Creo que tras todos estos años de injusticias sociales y reivindicaciones, por fin las mujeres podemos decir que nos estamos acercando a esa perseguida y merecida igualdad de sexos. Quizá no la hayamos alcanzado en su totalidad, pero desde luego hay varios elementos y elementas en los que ya se puede percibir que el rumbo y la rumba han comenzado a cambiar.

Empecé a reflexionar sobre este tema hace unos días, viendo en televisión un breve y apasionante reportaje sobre los concursos de modelos masculinos. Una reportera muy dicharachera se dedicaba a entrevistar a los candidatos mientras les palpaba los biceps y los pectorales para comprobar su turgencia. Con un gesto cómplice e hilarante se dirigía a los espectadores para asegurar que estos chicos estaban “muy duros”, y acompañaba su conclusión de un magistral golpe de melena. Continuó las entrevistas tratando a los chicos con admirable desparpajo y, entre risas y comentarios de lo más chistoso, les iba bajando el bañador a varios de ellos para verles el culo y ya de paso enseñárselo a sus compañeros de plató, que reían alrededor de una mesa ante las ocurrencias de la reportera. Los jóvenes, visiblemente incómodos, acababan entrando al trapo porque pensarían que se trata sólo de un divertido juego televisado donde todo es muy fresco y espontáneo. Los tertulianos se iban creciendo desde el plató y cada vez animaban más enérgicamente a la reportera en su labor periodística. Al fin y al cabo, las víctimas eran hombres y estas cosas, por lo visto, nos hacen mucha gracia. Creo recordar que en esta misma situación a la inversa podríamos estar hablando de acoso sexual, pero en este caso lo vamos a llamar simplemente “recursos periodísticos cachondos”.

Esto me recordó a un anuncio que vi hace tiempo en el que una mujer se encuentra presumiendo de esplendorosa cocina ante una amiga, cuando entra en escena un atractivo mayordomo. Ellas se miran un instante en silencio y acto seguido le dan una palmada en el culo para que se ponga a trabajar. Él las mira perplejo, con esa perplejidad súper divertida que genera siempre la humillación de un subordinado, y ellas ríen en su cara porque el chascarrillo lo merece y es todo muy gracioso en las tareas del hogar, sobre todo para el joven y sumiso mayordomo. En el caso contrario, de nuevo estaríamos hablando de acoso sexual, pero en esta ocasión vamos a darle el nombre de “trato afectuoso y relajado con el personal doméstico”.

Y últimamente veo a menudo algunas secuencias en películas y series de televisión en las que ellas les contestan a ellos a bofetadas, tras escuchar algo por lo que se sienten contrariadas. A la inversa estaríamos hablando de violencia machista y todas pondríamos el grito en el cielo, pero en este caso lo vamos a llamar “arrebato hormonal justificado”.

Y todo esto sin que se abra ningún tipo de debate acerca del tema, porque los hombres están tan avergonzados con su trayectoria histórica que ahora no se atreven a levantar la voz.

Así que, lógicamente, estoy muy contenta porque es cierto que estamos consiguiendo la igualdad de género. Yo, ingenua de mí, suponía que se trataba de conseguir la igualdad apuntando hacia arriba, pero sería demasiado previsible, por eso se trata de igualar apuntando hacia abajo.

A mí esto más que a igualdad, me suena a venganza.

2 comentarios

2 Respuestas a “VENGANZA”

  1. Micaela Casero dice:

    Hay un libro, “curioso y un poco loco” sobre el tema al que Bárbara hace alusión en este artículo, se titula, POR ELLOS, PARA ELLAS y es de Carlos Gallego Martín.

  2. José María Bravo dice:

    Barbara me ha hecho reír. Como soy más que madurito, no tengo la fortuna que eso me suceda. Dulce venganza que la tengan otros. Bueno, a decir verdad, que desagradable que me suban la camiseta y que se me vean los michelines. Oye Barbara, que nosotros también tenemos nuestra vanidad y nuestro pudor. O sea que yo, que tantas veces soné en darle una palmadita a la sirvienta, ahora tenga que aguantarme un “pellizquin” impertinente. Ni soñarlo. Hubo tiempos mejores. Volveremos!

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