Entretenimiento Imagen de Mohamed Hassan en Pixabay

Durante toda la historia conocida, la mayoría de los seres humanos han estado volcados en su supervivencia; a lo largo de su precaria vida quedaba poco espacio para el arte, las matemáticas o la filosofía. Se podría decir que todavía estamos en esa situación, pero lo cierto es que en este momento una gran parte de la humanidad dispone de más tiempo para otras cosas que no sean conseguir alimento o refugio.

Un reflejo de ello es el concepto de ocio. Si en un día laborable cualquiera empleamos ocho horas en dormir, otras ocho en trabajar y dos o tres en actividades tales como desplazarse, cocinar o poner la lavadora, todavía quedan cuatro o cinco horas a nuestra disposición; todavía queda un periodo de tiempo que sobra, de tiempo libre, que hay que ocupar.

Y lo que suele ocurrir es que no sabemos qué hacer con él; es frecuente que entremos en un estado de cierta angustia o desazón, de vacío, de desánimo o de falta de estímulos, que llamamos aburrimiento. Para paliar esta sensación, para ocultarla, hacemos todo tipo de cosas: tontear por internet, jugar a las cartas, ver la televisión, leer… cualquier tipo de actividad que sirva para distraernos. Y sin embargo seguimos aburridos, porque el remedio no está en la actividad en sí sino en cómo y para qué se hace. No es lo mismo leer para no pensar que leer para descubrir, no es lo mismo pintar para comunicar que pintar para entretenerse.

Es ahí, en el entretenimiento, en la distracción, en no estar atento, donde reside una de las claves del problema. Y vivimos en una sociedad en la que el entretenimiento, y su prima hermana la procrastinación, se fomentan y se rentabilizan. Estamos rodeados de distractores que desvían nuestra atención, que la apartan de lo fundamental.

Esto no significa que jugar al tenis, ir al cine o bailar sea indeseable. Al contrario, es necesario divertirse, estar alegres, alertas a nuestra felicidad; lo indeseable es hacer por hacer; para pasar el tiempo, para aturdir nuestra inteligencia, para mantenernos cómodos en nuestro estado de confort.

Saber que Sila fue un dictador romano no sirve de gran cosa pero divierte, le es grato a nuestro pensamiento. Es una información inofensiva, útil para concursos y para sorprender; el nombre, además, suena bien y es fácil de recordar. En el inmenso almacén de nuestro cerebro guardamos listas, nombres de personajes, de futbolistas, cantantes o actores, títulos de canciones, de películas, las capitales de los países, las ciudades por las que pasa cada río. Pocas de estas cosas nos hacen crecer; desde luego no nos hacen más sabios.

Pero gran parte de nuestra educación todavía se basa en este tipo de referencias; gran parte de ella consiste en informaciones cerradas, en conocimientos que se presentan como ciertos y completos: el mundo es así y funciona de esta manera. Y esta forma de educar conduce al aburrimiento, a la falta de estímulo porque no queda nada por descubrir; esta forma de educar adormece al pensamiento aventurero, nos oculta que la mayor parte de lo que somos y a lo que podemos llegar todavía está por desvelar.

Un disparate es un despropósito, un desatino, un tiro a lo loco, un disparo al aire y que la flecha dé donde diere. El arte es un disparate, un disparo a ninguna parte, algo que trasciende la razón y que, sin embargo, transforma tanto al artista como al receptor, le pone en contacto con mundos desconocidos, le ayuda a percibir y entender la realidad de otra manera. El entretenimiento no; pero es muy fácil que los confundamos, sobre todo si se fomenta esta confusión.

Como los Disparates de Goya, el arte es subversivo, altera el orden de lo establecido, mientras que el entretenimiento lo que persigue es apagar la inquietud que nos puede hacer dudar y querer cambiar. El arte nos acerca a la felicidad y el entretenimiento solo nos deja temporalmente satisfechos.

2 comentarios

2 Respuestas a “Entretenimiento”

  1. Rafa dice:

    Hacer balance de una vida es harto difícil y a mi juicio inútil; poner en un lado de la balanza lo que pensamos que nos pasa de bueno y en el otro lo malo no nos da sentido.

    Sin embargo frecuentemente escuchamos » yo he tenido mala o buena suerte en la vida».
    Hasta hace algunos años, muchos individuos ni siquiera se planteaban su felicidad; el hacer diario solo permitía ir resolviendo problemas generalmente relacionados con la supervivencia.

    Actualmente hemos llegado sobre todo en Occidente a una situación en la que podemos elegir gran parte de nuestras actividades y esta elección es un arma de doble filo, puesto que es un concepto ligado al de libertad.

    Para mayor confusión de nuestra responsabilidad al hacerlo, existe un enorme mercado dirigido e instado por los poderes fácticos de lo que se entiende por cultura del ocio y el entretenimiento.

    En sustitución del cultivo de uno mismo a través de actividades que nos engrandezcan, interpretamos el adquirir cultura (de lo que nos sentimos culpables por no hacerlo), como comprar la distracción que nos venden.

    Así que algunos piensan que se están acercando al conocimiento cuando escuchan la canción seleccionada para el Benidorm Fest , «Zorra» del grupo Nebulosa.

    Un abrazo

  2. Manu Oquendo dice:

    En cuestiones, como la que suscita el artículo, que en último análisis dependen de la concepción que tengamos de la humanidad, es importante establecer si creemos que el ser humano es trascendente o no. Es decir si tiene un alma que de alguna forma sobrevive a la biología o si la vida no tiene más sentido que optimizar el bienestar biológico propio y, quizás, el de nuestra descendencia inmediata. Un servidor se ubica en la primera porque así fue educado y creo que es la que da sentido a nuestras vidas.

    El entretenimiento –distracción, pasatiempo, etc.– es una categoría que no encaja bien con la idea de un ser humano trascendente, más bien lo hace con la segunda, la concepción biológica del mismo. Supongo que el compañero Rafa estaba pensando en esto cuando se refirió a la canción «zorra» de Nebulosa.
    Habría quizás que distinguir entre el mero entretenimiento y las «aficiones» o hobbies que exigen un cierto esfuerzo y un acto de la voluntad –porque son un trabajo a veces duro y difícil– que nos enriquecen física y espiritualmente a lo largo de la vida.
    Estas actividades son, en mi opinión, muy necesarias en nuestro proceso de realización personal que, más allá de las creencias religiosas, fueron reflejadas por Maslow y que nos llevan desde la pura supervivencia física a la realización altruista que algunas personas alcanzan a lo largo de su vida convirtiéndolas en referentes para el resto.
    Saludos y gracias por el artículo.

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