Lenguaje inclusivo

El término “lenguaje inclusivo” o “lenguaje no sexista” hace referencia al intento de evitar en el lenguaje el sesgo a un sexo o género social en particular.

En un reciente artículo abordé el uso y abuso del lenguaje y los eufemismos por parte de los políticos. En este caso me centraré en esta parcela tan interesante del idioma que es la perspectiva de género.

En 2018 el gobierno español, a través de la actual vicepresidenta Carmen Calvo, encargó a la Real Academia Española (RAE) un informe sobre la necesidad de revisar el texto de la Constitución española para “adecuar la Ley Fundamental “a un lenguaje inclusivo, correcto, verdadero y acorde a la realidad de una democracia que transita entre hombres y mujeres”.

Recientemente la RAE ha hecho público su informe en el que considera que el texto constitucional es gramaticalmente impecable, aunque ve correcto desdoblar algunos sustantivos como “rey” y “reina” así como “príncipe” y “princesa” en el caso de que se acometiera una reforma de la Constitución.

El informe se basa en la denominada “doctrina Bosque” en referencia al documento “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer” elaborado por Ignacio Bosque, catedrático de Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid y académico de la RAE.

En dicho informe se analizan distintas guías de lenguaje no sexista elaboradas, entre otros, por sindicatos, universidades y comunidades autónomas, y se dan criterios desde el punto de vista académico sobre el uso del género en el lenguaje.

Hay que aclarar que la RAE no dicta cómo hay que hablar, es simplemente un notario de cómo se expresa la comunidad hispanohablante, por lo que admite con el tiempo aquellos usos del lenguaje que se demuestra que son habituales en la lengua. También da su opinión sobre el posible empleo inadecuado del idioma.

Aclara la RAE que en el castellano “el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos” (Diccionario Panhispánico de dudas), así cuando se dice “El hombre es el único animal racional” nos estamos refiriendo tanto a los hombres como a las mujeres. El uso del femenino está reservado a cuando el grupo al que nos referimos está compuesto exclusivamente por mujeres. De acuerdo con esto serían innecesarias las duplicaciones habituales en muchos políticos (el famoso “vascas y vascos”).

Las razones que justifican el uso del masculino como “género no marcado” son por una parte la economía del lenguaje (evitar repeticiones superfluas) y la dificultad de concordancia gramatical en caso de desdoblamiento sistemático.

El argumento que se emplea en contra de esta postura es que el empleo sistemático de la forma masculina invisibiliza al género femenino.

Incluso la ONU ha editado unas recomendaciones sobre el uso inclusivo del lenguaje en español en cuanto a género. Algunas de las recomendaciones incluidas en esta guía son:

— Evitar expresiones que perpetúan estereotipos de género (por ejemplo, en vez de “Enfermeras y médicos participaron en la huelga del sector”, decir “El personal sanitario participó en la huelga del sector.”

— Usar sustantivos colectivos para referirnos a conjuntos de personas (por ejemplo, en vez de “los ciudadanos”, decir “la ciudadanía”)

— Usar la palabra “persona” (por ejemplo, en vez de “Todos tienen derecho a un sistema de justicia”, decir “Todas las personas tienen derecho a un sistema de justicia.”)

— Usar adjetivos sin marca de género en lugar de sustantivos (por ejemplo, en vez de “el desempleo entre los jóvenes”, decir “el desempleo juvenil”)

Los defensores de ir hacia un lenguaje inclusivo estarían apoyando la denominada hipótesis de Sapir-Whorf, según la cual la manera de hablar conlleva una visión específica de la realidad y, por tanto, determina las ideas. El lenguaje no sólo sería reflejo del pensamiento de la sociedad, sino que se puede emplear para modificar dicho pensamiento. Se convierte por tanto en un arma política.

Personalmente estoy a favor de muchas de las recomendaciones que se dan para el lenguaje no sexista. De hecho la sociedad las está incorporando de manera paulatina por la fuerza de los hechos. Es una realidad que cada vez nos encontramos con ingenieras, juezas y alcaldesas, y éstas no son las esposas de los ingenieros, jueces y alcaldes, sino profesionales con todos sus méritos.

Lo que estoy en contra es del abuso que se hace en ocasiones de estas recomendaciones.

Una de las acciones que se han tomado por parte de algunos colectivos es la de sustituir la “o” del genérico masculino por “@” o bien por “x”,  “*” o por “o/a”; así hablaríamos de “tod@s”, “todxs”, “tod*s” o “todos/as” para referirnos a todos y todas. Este uso es en general desaconsejado salvo en eslóganes o publicidad ya que, entre otras cosas, aunque sería válido en su forma escrita, tendría difícil pronunciación”.

Más exagerado resulta el uso de la “e” en vez de la “o”, así diríamos que “nosotres somos estupendes”. Esta opción, popularizada en ambientes estudiantiles en Chile y Argentina, no tiene problemas de pronunciación pero es criticada ya que supone un cambio gramatical sin precedentes.

Hay que recordar que en el español abundan los nombres masculinos o genéricos que terminan en la letra “a”, así tenemos al o a la “periodista”, “poeta”, “sindicalista”, etc. También abundan los genéricos terminados en “e”: el y la “estudiante”, “gerente”, etc.

Otra modalidad es la del uso del femenino universal. Nos referimos a cuando, en contraposición el masculino genérico, se emplea el femenino como tal. Así tenemos que recientemente, en el acto de promesa de sus cargos, algunas de las nuevas ministras indicaron que “…mantendrían en secreto las deliberaciones del Consejo de Ministras”.

Me parece excesivo también que algunos políticos hablen de la “portavoza” en vez de la “portavoz” de tal partido para dejar claro que es una mujer, al igual que aquella ministra que se hizo famosa con lo de los “miembros y miembras”, o a aquella que más recientemente habló de las “cuerpas y fuerzos” de Seguridad del Estado.

En todas estas expresiones hay evidentemente una intencionalidad política, que es la de destacar el papel de las mujeres en la sociedad, aun a costa de retorcer la gramática.

Lo que está claro es que, independientemente de los usos o abusos actuales del lenguaje por parte de los políticos y de los hablantes en general,  o de los intentos de forzar su modificación, nuestro idioma acabará siendo lo que se acabe adoptando mayoritariamente por la población, sea cual sea, y la RAE pondrá su sello de notario en ello.

Me gustaría recomendar el artículo de Miguel Ángel Mendo “Sobre lenguaje y sexismo“ en el que analiza con profundidad el porqué del género de las palabras en castellano. En él se verifica que el género femenino es el utilizado como categoría de lo arquetípico: en el nombre de las Ciencias, de las Artes, de las instituciones políticas y sociales, de las formas de gobierno, de las emociones humanas, etc.; en definitiva, de muchas de las palabras más excelsas de nuestro idioma.

Quiero terminar con una reflexión, que comparto con este autor, sobre si toda esta discusión sobre género y lenguaje no nos estará desviando de lo realmente importante, que no es tanto si utilizamos la “o” o la “a” al final de una palabra, sino si la esencialidad de lo femenino, en su posibilidad de hacer de todos (hombres y mujeres) unos seres más complejos, con mayor sensibilidad y capacidad de empatía, está creciendo en la sociedad, o estamos de nuevo imitando el modelo del patriarcado pero simplemente cambiándolo de género.

7 comentarios

7 Respuestas a “Lenguaje inclusivo”

  1. O'farrill dice:

    Quizás fuera conveniente no caer en las trampas de lo que se considera «lenguaje inclusivo». Es más, deberíamos reivindicar el «español» en lugar del castellano como lengua oficial de España, al igual que el francés es la lengua de Francia, el inglés la de Inglaterra, el alemán la de Alemania, etc.etc.
    Si la propia Academia cae en ello, sabrá porqué lo hace. Al fin y al cabo es una institución más a la que se puede influenciar desde el poder político. Las tonterías que se viene oyendo desde determinada clase política, son nuevos «coronavirus» que se introducen en la vida social a través de los serviles medios de comunicación (sobre todo las televisiones) y van infectando a los más débiles intelectualmente hablando:
    «Todo sobrevolado por una política cultural mediáticamente bien instrumentada, dirigida de forma sistemática al envilecimiento y la insensibilización de la opinión» (según el magistrado Perfecto Andrés ibáñez en su prólogo a «Poderes salvajes» de Ferrajoli).
    Menos mal que la gente -incluso los «progres»- siguen manteniendo un lenguaje coherente (dentro de lo que permiten las tecnologías) y «pasan» olímpicamente de todas estas banalidades. ¿Alguien cree que la Sra. Calvo cuando habla en la intimidad las utiliza? Pues no (y, ya se sabe, no es no).
    Un saludo.

  2. pasmao dice:

    Buenas noches Don Francisco

    Es usted demasiado bien intencionado, lo mismo que el autor del excelente link que nos ha puesto (Don Miguel Ángel Mendo), etc.. cuanto talento y buenas intenciones desperdiciadas en darle la vuelta con santa paciencia a lo que simplemente es un intento mas de demostrar quien manda y punto.

    Olvídense de cualquier intención positiva en quienes defienden éstos temas, no se trata de inclusión, se trata de Poder.

    Y si quienes lo hacen son los mismos y con los mismos «argumentos» de fondo (esto es lo correcto porque lo digo yo) que el cambio climático antropogénico, etc para que mas.

    Lo triste es que ni siquiera somos originales, dado que en éste caso la polémica (as usual) viene de universidades USA (cuanta involución) y del idioma inglés; y ha habido que retorcer los significados de genero y sexo para poder adecuarlo al español. No se en alemán, con tres géneros, como lo harán, pero seguro que allí también habrá lío.

    Simplemente tomo un una parte de su texto

    » Así tenemos que recientemente, en el acto de promesa de sus cargos, algunas de las nuevas ministras indicaron que “…mantendrían en secreto las deliberaciones del Consejo de Ministras”.»

    Si en dicha frase hubiera sustituido CARGOS POR CARGAS (extensivo a sus colegas masculinos, también en otras legislaturas de otro color político) posiblemente habría quedado mucho mas propia. Pero conociendo su hidalguía, ello (el que hubiera escrito cargas) era imposible.

    Por lo demás insisto en la calidad de los artículos aquí expuestos, así cómo de los comentarios. Una pena que no tenga tiempo para poder entrar a comentarlos. Pero muchos son de una hondura que aterra por su clarividencia. Nadie que los haya leído podrá decir que no estuvo avisado. Aunque no se si ello será suficiente para quien lo escribió.

    Algún día si quedan entre ustedes físicamente me gustaría estar, pero tengan en cuenta que a veces, si no se reside en Madrid, o si se pasa tiempo fuera de España, no es fácil.

    Un cordial saludo

  3. Manu Oquendo dice:

    Ante este despotismo lo que procede es la resistencia civil activa. Recuerden que Gramsci era Filólogo y pretendía la Dictadura del Partido a través de……………… lo que hiciera falta.
    Podríamos comenzar por recuperar en nuestros usos cotidianos los Topónimos en Español y no aceptar la semántica de quienes solo pretenden instalar en España la dictadura Nazional-Socialista. Versión Bolivariana.
    Mañana viajo a San Sebastián, vía Pamplona, y entraré en Guipúzcoa por Vera de Bidasoa y Fuenterrabía.
    Queda más fino y muy verdadero.

    1. Francisco Diaz-Andreu dice:

      Hola Manu.
      Efectivamente, dentro de este lenguaje políticamente correcto que se está implantando, y del que hablé en mi anterior artículo, está el cambio de nombre de determinadas poblaciones españolas por aquello del respeto a los nombres en lenguas vernáculas.
      Personalmente me parece un error que nada tiene que ver con el respeto mencionado. Llamar a Lleida a Lérida es como si, hablando español, dijéramos London o München en lugar de Londres o Munich respectivamente por aquello de respetar al idioma inglés y al alemán.
      Lo que veo es que mis hijos por ejemplo ya no dicen Lérida sino Lleida, lo que no me extraña después de tantos años en que el nombre castellano original se ha borrado de todos los medios de comunicación y libros de texto escolares.

  4. Rafa dice:

    Entiendo el lenguaje como un organismo vivo, un medio de comunicación (existen otros) con el que expresamos nuestros pensamientos, sentimientos, nuestro pasado y nuestro futuro, por lo que creo que siempre debe ser inclusivo, no solo con respecto al género.

    Otra cosa es que determinadas grupos o ideologías pretendan plasmar en él una corriente o forma determinada de pensar.

    Pongo un ejemplo:

    Imaginar que las personas antitaurinas quisieran suprimir de nuestro lenguaje expresiones que consideran inadecuadas, aunque tengan distinta intención que las que las originaron.

    «estoy al quite de lo que pueda pasar», «este individuo me esta toreando», «con este negocio hay que entrar a matar».

    Sería evidente la intención de forzarnos a dejar de pensar en las fiesta de los toros.

    Soy de la opinión de que lo femenino en este momento aporta y aportaría un valor de sensibilidad importante a nuestra sociedad y esto deberia de plasmarse en nuestro lenguaje.

    Pero como tu bien comentas Paco, la RAE, ejerce de notario ante lo que ya es un hecho consumado; las directrices sobre la revisión del texto constitucional creo son ampliables al contexto social.

    Además del principio de economía en el uso racional del lenguaje y la dificultad gramatical que se presentaría, la semántica léxica no aconsejaría estos usos.

    Es innegable que la mujer está ocupando cada día más el lugar social que su naturaleza le otorga; no es casualidad que en muchas empresas la dirección de recursos humanos estén a cargo de mujeres, así como su acceso a judicaturas, puestos técnicos de responsabilidad etc.
    No obstante, la manera de conducir esto al lenguaje todavía no está clara.

    Creo que la sociedad está dividida, con respecto a este concepto; conozco mujeres que no están de acuerdo con el lenguaje inclusivo, otras que abogan por una realidad social reconocida antes de dar el paso, (es evidente que existe empresarios que les daría igual tener en su empresa técnicos y técnicas, si buscan la forma de pagar salarios mas bajos a estas últimas, o que un marido pueda ejercer la violencia física contra su mujer por muy abogada del estado que esta fuera).

    En definitiva que la sociedad está dividida tanto la masculina como la femenina en la canalización de la visibilidad social que le corresponde a las mujeres, pero yo comparto tu opinión de que esto se reflejará también en el lenguaje cuando exista un criterio adoptado por la mayor parte de la población.

    Si nó que dios/diosa, nos coja confesados.

    PD.- Muy interesante la hipótesis de Sapir-Whorf que nos citas y muy recomendable el artículo de Miguel Angel Mendo que ya conocía

    1. Francisco Diaz-Andreu dice:

      Hola Rafa.
      Me parece muy interesante el comentario que haces de que el concepto de lenguaje inclusivo habría que aplicarlo no sólo al tema del género sino a otros muchos conceptos.
      Está el lenguaje de toreo que mencionas, también está el religioso (que preña nuestras expresiones mucho más de lo que nos damos cuenta), el escolar, el deportivo, etc.
      Las lenguas evolucionan y hay expresiones y palabras que van desapareciendo junto con las profesiones para las que se crearon así como frases que se mantienen aunque su profesión haya desaparecido o ya no sea relevante (así pues decimos que “está que echa humo” como con las antiguas máquinas de vapor)
      En cualquier caso prefiero que las lenguas evolucionen solas y no forzarlas, como en ocasiones ocurre en este momento.

  5. Ligur dice:

    No me extrañaría, que en un futuro no muy lejano, el gobierno, castigase a la población con multas o lo que se le ocurriese, con tal de mantener el uso perverso y manipulación del lenguaje Español, al utilizar este como arma política.

    Intentaré ir a Galicia, a la La Coruña esta Semana Santa, para ver el Baile de los Palos y la romería del Santo Cristo de Finisterre.
    Manu, Feliz viaje a las Vascongadas!!!

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