El 19 de agosto de 2013 Ángela Merkel realizó la primera visita de un jefe de Gobierno alemán al antiguo campo de concentración nazi de Dachau, junto a la ciudad del mismo nombre y a solo 16 km de Múnich. Poco después, en un acto de su campaña electoral, hacía esta reflexión: “el campo de concentración también estaba entonces a cuatro pasos de Dachau; el que quería, podía ver y oír” lo que pasaba con sus presos; “por eso es importante que no vuelva a suceder, que no volvamos a mirar a otro lado”.

Dachau fue el primer campo de concentración que construyeron los nazis. Inaugurado el 22 de marzo de 1933, a los dos meses de que Hitler llegara al poder, permaneció abierto doce años. Con motivo de su inauguración, Heinrich Himmler, por aquél entonces jefe de policía de Múnich, explicó públicamente para qué lo querían: para internar a todos los comunistas y socialdemócratas “que representan un peligro para el Estado”. Se calcula que allí murieron cerca de 40.000 personas, entre judíos y presos políticos. Aunque no se dispone del número exacto de campos de concentración y de exterminio, se habla de varios millares; por tanto, cabe suponer que la cifra de alemanes que actuaron como guardianes en esos campos ascendería a varios centenares de miles.

Uno de los muchos aspectos sobrecogedores que rodean al período nazi es que, entre tantos alemanes que convivieron día tras día con las atrocidades que allí se hicieron, no se conozca ningún caso de rebelión o al menos de negativa a colaborar con aquello. Tampoco parece que hubiera reacciones en contra de la población que tuvo conocimiento de aquellos hechos; y si pensamos en los familiares y amigos de todos esos guardianes, en los vecinos que vivían cerca de esos campos y hasta en los trabajadores que hicieron funcionar aquella gigantesca maquinaria logístico-administrativa de represión y exterminio, esa población tuvo que ser necesariamente muy numerosa. La pregunta, por tanto, no es baladí: ¿cómo fue posible que una de las sociedades más culta y civilizada de Europa se dejase arrastrar a esta situación, aceptando mansamente y sin ningún tipo de insumisión este tipo de hechos durante años?

En 1961 se celebró en Jerusalén el juicio contra el teniente coronel de las SS, Adolf Eichmann, encargado del transporte de los presos a los campos de concentración y de exterminio. Quizás fue el juicio más importante contra el nazismo después del de Núremberg. Para cubrirlo periodísticamente, la revista norteamericana The New Yorker envió a Hannah Arendt, filósofa judía de origen alemán que tuvo que huir a Estados Unidos perseguida por los nazis. La visión de esta ex sionista sobre el acusado levantó una auténtica polvareda. Según ella, Eichmann era un hombre como tantos, no el Satanás que sus acusadores trataron de pintar. Lo que más le llamó la atención es que “era realmente incapaz de pronunciar ni una sola palabra que no fuera un cliché”. “Su incapacidad para expresarse estaba vinculada estrechamente a su incapacidad para pensar”. En su opinión era un producto de la sociedad alemana de aquellos tiempos; una sociedad que “se había defendido ella también contra la realidad y contra los hechos con los mismos medios: la autointoxicación, la mentira, la estupidez”. Arendt tituló su reportaje como “Informe sobre la banalidad del mal” y asoció esa banalidad con la incapacidad para pensar por cuenta propia, utilizando la obediencia como pretexto para acomodar el pensamiento propio a la visión del poder dominante.

Obviamente, la situación actual de Europa dista muchísimo de la que dio lugar al régimen nazi; pero tampoco conviene echar en saco roto esa experiencia histórica. Cuando la señora Merkel afirma que “el que quería, podía ver y oír” lo que pasaba en el campo de Dachau y cuando recomienda “que no volvamos a mirar a otro lado”, lo que dice tiene mucha carga de profundidad; quizás más de lo que ella misma pretende. En realidad lo que está reclamando es un ejercicio de responsabilidad ciudadana. No está diciendo que sus compatriotas de entonces fueran culpables o inocentes en el sentido jurídico de estos términos; de hecho, se atuvieron a las leyes que había. Lo que subyace a sus palabras es que, más allá de lo que dijeran sus leyes y su Gobierno, su sentido de la responsabilidad individual les debía haber llevado a rebelarse contra aquello. Así de claro.

Sin embargo, en nuestra sociedad nos hemos sensibilizado tanto hacia los conceptos de inocencia y de culpabilidad que apenas nos hemos ocupado de clarificar el de responsabilidad. A ojos de todo el mundo la culpabilidad está clara: se incurre en ella cuando se infringe la ley, y se paga con multa o cárcel. La inocencia también está clara: es ese estado en el que te encuentras por defecto, mientras no se demuestre tu culpabilidad. El inocente, por tanto, no tiene que hacer nada: sólo cumplir las leyes. ¿Dónde queda el espacio para la responsabilidad? Pues en el código social de conducta que nos hemos ido articulando no queda muy claro. Si el ciudadano cumple escrupulosamente con las leyes y es, por tanto, un inocente perfecto, parece que se puede permitir el lujo de no hacerse responsable de nada. Socialmente lo que se le exige es que no sea culpable de infringir ninguna norma legal, así que centra toda su responsabilidad en no salirse del estado de inocencia. Si había que hacer algo más, pues que aprueben una ley que lo diga, y si no que le dejen en paz; esa parece la reflexión que ha ido calando en nuestra sociedad y así nos hemos ido adentrando en una hiperregulación de nuestra existencia. Muchos ciudadanos entienden que su responsabilidad fue transferida al Estado en una especie de acuerdo tácito, por el cual ellos cumplen las leyes que aquél aprueba y el Estado se hace cargo del resto.

¿A qué se refería entonces la señora Merkel? Pues muy sencillo: para empezar se supone que en una democracia el poder reside en el conjunto de los ciudadanos; lo cual significa que estos tienen, como mínimo, la responsabilidad de ejercer bien ese poder. Parte del mismo, que no todo, lo delegan en el Parlamento y en el Gobierno, con lo cual contraen la responsabilidad de comprobar que estas dos instituciones lo ejercen adecuadamente. Queda además otra parte del poder, que es todo aquel que los ciudadanos no delegan, que deben ejercer por sí mismos con la responsabilidad que ello conlleva. Pero más allá de que vivamos o no en una democracia, cualquier persona, por el hecho de haber nacido, tiene la doble responsabilidad de procurar su mejor desarrollo posible como persona y de hacer otro tanto con la sociedad que le rodea.

De las muchas cosas de las que nos deberíamos sentir responsables como ciudadanos, tanto Ángela Merkel como Hannah Arendt apuntan a una bien clara: la de pensar y analizar con criterio propio la realidad que nos rodea. Parece fácil pero fue precisamente la dejación de esa responsabilidad lo que, según ambas, creó el sustrato de docilidad social en el que pudo crecer el régimen nazi. La cuestión, sin embargo, no es nada sencilla. La responsabilidad de desarrollar un pensamiento propio de poco sirve si no genera un cambio de conducta, si no lleva a una acción distinta. Así pues, podría decirse que bajo el régimen nazi la gente prefirió no pensar por miedo a las consecuencias; y es cierto que ese miedo reduce mucho, si no la anula, nuestra predisposición al pensamiento crítico. Pero, ¿qué pasa cuando esta predisposición desaparece en una sociedad que teóricamente goza de plenas libertades?

En una sociedad como la actual, donde a la libertad de pensamiento y de opinión se une el mayor porcentaje de universitarios que ha habido nunca y donde la disponibilidad de unos medios de comunicación, como internet, permite a cualquiera ejercer esas libertades, la proliferación de ideas distintas y novedosas debería ser moneda corriente. Sin embargo, vemos que no es así: el triunfo de las redes sociales dedicadas al chismorreo o a contar banalidades parece que fomenta una tendencia a la elementalización y la superficialización del pensamiento. En vista de ello, parece obvio que, además de la dejación de responsabilidades que se está produciendo a niveles individuales hay también un fracaso del sistema educativo y de la propia democracia.

En el fondo subyace la cuestión de qué forma de pensamiento es la que convendría desarrollar. El pensamiento que tiende a alinearse con el de la mayoría y, sobre todo, con el que se promueve desde las instituciones en el poder, solo sirve para reforzar el orden ya establecido. Ese fue el que llevó a los alemanes a comportarse bajo el régimen nazi como lo hicieron. El que de verdad interesaría es el que lleva a cada persona a cuestionar con criterio y en profundidad las verdades que le llegan como incuestionables, sean desde la órbita política, la económica, la cultural, la científica, la religiosa, la moral o cualquier otra.

En cierto modo supone colocarse desde la perspectiva de que la realidad que nos rodea es enormemente compleja y que nuestros recursos intelectuales son todavía muy limitados como para creernos que esa realidad nos va a deparar ya pocas sorpresas. Deberíamos partir de la base de que es mucho lo que aún nos queda por descubrir y que, por tanto, lo que hoy nos parece lógico y conveniente, seguramente mañana nos parecerá manifiestamente insuficiente, tanto a nivel social y político como en cualquiera de los ámbitos en que nos situemos. Carece de sentido, por tanto, pretender perpetuar esquemas sociales, políticos o de cualquier otro tipo como si fueran verdades sagradas, cuando en cualquier momento nuevos descubrimientos científicos, logros tecnológicos, movimientos sociales o revoluciones culturales pueden echar por tierra sus fundamentos. Por el contrario, habría que apoyar la innovación y la producción de ideas nuevas en todas las áreas. Pero eso requiere un entorno social, no solo educativo, que promueva una forma de pensar rigurosa y profundamente crítica, insumisa e independiente, que reduzca al mínimo las verdades indiscutibles, que rechace el recurso a los clichés y estereotipos al uso, que intente explorar la complejidad de la realidad y, sobre todo, que venga acompañado del coraje necesario para defender públicamente esas nuevas ideas.

Sin eso la democracia no pasará de ser una caricatura de lo que realmente debería ser; algo que en cualquier momento, si las circunstancias vienen mal dadas, se puede venir abajo. En una sociedad en que la mayoría de las personas estuvieran acostumbradas a pensar de esta forma, sería prácticamente imposible que volviera a surgir un régimen político como el de la Alemania de 1933.

40 comentarios

40 Respuestas a “La responsabilidad de pensar”

  1. Alicia Bermúdez dice:

    Haría falta que tuviésemos una noción más o menos clara de cuál es la verdad de esa realidad acerca de la que cada persona debiésemos elaborar un pensamiento crítico. Pero lo que sabemos del mundo, y de cómo funciona, y de sus gentes y de sus intereses, nos llega filtrado y maquillado por los intereses (de la índole que sea) de quienes nos hacen llegar la información.
    ¿Sobre qué es posible elaborar un pensamiento crítico y propio?
    Lo único que cabe es dudar de todo. Incluso de uno mismo.
    ¿Qué validez tiene entonces cualquier tipo de pensamiento, condicionado siempre, a lo siempre condicionado que vive quien hubiera de pensarlo?

    1. Montreal dice:

      De acuerdo solo en parte. Si bien la información que nos llega esta en su mayoría “bastardizada” Es al ciudadano individualmente buscar la buena información. ¿y cuál es la BUENA? Pues eso se trabaja. Dia tras día se busca y se compara. Actualmente nadie tiene la escusa de no tener a su alcance los medios de hacerlo.

  2. Alejandro dice:

    Parece que el Sr. Bautista debería haber tomado algunas clases de historia económica mundial para entender o ponerse en la piel de una persona que vive en una sociedad con hiperinflación, donde por un panecillo (brötchen) se llegan a pagar 100.000 DM.
    Tal vez así intentaría comprender un poco a dichas personas… que éstas se dejasen llevar por lo que se supone un gran orador que les llena de esperanzas en el largo y oscuro túnel.
    Atienda a esas clases de economía…

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado Alejandro,

      Obviamente todo tiene explicación; y probablemente el caldo de cultivo en el que se gestó el éxito del régimen nazi tuvo mucho que ver con lo que usted dice: la debacle económica de la República de Weimar con su hiperinflación; a lo cual le deberíamos añadir el sentimiento de humillación del pueblo alemán por las condiciones que le fueron impuestas por los vencedores de la Primera Guerra Mundial.

      Pero, aunque todo eso ayude a entender el advenimiento de Hitler, no lo explica del todo; y menos aún lo justifica.

      De todos modos, a mí no me parece tan interesante juzgar lo que sucedió hace 80 años como analizar lo que está pasando ahora, que es de lo que realmente va el artículo.

      Un cordial saludo

      1. Improductivo dice:

        Coincido en que ponerse a analizar el advenimiento del nacionalsocialismo alemán a partir de este artículo es como quedarse mirando el dedo que señala la luna. Un ejemplo perfecto sobre uno de los asuntos que trata el texto, la superficialización del pensamiento actual.

    2. Alberto dice:

      Alejandro, tienes, a mi criterio, parte de razón: le brindaron la salida del túnel y miraron para oro lado. y ahora expongo mi discrepancia: ¿todos?
      No me creo que ante las barbaridades que acaecían a escasos Km no hubieran alemanes que se rebela en. Simplemente no se narra, es decir no entra dentro de la narrativa del holocausto:Todos cooperaron ya sea de forma activa o por omisión con el poder. Estoy seguro que hubieron alemanes que pagaron con su vida el ejercer su responsabilidad y encima la historia los silencia, y yo me pregunto ¿por qué?

      1. Loli dice:

        A propósito de tu comentario, Alberto, el otro día estuve viendo una película por televisión que trataba sobre las actividades y posterior desarticulación de una organización estudiantil de gente muy joven en Alemania que se denominaba “La Rosa Blanca”. De lo que me dio tiempo a ver, parece que sus actividades (de haber existido antes), al menos se intensificaron hacia el final de la guerra, pero apenas nada o muy poco se ha dejado traslucir de sus componentes y sus propuestas contrarias al modelo Nacional-Socialista del régimen de Hitler y hacia el abismo no solo económico y social al que estaba conduciendo a su país sino sobretodo moral.

        Parece también que muchos pertenecían a familias importantes y bien asentadas. Así mismo muchos también pagaron con sus vidas y a través de una ejecución cruel, no mirar para otro lado, renunciando a la estabilidad y al “status” que el régimen les ofrecía o que ya tenían de por “sí”.

        Lo digo porque creo que supone un importante acto de valor renunciar a todo lo que se tiene por buscar la verdad y encima “denunciarla”, aún a sabiendas de que aquello les podía costar la vida.

        Es verdad que las penalidades económicas cierran mentes y abren ojos y oídos sólo a aquello que se cree nos sacará del túnel.. lo malo es que también cierren corazones, y eso ..nos mete en un túnel peor… lo ocurrido en el régimen de Hitler es un ejemplo (hay más.. lo sé).

        Quizás una importante lección a aprender de aquello terribles hechos, se me ocurre, sería empezar a profundizar en el hecho de que la economía no lo es todo…

        1. Karl Robespierre dice:

          Nos guste o no tambièn existiò una organizacion antifascista llamada La Orquesta Roja…..

          1. Loli dice:

            Por supuesto, el hecho de que no se le haya dado prácticamente ninguna difusión, no impide la realidad histórica de que, en su momento, personas, ciudadanos, sumamente valientes intentaran romper con el adocenamiento y la hipnosis doctrinal en que se quiso sumir al pueblo alemán, y se pusieran a trabajar por ello, arriesgando sus vidas.

            No es una cuestión de ideologías, creo yo,…. las actitudes valientes que busquen liberar, iluminar y ….acabar con los oscurantismos fanáticos y doctrinales…siempre son del” gusto”… de la necesidad de evolución y desarrollo de los seres humanos…siempre son bienvenidas….

  3. Gerardo Gonzalez dice:

    Muy bien planteado el problema: Todo reside en nuestra irresponsabilidad como ciudadanos por incapacidad de pensar. Incapacidad, desde mi mirada, modelada en el sistema educativo cuyo unico fin es transmitir cliches, topicos, y tecnicas acepticas. A esto contribuye la llamada disciplina politica que torna en odedientes y ciegos seguidores a ciudadanos de bien y por supuesto, la religion que obliga a aceptar creencias desde un dogma incuestionable. En general la sociedad de consumo se basa en la dependencia de cliches comerciales. Y que podemos decir de la empresa? Porpicia la obediencia y al pensamiento lineal en solo los limites permitidos por el empresario. Dificil tema, da para seguir exporandolo…

  4. M. A. dice:

    El otro día, viendo un excelente documental sobre la segunda guerra mundial, me sorprendió descubrir algo que para la mayoría debe ser enormemente banal: que los ciudadanos asuman, ya sea de forma convencida o borreguilmente, las decisiones de su gobierno tiene graves consecuencias para ellos, lo crean o no. Dos bombas atómicas cayeron sobre la POBLACIÓN de Hiroshima y Nagasaki, con un total estimado de 220.000 muertos (entre los que, por cierto, no estaba el emperador Hirohito ni ningún alto cargo de su gobierno), despues de seis meses de intenso bombardeo sobre otras 67 CIUDADES. El PUEBLO alemán también pago un alto precio por su seguidismo (aparte de los 5,5 millones de soldados, murieron 1,5 millones de CIVILES en los bomabardeos aliados, en gran parte como represalia sobre la POBLACIÓN cuando ya tenían prácticamente ganada la guerra, como en el caso de la ciudad de Dresden).

    Es decir, SÍ NOS REPRESENTAN. Claro que nos representan. Aunque tengamos la cabeza metida debajo del ala.

  5. Victoria dice:

    Esa irresponsabilidad de pensar es una pandemia, Manolo.

    Estamos “muertos vivientes”…

  6. Gema dice:

    En mi opinión y desde una simpleza total..creo que cuando soplan vientos de guerra mezcladas con crisis galopantes, donde ni para alimento ahy, y a tu gobierno le da por matar en masa a cientos y miles…la manera en como se hace casi que importa menos..quiėn narices habla o dice?, y, a toda acción humana le acompanña un proceso ideológicos, la maquinaria de propaganda nazi con sus pelìculas y documentales donde se asemejaba a judíos y rojos con “ratas de cloaca a exterminar”, convenció a much@s….aparte de tener el cuello vendido, que esa es otra..claro!!

  7. Spinoza dice:

    ¿Y he haríamos entonces con el concepto de “FE” que se enseña desde antes de tener uso de razón? ¿Pueden convivir el espíritu crítico con la “fe ciega”?

  8. josemiar dice:

    Las comparaciones no sirven pero…ahora tenemos 5 millones de parados y nos parece bastante natural. Iban, Sarkozy y otros dirigentes lo dijeron, a regenera el capitalismo y lo han regenerado. Claro que lo han regenerado. Cuatro año después estamos en, sálvese quien pueda. Y que no me toque a mí. Pero la propaganda que se hace del Mercado como si fuera unDios, los beneficios a cualquier precio. La explotación a todos los niveles y más con los trbajadores del cuarto mundo…A mi me parece que si tenemos capacidad de pensar , pero como bien dice el artículo el seguit la legalidad es más cómod. Y pbre del que haga acciones ilegales. Así que pensar se puede , oponerse a la riada del pensamiento correcto exige esfuerzo y crea riesgos.

  9. Martin dice:

    Está claro y como dice Manuel, la sociedad alemana de esa época, fue incapaz de denunciar y detener las atrocidades que estaba cometiendo el régimen nazi. Y claro que lo sabían.

    No acabo de comprender lo que comenta Alejandro, no creo que tenga mucho que ver con el meollo que Manuel expone, ni hay que ir a Salamanca para hacerse eco de lo que pasó, ni estudiar mucha economía. Como dicen en mi pueblo, “son habas contás”.

    Que tiene que ver la “superinflación” que tenía Alemania en esa época, o que los precios de panecillos y “cartofen” estuvieran por los cielos, con la muerte de miles ( o millones, me da igual) de personas que podrían haberse evitado, si el pueblo alemán, hubiera ante puesto la vida de tantos inocentes a sus propios intereses relacionados con el miedo y la supervivencia.

    Y en cuanto a la oratoria del jefe nazi, diré que uno oye y se encandila con lo que quiere oír y le interesa.

    Mala conciencia tienen que tener los alemanes, cuando aún siguen manteniendo a los descendientes judíos de las víctimas del holocausto a golpe de euro. Víctimas que no solo eran judíos, sino también gitanos, más de 800.000, republicanos españoles y de otras etnias, o me equivoco, o creo que a estos nunca les pagaron un chavo.

    La responsabilidad es algo que deberíamos tener todos más desarrollada, y ejercerla, así como la subjetividad, porque ser objetivos e irreponsables, es algo que casi todos somos cuando nos conviene.

  10. José María Bravo dice:

    Muy interesante articulo de Manuel. Que nos hace reflexionar, para mi, sobre la misma Democracia.

    Este trinonmio, con perdon del algebra, Democracia, Pensamiento Unico y Economia de Mercado, acota la imaginacion y la visión de futuro de la sociedad.

    La Democracia se ha sometido a la legalidad y hace permisible todo lo que esta faculta. Y esto, de alguna manera, maniata la libertad.

    Quien, hoy en día, piensa, o murmura, contra el Sistema es sancionado por la “masa”. Cualquiera puede ser un “filoterrorista” si rompe la cadena de la información o se atreve a denunciar lo establecido.

    Hoy, miramos al otro lado si alguien muere a nuestros pies porque podemos correr el peligro de ser su asesino. Ejemplo extremo pero que expresa el miedo a la transgresión, al “disparate” de la libertad

  11. Lucas Montes dice:

    Otro asunto de calado sobre el que reflexionar; para eso es este espacio, ¿no? Estoy muy de acuerdo con Manuel. Sí es muy preocupante esta sociedad zombi en que el pensamiento y la responsabilidad cuentan tan poco y uno no acaba de explicárselo. Debe ser que pensar es un proceso costoso, porque se practica poco, porque requiere emplear lo más nuevo de nuestro cerebro, porque nos enseñan desde arriba que “para qué”, si ya hay quien piensa por nosotros. En realidad se puede vivir sin pensar… sobre todo si hacerlo conlleva problemas éticos.

    1. Montreal dice:

      De acuerdo a 100% con usted Lucas Montes

  12. Micaela Casero dice:

    Durante las vacaciones me gusta leer. Soy lo que se suele llamar una lectora ecléctica.

    Cuando he leído el artículo de Manuel, me acordé de unos parráfos perdidos en la novela más reciente de Dan Brown “Inferno”.
    Cito textualmente (pág.290 y siguiente, fragmentos sueltos, de la versión en castellano):

    …”La mente humana tiene un primitivo mecanismo de defensa que niega cualquier realidad que provoque un estrés excesivo al cerebro. Se le llama negación … La negación es una parte esencial del mecanismo de defensa del ser humano. Sin ella, cada mañana nos despertaríamos aterrorizados ante la posibilidad de morir. La mente bloquea nuestros miedos existenciales y se centra en cuestiones que podamos afrontar, como llegar a tiempo al trabajo o pagar nuestros impuestos. Para sobrevivir, nos deshacemos de los miedos existenciales tan rápido como podemos, y dedicamos nuestra atención a tareas simples y trivialidades diarias …. un estudio reciente sobre los hábitos de navegación por internet de los estudiantes de algunas importantes universidades estadounidenses. En él se revelaba que incluso los usuarios altamente intelectuales demostraban una tendencia instintiva a la negación. Según el estudio, después de leer un artículo deprimente sobre el derretimiento de los glaciares o la extinción de alguna especie, la gran mayoría de alumnos buscaba algo trivial que purgara el miedo de su cerebro; entre sus elecciones favoritas estaban las noticias de deportes, los vídeos graciosos de gatos y los cotilleos de celebridades …”

    Me parece interesante compartirlo con ustedes, pues parece que el “enemigo” no está fuera sino dentro de nosotros mismos.

  13. Manu Oquendo dice:

    Asunto de calado el que con prudencia aborda Manuel Bautista en este artículo. Enhorabuena

    Comenzaré por el final. Donde dice que…. si no nos involucramos… “la democracia no pasará de ser una caricatura de lo que realmente debería ser”.

    Es imposible no llegar a la conclusión de que vivimos plenamente en esa caricatura y que no solamente es cuestión de pensar (que sí lo es) sino de repensar “los límites del poder” y las formas de “corregir y castigar los desmanes del poder” que hoy es Inmune.

    Es decir, puestos a poner peso y prioridades, habría que ponerlos en los factores que hacen que la ciudadanía no disponga de cauces para, primero, reflexionar y hacerlo sobre información cierta y, segundo, que, como consecuencia de dicha reflexión, disponga de mecanismos eficaces de control, impedimento y castigo.

    Hoy son inexistentes y por tanto una mínima prudencia aconseja a una Ciudadanía de Dependientes pasar desapercibida. Igual que sucedía en 1933 en Alemania y en casi todos los países comenzando por el nuestro.

    La anécdota de Eichmann –citada por Arendt– muestra igualmente una grave patología personal y social que todos podemos padecer: La Insensibilidad para con el daño sufrido por otros, con el sufrimiento ajeno.
    Eichmann era incapaz de compasión (padecer-con). Vivía enfermo. Creo que el texto al que alude Manuel hace esta observación.

    Pero no pensemos –ni por asomo– que era el único incapacitado por sus patologías.

    Aquí mismo sin ir mas lejos nosotros hemos vivido en tiempo de paz el mayor exilio étnico-ideológico de Europa de la mano de ideologías nacionalistas que recogían las nueces de la sangre y se miraban al espejo.
    O un sistema educativo donde existen vigilantes identitarios que causan en sus educandos el doble de fracaso escolar (en informes elaborados de la propia Generalitat) y no sólo calla la mayor parte de la ciudadanía sino que el propio sistema de poder se pliega por conveniencia de sus actores.
    Un estado en el que se obliga a adoptar identidades excluyentes que no son las tuyas es algo inaudito pero presente como una losa. Por así decirlo es un Estado “Subprime”. Condenado a la no legitimidad.

    Dado que es la propia estructura de poder la que nos ha traído hasta aquí –y que no muestra la menor indicación de poder sacarnos del hoyo ni de remediar sus carencias–, quizás estemos en el momento histórico de dar un paso más y plantearnos…. cómo debe ser una sociedad de adultos responsables y libres.

    Desde luego esto que tenemos no es ese lugar. Todo lo contrario. Con el agravante de que, como las galaxias lejanas, se aleja aceleradamente.

    Buenos días

    1. José María Bravo dice:

      Querido Manu Oquendo. Tu que eres un lector infatigable Yo puse, sobre el tapete, algo que me gustaría que reflexionaramos. Es sobre, lo que yo llamaria, la verdad de la Democracia. Para, mi bajo su paraguas se han cometido grandes atropellos contra la libertad.

      Recuerdas las denuncias de Marcuse, sin entrar a debatir sobre el personaje, u otros autores de relevancia como Schopenhauer en sus reflexiones sobre la libertad. Y Hesse y tantos otros.

      Que encubre la Democracia?. Que miedos encubre?. Que hace que nos atemos a comportamientos “aceptables”, a unirnos a manifestaciones de masas, a identificarnos con los “otros”?.

      La Democracia nos uniforma de gris y de silencio. Nos uniforma de edad y de miradas. De clases y de frio. Nos imparte clases nupciales y testamentos mortuorios.

      Y que de la libertad?. Y por ende que del arte y, aunque suene ridiculo, del amor?

    2. Teresa Cabarrush dice:

      Mucha razón lleva, Señor Oquendo en : ” cómo debe ser una sociedad de adultos responsables y libres”.

      Creo que se debería recuperar las EMOCIONES, las personas han olvidado qué son las emociones( Por suerte no todas ).

      https://www.youtube.com/watch?v=eZ4uAKgj3NQ

      Saludos.

  14. Teresa Cabarrush dice:

    De nuestra sociedad actual, desearía y además lo pienso muchas veces, lo que dice la letra de la canción anterior…” Hay gente que está en la Historia de la historia de la gente, y otras de quien ni el nombre recordamos oír”. No creo que pase a la Historia muchas personalidades, la verdad, serán nombres olvidados por el tiempo, si es en el presente y como si no existieran, en el fondo, nadie les admira, nadie habla bien de ellos…¿ qué tienen ?…el vacío. Disculpen si se aparta un poco del tema, pero hablando de la sociedad, quería dejar dicho esto.

    Saludos.

  15. Teresa Cabarrush dice:

    Disculpen de nuevo, sigo con la letra de la canción, dice: ” Hay días que marcan el Alma”, por favor, ojalá haya personas que MARQUEN la Historia de nuestro País actualmente, pero que la MARQUEN en positivo, no se aprecia de momento.( Posiblemente sea muy utópica, pero prefiero serlo a tener el VACÍO ). Y aquí termino, que la canción da para muchos pensamientos y sentimentalismos.

    Saludos Cordiales.

  16. Montreal dice:

    Buen sujeto. Buenos tertulianos Un placer haber encontrado este site

  17. francisco rodriguez dice:

    Sí que el ciudadano debe de controlar al parlamento y eso pasa por una democracia participativa con listas abiertas sin restricción alguna. Mientras tanto perdemos el tiempo, de hecho llevamos alrededor de treinta y cinco años de democracia perdidos… no sólo es un hombre un voto sino un hombre un diputado(que no un partido) a quien controlar y exigir responsabilidades, esa es nuestra responsabilidad.

    1. Andrés Molina dice:

      Sinceramente, yo estoy convencido de que la causa está en esa comodidad que se critica en este blog, es mucho más fácil pasarle la responsabilidad a un tercero y luego lavarse las manos.

      Aquí nadie vota a los políticos desastre, sin embargo reciben más de 10 millones de votos.

      Pensar por uno mismo no es ya apartarse de la mayoría, en la que uno está muy cómodo y cálido al no sentirse diferente, un bicho raro. Sino que también supone un esfuerzo extra, un esfuerzo que no muchos están dispuestos a hacer.

      1. francisco rodriguez dice:

        en las listas abiertas no pasa la responsabilidad a un tercero sino al revés, pues nos obliga a exigir al diputado que nos representa su fidelidad al programa con que has estado de acuerdo al votarle y ejerces un seguimiento activo en comunicación constante e individual con él para expresarle tu opinión sobre los temas a debate en el congreso. se debe a sus votantes y no aun partido como actualmente pasa con la antidemocrática ley de partidos que impide dejar al diputado votar en conciencia.

        1. Manuel Bautista dice:

          Respondiendo a francisco rodriguez,

          Estoy de acuerdo con usted en que las listas abiertas dinamizarían la esclerotizada vida parlamentaria, al hacer depender la reelección de cada diputado directamente de sus electores y no del aparato de su partido.

          No cabe duda de que asistiríamos a mucha más diversidad de opiniones en el Parlamento y eso mismo probablemente haría que se sintiesen atraídos por la política personas más capaces.

          Pero no podemos tampoco ignorar los riesgos que tiene el sistema de listas abiertas porque son importantes.

          Uno es muy evidente: el riesgo de pérdida de independencia (compra de la voluntad) del diputado frente a los grupos empresariales o del tipo que sean que le hayan financiado su carrera electoral. En definitiva, es el riesgo de que el diputado se convierta en un lobbysta trabajando para los intereses de alguien más que de los de sus electores.

          Otro riesgo es el que dificultaría la gobernabilidad del país. Cualquier Presidente de Gobierno lo tendría mucho más difícil para contar con las mayorías parlamentarias que necesite. El ejemplo de Estados Unidos está bien a la vista.

          Yo, aunque no lo tengo del todo claro, dada la situación política del país, me inclinaría por listas de algún modo abiertas, regulando muy bien la financiación de los partidos y diputados, regulando muy bien el sistema de transparencia…

          Un saludo

          1. francisco rodriguez dice:

            Agradezco su atenta y amplia respuesta

            Quiero decirle,sin embargo, que a mi modo de ver el asumir esos riesgos que cita no indica que empeore la situación actual, pues pasar de un régimen totalitario como había, a uno en que los partidos “piensan y deciden por nosotros o nuestros diputados” sino al contrario, o suponer que las mayorías parlamentarias sean mejores o peores que las coaliciones (con el actual ejemplo de gobierno y con el anterior baste) tampoco perece previsible.

            Tampoco se observa avance en la preparación democrática de los ciudadanos que actualmente son un aspecto provisional del ejercicio de gobierno y nunca el objetivo final.

            Decirle que creo en la futura madurez de un pueblo que decide y es educado en el control parlamentario, antes que en la madurez de unas partidos omnipotentes (corrupción generalizada aparte) y con una ley de partidos a todas luces inconveniente en cuanto a la libertad de conciencia de nuestros representantes.

            Hemos perdido treinta y cinco años de libertad en ningún empeño posible o planificado, para no intentar a través de nuestros votos en listas ampliamente abiertas que nos hagan creer en la soberanía popular y en nuestra capacidad para decidir nuestro destino, por aludir a lo usted llama tan acertadamente responsabilidad de pensar.

            un saludo

  18. Andrés Molina dice:

    Un fuerte aplauso para usted. Estoy muy de acuerdo con usted, y una de las frases que más me ha calado es la siguiente:

    “El triunfo de las redes sociales dedicadas al chismorreo o a contar banalidades parece que fomenta una tendencia a la elementalización y la superficialización del pensamiento.”

    Frase que he citado de usted para compartirla con mis contactos de Facebook.

    Pero voy a añadir un inciso, actualmente hay mucha gente que no piensa por sí misma, no tiene ese sentido crítico y se deja llevar. También están aquellos que piensan que son complentamente críticos cuando en realidad son igual de acríticos que estos otros, pero con la diferencia de que ellos no siguen al poder establecido, sino todo lo contrario, son auténticos antisistemas.

    No es necesario, para ser antisistema, ser violento, con repugnar todo lo que esté dentro del sistema de forma sistemática, valga la redundancia, es suficiente. Porque hay también muchos que solo por estar en contra del capitalismo, o de los políticos, o del sistema establecido se creen que ya son completamente críticos, cuando en realidad están siguiendo otra corriente igual de acrítica con la propia ideología.

    1. Manuel Bautista dice:

      Andrés, plantea usted una cuestión muy interesante:

      ¿Qué es un pensamiento crítico, por decirlo así, “maduro”?

      Estoy de acuerdo con usted en que no podemos considerar como tal la crítica “por sistema”: eso no requiere apenas análisis ni formación. Un gobierno puede tener razón en determinados planteamientos, y es bueno reconocérselo, aunque no nos gustase el conjunto de su política.

      El tipo de pensamiento crítico que a mí me parece más interesante es el que lleva a una persona a profundizar en lo que realmente sería bueno para los seres humanos y la sociedad, en una perspectiva a largo plazo. Y, en función de eso, valorar en qué aspectos sería positivo o negativo tal o cual medida.

      Pero, desde luego, hay muchos más matices importantes en esta cuestión.

      Un cordial saludo (y gracias por sus amables palabras)

  19. Enrique Pina dice:

    Estimado Manuel,
    Ha sido un placer leer sus líneas y pensamientos, así como las opiniones de todos los que están interviniendo. De lo mejor que me he encontrado en la red, y por casualidad, como suele pasar.
    El problema es que estamos aquí, en este hoy. Casi todos los problemas, como los problemas matemáticos, tienen distintas soluciones, dentro de unas condiciones de contorno. Lo malo es que las condiciones de contorno establecidas antaño, ya no permiten encontrar las soluciones óptimas al presente dentro de estas barreras de contorno. Hay que reconfigurar el contorno y volver a examinar el problema. Disculpen la castaña matemática, no es mas que un guiño a la profesión del bloguero.
    Nuestros políticos está claro que no quieren cambiar las condiciones de contorno, pues son las suyas, y buscan la solución del problema donde no la hay. La evolución de la democracia, solo puede pasar por la intervención real de la ciudadanía, siempre y cuando nos creamos lo suficientemente evolucionados como para ser responsables de nuestras elecciones, y no “ceder” dichas responsabilidades, con el fin de los culpables sean siempre “otros”.
    Tecnológicamente estamos preparados para que cada ciudadano pueda emitir su voto, digitalmente, todas las semanas si hace falta, sobre cualquier tema, convirtiendo a los políticos en meros gestores. Pero los políticos, el poder en general, no creen que estemos preparados para ello. La cuestión es, ¿lo estamos?, ¿o se convertiría el sistema en la dictadura del ignorante?. Si somos capaces de tener claro que decidir, muchas veces supone elegir el mal menor, si somos capaces de ver claro, igual que lo hacemos con la economía doméstica, que los recursos son finitos, y que cuando se da algo, es que se quita de otro sitio, si somos capaces de “pensar” por nosotros mismos, entonces estamos preparados. ¿Lo estamos?.

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado Enrique,

      Plantea usted una cuestión clave: ¿estamos los ciudadanos de este país realmente capacitados para participar más directa y decisivamente en las decisiones que nos incumben al conjunto de la sociedad?

      Sinceramente yo creo que no. Gobernar un país es un asunto muy complejo y buena parte de los políticos que han asumido esa responsabilidad no han estado a la altura de lo que se requería; y yo no creo que la mayoría de los ciudadanos supieran hacerlo mejor.

      Otra cuestión es si se le podría dar la vuelta a esta situación; si, haciendo determinadas cosas, algún día pudiera haber un porcentaje importante de la sociedad con un nivel de formación suficiente como para poder participar activamente en las decisiones del Gobierno. Yo creo que ese es el desafío que tenemos y ese debería ser el objetivo a alcanzar.

      Evidentemente, si los ciudadanos nos mantenemos (o permitimos que nos mantengan) al margen de las decisiones políticas más importantes, nunca aprenderemos ni nos prepararemos para ese objetivo. Nunca saldremos del jardín de infancia en el que estamos y en el que sospecho que nos quieren dejar.

      Creo, por tanto, que hay que exigir mayores niveles de participación ciudadana en las decisiones políticas como la única forma de practicar, y hacer la gimnasia necesaria, que nos permita aprender y capacitarnos para ir progresivamente siendo más y más dueños de nuestras decisiones.

      Pero además de exigir a los actuales políticos que nos den mayores cotas de participación, tenemos que responsabilizarnos y comprometernos, cada uno, en hacer el esfuerzo necesario para aprender y prepararnos. Es la responsabilidad de pensar que exponía en el artículo, entre otros aspectos. Porque la tentación más inmediata es creer que como nosotros somos muy honestos y bien intencionados (“y lo que están ahí son una panda de corruptos e incompetentes”) pues nosotros lo vamos a hacer estupendamente. Y eso, en mi opinión, es una simplificación pueril, además de pura demagogia.

      Al final me quedo con la famosa frase de John Kennedy, que venía a decir: no preguntes qué puede hacer tu país por ti y pregúntate mejor qué puedes hacer tú por tu país.

      Muchas gracias por su comentario

      1. Aria dice:

        Respondo a ambos, tanto a enrique como a manuel.

        El problema con ustedes es que creen que la democracia existe, ustedes son de los que caen en la trampa de ir a votar esperando un mejor gobernante.

        Desde mi poco conocimiento, pues no estudio ciencias politicas ni nada eso, son meras conclusiones mias…la democracia no exsite, seguimos en un ssitema feudal “moderno”…eso, simplemente eso.
        Un conde, rey, marqués, duque (cualquier cargo) que pasa con su carruaje tirando monedas por los caminos de una aldea feudal para que la gente se olvide que es un dictador. El circo que siempre ha existido para borrarle la memoria al pueblo.

        Les suena familiar lo que acabo de mencionar? Eso pasa actualmente y mas seguido de lo que cualquier persona podría imaginar. Eso no es democracia, clientelismo que llaman. Es una didctadura disfrazada de “elecciones populares” A los gobiernos les conviene que cada vez haya gente mas pobre justamente por eso, menos educacion, mas faciles de manipular.

        Volvemos a la epoca feudal, no, siempre hemos estado en ella.

        Con todo respesto les recomiendo un libro que se llama “Los bienes terrenales del hombre” de Leo Huberman

        1. ruben espina dice:

          La República Argentina es la mejor muestra para lo que ud. afirma…

          1. Mundonuevo dice:

            Coincido con Aria, lo de que existe una “democracia” es una entelequia promovida por la propaganda aplastante de todos los medios de comunicación. Muchos eruditos y personas con estudios hablan de política, de economía y de la organización social mirándose en el ombligo de nuestra posición privilegiada de vivir en el 10% rico e informado de la humanidad. Se olvidan, algunos sin intención, pero otros intencionadamente, de que la política de hoy día está dominada por el poder omnímodo de las compañías multinacionales, impuesto sobre todas las naciones por medio de la fuerza que representan ejércitos y armamentos fabulosos puestos al servicio de los intereses de las multinacionales por obra y gracia de sus representantes gubernamentales: los políticos de todas las naciones y todos los partidos, que en realidad no son más que títeres manejados por los think tanks poderosos, integrados estos últimos por siniestros personajes que nadie ha elegido “democráticamente”. ¿A esto es lo que ustedes llaman “democracia”?
            Señor Manuel Bautista ¿De verdad que es difícil gobernar así? Usted está insultando la inteligencia de muchas personas con cerebro que ya pensamos por nosotros mismos. Gobernar así es lo más fácil del mundo, tanto que un político con tan pocas dotes intelectuales y de oratoria como Zapatero ha sido capaz de hacerlo durante casi ocho años sin sonrojarse lo más mínimo. Semejante rídiculo subterfugio para hacer creer que las “cuestiones de estado” son tan complejas que están reservadas a “profesionales” en la “materia” y por tanto somos esclavos del moderno “sufragio universal” como mal menor, no le van a valer conmigo ni con muchas personas inteligentes que existen en este mundo “superinformado”´, por no decir “supermanipulado”.
            El complejo militar-industrial lleva ya muchos años adueñado de todos los medios de comunicación oficiales, por no hablar del espionaje en internet a todo bicho viviente y más al “disidente”. ¿Se rajó usted las vestiduras acaso cuando descubrió que el Sr. Cebrián, sí del grupo PRISA, es miembro asiduo del Grupo Bildelberg?
            Señor Bautista, siga usted teorizando cuanto quiera sobre la pobre “democracia” que tenemos y lo poco preparados que estamos para poder mejorarla, pero no vaya a pensar ni por asomo que, aparte de tranquilizar su conciencia por colaborar en la dictadura moderna de las compañías multinacionales del complejo militar-industrial, nos va a convencer a todos de que no hay más remedio que acatar el “mal menor” y no hay alternativa posible. Señor Bautista, para gobernar como un pelele de las transnacionales sólo hace falta saber decir “sí Bwana” y poco más.

  20. Gerard Salvat dice:

    He encontrado esta página por casualidad y me he leído de un tirón artículo y comentarios. Perplejo observo que desde 27 de octubre que opina Mundonuevo y que coincide y ratifica para más abundamiento lo que opinó Aria unos días antes no ha habido otras opiniones, por lo que, parece que deberíamos darles razón. Queda el “Si, Bwana” y poco más para los “gobernantes” y NADA para el pueblo que los vota.

    No los voy a contradecir, más bien voy a poner más carne en el asador. Mi resumen es que la aceptación obligada (O impuesta, ¿qué podemos hacer si no?) por toda esta concentración de poder económico-militar-mediático y que han bautizado (ésto va por las religiones) con el nombre de Democracia, no es más que una pantomima. Coincido plenamente.

    Lo que pasa es que esta ficción la hemos aceptado desde el comienzo de la era industrial-consumista en la que el producto elaborado y el consumidor del mismo formaban (o formamos) parte de una misma estructura, de un mismo mecanismo cuya agilidad y eficiencia eran definidos por el equilibrio y coordinación entre los diversos engranajes.

    Esta aceptación “a priori” de formar parte del mecanismo viene de cada uno de nosotros desde el momento de acceder a unos estudios entre los que escogemos una especialización para poder ser más eficaces en la citada estructura y por tal de ser más bien pagados por ello. En definitiva, para que nos toque una mayor parte del producto final que creemos que merecemos.

    En ningún momento nos cuestionamos que la máquina no era nuestra cuando decidimos (¿podríamos haber hecho otra cosa?) meternos en ella.

    Para nuestros bisabuelos el peligro era pequeño porque las máquinas también lo eran y los propietarios unos burgueses acomodados y simplones sin poca más estructura que unos gremios aislados unos de los otros. Quizás en aquellos momentos y en los años que siguieron la revolución, o las revoluciones, eran posibles y por ello se intentaron con más o menos éxito y más o menos duración a lo largo del tiempo.

    Largos años éstos que nos han demostrado que aquellos burgueses simplones, (quizás porque eran menos y no tan simplones) aprendieron a organizarse en Bildelbergs y otras mafias mientras que las clases medias (el proletariado de aquellos predios) por ser muchos y con muchas ideas diferentes y por ser más simplones de lo que parecían o parecen (en una democracia, por muy ficticia que fuera entonces y sea ahora la clase obrera/media tenía y tiene todas las de ganar) se han dejado convencer y han votado por sus “negreros”.

    Estos políticos que según termina Mundonuevo sólo saben decir “Si, Bwana” y poco más, con lo cual la simpleza de estos votantes queda multiplicada por infinito o poco menos.

    Me pregunto cuántos de los que echaron el voto para la mayoría absoluta del Partido Popular se habrán beneficiado de la política social y económica que les han mandado hacer sus patrones y que nos lleva a todos, en unos pocos años, al proletariado del que procedemos y a nuestros nietos a no quiero ni pensarlo…

    Y, si el fondo de la cuestión es la Responsabilidad de Pensar y, por tanto, debo hacerlo aunque no quiera por el futuro de mis nietos, he de ser dueño de mi opinión y no permitir que nadie me siga engañando. Debo tener muy clara, únicamente por mi razonamiento, la situación crítica de involución a nivel global que la concentración de poder económico y de información va provocando a pasos de gigante y atajarla con el voto secreto que aún me permite el Sistema.

    Creo que es mi deber divulgarlo y concienciar a mis amigos y conocidos de que sólo esta Responsabilidad de Pensar por sí mismos valorando, en la medida que se merecen, las opiniones interesadas de los corderos voceros del “Bwana” de turno les hará más humanos y, con el tiempo, quizás humanice en más o menos medida la máquina capitalista que inventaron nuestros bisabuelos. Soy de la opinión que la excesiva ambición especulativa de sus propietarios constituye hoy el peor defecto en su funcionamiento.

    Pero ésto es otra cuestión…¿o no?

  21. Simón dice:

    El rector de la Universidad de Valencia proclamó ante Fernando VII : “Lejos de nosotros la funesta manía de pensar”.
    En mi pueblo se decía: “Dios bendiga al Sr. Marqués, que piensa por nosotros y nos da de comer”.

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