Estamos asistiendo al hecho insólito de la imputación de un miembro de la Casa Real y heredero a la sucesión en la Corona. Ayer la vimos desfilar hacia el Juzgado y dar su versión de los hechos, rodeada de abogados, del fiscal, el juez y el personal del juzgado. Y uno no puede dejar de preguntarse ¿puede un miembro de una Casa Real tener un juicio justo?

Pocas dudas caben de que, si Cristina no hubiera sido Doña, hace tiempo que habría sido llamada a declarar como imputada. Entre otras cosas porque, a pesar de lo que supone el entendimiento popular, la imputación no significa absolutamente nada. La imputación es un derecho, una conquista del moderno proceso penal acusatorio frente al proceso inquisitivo del antiguo régimen. En el antiguo proceso inquisitivo, el investigado era objeto del proceso penal y no sujeto del mismo. Como objeto se le investigaba sin que tuviera conocimiento de ello y se le podía obligar a confesar por cualquier medio (incluso la tortura). Por supuesto, no tenía derecho de defensa. Exagerando, tenía el derecho a confesarse culpable. Punto. El mismo instructor que investigaba y arrancaba la confesión era el que sentenciaba. Todo muy rápido, todo muy limpio.

Una de las conquistas del moderno proceso penal es que desde que alguien te considera autor de un delito, tú tienes derecho a defenderte. Es decir, a conocer los términos exactos de lo que te imputan, a dar tu versión de los hechos y a comparecer defendido por un abogado. Hasta hace bien poco, en España se discutía acerca del momento en que una persona sobre la que recayera la sospecha de haber cometido un delito tenía derecho a que la asistiera un abogado. Ese momento se retrasaba al procesamiento, cuando el juez instructor, después de haber practicado una buena parte de la investigación a espaldas del presunto autor, decidía que había suficiente material para actuar contra una persona concreta. Tras las reformas legales que trajo la Constitución de 1978, el momento en que se hacen valer todos los derechos del sospechoso se adelantó al inicio de la investigación, es decir, a la imputación. ¿Qué quiere decir la imputación? Simplemente que alguien afirma que has cometido un delito o falta y que a partir de entonces tienes varios derechos básicos: a la defensa de un abogado, a enterarte de lo que se investiga y a no confesarte culpable. Este último derecho supone que, como estrategia procesal, el imputado puede callarse o no decir la verdad, sin que estas conductas puedan suponerle perjuicio alguno. A diferencia del imputado, el testigo no tiene estos derechos y, por tanto, comete un delito si no dice la verdad.

Si habéis leído hasta aquí, ya sabréis que la imputación es solo una garantía que nace en cuanto surge la sospecha, fundada o no, de que alguien ha cometido un delito. Cuando imputa, el juez no valora indicios de criminalidad derivados de su investigación, sino únicamente la apariencia que resulta de los hechos relatados por un particular en la denuncia o querella presentada contra la persona.

En la práctica, una vez que alguien presenta una denuncia o querella contra otro, la primera diligencia que se practica es la del interrogatorio de la persona querellada o denunciada. A este interrogatorio acude como imputada, precisamente para gozar de las garantías de las que no dispondría si acudiera como testigo.

Sin embargo, resulta obvio decir que a nadie le gusta que le imputen y que el palabro tiene una carga social negativa, en ciertos casos casi equivalente a la condena. Si le imputan, algo habrá hecho. O no. Pero es igual, todos intuitivamente entendemos lo que quiere decir imputado, así que, que no  vengan los abogados a decirnos que es algo distinto de lo que todos entendemos.

En Francia, que son mucho más finos que nosotros, no hablan de imputación, sino del derecho a declarar con abogado. En la práctica significa lo mismo, pero no suena igual ¿verdad?.

Volviendo a la Infanta, si no hubiera sido tal, desde el momento en que el coimputado Torres hubiera vertido la sospecha de su intervención en los hechos investigados, hubiera sido llamada a declarar como imputada.

Pero claro, con esa mancha social que supone la imputación, a nadie se le escapa que resulta bien difícil citar a alguien de la Casa Real sin atarse bien los machos. Retrasar la llamada a declarar de la Infanta no ha hecho sino aumentar la percepción social de que la justicia es diferente. Y ciertamente en este caso lo ha sido, aunque hasta ahora solo en los tiempos. La percepción social de la gravedad de imputar a un miembro de la Casa Real ha hecho que el Juez haya dictado algo más que un auto de imputación. Lo normal es que la citación a declarar como imputado se haga en un par de folios, frente a los 200 que se han escrito para imputar a la Infanta. Esta motivación es más propia de una fase posterior del proceso: la importante decisión sobre si hay suficiente material probatorio para acusar, es decir, para abrir juicio oral contra alguien.

El retraso en la imputación de la Infanta y la singular motivación, retransmitida mediáticamente, han alimentado el veredicto popular. La sentencia ya está puesta. El pueblo soberano ha fallado. Aunque lógicamente nadie (o muy poca gente) haya leído (y entendido) el informe de la Agencia Tributaria, las alegaciones de la fiscalía y la abogacía del Estado o el auto del juez instructor.

Por cierto, la discrepancia entre el instructor y la Agencia Tributaria es muy técnica y consiste en si se pueden considerar deducibles o no determinadas facturas o si el rendimiento final debe imputarse a la sociedad y tributar por el Impuesto sobre Sociedades o a las personas de los socios y tributar por el IRPF. Dependiendo de cuál sea la respuesta a estas cuestiones, la cuantía de lo defraudado a Hacienda superaría el límite de los 120.000 euros de cuota en que se fija el delito fiscal o no lo rebasaría y se quedaría en simple infracción administrativa.

En cualquier caso, ¿y ahora qué? Si estuviéramos ante un caso normal, la mujer del administrador de la sociedad defraudadora iría a declarar como imputada a las primeras de cambio y luego el proceso posiblemente se dirigiría contra su marido (esto no ha ocurrido con la mujer de Torres, que sigue imputada, sencillamente porque el Juez la considera responsable del área jurídica y fiscal del Instituto Nóos y por haber sacado 282.000 euros en metálico de cuentas en Suiza).

Pero obviamente no estamos ante un caso normal. Va a ser muy difícil que solo se valoren los hechos y el derecho. El juez y las partes están sometidas a una monumental presión mediática y social. El pueblo, azuzado por la prensa, clama justicia, pero realmente pide guillotina. No me gustan las condenas por ejemplaridad, me seduce más la búsqueda de la justicia. El que juzga y condena para sentar un ejemplo, se suele olvidar de los hechos del caso que está juzgando y pone su mirada en el aplauso popular.

Con lo que se ha dejado engordar este asunto y tal y como están las cosas, si la Infanta termina siendo acusada y condenada parecerá que se ha hecho justicia. Y si no resulta condenada, será porque han funcionado las turbias presiones que amordazan a la justicia popular.

Para garantizar que la justicia pueda aguantar, sin que se rompan sus costuras, un proceso de este tipo, haría falta un poder judicial fuerte y verdaderamente independiente que realmente pudiera amparar a los jueces en sus funciones, también serían precisas reformas que reforzaran la figura del juez, de modo que se sentaran las bases para contar con jueces independientes y eficaces. Realmente los mejores de cada casa y a la altura de la función que desempeñan. Pero es que incluso en esas condiciones (lejanas a las que tenemos), en cualquier país resulta casi una quimera que un proceso como el que hablamos se desenvuelva con normalidad. Las presiones sociales y de los poderes establecidos a que se somete a quienes tienen que aplicar el derecho son de tal calibre (que cada uno de nosotros haga la reflexión de cómo aguantaría la presión de salir cada día en los medios) que, al final, la cuestión va a depender de la actitud y la integridad de cada uno. Me temo que para sacar adelante con dignidad procesos de este tipo van a hacer falta un buen número de héroes.

No me importa que se condene o se absuelva a la Infanta. Lo que proceda. Lo que me inquieta es esa sensación de que se valoran cosas distintas a los hechos, las acciones y el derecho.

7 comentarios

7 Respuestas a “LA IMPUTACIÓN DE LA INFANTA. CUANDO EL NOMBRE SÍ IMPORTA”

  1. colapso2015 dice:

    Artículo 117
    1. La justicia emana del pueblo y se administra en nombre del Rey por Jueces y Magistrados integrantes del poder judicial, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.
    Artículo 1
    Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

    El primero 117 no tiene ningún sentido y el segundo 1 es mejorable, aunque tiene una parte interesante, “ dotados como están de razón y conciencia”, En nombre del rey señores, en nombre del rey,…, ha sido llamada la hija de la madre. Es todo tan cómico que ciertamente, creo ya no necesitamos humoristas. El humor dantesco de un Guernica intelectual.
    La constitución cercena la libertad de los hijos (posibles) del rey, aunque seguro solamente son de la reina.

    “El pueblo, azuzado por la prensa, clama justicia, pero realmente pide guillotina”
    Preocupado me ha dejado a mi, parte del populacho, que la gente clame por al guillotina. Cosa por cierto yo no veo, quizá usted, parte del Estado, perciba otra cosa.
    La palabra “héroe” me ha llegado al “co”-razón, no sabía yo aplicar una ley injusta pudiese o pudiere elaborar un marco justo. Esto es, la aplicación científica (racional, coherente, ordenada,…) de una ley injusta es injusta.
    Desde su visión romántica de “justicia”-proceso, forma velada de un orden ideal, es difícil percibir la ley es simplemente la ley, vulnerar la ley algo consustancial a la libertad. Por ello, cuando una ley es vulnerada de forma masiva (desobediencia civil) algo extraño ha sucedido.

    Leyes siempre ha habido, policías siempre ha habido,poder siempre ha habido, en el antiguo y el nuevo régimen, todo tipo de servicios al poder, sean o no una dictadura, oligarquía o cualquiera de todas las conjunciones “monetarias” intermedias. La diferencia está en esta pequeña frase “ La justicia emana del pueblo” incorrecta hasta la náusea; no es la justicia lo que emana del pueblo/ciudad sino la ley.

    Ahí, hay, ay! , “pobre” infanta, si la condenan porque la condenan, si no porque no. Todo por un marco legislativo ha vulnerado libertades humanas dignas,…,paradojas tiene la vida. Aunque no creo proteste, le concede un privilegio esa “ley”.
    Todos somos siempre buenos chicos, creyentes en busca de la hoguera para brujas y herejes. Ahora es el “fraude fiscal”, en ese PIB inflado un 30%,…, tropelías de los Don Pinocho del reino.

    Populacho ignorante, deja a la élite, no quiere robar más, populacho ignorante, deja a la élite, no quiere robar más,…, a pesar de más del 50% del PIB manejado por lo público. Y prebendas, contratos y demás,…, y guillotina dicen. (vivan las) “Caenas” mas bien.
    La equi-potencia social, vecinos balanceados, ese fino equilibrio de la vida, origen mundano del pacto de supervivencia. Afanados legisladores (la nación representada) y ciudadanos, no miren con recelo y precaución a un impulsivo ejecutivo (Estado y allegados), …. el judicial no es un poder.
    Checks and Balances , — un poder solamente lo para otro poder –, en el barrio, en la ciudad, o en el país. Y de eso no hay, pues el judicial no es un poder por mucho que repitan como un run-run. Pues los medios, efectos y regulación (y/o selección) dependen de los otros. Uno en España, osea, no hay demo-kratos ni de lejos.

    Debería repetir otra vez, — un poder solamente lo para otro poder –, lo judicial es un procedimiento de otros poderes. Esto es los héroes de lo judicial son los jueces suspendidos,…, independientes, inamovibles, responsables y sometidos únicamente al imperio de la ley.

    La justicia no es la aplicación de la ley, sino la acción, efecto o suceso de aquello usted, de forma intransferible, considera justo. No vaya ser, las leyes cambien, la burocracia no expurgue penas,…., y usted quede acusado por un amigo inseparable, usted mismo. Y dotados como están de razón y conciencia,…

    Será yo estoy equivocado,…, tal vez.

  2. Adam Smith dice:

    Estimada Sr. Salama,

    Todo lo que sucede en torno a la Infanta se puede resumir en una palabra: Circo. No extraña que habiéndose creado una casta de privilegiados sea fácil entretener a la masa con cuentos sobre las fechorías de los privilegiados y su impunidad, elemento esencial de cualquier privilegio.

    Para peor, la Judicatura española es un ejemplo de todo lo malo que puede haber en el poder judicial de una democracia constitucional. Más allá de lo que sucede en los tribunales cuando se plantea un caso importante, esos que sirven para alimentar a los parásitos de los medios masivos de comunicación, la politización de la Judicatura española es digna de un premio Goya (sí, todo financiado con impuestos). Por ejemplo, recién leo este post de R. Tena Arregui en su blog HayDerecho?

    http://hayderecho.com/2014/02/10/proyecto-de-reforma-del-art-23-de-la-lopj-de-la-jurisdiccion-universal-a-la-jurisdiccion-vecinal/

    y la verdad es que me he reído muchísimo. En España lo hacen por partida doble. Primero, los políticos no vacilaron en subirse al chorro que exigía la UE para subsidiarlos y aceptaron el cuento de la jurisdicción universal, esa que ha servido sólo para mostrar la falta total de principios que anima a políticos y jueces españoles en su selección de casos (algo que Fidel agradece). Segundo, los políticos no han vacilado en arrugarse cobardemente cada vez que su estupidez inicial quedaba en evidencia, la última un cuento chino.

    No soy abogado pero he estudiado derecho lo suficiente como para saber que en España hay buenos juristas académicos que han escrito excelentes tratados. El problema no está en las ideas sino en las personas que hacen derecho diariamente, estos es, en los políticos, los jueces y los abogados cómplices de los dos primeros. En todo caso, debemos agradecer a ellos que el circo nos entretenga, aunque su costo sea muy alto para los que no pertenecen a la casta de privilegiados.

    1. Adam Smith dice:

      En noticia de último momento, El Mundo anuncia

      “La Audiencia Nacional emite una orden de búsqueda y captura contra el ex presidente chino por el Tíbet.”

      Vaya circo. Tiene tres pistas. En la pista judicial se han despistado y perdido el libreto de la pista política. Mientras tanto, en la pista periodística se preparan para denunciar a todos los tiranos asesinos –bueno a todos no, solo a los malos que no aportan a la causa.

      Sr. Salama, disculpe el error ortográfico en el comentario inicial (debió decir estimado).

  3. DUENDE dice:

    Es verdad que la Infanta,perteneciente a la INFLANTERIA de la corona ha obtenido un trato diferente, pero en mi opinión todo esto no es más que más de lo mismo, me explico.

    El Estado de derecho es empujado por la presión popular y juntitos en una mesa, jueces y gobierno deciden como desarrollar la trama de cara al ”populacho” para que todos los personajes resulten indemnes, señor@s otra vez la misma canción.

    Quiza mi reflexión por simple parezca tonta o por tonta parezca acertada, pero ¿no creeis que a diferencia de Italia donde la pantomima es en ”vivo y en directo” el sistema judicial de este gran pais ha convenido navegar en aguas de la ”Picaresca”, bueno, no soy muy diestro en la comunicación pero espero haber introducido una nueva variable en todo esto, la verdad detras de la mentira, detras de la verdad y con origen en la mentira.

    Abrazos del duende.

  4. Micaela Casero dice:

    Hola,

    me gusta mucho leer tus artículos.

    Arrojan claridad y me permiten esclarecer marañas en temas maquiavélicos, manoseados, manipulados, malentendidos …

    Gracias por intentar poner un poco de orden y conseguirlo en las muchas definiciones que a fuerza de repetir y de oir mil veces repetidas, de utilizar y de oir mil veces utilizadas, llegamos a creer que entendemos…

    … y empezamos a usarlas con la seguridad y la vanidad del que atesora la verdad al decirlas, olvidándonos que si no las comprendemos y las descontextualizamos se tratará solo de un principio de autoridad tan obvio como el eterno “porque sí o porque lo digo yo o porque lo dice todo el mundo o porque lo ha dicho el alcalde o porque es así y punto”

    Pero, tal vez se trate de un supuesto general arbritario y todo el mundo sepa muy bien de lo que habla, tal vez se trate solo de ignorancia personal endémica.

    Un saludo

  5. José María Bravo dice:

    Como ejemplo, para incidir en el aspecto de la “independencia necesaria” del Poder Judicial, tiene una interpretación controvertida. Quizas, iriamos mucho más allá, cuestionariamos todo el sistema politico.

    Es dificil definir que es “independencia”. En cierto sentido, es no estar sujeto a una autoridad. Nuestro sistema social esta regido por “autoridades”. Como sería un sistema judicial ajeno a las “autoridades”?. Se diría que se nombraran por cooptación de sus propios miembros. Esto conformaría una elite. Lo enuncia, de alguna manera, Salama, se eligirian a los”mejores”. Pero quienes son los “mejores”?. Los puramente tecnicos?.

    Como se puede administrar la justicia “tecnicamente”?. Si se va a la raíz filosofica de la “Justicia”, esta el hombre con su quehacer y su finalidad. Con su moralidad y con la de su entorno. Esta, nada menos que la Etica. Pero no la moralidad del Juez sino la Etica de la sociedad. Y esa Etica, ese comportamiento social emana de las leyes y las leyes, en nuestra sociedad, se promulgan en las Cortes. En cierto sentido, esta es la autoridad referente de los jueces

    Claro que las leyes, que los decretos emanados de ellas, tienen interpretaciones. En un juicio penal, como es el caso de la Infanta, hay interpretaciones. Desde luego que las interpretaciones de un juez no pueden sustentarse en la “propaganda informativa”. Pero esto no tiene con la razón electiva de los jueces.

    Convendría recordar que la ley para la elección de los “altos” jueces se modifico en el 2001, bajo el gobierno del Sr. Aznar, y es la vigente. Por lo que la “politización” de la Justicia no es achacable a uno u otro partido politico sino al sistema politico, en el que convivimos.

  6. P. Guerrero dice:

    Este artículo de Isaac Salama además de actual, es ilustrativo y enseña. La contemplación de nuevas tricotadoras ante la guillotina, es estremecedora. Esa furia vengativa y justiciera de populacho, asusta. La carga de los medios, el morbo, la repetición monotemática, se ha hecho axfisiante; todo ello es cierto, pero de verdad, lo importante, queda bien reflejado en lo que acabo de leer. Y produce satisfacción.

    Supone perplejidad que un miembro de la Casa Real, con derechos y deberes dinásticos, a la que deberíamos atribuir una preparación importante, lo único que ha demostrado, y bien, es un estar y una amable serenidad, magníficamente impostada desde siempre y que ha funcionado. Pero ¿ es suficiente ¿ No es posible que semejante situación de entredicho y perplejidad en que ha colocado al país ante los demás y la críticas de observadores políticos de todos los colores que se producen ante semejante despropósito, no hayan supuesto ninguna rectificación en su conducta. Manca fineza. Sobre la creencia de que nuevas formas se avecinan y se necesitan en el futuro, estos coletazos de caciquismo decimonónico con que nos han obsequiado últimamente el Rey y la Infanta, no nos los merecemos.

    Gracias Isaac. Es un buen artículo que merece reflexión.

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