Cuando tenía 13 años, el noruego Magnus Carlsen se convirtió en el, hasta ese momento, más joven Gran Maestro de Ajedrez de la historia. Unos meses más tarde, aún con 13 años, hizo tablas con Kaspárov, y sorprendió a todo el mundo declarando ante los periodistas que estaba decepcionado consigo mismo, porque “había jugado como un niño”. Ahora, se ha proclamado campeón del mundo de ajedrez con solo 22 años, y dice en una entrevista que “la experiencia está sobrevalorada”.

Y yo creo que tiene razón. Al menos en ciertos campos.

Hay muchos ejemplos, y no solo en el ajedrez. Si alguien no me cree, que mire esta foto:
solvay_conference

En esta maravillosa fotografía posan juntos, durante el famoso Primer Congreso Solvay, celebrado en 1911, muchos de los científicos con las mentes más poderosas y creativas de la historia; en ella aparecen casi todos los que a finales del siglo XIX y principios del XX revolucionaron nuestra forma de ver el mundo: los creadores de la relatividad, los de la mecánica cuántica y los descubridores de la radioactividad. Están: Einstein, Marie Curie, De Broglie, Lorentz, Poincaré, Rutherford…solo por mencionar a algunos. En la fotografía, con la excepción de Einstein y Lindemann todos parecen gente madura y con experiencia. Pues bien; ninguno entre ese increíble conjunto de genios hizo una aportación realmente radical a la Ciencia después de esa fotografía; todos estos científicos hicieron sus aportaciones a la Ciencia antes de cumplir los cuarenta, la mayor parte de ellos antes de cumplir los treinta y muchos con escasos 20 años. Por poner un ejemplo: todo el trabajo realmente revolucionario de Einstein se publicó en 1905, en lo que se llamó su “Annus mirabilis” (año admirable), cuando tenía 26 años y su “relatividad general” publicada 10 años después, con solo 36 años, no es tan revolucionaria como sus trabajos de 1905.

Claro que después de sus grandes aportaciones de juventud todos estos científicos geniales seguían siendo brillantes y aportando cosas, pero sus ideas revolucionarias, sus grandes ideas, las que cambiaron el mundo, las tuvieron cuando eran jóvenes, cuando aún no estaban contaminados por la experiencia.

Y lo que digo no es achacable solo a esa generación “mágica” de científicos: en Ciencia todos los avances revolucionarios – seguro que es posible encontrar algún contraejemplo, pero nos va a costar bastante– los han llevado a cabo mentes jóvenes.
Y no solo en Ciencia; sino que es una constante si buscamos en cualquier campo de conocimiento en los que primen la imaginación y la creatividad. Cuando hay que enfrentarse a algo nuevo, cuando hay que improvisar, la experiencia es más una losa que una ayuda, porque cuando tenemos experiencia tendemos a hacer las cosas como nuestra experiencia nos enseña que se hacen las cosas, y cuando cambia el paradigma, las viejas formas de hacer las cosas ya no valen.

No quiero con esto negar la validez de la experiencia en todos los campos. La experiencia es muy válida en ciertas actividades; si tengo que elegir, prefiero que me opere un cirujano que ha realizado cientos de veces con éxito esa misma operación, o que la casa en la que voy a vivir la proyecte un arquitecto cuyas casas sé que no se caen. Lo que trato de decir es que hay campos para los que nos venden que la experiencia es un plus, cuando en realidad es un hándicap. Si esa misma operación es la primera vez que se hace, prefiero un cirujano joven con espíritu abierto y capaz de improvisar.

Por ejemplo, echemos un vistazo al Gobierno, este o cualquier otro anterior. Cuando vemos quién tiene los puestos de responsabilidad siempre encontramos lo mismo: gente con “experiencia”, y además lo ensalzan como un valor añadido. Si no tienen experiencia en el puesto concreto nos dicen que la tienen “en la vida pública”, y en esto, para variar, no nos mienten, porque los que son ministros en este Gabinete ya lo fueron antes en otro, y si no, fueron Presidentes de Comunidad Autónoma o Secretarios de Estado, o altos cargos en el partido de turno.

Se trata de gente en definitiva que lleva en esto de la Política tantos años que solo son capaces de entender una forma de hacer las cosas: como se ha hecho siempre. No niego que alguno pueda sacar partido a su experiencia y sea capaz de hacer las cosas “que se han hecho siempre” de un modo más eficiente, pero desde luego no van a ser capaces de cambiar de paradigma aunque el viejo paradigma se les caiga encima.

Lo que trato de defender es que la experiencia, muy útil cuando estamos en “régimen estacionario”, cuando las cosas no cambian o no lo hacen demasiado rápido, no vale para nada y es incluso perjudicial cuando nos encontramos en tiempos de cambio, cuando el valor y una idea original son más necesarios que “engrasar el sistema”.

Naturalmente, lo ideal en un dirigente sería una mezcla entre ese valor y esa apertura de mente que se requieren en tiempos de crisis y la experiencia. Pero el sistema actual no facilita para nada que ese tipo de perfiles alcance puestos de responsabilidad. El sistema prima “la experiencia”, aunque solo se tenga en moverse por los vericuetos del poder. Y si no es posible aunar la “experiencia” y el “valor” para tomar decisiones nuevas en las mismas personas, al menos tratemos de hacerlo como Sociedad, renunciando a la casposa estratificación por edades o grados de experiencia, tan común en muchas de nuestras instituciones y organizaciones, tratando de mezclar juventud y madurez, aprovechando los talentos de ambos, más allá de poner en la misma planta a los becarios que llevan café o hacen el trabajo “de chino” con los ejecutivos “sénior” para los que trabajan.

Alejandro Magno tenía 20 años cuando una voz en su interior empezó a gritarle “más lejos, más lejos” y murió cuando le faltaba un mes para cumplir los 33, después de haber conquistado el mundo y haber extendido la cultura helénica, de la que somos herederos. Aníbal tenía 25 años cuando tomó el control de los territorios cartagineses en Hispania y menos de 30 años cuando atravesó los Alpes y derrotó una tras otra a todas las legiones que Roma lanzaba contra él, sin ser derrotado hasta la batalla de Zama, por Publio Cornelio Escipión que entonces tenía 34 años, la edad a la que Napoleón fue proclamado emperador.

Apple, Microsoft, Google, Facebook… todas han sido creadas por veinteañeros.

Y sin embargo en España nadie votaría a un veinteañero y todos nos tiraríamos de los pelos si se le diese a uno un puesto de responsabilidad. Como mucho le daríamos una beca. Una no remunerada. Una con la que pueda “ir cogiendo experiencia”.

9 comentarios

9 Respuestas a “La experiencia está sobrevalorada”

  1. Juan Luis Aguirre Peña dice:

    Descubrí en este artículo un aspecto importantísimo, del cual no me había dado cuenta, a pesar de ser partidario de los cambios. Sólo que, según algunos, experiencia es lo que uno hace con lo que le pasa y no solamente lo que le pasa. Aún así, vale la pena tener en cuenta esta otra mirada. Enhorabuena, nunca es tarde para aprender. Felicitaciones al autor por compartir este enfoque diferente.

  2. Juan de DIOS dice:

    Completamente de acuerdo, excelente exposición sobre el que deberíamos estar mas atentos, pues miramos demasiado al pasado, y mantenemos costumbres, que obstaculizan un desarrollo mas abierto. muchas gracias y un saludo.

  3. Manu Oquendo dice:

    El cénit de la inteligencia humana –tal como la medimos hoy– se alcanza entre los 18 y los 20 años y a partir de ese momento entramos en rendimientos de IQ decrecientes.
    Pero seguro que coincidimos en que generalizar acerca del valor de la experiencia es un ejercicio arriesgado.
    Algún tipo de experiencia puede ser un hándicap en unos momentos mientras que carecer de ella en otros puede ser desastroso. Depende del problema y de las circunstancias. En momentos de cambio de paradigma mucha de la experiencia adquirida en el anterior es un lastre. En otros es un activo valiosísimo.

    Por ejemplo, tanto Alejandro Magno como Aníbal son vistos hoy por historiadores y antropólogos como los causantes del final de sus sociedades.
    La gloria helénica desaparece tras la aventura globalizadora alejandrina y Aníbal aceleró la reducción a polvo de su cultura. Literalmente.
    Aquellos impulsos juveniles trajeron cola precisamente por la falta de experiencia, discernimiento y perspectiva.

    La brillante intuición einsteniana del espacio y del tiempo requirió el concurso de matemáticos, rusos concretamente como Alexandrovich Friedman, que fueron alterando y desarrollando toda la teoría en formulaciones matemáticas.
    Por contra, como expone el artículo, es al nacer la informática de consumo cuando aparece un mundo nuevo en el cual los grandes ordenadores masivos y su cultura aportaban muy poco. Mundos muy diferentes. Más de lo que nos parece a simple vista.

    Ayer habló en Madrid Michael J. Sandel sobre lo que el dinero no puede comprar. “Los límites morales de los mercados” ya traducido al español.

    Una de las cosas que remarcó es la dificultad de “razonar juntos”. De aprender de otros más que de rebatir a otros. Del proceso interactivo de pensar, de reflexionar cooperando, para llevar a cabo ese esfuerzo de discernimiento minucioso tras el que se oculta la mejor comprensión. Esto requiere la virtud de escuchar atentamente a los otros.
    Son talentos que pueden ser patrimonio de todos, con y sin experiencia, pero que normalmente se adquieren con el tiempo.

    Gracias por el artículo y un saludo cordial

  4. Nacho dice:

    Muy cierto Raul. Y muchas veces con la experiencia y las canas viene el cinismo que no es la mejor motivación para crear.

  5. Santiago Tíscar García dice:

    Otro temazo, la experiencia ,que afianza y pule lo aprendido , y la “juventud”, que con su deseo de resolver cuestiones desconocidas se atreve a explorar nuevos territorios.
    Toda mente innovadora se nutre del impulso virginal, combativo y transgresor de la juventud, sea la edad física que sea el momento en el que se manifiesta en el individuo. Pero lo nuevo empieza a envejecer desde su nacimiento, y lo que ayer era modernidad e innovación hoy es añejo y conservador.
    Es importante cuestionarse continuamente las creencias y el peso que tienen en nuestra toma de decisiones, para discernir si ha llegado el momento, si tenemos fuerzas, de intentar un nuevo impulso o preferimos quedarnos en la comodidad de lo conocido y seguir puliéndolo para estirar sus beneficios.

    Un saludo.

  6. Pingback: Anónimo
  7. RBCJ dice:

    Que no se valore e incluso se abuse de la no experiencia laboralmente hablando no debe llevarnos a la conclusión de que se sobrevalore la experiencia, Son análisis que disponen de entornos de lógicamente próximos pero no equivoquemos la línea lógica de implicaciones. Creo.
    Saludos

  8. rrrr dice:

    No acabo de ver en la foto a Marie Curie. Puedes decir en que posición se encuentra?
    gracias

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