunde responsabilidad con culpa, especialmente cuando hablamos de condena legal.
    Lo que es curioso es que, cuando un condenado cumple su pena, vuelve a ser “inocente “ para la sociedad. Puede ser inocente a efectos legales, pero la responsabilidad del acto la seguirá teniendo. Esto aplica a aquellos que, usando argucias legales o la prescripción del hecho, consiguen zafarse de la justicia. La responsabilidad sin embargo no prescribe ni se puede ocultar a nuestra conciencia.
    Hoy no estamos en la situación de 1933, pero cabría preguntarse si no hay situaciones que, aunque sea en mucho menor escala, no nos deberían hacer saltar. Si no cultivamos el espíritu crítico, puede que nos pille desprevenidos cuando realmente lo necesitemos.
    Otro tema importante es que esta actitud la deberíamos ejercer con todo el que lo merezca, independiente de nuestras simpatías políticas. Con demasiada frecuencia se ve solo la paja en el ojo ajeno y esto, de nuevo, es actitud partidista, lo cual no solo no nos desarrolla sino que nos limita.

  3. O'farrill dice:

    No, ya no es posible….. Hemos perdido mucho tiempo en discutir si eran galgos o podencos y ahora nos han devorado, tanto intelectualmente como seres humanos. Ahora somos «cosas» al servicio de designios que intuimos, pero no podemos precisar más allá de la realidad de cada día.
    Para muestra basta un botón: «El Confidencial» de hoy domingo, recoge la noticia de una manifestación de los que piensan, creen y actúan en forma diferente a la establecida:
    Con el titular «Primera manifestación de zombis en Madrid» y como subtítulo: «Señoras que piensan que las piedras brillantes las curan el aura, jovencitas cuya habitación huele a sándalo, videntes cegatos, antivacunas, cabalistas, paranoicos….» A todos ellos, el autor del artículo Sr. Ivars que se supone «peridiodista», los llama «zombis lobotomizados» por no creer ni aceptar las tesis oficiales sobre el llamado Covid 19 e intentar saber más que los «expertos oficiales» (esos que no existieron nunca). Otro artículo titulado «Ni mascarillas ni distancia de seguridad» exigía que se identificase a los asistentes y se los sancionase por parte de la policía. Nazismo en estado puro con apoyo de una sociedad anómica, sin pulso, como la alemana de la época, pero ahora «globalizado».
    No, no estamos lejos de la «policía del pensamiento». En China se arrestó al médico que primero dio la voz de alarma en Wuhan, pero decimos que es un país comunista, una dictadura…. En España se ha sancionado a los «médicos por la verdad» que intentaron aclarar a la población lo que los «expertos» (supuestos) no hacían, la prensa crea la opinión pública contra los llamados «negacionistas» y la nueva Inquisición de «verificación» de informaciones califica de «falso» todo lo que no sea correa de transmisión del nuevo régimen (la «nueva normalidad»).
    Es interesante repasar la gran película sobre los juicios de Nüremberg «Vencedores y vencidos» para darnos cuenta de que, cuando creíamos haber superado una situación de este tipo, había ya otros maniobrando en el nuevo orden mundial.
    Un cordial saludo

  4. Sedente dice:

    Todo sigue igual. Han cambiado las lindes de todas esos campos de concentración, pero siguen existiendo. Se patrocinan y se promueven desde los gobiernos y toda la serie de palmeros o aplaudidores robotizados que les acompañan, personajes incapaces de criterio propio. Comepanes y barrigas hinchadas del tanto comer y cagar que lo único que hacen es reverenciar los dictámenes del que ostenta el poder para dormir a su sombra como camada de perros. Son los peores entre ellos.

    Da igual lo que el líder diga o haga, ellos aplauden y le respaldan y obedecen y sustentan.

    Las lindes ahora se llaman muro con México o las vallas de Europa hacia zonas desfavorecidas.
    Las lindes son la isla de Lesbos llena de refugiados.
    Las lindes siguen siendo el color de la piel de algunos.

    También pagará esta barbarie humana lo que hace ahora.
    Su prepotencia, su arrogancia, su maldad encubierta de buenismo social para unos pocos.
    Lo están pagando pero ni lo ven. Tan ciegos son.

    Parece que nadie es consciente de lo redondo. ¡Lo redondo señores!
    ¡Inútiles!
    Eso es lo que son.

    Tienen en sus manos un poder inmenso y son incapaces de verlo.

  5. Alicia dice:

    Es que lo que importa es estar dentro de la ley. Se despenalizó el aborto, por ejemplo, y hasta una científico (¿a?), Margarita Salas, que la escuché en una entrevista, se expresba de acuerdo en que estaba bien si se llevaba a cabo dentro de los plazos.
    Si se despenalizara el asesinato habría quienes irián por las calles matando con encantador desparpajo a quien les viniese en gana, pero, oye, si no está infringiendo la ley.
    Es sobrecogedor el ver cómo hay gente, y mucha, desgraciadamente, que está tan contenta (aplaude incluso) con la forma de vivir que se nos va imponiendo.
    Ay una anécdota, esa de la rana que ehan al agua hirviendo, y la rana pega un salto y escapa. Pero si la metes en agua fria y luego la calientas, la rana no se da cuenta, y aguanta hasta el final.
    Vamos, que, resumiendo, cada día siento un poquito más de desprecio por los sumisos, y por los obedientes.
    Hay gente, por otro ejemplo, a la que parece estupendo que esté prohibido fumar por la calle.
    ¡Prohibido fumar por la puta calle!
    Pero nos vamos amoldando… Y es comprensible, ¡coño!, que todo ello es para preservar la salud de nuestros cuerpos.
    Porque, digo yo, ¿a quién (coño otra vez) le importa la salud de nuestras mentes y de nuestras almas?
    Tengo unas ganas de despotricar que no se las imagina nadie.
    Vamos que, y resumiendo, de todos los males que nos estan cercando, el más inocuo es el coronavirus. Y el más nocivo la imbecilidad que, esa sí, se propaga de manera que los cultos llaman «esponencial» y a pasos agigantados.
    Y lo que nos quede por ver.
    Besitos.

  6. Ligur dice:

    A la pregunta de Manolo, contesto como O`farril, es tarde. Pero quiero creer que aún queda un resquicio para la Esperanza.
    Este nuevo orden mundial, que durante decenios ha manipulado y robado tanto el pensamiento y la palabra a la sociedad, nos está dejado con poca capacidad de maniobra y respuesta. La zombificación del mundo es tal, que estamos a merced de las actuaciones y decisiones de los tontos útiles y peleles jefes de estado que como correveidiles, cumplen a la perfección lo ordenado por los que los mantienen.

    Se han colado en nuestras vidas, en nuestro día a día, controlando a la sociedad con su ingeniería social, la salud, la educación y el pensamiento. Auténticos caballos de troya, a la espera de ir asestando poco a poco los golpes de gracia según vaya conviniendo.
    Al final, ¿habrá que creer que este gobierno actuó en la pandemia según le dictaba el famoso comité de expertos, que al final van a ser esos que están consiguiendo dirigir nuestras vidas?
    ¿Por eso no podían desvelar su identidad?. Podría ser.

    Que España se ha convertido en el tubo de ensayo para lo que ha de venir en Europa y América Latina, cobra cada vez más fuerza.
    Están eliminando los valores culturales y creencias occidentales, la natalidad, el cristianismo quemando catedrales e Iglesias.
    A cambio, nos meten con calzador las nuevas creencias que nos van idiotizando y subnormalizando más y más. Las leyes de género, el feminismo, el cambio climático, la ecología, la agenda 2030, vacunas para todos, educación universal, el movimiento Black lives matter, (pero se olvidan de las vidas de 73 MLL. de abortos al año en el mundo en el 2.019).
    Estos son los nuevos dioses que quieren ser adorados a cambio de una muerte anunciada y mientras tanto de una felicidad falsa y efímera.

    Creo que hay algo tan importante que este virus programado y es la que se nos viene encima como este nuevo orden consiga sus propósitos. No se en que parte de su recta estaremos, si al principio, a la mitad o casi llegando a la meta.

    Y como si de un mal sueño se tratase, me entero, que este año, les dan el premio princesa de Asturias entre otros, a la organización para las vacunas a nivel mundial GAVI, cuyo mayor “filántropo” es B. Gates, ese que quiere vacunar a todo bicho viviente en el planeta, ese que quiere disminuir la población humana un 15%, ese (como todos) que utilizan en muchas de las vacunas, células cultivadas de fetos humanos abortados, sin conocer sus consecuencias. ¿o si se las conocen?.

    El pensamiento y la libertad del mismo, va acorde con la capacidad de estar libres de manipulaciones y sometimientos. Creo que la mayoría de las veces pensamos con la parte inferior del cóccix (sálvese quien quiera), y para eso, mientras dura ese estado, mejor es pensar poquito y enriquecernos en cambio con los Pensadores que realmente dicen Verdad.
    Tengamos Esperanza y Valor. Cuando una puerta se cierra, otra se abre y aveces, nos colocan una escalera para subir.

    Saludos

  7. pasmao dice:

    Buenas tardes Manuel

    Muy interesante el tema y también los comentarios, afortunadamente numerosos.

    Hay que tener algo en cuenta, muy en cuenta: Los Nazis perdieron la guerra.

    El problema «moral» de esa población que vivía cerca de los campos, de esos alemanes que sabían pero que no hicieron nada es que perdieron la guerra. Arendt explica muy bien cómo, tanto Eichmann cómo esa población, se agarraron a esa suerte de consignas y pensamiento idiota para justificar su actitud. Esa banalidad del mal.

    Pero que habría pasado si hubieran ganado los nazis. Por suerte no pasó.

    ¿Que habría pasado si al poco de ganar se empezaran a repartir medallas y prebendas entre los que habían colaborado con al victoria desde la retaguardia..?

    ¿Habrían dicho los Eichmann de turno que no merecían esa medalla, esa parte del botín.. porque se habían limitado a hacer lo que se esperaba de ellos, que simplemente
    habían obedecido órdenes?

    Ni mucho menos. Habrían levantado el brazo para decir «Eh oiga. Que aquí estoy» y rellenado la instancia con fruición y con todo tipo de datos.. que justificase que ellos también eran unos «héroes». Pero toda esa «iniciativa» desapareció cuando vieron que habían perdido la guerra, porque en el fondo se sabían culpables.

    Y si muchos alemanes reaccionaron contra el status quo nazi, y contra Hitler, cuando vieron que habían perdido y que tenían a los Aliados hasta en la sopa, fue porque se sintieron traicionados por los suyos. No fue un simple «al moro muerto gran lanzada», es que ellos estaban bien jodidos, y llevaban ya un tiempo jodidos, pero la esperanza de la victoria hizo que o tolerasen. Sólo la victoria Aliada evidenció la mentira racial nazi, porque demostró que no eran una raza superior, dado que una raza superior no podía perder la guerra.

    Los Juicios de Nuremberg (donde se juzgó a sólo unos cuantos, muchos operación paperclip mediante se largaron a USA, otros a Argentina..) sirvieron sobre todo para que los alemanes vieran que la humillación del régimen nazi.

    En España se debió de hacer lo mismo con ETA, se debieron de haber hecho unos Juicios de Nuremberg sobre todo a los dirigentes de la banda, y muchos vascos debieron de haber pasado por lo mismo que pasaron los alemanes entonces. Porque muchos colaboraron con ETA de una u otra manera.

    Si se hubiera hecho en España, parte de ese problema moral y aceptación de una responsabilidad, se habría trabajado de manera adecuada. Pero ocurrió lo contrario, a las víctimas se las satanizó y a sus victimarios se los ha ensalzado. ¿Que lección moral han sacado de aquello otros victimarios en otras partes del territorio, desde el tema catalán al tema del narcotráfico en La Línea de la Concepción?

    Hay otro aspecto a considerar en el tema que nos ha lanzado Manuel, y es el del papel del Estado cómo «legitimador» de la inacción social. Simplemente constatar el papel creciente del Estado en todo. Dice Manuel «.. Por el contrario, habría que apoyar la innovación y la producción de ideas nuevas en todas las áreas…»

    Es imposible la innovación, la verdadera, en una sociedad donde todo depende del Estado.

    Dicen que los nazis perdieron la guerra porque en su afán de perseguir a los judíos, éstos, para salvar el pellejo se escaparon a sitios (USA) donde se valoró de manera muy positiva su manera innovadora de ver la ciencia.. y fue este «gap» tecnológico, mas errores varios tácticos, lo que al final decidió la contienda.

    Un cordial saludo

  8. Manu Oquendo dice:

    Se pregunta Pasmao qué habría pasado si hubiesen ganado la guerra los alemanes de los años 30 y 40.
    Es que la han ganado y no nos hemos dado cuenta.

    Este es el tema de un best seller luego película de hace unos años «Er ist wieder da» «Ha vuelto».
    https://es.wikipedia.org/wiki/Ha_vuelto_(pel%C3%ADcula)

    Saludos y tengan cuidado si salen mucho.

    PS.Película en español. https://www.youtube.com/watch?v=Tu6kyHQtNfw
    Trailer… https://www.youtube.com/watch?v=4_oWIYjeEFU

    1. pasmao dice:

      Hola MANU

      Excelente libro, y visible película (mejor el libro, aunque reconozco que hacer una película sobre el libro es complicado).

      No se si el título está bien traducido y debería decir «ha regresado» en vez de «ha vuelto».. sólo que les complicaba la portada.

      Pero el significado es muy otro.

      Por lo demás aunque en muchas cosas los alemanes siguen siendo muy «suyos» (dejésmolo así); no hay duda de que ha habido una profunda reflexión general acerca de lo que fue la caida en el pecado del nazismo. Ya me gustaría haberlo visto aquí (con el mismo impacto social) con el tema de ETA.

      Ya se que ha habido muchos vascos y no vascos (me refiero sobre todo al mundo intelectual) que se la han jugado ahondando en la reflexión de la infamia que ha representado ETA (el bucle melancólico, o los escritos de Sabater, algunos documentales…) pero excepto con el caso de Patria (de Aramburu) no creo que hayan tenido tirón popular. Y eso nos incumbe a muchos españoles.

      Yo aunque sea muy dura, y no sea de una alemán, es de Visconti (pero con uan mayoría de actores alemanes) recomiendo «La caida de los dioses». El cómo la alta sociedad se conchaba con el nazismo, pensando que los iba a dominar y acaba en la mas absoluta degradación con tal de conservar el poder.. no es muy diferente de lo que ha pasado aquí, con lo que nos ha caido en los últimos 16 años.

      Un muy cordial saludo

  9. Ligur dice:

    Coincido con Manu;
    Los nazis no perdieron la guerra. Al contrario, la ganaron ideológicamente, su simiente se esparció por medio mundo y ahora tenemos lo que tenemos. Los nazionalismos campean a sus anchas creciendo por doquier. (véase en España).
    No titularía a la película “Ha vuelto” ni “Ha regresado” más bien, “Nunca se fue” o “Siempre estuvo aquí”.

    Saludos

  10. Manu Oquendo dice:

    Creo que la libertad, en general, es posible pero todos sabemos que se nos está reduciendo en exceso. Hasta tal punto que actualmente ya nos está limitando seriamente la capacidad de ser verdaderamente humanos.

    ¿Qué es libertad? Es la capacidad de actuar siguiendo los dictados conscientes de la propia voluntad. En otras palabras, la libertad en su más alto grado se demuestra cuando cuando somos capaces de enfrentarnos a coacciones externas porque nuestro criterio racional impulsa a nuestra voluntad a actuar según el «deber de» hacerlo.

    ¿Y la libertad de pensamiento?
    Pensar es siempre un esfuerzo importante. A veces agotador. Con alto consumo energético y anímico.
    Por tanto tendemos a evitarlo y nos resulta más fácil seguir hábitos y reflejos o tomar decisiones más fáciles y cómodas.
    Es también sabido que la libertad de pensamiento nunca ha sido bien vista por las formas de Poder Social que imperan en nuestras Sociedades.

    El sistema educativo, especialmente después de Kohlberg en los 70 y 80, trata de establecer patrones de pensamiento gregario de forma, para nosotros, observable con nuestros nietos que son mucho más Acríticos y Acomodaticios al Grupo de Pertenencia que lo fuimos nosotros.
    El sistema cultural y el mediático consumen una gran parte de sus energías en conseguir para el poder la Hegemonía de Pensamiento, de Opinión, deseada. Gramsci decía que se trataba de que asumiésemos las ideas del Poder como nuestro «sentido común».

    Hay dos filósofos, Schleiermacher y Kant, que establecen en la Libertad y en el Criterio moral de decisión la punta de lo que, siguiendo a Teilhard y a otros, entendemos como el «Vector» humano del Cosmos. Seríamos así más o menos humanos en función de nuestro comportamiento moral que siempre exige –en sociedades humanas– el uso de la libertad bajo la dirección de la voluntad.

    Es evidente que este proceso implica una «deliberación», una «elección» y una «decisión» de actuar que nunca es fácil.

    Muchos se preguntan por qué han de elegir lo difícil existiendo lo fácil hacia lo que, además, se nos orienta y motiva con incentivos.

    Creo que hay varias razones pero la más importante, creo, es que hemos de procurar ser nuestros propios dueños. Antes se llamaba vencer a la Tentación pero en el fondo se trata de Poner en la Vida la Tensión necesaria para tratar de ser nuestros dueños.

    Nuestra sociedad y su vigente modelo de Poder Social (Democrático o no) no soportan la libertad y por ello demuestran una Antropología Regresiva Inhumana.

    Saludos

  11. Loli dice:

    No hace mucho tuve la oportunidad de ver en televisión una película sobre Hannah Arendt, del año 2012 y dirigida por Margarette Von Trotter.

    He de confesar que me alteró bastante.

    Entre los distintos momentos de la película, hay unos cuantos donde se producen debates, en la casa americana de la filósofa y su marido, con amigos filósofos e intelectuales de la pareja.

    Debates y conversaciones entre gente acostumbrada a expandir el pensamiento casi de forma permanente, alejándose cada vez más de una conclusión definitiva…y eso era lo que más me alteraba.

    Hubo un momento de la película que me llamó mucho la atención.

    Es aquel donde la protagonista recordaba sus clases de Filosofía con Martín Heidegger y cómo entró un día en su despacho y le pidió: “enséñame a pensar”.

    Cierto que Heidegger se convirtió, al parecer, en un sustento intelectual para el régimen nazi.

    Bien por miedo o por convencimiento, no aplicó sus propias deducciones y parece ser que ayudó al horror.

    Pero ahí parece también exponerse la tremenda complejidad de la mente del hombre.

    Complejidad que parece envolver todas las dualidades a las que reducimos su potencialidad, pero ¿es eso posible?, ¿no será algo “contranatura” reducir de ese modo una capacidad?.

    Hace poco asistí por primera vez desde que estudié algo en el antiguo Bachillerato, a una clases de Filosofía.

    Quedé fascinada.

    Creo que empecé a intuir en ellas que si bien el pensamiento humano es algo expansivo…esa expansión es «inherente», «esencial», no se puede detener.

    Y la profesora que impartía las clases nos animaba a no tener miedo de ello, pero desde el trabajo, desde el discernimiento… hacia la evolución….

    Es decir, entendí que su naturaleza, la naturaleza del pensamiento, de la mente, requiere movimiento, expansión, si no…se pueden producir las más terribles aberraciones, quizás por esa misma complejidad contraída….

    Y en el fondo, y aunque nos encontremos instalados en la inercia de no fomentar el discernimiento, siempre sentimos que algo va mal.

    Por alguna razón esa obsesión por dominar y dirigir las opiniones de todo poder que se precie.

    Por la misma razón, esa necesidad de en cuanto se ha podido, relegar como inútiles, en la educación todas las ciencias que contemplan el conocimiento y el desarrollo de la capacidad de pensar de la historia del hombre….la Filosofía, las Artes, la propia Ciencia, que no es tecnología.

    El hombre no es un “animal racional”, sencillamente porque no es un animal….

    Como bien dices, Manu, “pensar es siempre un esfuerzo importante”, pero tengo la impresión de que su cultivo es lo que nos muestra a nosotros mismos que no somos “animales racionales”, que podemos acceder a ser libres, a no ser presa de las certidumbres…y requiere, en estos tiempos, un acto de valor y de trabajo.

    Pero la alternativa….no hay alternativa.

    Un abrazo grande

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies