Pocos conocían (y casi nadie recuerda) a Sergéi Korolev, un hombre melancólico, cínico, austero, abstemio, bajito, fornido y de brillante inteligencia. Infiel a sus dos mujeres, pero fiel a su sueño de viajar al espacio. Su mera existencia fue ocultada en vida, pero él solo estuvo a punto, durante unos años, hasta que se lo llevó la muerte, de derrotar al “enemigo capitalista” en la Carrera Espacial, la batalla en la que dos formas de concebir el mundo se batieron a vida o muerte durante lo más oscuro de la Guerra Fría.

En la vida de Sergéi Korolev hay dos grandes viajes, el primero lo llevaría de vuelta a casa desde el infierno del Gulag y el segundo llevaría al ser humano a las estrellas.

El 22 de junio de 1938, en medio de la Gran Purga estalinista, hombres del NKVD (que luego se convertiría en el KGB) irrumpieron en su casa y se lo llevaron a rastras. Si te torturan con suficiente interés puedes acabar confesando cualquier cosa, y las confesiones de Korolev, un brillante ingeniero especializado en cohetes, lo llevaron de cabeza al infame Gulag de Kolyma en Siberia, donde debería pasar diez años para pagar sus imaginarios pecados contra la patria comunista.

Milagrosamente aún vivo (tres de cada diez presos perdían la vida allí. Diez mil cada año), pero con la mandíbula rota y muchos dientes menos, hambriento, enfermo y con secuelas que a la postre le llevarían a una muerte prematura, Korolev recibió la noticia de que, con la llegada de un nuevo líder al frente del NKVD -puede que te suene: un señor de nombre Lavrenti Beria- muchos de los casos cerrados por su predecesor se abrían de nuevo, y se le llamó a Moscú para testificar.

Tenía que regresar a casa, pero no había transporte disponible y tuvo que improvisar su vuelta, siendo transportado cientos de kilómetros por un camionero que le llevó hasta el puerto de Magadan, con la mala suerte de que perdió el último barco de la temporada. Precisamente en ese momento, cuando tenía un atisbo de esperanza, se encontraba abandonado durante todo el invierno, enfermo, malnutrido y mal vestido (el camionero se quedó con su abrigo como pago por el viaje) en una ciudad portuaria, con temperaturas de cincuenta grados bajo cero… Tan al límite le llevó ese invierno entre los hielos que cuando llegó la primavera y pudo reanudar su viaje fue expulsado de un tren, al estar demasiado enfermo para viajar, y si no murió junto a las vías fue porque un anciano se apiadó de él y le dio cobijo, le alimentó y cuidó; solo cuando unas semanas después Korolev despertó bajo un árbol, sintiendo la calidez del sol del verano, y vio una mariposa revolotear a su alrededor supo que iba a vivir.

Y vivió: primero su pena fue reducida y se le permitió cumplirla en una cárcel para intelectuales, donde contribuyó al esfuerzo de guerra soviético en su lucha contra los nazis diseñando bombarderos. Luego, ya en 1945, fue trasladado a Alemania, donde se encargó de trasladar y recopilar toda la información posible sobre los famosos V-2 alemanes, el arma diseñada por Von Braun con la que Hitler soñó hasta el final poder ganar la guerra, y después replicó el cohete nazi, para rápidamente superarlo y mejorarlo.

Durante los años siguientes los soviéticos ocultaron incluso su identidad y era conocido simplemente como “El Diseñador Jefe”. Él era el que se encargaba de hundir la moral de los “bárbaros capitalistas” y demostrar la superioridad del modelo comunista con cada golpe de mano que daba: enviando primero un satélite al espacio (Sputnik), luego a una perrita que se convirtió en un mito (Laika), luego a un hombre que se convirtió en un héroe (Gagarin), luego a una mujer (Valentina), después el primer paseo espacial (Leonov), y la primera nave en alcanzar el Sol (Luna 1) y el primer objeto en la Luna (Luna 2)… El primer “casi todo” en la carrera espacial, salvo el primer hombre en la Luna.

Gagarin o Valentina Tereshkova eran héroes mundiales, cuyas caras eran conocidas a lo largo y ancho del planeta, pero la identidad del Diseñador Jefe era un misterio para todos, lo que le dotaba de un aura sobrenatural y aterrorizaba a los líderes americanos. Los cohetes americanos estallaban, incluso cuando el que se encargaba de diseñarlos era Von Braun, el genio nazi que había aterrorizado a Londres y dado esperanzas a Hitler, mientras que los soviéticos nunca fallaban y cada uno de sus logros era más grande que el anterior: la humanidad conquistaba el cielo gracias al empuje del comunismo.

Cuando Kennedy, el 25 de mayo de 1961, en un discurso memorable, prometió poner a un americano en la Luna antes de que acabase la década de los 60, dio el pistoletazo de salida a una de las hazañas más alucinantes de la historia de la humanidad. De hecho, si hubiera que elegir un solo momento de la historia del hombre, el paseo de Armstrong por la superficie lunar sin duda sería para muchos el más representativo de lo que el ser humano puede llegar a hacer.

Pero cuando Kennedy hizo su promesa no existía ninguna de las soluciones técnicas necesarias para acometer la empresa; el programa Apolo movilizó ingentes cantidades de talento, y necesitó de ingentes cantidades de dinero para alimentarlo, pero no importaba, porque el programa Apolo no nació como una respuesta a los avances científicos de los soviéticos -esa carrera ya la había ganado el genio de Korolev- era una respuesta política más que científica: hacía falta “algo” que fuera un símbolo, “algo” con lo que ilusionar a un pueblo al que se le pedían 7.000 millones de dólares de la época (acabó costando 25.000 millones), y cuando Armstrong pisó la Luna el capitalismo ganó la batalla ideológica al comunismo.

Posiblemente fue en ese momento, y no otro, cuando se decantó la Guerra Fría.

Por eso no deja de ser paradójico que el programa espacial americano, que trataba de demostrar la superioridad del sistema americano de libertad e individualismo, solo pudo superar al soviético cuando el genio solitario de Korolev murió víctima de las secuelas de su paso por el Gulag: para derrotar a un genio solitario fue necesario el ejercicio de coordinación, trabajo conjunto y colectivo, respaldado por un enorme presupuesto, que supuso el programa Apolo; algo que no ha tenido parangón en la historia y posiblemente nunca más lo tenga, porque era la cristalización del espíritu de la Nueva Frontera de Kennedy; y aunque creado como el vehículo necesario para demostrar la superioridad de un modelo de sociedad frente a otro, también era una idea que incluía en su seno el desafío de un horizonte mejor: una idea con la que merecía la pena ilusionarse.

Por eso asusta tanto ver como lo que mueve ahora a las masas, lo que mueve a la gente, lo que consigue votos, sean proyectos estúpidos, sin significado, sin valor: casposos.

Por poner un ejemplo: el muro de Trump. Está claro que el muro prometido por el ahora Presidente de la nación más poderosa del planeta es un proyecto ridículo, caro y sin sentido. Aunque cumpliese con lo que promete, la que podría ser la mayor obra civil de la historia no conseguiría su ruin objetivo; nunca podría parar el flujo de inmigrantes con un muro de piedra y alambre que puede acabar costando más que llevar el hombre a la Luna.

Pero al final, en un mundo en que parece que todo es gestionar lo viejo, las nuevas ideas son lo único que puede generar ilusión en un electorado hastiado, y la idea del muro ha servido para lo que se proponía: es la cristalización de una ideología, por lamentable que nos resulte esta ideología de racismo, odio e inmovilismo en concreto. Porque el muro es una idea sencilla y la materialización tangible de un proyecto grande para ilusionar, aunque en este caso solo ilusione a la parte del electorado estadounidense al que se dirige el magnate.

Desde la racionalidad, a veces pensamos que lo que hay que hacer es gestionar mejor, cambiar las cosas poco a poco, con proyectos que nos ayuden a avanzar por una senda lógica, pero lo cierto es que el ser humano no funciona así, y a veces hacen falta grandes proyectos: símbolos.

La carrera espacial, para mí, es uno de los grandes logros del ser humano. El muro de Trump, si llega a construirse, será una de sus grandes vergüenzas, pero ambos cumplen con un requisito que a veces olvidamos: ilusionan y movilizan. Lo simbólico es importante y los políticos hábiles pueden utilizar estos símbolos,  aunque sean banales, para mantener a la gente distraída mientas ellos hacen y deshacen, mientras gestionan el poder que les damos, en el día a día en que se ocultan las verdaderas decisiones que nos afectan a todos.

La gente no se ilusiona con una subida del PIB del 0,8%, ni con una bajada de los tipos de interés del banco central europeo o una mejora en los resultados del informe PISA; necesitamos algo más, y si no nos pudrimos como sociedad. Por eso es misión de los dirigentes políticos encontrar algo con que ilusionarnos, que nos mueva, más allá de la mera gestión del aparato de un Estado y es misión de la Sociedad formarse y educarse para que lo que nos movilice sea la conquista de nuevos mundos, y no la construcción de muros.

12 comentarios

12 Respuestas a “Sueños que merezcan la pena”

  1. EB dice:

    Raúl, discrepo profundamente del mensaje con que concluye su post. No. Por suerte no necesitamos que los políticos encuentren algo con que ilusionarnos: tenemos bastante entretenimiento presentado en miles de formas distintas para no aburrirnos. Lo que necesitamos es que los políticos hagan su trabajo esencial de dar la tranquilidad mínima para que podamos entretenernos, y sobre todo que no roben con el cuento de que hacen algo, pero esto sería un milagro y por eso no nos ilusionamos de que vaya ocurrir en un futuro próximo.

    Sus referencias a la carrera espacial y al muro de Trump omiten muchos puntos importantes y me parecen malos argumentos en favor de su mensaje. En todo caso, dada la crisis del Estado de Bienestar y la profunda incompetencia y corrupción de los gobiernos europeos tendría mucho cuidado en proponer que estos gobiernos se embarquen en grandes aventuras.

    1. EB dice:

      Un buen ejemplo de mi punto:

      http://www.elmundo.es/economia/2017/03/13/58c11c3522601da3218b45e8.html

      No tiene por qué ser así, pero lo ha sido y repetidamente, algo que no puede ignorarse al momento de proponer algo.

    2. taid dice:

      Yo creo que, en buena medida, en muy buena medida, la política y los políticos viven del ilusionismo. La ilusión es un factor muy importante en toda empresa. Cada año los equipos de fútbol intentan ilusionar a sus socios por medio de fichajes de renombre. La ilusión es un resorte que aúna voluntades: en épocas de guerra, la ilusión es alcanzar la paz; en épocas de paz, la ilusión es expandirse; en épocas de hambre, la ilusión es poder hartarse, en épocas de bonanza la ilusión es mantener la linea.

      La ilusión es una especie de magia que opera simbólicamente: es decir, nadie sabe exactamente cómo opera, pero sí por medio de qué símbolos opera: los anuncios de coca-cola son un buen ejemplo de ilusionismo, de imágenes, sonidos y colores que ilusionan.

      La cuestión es por qué proyectos tiene uno que dejarse ilusionar. Porque no es cuestión de dejarse ilusionar por cualquier cosa. Uno tiene que saber que la felicidad de los anuncios de coca-cola es ficticia; que los cuerpos de las modelos está retocados con photoshop; que los presupuestos del Estado tienen en cuenta un PIB cuyo cómputo varía de año en año; que los iphone están pensador para quedar obsoletos cada pocos años; que las redes sociales aislan y que los que están allí apuntados como tus amigos nos son verdaderamente amigos sino perfiles de gente sin nombre…

      Si nos ponemos a analizar cada una de las cosas que tenemos a nuestro alrededor veremos que prácticamente todo lo que nos rodea es un ejercicio de ilusionismo. Refleja una realidad que no es ilusoria: no sabemos seleccionar y estamos por comprarlo todo aunque nos tengamos que salir de casa para meter nuestras cosas. Decía una canción de Ike y Tina Turner: “tienes lo que querías, pero no quieres lo que tienes”.

      1. EB dice:

        Según RAE, las dos definiciones principales de ilusión son

        1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.
        2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

        y no tengo dudas que tanto Raúl como yo usamos la segunda definición. Usted usa la primera definición que está subyacente en la idea del ilusionismo (vea http://definicion.de/ilusion/ en particular los párrafos finales).

        Si bien algunos políticos se presentan como grandes ilusionistas o magos, el post de Raúl apunta al político en cuanto líder de un proyecto que se intenta “vender” como especialmente atractivo. Sí, los políticos no son magos aunque muchos se presenten como tales, pero más importante la casi totalidad de los políticos no son líderes porque los proyectos que intentan “vender” no son atractivos una vez que se los analiza seriamente.

    3. Josep dice:

      Si alguien mete a los políticos y a la política en esto es que hay gente mas equivocada de lo que creía, el político es uno de los especímenes más inútil
      que existen sobre la faz de la tierra

  2. EB dice:

    No habrá sueños que merezcan la pena, pero sí pesadillas que nos quiten el sueño. Invocando la sabiduría griega y en nombre de la elite que finge pedir perdón por Trump, dos de los muchos intelectuales falsos que sirven a los políticos que hoy se ven amenazados por la competencia de nuevos movimientos dicen estar en contra de la censura y al mismo tiempo proponen la censura; ver

    http://www.elmundo.es/television/2017/03/13/58c71d92ca47411d0f8b4670.html

    No me sorprende. El cuarto poder consiguió un pedazo de la torta y lo defiende a muerte. Lo más grotesco y risueño es hacia al final del artículo, cuando en el intento de disfrazarse de buenos y dispuestos a transar con votantes víctimas de sus propias emociones identifican al algoritmo como su enemigo.

  3. Loli dice:

    “Una ilusión eterna, o por lo menos que renace a menudo en el alma, está muy cerca de ser una realidad” André Maurois.

    El otro día acerté a ver una película en la televisión: “La fuente de las mujeres”.

    Una producción marroquí, donde narra la “odisea” de las mujeres de una aldea perdida en las montañas del Atlas, que se ven obligadas, entre otras cosas, a subir diariamente a una lejana fuente del lugar, para conseguir el agua que necesitan.

    En un momento determinado, una de ellas plantea que ese penoso trabajo debería ser asumido por el gobierno, que tendría que canalizar las infraestructuras básicas para la aldea.

    Sin embargo, ese planteamiento no lo pueden hacer ellas, sino (por una tradición que aún pesa demasiado en esas zonas), los hombres de la aldea, que por comodidad o desidia, no se esfuerzan por ello, y dan largas al asunto.

    Finalmente se acuerda, entre ellas, realizar una “huelga”, pero no dejando de ir a por el “agua”, sino una huelga de “amor”, entendiendo lo que esa actitud conlleva.

    Lo que más me llamó la atención de esta curiosa y bonita película, es que se utilizaba un lenguaje muy analógico en toda ella.

    Las reivindicaciones, las manifestaciones femeninas, se realizaba a través del canto y del baile típico y cultivado en aquellas zonas.

    Las letras de sus demandas se improvisaban cobijadas en los ritmos de sus cancioneros.

    El agua no se relacionaba con la pura y dura subsistencia, especialmente difícil en aquella parte del mundo, sino con la fertilidad y la alegría…. Y la palabra “corazón” se repetía de forma constante.

    Un lenguaje poético para una reivindicación política…en boca y cuerpos de mujeres ….y también de hombres…analfabetos…muchos…., aldeanos perdidos entre los gigantes del Atlas. Un lenguaje que nuestra albafetizada sociedad, está perdiendo, o directamente, desconocemos.

    Puede que la ilusión sea un modo de distraer de la “realidad”..¿qué cuál es, por otro lado?…, o un modo de indicar que solo se la está pretendiendo iluminar desde ciertos puntos de interés y a ráfagas de luces contaminadas.

    ¿Por qué perdura en nuestras mentes la primera llegada del hombre a la Luna?.

    ¿Por qué esa huella impresa en el polvo de “Selene”, evoca siempre un sentimiento en aquéllos que lo vivimos por edad, y en los que aún no habían nacido…también?.

    Seguramente, una de las causas, sea que la “ilusión” que impregnó el proyecto, venía avalada, además de por un “trabajo en conjunto”, por una “entrega” a esa especie de magia común que nos arropa de forma colectiva, y que supone la emoción por abrir espacios nuevos y desconocidos, como apunta Raúl en su artículo.

    Creo que esa huella todavía sigue “luciendo” en el mundo color “plata” de nuestro satélite.

    El muro de Trump ya ha nacido “roñoso” y “oxidado”, sin brillo alguno.

    Muchos planteamientos políticos, que se llaman “nuevos”, llevan también el sello de la “roña” y el “deslucimiento”.

    Lo que ocurrió entonces, esa magia, fue capaza de envolvernos prácticamente a nivel del mundo entero, ante una acción impensable incluso en aquellos momentos.

    Eso indica que es posible encontrar, en todos los ámbitos, en el político sin duda, caminos brillantes.

    La cuestión es si estaremos los suficientemente alerta y preparados para discernirlos.

    A lo mejor no, mientras no aprendamos a leer los versos, a cantar poesía, o a pedir “agua” para alegrar “los corazones”.

    1. EB dice:

      Loli, el salto de su canto a la ilusión a la roña y el óxido del muro de Trump me causó risa porque deja en claro su profunda disposición a comprar humo a cualquier charlatán, mucho más fácil si viene disfrazado de político mágico. Si usted sabe algo de historia política española me gustaría que nos contara de sus caminos brillantes, en particular me pregunto si uno de esos caminos incluye el salto a las vallas de Ceuta y Melilla (a pesar de su roña y su óxido).

      1. Loli dice:

        Si las lágrimas de su continuada y prepotente “risa”, que hace pensar en una dinámica continuada de prepotencia y desprecio por todo aquel que no perciba la vida como usted, le permitieran leer con más disposición a la atención y a la comprensión del otro, habría ya, después de haberme leído aquí y en otros comentarios, y de habérselo pasado “tan bien” a mi costa, debiera, repito, al menos intuído, que en la línea de intentar acercarme a la realidad en la que vivo,desde mis grandes desconocimientos, y mi modestísima preparación cultural, pero que algún modesto conocimiento acoge, cuando hablo del muro de Trump, por supuesto incluyo a todos los muros, los de Ceuta, Melilla, Checolosvaquia….el ingnominioso pacto europeo con el Gobierno turco para “retener” personas…etc….

        A tantos y tantos muros…incluídos los de la egolatría y el menosprecio…
        Un saludo

        1. EB dice:

          Favor leer

          http://definicion.de/risa/

          y no pensar mal de los demás sin conocerlos.

          Su extensión a otros muros me confirman que la inserción de su referencia a Trump es un error porque nada tiene que ver con su canto a la ilusión.

  4. Graciosillo dice:

    Más que un error ha sido un Trumpezón

  5. EB dice:

    Raúl, ríase y alégrese: para Trump, su sueño merece la pena. Leer

    http://www.politico.com/story/2017/02/donald-trump-space-war-234829

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