¡Menudo tomate se ha liado!

El padre le encuentra una piedra de hachís entre sus ropas a su hija adolescente. La castiga sin salir durante el fin de semana. La encierra bajo llave en un chalet cercano. Ella le denuncia. La Guardia Civil mete en el calabozo al padre dos días. El juez de guardia le imputa unos cargos por detención ilegal y le suelta. Las autoridades autonómicas tutelan a la joven en uno de sus centros. Esta le pega una patada a otro interno al día siguiente de llegar y se marcha haciendo autostop con otra amiga por esos caminos de Dios. Al final la entregan en comisaria los conductores que la recogieron. El padre se plantea denunciar a las autoridades y estos se la devuelven a los padres. Y todos ellos durante tres días acaparando los titulares de la mordacidad colectiva, de una cosa que llaman prensa, televisión y radio nacional y local.

Fin del episodio.

No es posible que se den sucesos como este, sin que haya una acumulación de despropósitos y de visiones sesgadas por todas las partes implicadas. Porque, no nos equivoquemos, esto es sólo un botón de muestra extremo de lo que pasa en un sinfín de casas, especialmente los fines de semana.

No, no, no vamos a ir por partes como siempre, hoy vamos a ir a por todo. Porque la responsabilidad del desarrollo de los jóvenes no es cosa de parcelas, sino del conjunto entero, y no se trata de asumir mi responsabilidad, como se suele decir con abierto descaro, suficiencia y desentendimiento sino de que cada parte asuma la responsabilidad entera.

Porque, si el Estado sólo actúa desde sus herramientas normativas garantizando los derechos de los menores en los casos en los que estos se puedan ver vulnerados y no contempla la realidad social en la que está inmerso, vease los padres, los grupos y su influencia en la manera de pensar de nuestros hijos, un estilo de vida consumista que incita a la alienación y la evasión a costa de su salud física y psicológica, podrá decir que cumple con la misión encomendada camuflándose en un buen número de programas de ayuda, pero no que actúa al límite de la responsabilidad general que le corresponde, supuestamente para no incitar a la alarma social.

Chiquilla, sólo están pendientes de tu ciudadanía.

Porque, si los medios de comunicación sólo se hacen eco de las manifestaciones más díscolas de los jóvenes en sus rituales desquiciados de diversión, de los casos más escabrosos y llamativos de estos, con un afán propagandístico y vendedor de la noticia para insuflar las críticas escandalizadas de los lectores en las salas de espera de las peluquerías, podrá decir que cumple con su cometido, pero no que está actuando facilitando la necesaria comunicación y cohesión social desde la responsabilidad general, ofreciendo el buen número de modelos que todos los días los jóvenes nos dan por doquier.

Chiquilla, solo quieren que les des noticias.

Porque, si la manera de contemplar la vida de nuestra colectividad y de cada uno de nosotros quiere sólo recoger aquellas cosas que redundan en el beneficio propio y el interés particular, induciendo a formas de pensar únicas desde lo hedonista, desoyendo permanentemente las circunstancias y necesidades de los otros y su sufrimiento, sin aportar un gramo de esfuerzo a lograr que cada uno alcance sus expectativas en la vida y demandando insaciablemente lo que aún queda para satisfacer las suyas, seguro que recibirá la aprobación fácil de ciudadano correcto, pero no ayudará nada a que todos estemos algo mejor.

Chiquilla, sólo quieren que no les des problemas.

Porque, si los profesionales que están en contacto con estos jóvenes -médicos, profesores y psicólogos- no denuncian abiertamente a la sociedad el estado deplorable, angustioso e implosivo que muchos de jóvenes atraviesan, sin importarles sus intereses gremialistas, sus particulares cuotas de poder y el grado de comodidad y confortabilidad de su quehacer diario, reivindicando y negociando sus propios derechos profesionales, muy probablemente recibirán el aplauso de sus compañeros, pero no contribuirán a destapar la falaz imagen falseada del “buen rollito” de nuestros jóvenes que no paran de andar esquivando los palos que se les va metiendo entre las ruedas de su movimiento ascendente.

Chiquilla, sólo se fijan en tu salud.

Porque, si los educadores se enredan con los mensajes ideologizados cargados de malas historias pasadas, sobre los porros y los polvos, obviando la tensión interna, la violencia y la agresividad que los chicos y chicas van acumulando en su recorrido vital, desconsiderando el malestar que arrastran día tras día, acusando a los padres de no ocuparse suficientemente bien de sus tareas educativas, y centrándose en exclusiva en el cumplimiento estricto de sus funciones académicas, no se podrá decir de ellos que hacen algo que esté fuera de sus competencias, pero no aportarán lo suficiente para tratar de solucionar los problemas y conflictos que una edad como esta requiere.

Chiquilla sólo se enteran de tus notas.

Porque si los padres -universitarios o trabajadores, profesionales cualificados o no, autónomos o asalariados, funcionarios o en el ámbito privado- tienen casi siempre en el pensamiento sus propias realidades y expectativas, entre las que entra poco el cumplimiento de sus responsabilidades parentales, aquellas en que sus antecesores se desvivieron para que lograran ser lo que ahora son y entre las que está el deber sagrado de lograr el mejor hijo de los posibles y se vuelven sólo para ver si sus hijos cumplen con los resultados académicos y van consiguiendo el deseado éxito social, sin tener suficientemente en cuenta sus vivencias, sus emociones, sus sueños, fantasías y sus afanes utópicos, seguramente se quedarán muy cortos.

Chiquilla, que sólo están a lo suyo.

Y es que este conductismo social imperante, parece sólo ocuparse de su pequeña parcela de responsabilidad y con la suma simple de parcialidades sólo logramos nuestra propia justificación, mirando para otro lado ante la clamorosa evidencia del gran fracaso colectivo que supone que millones de jóvenes y familias no tengan las oportunidades de desarrollo que toda sociedad debe brindar a sus miembros. Enteraos.

Y es que este corralito general que hemos montado, compuesto de millones de pequeños corralitos, se olvida de que una persona es una globalidad que requiere que todos nos ocupemos de ella debidamente, no sólo para legitimar nuestras exigencias, sino sobretodo, para que tenga algún sentido su vida. Complicaros la vida, implicaros con su vida.

Chiquilla de Baeza y tus padres, que poco de acuerdo estoy con lo que habéis hecho, pero que bien os entiendo.

4 comentarios

4 Respuestas a “LA CHIQUILLA DE BAEZA”

  1. Gema dice:

    Baeza, Jaén que recuerdos, de escapadas, de aventuras, de autstop, de policías, 14-15 años..será la edad?, vida?- en un colegio?, creyeron que eran delicuente- sólo quería ver mundo, brutal aburrimiento en el colegio en los veranos, cómo resolver aquello: Escapadas- autostop- dinero?- qué dinero?, inexistente- carretera y libertad, para qué más; menores por ahí- comisarías- vuelta al colegio: pensaron en llevar-me a otro lugar?-para corregirme?, el qué?–miraron expediente academico: sobres-notables..dieron marcha atrás a lo pensado…hicieron bién- quizás…uffff–me daba lo mismo, sino me dan vacaciones- me las tomo por cuenta propia, qué le iba ha hacer, aquellas Salidas por España..eran pura y absoluta necesidad, para mí; Esta chica de Baeza, ansia de libertad y pasarlo bién, el padre en su situación de progenitor protector y autoritario, el juez o jueces- del lado de la joven, pareciera–mal que suena esto, los serv. sociales recogen a la menor que sigue en su ansia de libertad y de obrar cómo le parezca, que rebelde se la ve y mucho…los medios de comunicación entre la información y el circo, la joven a su santa bola..faltan muchas escuelas: de padres, de adultos, de jovenes, de todo..y sobre todo, falta algo de sentido común judicial..porque, si el padre se educó en una cierta cultura..habrá que tenerlo en cuenta, si la joven no cuenta con la mayoría de 18 años- la tutela es de los padres creo- se equivocaron en lo que hicieron?, que les enseñen..ahora la hija, que rebelde se la vé un rato, tendrá, por así decirlo, la sartén por el mango, para hacer lo que vea..y lo que quiera, no vaya a ser, que los jueces-sean los que detengan al padre, por OCUPARSE DE SU HIJA a su manera, quizás no adecuada, pero!!….tela!!, este tinglado montado!!, difícil de comentar algo, también..

  2. A. C. dice:

    Brillante análisis que destapa una de las claves del modelo que nos ata a él, impidiendo la emergencia de otro nuevo. ¿Qué rémora desvela este artículo? Desde luego la miopía del sistema frente al desarrollo evolutivo de sus miembros, en este caso, en la etapa de la adolescencia, y yendo más allá , desvela el juego oculto al que jugamos todos cuando la gran disociación en que vivimos nos impide ver el conjunto, lo que da sentido al hecho vital, sea este cual fuere.
    Si, creo que hay que ir a por el todo, no basta con ampararnos en los límites de los trabajos que hemos creado, hijos de la visión parcial imperante, ni consolarnos individualmente con el “hago lo que puedo”. El paso está, como bien dice el autor, en que cada parte asuma la responsabilidad entera. Primero, que la vea, lo que a veces en bastante difícil de tan hipnotizados que estamos, después que la asuma y denuncie, venciendo el dolor que produce tomar consciencia de ese gran fracaso colectivo por el que millones de adolescentes, no logran dar sentido a su vida en este tinglado que hemos montado y que debemos cambiar ya.

  3. Micaela Casero dice:

    ¡Hola, Carlos! Muchos inviernos sin hablarnos.

    He leído tu artículo y el que aparece en el País Semanal sobre “Estilos de vida. En la mente del adolescente” de Cristóbal Ramírez.

    Me gustaría conocer tu opinión.

  4. José María Bravo dice:

    Peiro dice cosas que despiertan. Lo duro de despertar es que nos sobra nuestra almohada y nuestro colchón. Cuales son nuestros sueños y cuales son nuestras seguridades?

    Me sorprende escuchar los juicios de valor que enunciamos cotidianamente. Tenemos tanto miedo que vivimos enclaustrados en ideas ajenas, en pareceres dudosos. Que dirá el vecino cuando entren nuestros hijos con esos cortes de pelo, con esos amigos y si, de repente, un olor a porros recorre los pasillos?

    Y, entonces vienen nuestros mecanismos de defensa. Y el alcohólico del cuarto? y el infiel del segundo? y las pintas que se trae la del tercero?. Y nosotros que?. Una sociedad atada a una moral pacata. Y la política, y la supuesta lógica de la realidad?.

    Tenemos miedo, Peiro, y nos vestimos de seguridad para encarar lo que es, “de suyo”, incierto. Si “tembláramos” de ternura frente a nuestros hijos, quizás seríamos más “reales”. Quizás hablaríamos, quizás nos ayudariamos a nosotros mismos. Quizás ayudariamos a transformar esta sociedad que se oculta en la apariencia.

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