¿Vivimos cada vez mejor?

Esa es la pregunta que se hacía un joven calefactor llamado para resolver un pequeño problema doméstico en la caldera de casa.

Nada más entrar y verla comentó: “Ha tenido usted suerte porque es antigua y estas no se estropean nunca”. Luego se fijó en otros electrodomésticos como la lavadora, el frigorífico o la cocina, comprobando que ninguno de ellos tenía menos de treinta años y seguían funcionando. Como las bombillas. Entonces, reflexionando en voz alta dijo: “Sabe usted, yo creo que antes se vivía mejor”

He recordado esta anécdota hoy cuando en mi ingenuidad pretendía poner una nueva cuchilla a la maquinilla eléctrica de afeitar. Un simple repuesto que -al parecer- es una verdadera joya que no se encuentra por ningún sitio. Ni los establecimientos especializados, ni los grandes almacenes, ni siquiera los usuarios (peluquerías), me han proporcionado la respuesta. “Es una cuestión del servicio técnico de la marca” (gran almacén en el centro de Madrid). Una peluquería donde una amable empleada (china) con la mejor de sus sonrisas y en ese español peculiar que tienen, me decía: “Nosotros, cuando la máquina romper, otra nueva…” No tenía sentido indicar que sólo se trataba de un recambio de cuchilla.

Hace unos años, compré el último estuche de cuchillas para la maquinilla manual de marca “Schick”, cuya calidad comprobé a lo largo de decenas de años. Me lo sirvió una amable dependienta del mismo gran almacén que ahora me remitía al servicio técnico. Cuando quise reponer las cuchillas, la marca ya había desaparecido en España. Nadie la conocía siquiera (ajustes de personal) y la amable dependienta había sido sustituida por otra que no sabía siquiera de qué le hablaba. Al final, sólo pude encontrarla en Inglaterra a través de Internet y de peor calidad según pude comprobar. Lo que antes se reducía a una gestión de escasos minutos, ahora se convertía en un pedido que viajaba por algoritmos y que me obligaba a hacer un seguimiento -para lo que necesito tener el ordenador actualizado y en perfecto estado de revista-, estar pendiente de su llegada tras haber recorrido varios lugares y plazas de la geografía europea, acordar fecha y hora de entrega y esperar pacientemente que el producto sea el que necesito. 

La bombilla de la escalera de casa se fundía cada mes aproximadamente y era repuesta con otra del mismo tipo (ya no venden antiguas), hasta que recuperé una de las de filamento con muchos años de servicio a la espalda que, en estos momentos, lleva luciendo sin problemas más de tres años (tengo otra que funciona desde hace más de cincuenta años).

¡Qué decir de los coches! En la pequeña e ilegible (según la luz) pantalla de mi automóvil, se encendió una pequeña luz icónica (es el nuevo lenguaje pictográfico para analfabetos) que me hizo ir rápidamente al “tocho” de instrucciones. En él se me advertía (en ese plan catastrófico en que nos hacen vivir) parar el coche de inmediato y llevarlo al servicio técnico de la marca (no decía como se pueden hacer ambas cosas, si está parado ¿lo llevo con grúa?). Pues bien un mecánico de los de siempre me dijo: “ni caso, puede mover el coche sin problemas” Por 10 euros y tocando las teclas correspondientes, resolvió la cuestión. Una amiga, por el mismo servicio en la marca, pagó 250 euros y volvió a saltar la lucecita (parece que tienen vida propia).

También hace poco recibía de mi compañía de seguros un servicio llamado “manitas en casa”, al que recurrí para revisar ante la llegada del invierno el funcionamiento de la calefacción. Cual fue mi sorpresa cuando el supuesto técnico enviado me dijo: “Es que yo de esto no entiendo nada” El que vino a continuación -ya un profesional – tras dejar sin agua casi (y sin la consiguiente presión) los radiadores y empapar paredes y suelos, se limitó a decir: “Yo, es que alucino en colores…” y cómo en Quevedo: “fuese y no hubo nada…”.

“Todos nuestros agentes están ocupados” es la grabación que suena como respuesta a cualquier tipo de llamada comercial, institucional o recreativa, mientras se oye una retahíla de advertencias, informaciones absurdas y musiquitas que nos entretienen para, finalmente, acabar en una serie de pitidos porque todos están ocupadísimos. En el plan antiguo, los prestadores de servicios de cualquier tipo saltaban a coger el teléfono, atendían con educación y se desvivían por atraer a un cliente. “El cliente siempre tiene la razón” se decía y así vimos cómo los grandes comercios y sus ganancias eran cada vez mayores, creando fijos y nuevos empleos tanto directa, como indirectamente. “Tenemos prohibido empatizar con los clientes” me decían en un supermercado muy conocido, por lo que la empresa va rotando a sus empleados no vaya a ser que sean demasiado corteses o simpáticos.

Si reflexionamos un poco veremos que, más que vivir mejor, intentamos convencernos de que somos unos “crack” capaces de las mayores hazañas tecnológicas e industriales, cuando no somos capaces de hacer unos simples artefactos o recambios. Es una forma más de seguir el “manual del perfecto directivo” en base a una propaganda que tiene más de humo que de realidad. Es una forma más de dar a entender a una sociedad cada vez más atemorizada y acomplejada, quién maneja realmente el timón de sus vidas, de sus actividades y de los servicios (que ya dejaron de serlo). Una sociedad que deberá acostumbrarse a reparar, reciclar, aumentar rendimientos de productos y su calidad, si de verdad queremos contribuir un poco a librar al Planeta de toda esa basura con obsolescencia programada que hemos fabricado.

4 comentarios

4 Respuestas a “¿Vivimos cada vez mejor?”

  1. R. Estévez dice:

    El autor apunta, correctamente en mi opinión, a la sovietización camuflada del sistema económico de Occidente.

    En una situación de Oligopolios y de Monopolios de hecho como la que hoy prevalece en la Cúpula del Sistema de la UE y del BCE –desde la que se jerarquiza y dirige todo lo relevante en comandita con el Poder– se optimizan ingresos degradando calidades, reduciendo ciclos de vida y empeorando mantenimientos y servicio técnico. Así es el modelo cuando se limita la competición y la competencia.
    ¿Qué puede hacer el cliente? Prácticamente nada como nos cuenta el artículo y si cambia de marca verá que ambas tienen como accionista al mismo fondo global de Inversión del cual nadie sabe nada pero está en todas partes. Incluyendo su banco y el suministro de ejércitos mercenarios donde haga falta como estamos viendo desde antes del 2014 en Ucrania.
    Y desde hace tiempo se acentúa el declive vendido como progreso.

    Ya nos dicen qué tenemos que comprar y qué hemos de comer y de pensar.
    ¿Han visto algún partido político que aborde esta cuestión sangrante?

    Saludos

  2. pasmao dice:

    Excelente columna la del Sr. Laguna. Felicitaciones.

    Lo mas grotesco de todo este asunto es que los artilugios de ahora se diseñan (o eso parece) para que no se puedan reparar. Mientras tanto nos van dando lecciones de ecológico, resiliente, no binario, etc…

    No es que no salga a cuenta repararlas, es que ni siendo un manitas y teniendo una impresora 3D con lo último y uno se meta ello por simple «afición» se pueden reparar muchas cosas, que antes si se podía en terceros lugares, sin problemas y sin arruinarse.

    Y como comenta el Sr. Estévez, vamos a una sovietización, pero tomando lo peor de aquello. En este tema, en la URSS, u otros paises del Este, los equipamientos de consumo eran bastante toscos, pero eran fáciles de arreglar. Incluso en maquinaria de mayor complejidad. Igual exigía ir al mercado negro a por algún repuesto, pero no había no grandes dificultades técnicas ni el analfabetismo técnico que hay ahora.

    El famoso AK47, sin ser una maravilla técnica (precisión, alcance, …) , tuvo gran éxito precisamente por que fallaba poco, y cuando lo hacía era fácil de arreglar. Y se sigue usando (por desgracia)

    Lo cual me lleva a la columna de la singularidad tecnológica. Y el que es posible que sea precisamente esa montaña de sinsentidos que hacen que nada funcione como debiera y que cuando lo hace, aún a medias; cuando hay algún problema uno corra el riesgo de morir de desesperación. O que se lo pregunten a los propietarios de un Tesla (en el pecado llevan la penitencia, aunque ellos mismos lo oculten). Lo que nos «salve» de que esos superordenadores nos den pa el pelo.

    Porque para que se produzca esa singularidad se presupone que debe de existir un mundo donde la tecnología funcione y las herramientas que dependen de esa tecnología tengan una mínima fiabilidad. Si no sería como tener Iphone de última generación hace 20 años.

    Pero si somos incapaces de producir equipos con una mínima calidad, incluso en marcas premium, es muy difícil que mas allá de prototipos sofisticadísimos logremos la calidad suficiente en hardware y software que posibilite que esas IA de existir puedan interactuar con nosotros. Es que pienso en una super IA intentando ejecutar algo y encontrarse con que los relés que debían… no funcionan ni de coña, y hasta me enternezco.

    Llevamos casi 50 años sin ir a la Luna. Pero nos despachamos con sueños marcianos. Ustedes mismos.

    Un cordial saludo

    PS le estoy dando vueltas a un comentario largo sobre el tema de la energía que en dos excelentes columnas expuso Don Francisco Díaz Andreu. Pero tengo miedo de ser demasiado ácido.

    1. pasmao dice:

      Les dejo este link a un video de youtube muy a cuento con el tema en cuestión. Y además divertido.

      https://www.youtube.com/watch?v=-uwPcppZ85I&t=13s

      POR QUÉ HE COMPRADO UN SEAT IBIZA TDI por 500€: El placer de conducir rápido gastando poco

  3. Juan Laguna dice:

    Muchas gracias por los amables comentarios de R.Estévez y Pasmao al que hay que agradecer el enlace al vídeo sobre el coche Seat Ibiza de 350.000 kms. Mi pequeño Corsa no llega a tanto, casi 200.000 y sigue tirando y resolviendo mis desplazamientos….. Ahora lo han sentenciado a acabar sus servicios en cualquier desguace (como a muchos de los humanos mayores).
    Mientras tanto nos seguirán apretando las tuercas para exprimir nuestros jugos a mayor beneficio de los de siempre y con cualquier excusa.
    Tanto los profesionales reales de automóviles como la propia Greenpeace, han alertado de la nueva chatarra «eléctrica» que se nos viene encima. Y es que, cuando hay que vestir la incompetencia y la codicia con nombres rimbombantes, somos únicos.
    Gracias de nuevo por hablar de las cosas realmente importantes.

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