En cualquier conversación sobre lo mal que está el mundo siempre sale alguien diciendo que, para cambiar de verdad las cosas, la clave es la educación. Y es cierto que esa es una de las herramientas más eficaces para que un Gobierno oriente el desarrollo de una sociedad con visión de largo plazo. Además es uno de esos ámbitos dónde todos tenemos cosas que decir, aunque solo sea por experiencia personal. Por eso, ahora que tenemos al mundo educativo en ascuas por culpa de los recortes presupuestarios, de un controvertido proyecto de ley y de un ministro propenso a provocar polémicas, viene muy a cuento reflexionar sobre qué es y qué debería ser la política educativa.

Para evaluar si una política educativa es, o no, la correcta, habrá que ver si los objetivos son adecuados y si son alcanzables con los medios existentes. Ese proyecto de ley cita básicamente tres. El primero viene a decir que cada persona adquiera los conocimientos y habilidades necesarios para que pueda “acceder a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”. El segundo que cita es el de facilitar el desarrollo personal de los alumnos. Y el tercero habla de facilitar su integración social. Enunciados así estos objetivos suenan muy razonables. Otra cuestión es cuando se entra en su interpretación y en su aplicación práctica.

Para hacer realidad el primero de ellos necesitaremos crear muchos y buenos investigadores a fin de tener una potente actividad en I+D+i. También hará falta formar muchos emprendedores, capaces de tener buenas ideas, de traducirlas en proyectos viables y de llevarlos a buen fin. Unos y otros habrían de ser la punta de lanza de nuestros avances en materia de competitividad. Será necesario asimismo formar a los escolares para que, en el futuro, sean capaces de reiniciar su vida profesional tantas veces como haga falta y en sectores distintos. Y a estos ejemplos se le podrían agregar otros más.

Pero no hace falta. Con lo que hemos dicho ya uno tiene suficiente como para preguntarse si el sistema educativo que tenemos es, o no, el adecuado. Por ejemplo, los perfiles que hemos citado coinciden en la necesidad de enseñar a dar un enfoque multidisciplinar a los problemas y a sus soluciones, a tener capacidad para integrar múltiples variables, habilidad para buscar los recursos que se necesiten (técnicos, humanos, financieros…), capacidad de organización, confianza en sí mismo, etc., etc. ¿Cuánto de todo esto se enseña en nuestras aulas?

Vayamos ahora al segundo de los objetivos citados: facilitar el desarrollo personal de cada individuo. ¿Qué entienden por “desarrollo personal” nuestras autoridades educativas? El proyecto de ley no dice ni pío. ¿Se estarán refiriendo al desarrollo artístico, al ético-moral… o a otra cosa? ¿Les interesa de verdad este objetivo o lo incluyen solo por que “hay que ponerlo”? Seguramente a los padres les parecerá muy importante, aunque si les preguntásemos qué aspectos deberían configurar este desarrollo personal, quizás sus respuestas fueran bastante divergentes y hasta imprecisas. Algo así como que aprendan a hacer frente a las adversidades, a tener fuerza de voluntad, a pensar y a tener su propio criterio, a ser justos, a ser generosos, alegres, cariñosos y, en la medida de lo posible, a ser felices.

Sorprende que este tema no sea objeto de un apasionado debate público en el que todas las fuerzas vivas con alguna responsabilidad en la educación, empezando por las propias autoridades educativas, tratasen de aclarar en qué debería consistir ese desarrollo personal y cómo progresar en su logro desde un trabajo en las aulas, qué aspectos conciernen a los padres, qué coordinación debería haber entre éstos y los profesores, qué papel debería tener el Gobierno, etc. Un debate de esta naturaleza debería reunir a un amplio espectro de especialistas, desde pedagogos y psicólogos hasta neurólogos, pediatras y biólogos, pasando por filósofos, sociólogos y economistas, además de los padres, para identificar aquellos aspectos en los que el ser humano puede ampliar sus capacidades actuales, así como las formas de conseguirlo.

Respecto al tercero de los objetivos citados, no cabe duda de que una buena integración social es deseable y que depende mucho del trabajo que se haga en la escuela. Lo difícil es ponerse de acuerdo en qué tipo de integración social es la que conviene. Porque una cosa es promover la solidaridad o el respeto a los diferentes, por poner algún ejemplo, y otra muy distinta es el adoctrinamiento y la uniformización ideológica. Cuando vemos cómo se utilizan la Historia o la Lengua para crear un sentimiento de identidad nacional, o la controvertida asignatura de Ciudadanía para imprimir determinados valores políticos o sociales, es difícil no pensar que es por éste motivo, precisamente, por el que los Gobiernos quieren controlar tan de cerca la educación.

Es obvio que cuanto más homogéneos sean los valores en los que cree una sociedad, más fácil será gobernarla. Un rebaño donde cada ovejita esté convencida de que debe hacer lo que hacen las demás es mucho más fácil de pastorear que si cada una tiene sus propias ideas. Claro, pero entonces ¿cómo se compagina esto con lo de fomentar el desarrollo personal? ¿Cómo se compatibiliza incluso con lo de formar investigadores y emprendedores? ¿Se puede formar a la gente para que tenga sus propias ideas, y sea capaz de llevarlas a la práctica, como necesitamos para que nuestra economía sea innovadora y competitiva, si al mismo tiempo se quiere evitar la proliferación de “librepensadores” en el ámbito social y político?

En cuanto se piensa un poco en el alcance de estos objetivos se da uno cuenta de que, salvando las excepciones que siempre hay, nuestro sistema educativo está muy lejos de tener las ideas, los métodos de trabajo en las aulas y los recursos que se necesitarían para alcanzar, de verdad, esos objetivos. No parece que esté clara la línea pedagógica a seguir. Parece que ideas hay muchas, pero sin que hayan llegado a integrarse coherentemente en proyectos educativos a nivel de centro escolar ni hayan sido suficientemente verificadas con la experiencia.

En estas circunstancias, el escenario ideal sería que todos los centros escolares tuvieran la autonomía y los recursos necesarios para que pudiesen investigar, innovar y experimentar las fórmulas pedagógicas que les pareciesen más apropiadas para alcanzar esos objetivos. En ese caso, habría colegios que apostarían por un modelo de enseñanza muy tradicional mientras que otros, en el extremo opuesto, lo harían por modelos muy innovadores y distintos entre sí. De éstos, unos tendrían más éxito que otros pero, con el tiempo, es probable que algunos destacasen por haber desarrollado nuevos enfoques y métodos pedagógicos, especialmente idóneos, cuyos logros harían que se fueran extendiendo al resto de los centros.

Sin embargo, cuando queremos avanzar hacia ese escenario, nos topamos con un modelo educativo muy homogeneizado, al estar dirigido y estrechamente controlado por el Estado –que, en la práctica, se concreta en un reducido grupo de funcionarios del Ministerio de Educación y de las Comunidades Autónomas, con las típicas interferencias políticas– lo cual hace que su capacidad de innovación pedagógica y de adaptación a las nuevas necesidades sea muy pobre. Es muy difícil, por no decir que imposible, que el sistema evolucione en bloque. Para poder aspirar en serio a esos objetivos habría que “liberalizar”: dar la autonomía necesaria a cada centro educativo para que evolucionase por sí mismo. Así podríamos albergar la esperanza de que, algún día en algunos de ellos, se llegase a concretar con éxito el tipo de educación que necesitamos.

Ahora bien, para ello se requeriría un tipo de autonomía que permitiese a cada centro escolar definir libremente qué contenidos impartir en cada curso, cómo hacerlo, con qué profesores, con qué organización, etc. Naturalmente ello debería venir acompañado por la correspondiente libertad de los padres para elegir el centro que más les gustase. ¿Y cuál debería ser el papel del Estado? Por una parte, financiar la educación para mantener su gratuidad. Pero una cosa es subvencionarla y otra, muy distinta, imponer cómo debe ser el funcionamiento interno de cada centro. El Estado también tiene que asegurar que los títulos obtenidos por los estudiantes garanticen unos determinados conocimientos homologables dentro de la Unión Europea. Para ello, debe establecer los conocimientos a adquirir en determinados ciclos –no en cada curso- y controlar su cumplimiento mediante las pruebas correspondientes.

Este modelo podría aplicarse manteniendo la escuela pública, siempre y cuando se diese el tipo de autonomía a los centros indicado. En este caso, el papel de las autoridades académicas se reduciría a auditar el cumplimiento global del presupuesto asignado, y poco más. Si esto no fuera posible, cabría, entonces, la opción de privatizar los centros y establecer conciertos con ellos; o recurrir al sistema del cheque escolar por el cual los padres reciben la subvención estatal directamente. En todo caso, el debate principal no es, en mi opinión, escuela pública versus escuela privada, sino homogeneización educativa frente a pluralidad y libertad. Y, sobre todo, qué proyectos educativos son los que harán que sean alcanzables los objetivos formulados al comienzo del artículo.

El debate político es qué educación queremos: aquella que nos permita tener el modelo vigente o la que de verdad necesitamos, con los cambios en el modelo que sean pertinentes.

21 comentarios

21 Respuestas a “¿QUÉ EDUCACIÓN QUEREMOS?”

  1. carmina dice:

    El desarrollo personal es difícil si hay que complacer a quienes se niegan a des-arrollarse, a dejar de acurrucarse en ovillo, a crecer; a los que lanzan a los estudiantes a la arena a competir por el honor del centro.
    En nuestra sociedad se compite en todo: entre regiones,inventando el pasado, la forma segura para no avanzar porque los pies de barro soportan mal el cuerpo músculoso del futuro; entre hermanos, por atraerse el cariño y las prerrogativas que otorgan los padres; en la escuela, desde que se inventó lo de ser el primero o el último de la clase, en función de la actitud y aplicación que el maestro juzga dignas de premio; incluso en la amistad.
    El desarrollo personal requiere la colaboración de todo el entorno: académico, familiar, social; respeto e impulso al desarrollo de la invidualidad, que enriquecería al conjunto, en lugar de hundirnos todos juntitos en la mediocridad de la igualación.
    Competir, tener competencias, ser competente es lo que todos buscamos. Pero alguien dijo que con quien hay que competir es con uno mismo, hasta vencer dudas, perezas, autolimitaciones y mezquindades.
    En lo académico, mientras los que decidan qué y cómo se estudia esten ellos mismos sin desarrollar, pocas luces van a proyectar sobre la escuela, porque en la penumbra se disimula mejor la incompetencia del burócrata.
    Es el modelo el que está, literal y figuradamente en bancarrota. ¿Por dónde empezar?
    Cierto que una educación distinta dotaría a los alumnos de la fuerza interna suficiente para afrontar el embrutecimiento de la propia familia, y hasta el acoso de los envidiosos.
    Es como el acertijo de quién fue primero, si el huevo o la gallina: la gallina, sin duda. Ahora queda por ver si hay huevos suficientes para modificar este desaguisado.

  2. mrtaid dice:

    Disiento con ud. y niego la mayor: no veo nada de razonable en que el primer objetivo de una política educativa sea ““acceder a puestos de trabajo de alta cualificación”.

    ¿Pero en qué mundo vivimos, que hasta a una persona crítica y lúcida como ud. se le pasan por alto semejantes despistes y los cree incluso razonables?

    ¡Que no, que no! Que la educación no tiene nada que ver con el mundo laboral y menos con la caspa de “mundo laboral” como el que nos hemos inventado.

    Y no digo más porque cualquiera podría escribir un libro de esto.

  3. Enrique Sánchez Ludeña dice:

    Para los que no lo hayan leído todavía, incluyo el primer párrafo del anteproyecto de la futura ley de educación:

    “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y el nivel de prosperidad de un país. El nivel educativo de un país determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel educativo de los ciudadanos supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global.”

    Sin comentarios

  4. Valentina dice:

    No sé, pero siempre tengo al leer tanto los artículos como los comentarios la sensación de que escribís (o escribimos) desde un entorno más o menos (bueno, tirando a “más”) confortable y aderezado al gusto desde el que es muy fácil teorizar.
    Todo el que escribe en este blog o en cualquier otro tiene, por lo menos, un ordenador del que echar mano; y si no lo tiene propiamente ahí tiene el de algún familiar o amigo, o acude a alguno de esos lugares como bibliotecas públicas y cosas así y se conecta a internet. Quiero decir, que disfrutamos (con gozo puede que discutible que anubarre o enturbie el disfrute, pero disfrutamos) de un mundo material y de materialidades que me gustaría a mí saber si estamos dispuestos a prescindir de él.
    Televisiones, lavadoras, ipads, ipods, mps3, mps5, tablets, wifis, sofás, cortinas, lámparas, coches, motos, bicicletas, mandos a distancia, calefacciones (programables a distancia, creo, y todo), ropas, calzados (y no sólo las prendas y los zapatos precisos, sino de sobra, y bonitos, y de firma), y todo tipo de enseres que… ¿y qué?
    En este mundo que tenemos ahora mismo todo bicho vivo (humano, me refiero) es un burgués; un ambicioso, y no lo es menos el que vive de alquiler con derecho a cocina o en un apartamento de 20 metros que el que tiene una mansión espampanante; ni menos el que tiene una bici que el que tiene un Mercedes y un Rols Royce (Lo he escrito mal, y me refiero al coche, que me suelo confundir con el Rolex)… Ay, me canso, se me acaba la cuerda y ¿qué hago yo aquí escribiendo sandeces que no importan a nadie?
    Voy a intentar centrarme: ¿Qué educación queremos?
    Pues a toro pasao y ya sin remedio a mí me hubiera gustao que me dejaran a mi aire, que ni me educaran ni nada de nada. Y es que ya yo sola, me parece a mí, sólo con ver el mundo y las personas me hubiera ido interesando por el mundo y por las personas…
    Pues sigo mal, atascada otra vez, porque eso le pasa a cualquiera.
    Me hubiera gustao (de todos modos) hacer las cosas a mi manera. Las cosas que yo quisiera y como yo quisiera hacerlas, sin que nadie viniera a medir o a tasar si la niña de al lado hacía cosas mejores o más útiles o si las hacía mejor que yo.
    Me hubiera gustao que nadie me metiera en la cabeza ideas de qué son necesidades a cubrir; que estoy segura de que con mi propio pesquis (y eso que no es mucho) me habría percatado de qué necesitaba y de qué no.
    Y que nadie me enseñara que existen intereses que defender.
    Me hubiera gustao que no me enseñaran a ser sociable, ni “adapatada”, y que no me generarar la zozobra de sentirme inadapatada.
    Me hubiera gustao que no me enseñaran que hay que trabajar para vivir o que, por lo menos, no me enseñaran que tenía que ser una asalariada de alguien que mandase sobre mí, o, si no quería eso, “prepararme” para ser yo quien tuviese asalariados a los que mandar.
    Me hubiera gustao que nadie me sacase de mi error de que con la noche y el día y el cielo y la tierra ya hay suficiente para defenderse.
    Me hubiera gustao que …
    Ay, no sé, me hubiera gustao que me enseñaran que la vida es otra cosa y algo más que el puro aprendizaje de cómo adquirir los conocimientos necesarios para saber dar los pasos pertinentes que me pongan en camino de buscarme la subsistencia que me permita seguir sobreviviendo.
    Me hubiera gustao que nadie me enseñara que la salud hay que cuidarla y que para eso hay que pasarse la vida pendiente del cuerpo.
    Me hubieran gustao tantas cosas que no tengo pero, lo que son las cosas, lo que sí tengo es calefacción y una tele y un ordenador, y un piso (pagado y todo, que no me tengo que preocupar de que un banco me desahucie para luego cerrarlo con llave y que no viva nadie en él) y algunos trastos y cachivaches más.
    Me hubiera gustao no tener nunca que llegar a entender (y en eso, mira tú, que voy a salirme con la mía porque no voy a entenderlo nunca) que no sé qué intereses de mercado y otros términos que me suenan a chino estén por encima de las personas y sus pobres cuerpos y sus pobres vidas.
    Pero en ese mundo vivimos. Todos. Incluso los que escribimos en este blog.
    Y me voy a permitir la osadía de sospechar que no queremos prescindir de él y se me ocurre, así bote pronto, alguien que tiene unos dineros, unos ahorros y está buscando piso. Pues se pone tan contento si un banco le vende a bajo precio el piso del que anteriormente desahució a una vieja. Lo de la vieja es sólo un por ejemplo.
    Nunca he tenido hijos. Pero me hubiera gustao que lo que aprendieran no fuese lo que yo aprendí.

  5. Manuel Bautista dice:

    En respuesta a MRTAID,

    Yo sí creo que la educación tiene que ver, entre otras cosas, con el mundo laboral. Cierto que no se trata solo de formar a la gente para los puestos de alta cualificación. Un país también necesita formar a buenos educadores (obviamente), médicos, arquitectos, informáticos, economistas,filósofos, músicos, etc., etc. Profesionales que tienen que saber hacer bien su trabajo aunque no estuviesen en la “punta de lanza” de la innovación.

    Otra cosa es que la educación también tiene que contribuir a resolver eso que, genéricamente, se ha agrupado en el desarrollo personal y en la integración social. Pero me parece difícil argumentar que, en este tipo de sociedad, la educación no debiera atender las necesidades de un sistema productivo. Pero, desde luego, en un tema como éste, que no es una ciencia exacta, estoy muy abierto a escuchar otras opiniones.

    Un saludo,

    1. mangasverdes dice:

      ¿Qué necesitamos formar entonces?, ¿ingenieros de todo tipo, físicos, químicos, investigadores en todos los campos de la ciencia y la tecnología?. Los tenemos a patadas y se están yendo al extranjero. Aquí sólo hay sitio para camareros y, hasta hace poco, para albañiles. El problema no creo que sea tanto el modelo educativo como el sistema productivo, que consiste básicamente en actividades (muchas estacionales) de bajo o ningún valor añadido y que nunca absorberá a los profesionales altamente cualificados de los que hablamos.

  6. mrtaid dice:

    Yo lo veo de diferente forma. Yo diría más bien que la educación “también tiene que contribuir a resolver eso que, genéricamente, se ha agrupado en el desarrollo laboral y en la integración laboral”. “También”, esto es, de forma siempre secundaria.

    ¿Cómo es posible entender la educación de los niños tomándolos primariamente como futuros trabajadores y no como futuras p e r s o n a s ? ¿Qué queremos formar primariamente, trabajadores o personas?

    La “educación”, sea lo que sea, porque veo que no es fácil de entender qué es (tan desorientados estamos), no es ni debe ser tenida en ningún momento como un “motor que promueva la competitividad económica”. Porque esto es un suicidio. Reducir a la persona a eso es un suicidio y la educación lleva suididándonos muchos años.

    La educación, no los educadores. Porque, mal que bien, gracias a dios o a quien sea, en ninguna cabeza de ningún educador cabe -todavía- la idea que expresa esa ley de que la persona sea y debe ser tratada y educada como un mero ente económico.

    Y no digo más, no porque no me entren ganas, sino porque, como decía, de esto se podría escribir un libro. Tan solo repetir la idea expresada al principio de que no se trata de medios, sino de orientación (en este caso de desorientación).

  7. Manuel Bautista dice:

    Respuesta a MRTAID:

    Conviene tener presente que la cuestión clave no es que nos pongamos de acuerdo los dos en esa interpretación, sino que el grueso de los padres (y de los educadores) lo vean también así. Y a mí me cuesta creer que, teniendo en cuenta la preocupación tan generalizada que hay con el problema del paro (y más aún del paro juvenil), hubiera una mayoría de padres dispuesta a que el sistema educativo le diese un tratamiento secundario a la formación que demanda el mercado laboral.

    Un saludo

  8. José María Bravo dice:

    Como se podría inferir, esa educación para formar estudiantes competitivos en el mercado laboral implicaría el paso a la Educación Superior. Os paso una información de como esta actualmente en USA, la situación referida, que puede servir de ejemplo.

    La Educación Superior en USA nunca es gratuita y los mejores estudiantes son los asiáticos, apenas representan el 4% de la población pero el 20/25% del alumnado de las universidades de primer nivel. Los peores estudiantes son los latinos y los afroamericanos que es debido a la escasa formación y salario de sus progenitores (podría extrapolarse, esto ultimo,atrevidamente, a la actual situación española).

    En la Educación Superior allí existen los siguientes centros de enseñanza:
    Community Colleges: administrados por los Estados y/o ciudades. Ofrecen las carreras técnicas más básicas y es de fácil acceso. Su costo anual oscila entre 1.700 y 2.700 euros.
    Universidades Técnicas Publicas: Carreras de mayor nivel que las anteriores y no es tan difícil el acceso. Costo anual entre 8.000 y 9.000 euros anuales.
    Universidades publicas de primer, segundo y tercer nivel. Carreras mas formales dependen de los Estados, entre las que están UCLA, Berkely, etc. El acceso al primer nivel es bastante difícil.Su costo anual es de unos 15.000 euros anuales. Estas universidades dan algunas becas para extraordinarios estudiantes entre los que surgen Premios Nobel y/o Campeones Olimpicos.
    Universidades Privadas como Harvard: precio de estas universidades entre 30 y 35.000 euros anuales, aparte de la manuntención

    Tambien hay que considerar que los mejores empresarios no son necesariamente los mejores estudiantes, sino aquellos que balancean liderazgo, toman mayores riesgos o heredan una gran fortuna. Y, un problema añadido que para estudiar a mayor nivel se ha creado una bolsa enorme de endeudamiento de los recien egresados que se ha vuelto insostenible.

    Mi opinión sobre la opción educativa de este gobierno es que surge, como casi siempre, de un análisis poco profundo de la realidad española y esta encaminada a la tesis neoliberal de la competencia “sin obstáculos” que favorece a una mínima parte de la población.

  9. Manu Oquendo dice:

    En España hemos de hacer muchas cosas en lo que a educación respecta. Para no entrar en disquisiciones de expertos –porque no lo soy– resumo algunas.

    Hoy tenemos menos capital humano aplicable al proceso productivo que hace 40 años y ni siquiera hablamos de ello.
    Me refiero a todas las cosas que la gente sabía hacer y que hoy ignora.

    Por ejemplo: En todo Madrid, más de 7 millones de personas, no hay forma de encontrar a un solo zapatero que te haga unos zapatos.

    Hace cuarenta años en cada barrio o calle había uno bueno, económico y muchos nos calzábamos con sus productos. Vivían bien, además.

    El mío, en Sanse, cerró hace unos 30 años por jubilación. Casi lo mismo casi sucede en modistas y sastrerías no de superlujo.
    Menos mal que al venir emigrantes se ha recuperado algo de conocimiento. Tampoco tanto pero hay mujeres y hombres capaces de un pespunte, una vainica o un zurcido razonable. Un buen corte, muchos menos.

    Esto supone una enorme descapitalización social que se extiende a casi todas las facetas de la actividad humana.

    El conocimiento se ha muerto en casi todo lo que no interesa al sistema globalizador que por otra parte al estar basado casi exclusivamente en economías de escala se mueve –necesariamente– en la dirección del paro creciente.

    Así es desde 1970 si se ajusta por burbujas de estímulo.

    Perdemos empleo productivo y tratamos en vano de compensarlo con la creación de empleos artificiales; tipo servicios domésticos varios, de control social o asistenciales. Nunca productivos.

    Hay más temas, por supuesto, pero este es crucial.

    No se puede educar si no se tienen claras dos cosas.

    1. ¿Qué es un ser humano y cuáles son sus fines integrales? El estado laicista tiene forzosamente que optar por una definición de mínimos. Y eso es lo que se obtiene.

    2. Para educar en respuesta a necesidades sociales sostenibles hay que tener un modelo productivo sostenible.
    Occidente, salvo nichos, no lo tiene. Por consiguiente se está descapitalizando a marchas forzadas.

    Nosotros somos un caso particular de lo anterior con problemas adicionales y por eso mostramos divinamente los peores resultados del mundo mundial: En Fracaso escolar y en Paro.

    Por último, una petición.
    Pienso retirarme en unos meses, me gustaría aprender a hacer zapatos (de caballero, sencillos clásicos). ¿Alguien sabe dónde podría aprender?

    Gracias y buenos días

    1. Valentina dice:

      Está cerca de mi casa y es donde yo llevo mis zapatos a arreglar. Hacen todo tipo de calzado a medida.

      GARRA
      Madrid
      CALZADOS ORTOPEDICOS
      Dirección
      Gabriel Lobo, 15
      28002 Madrid (Madrid)
      Tlf: 914114424

      1. Manu Oquendo dice:

        Gracias, Valentina. Tomo nota de esta dirección y de la que indica José Mª. Muchas gracias.
        En Toledo hay varios artesanos, también en Tordesillas, pero el resto de España con las excepciones clásicas de Valencia, Alicante, Menorca, Mallorca y Huelva se nos va convirtiendo en un desierto.

        Es un oficio que conocí de niño en vacaciones porque cerca de la fábrica de conservas de mi familia había uno y me pasé muchas horas viéndole trabajar. El proceso manual todavía lo recuerdo paso a paso.

        El sistema ha ido destruyendo empleo productivo y conocimiento de una forma siniestra que se sale del tema.

        Ya os iré contando porque esta tarde, aprovechando la Almudena me acerqué a Toledo a hablar con uno de ellos recién jubilado y con dos operaciones de espalda debidas a la postura para coser las suelas.

        Gracias.

  10. José María Bravo dice:

    Manu, voy a contestar a tu pregunta de donde aprender a hacer zapatos. Conozco en la calle Fernan Gonzalez de Madrid, muy cercana al Corte Inglés de la calle Goya, a un emigrante ecuatoriano que conocí, hace años, como aprendiz de un viejo zapatero alcoholizado que tenía un pequeñisimo local en esa misma calle. Este inmigrante, se llama José, aprendía por las mañanas y por las tardes trabajaba en otra zapateria de un gran Centro Comercial. El viejo zapatero se retiro y le cedió el local, pero José decidió ampliar su negocio y alquilo un local, más grande, unos portales más adelante. Allí trabaja con su mujer, ha crecido su pequeña niña, ha hecho cursos de hacer llaves de seguridad y de otros servicios afines. Ante la situación económica difícil del país, sigue trabajando como empleado en el Centro Comercial, apenas descansa algunos domingos. Es educado, alegre, honesto y jovial. Se le ve con frecuencia, en los festivos, adecentando más y más su negocio.

    Todo esto contrasta con el ferretero de al lado de mi portal, un español de nacimiento, que solo hace las copias de llaves sencillas. No ha hecho los cursos para hacer las llaves de seguridad porque no son de su competencia. Su negocio, muy pulcro y muy blanco, lleno de miles de objetos de consumo. Va de capa caída.

    Todo esto parece una parabola sobre los defectos de la especialización.

  11. Manuel Bautista dice:

    Manu, en tu comentario de esta mañana amplias esta reflexión que estamos compartiendo en un aspecto fundamental. Dices que un proyecto educativo debe tener claro “¿qué es un ser humano y cuáles son sus fines integrales?”.

    Efectivamente, creo que esta es la cuestión clave. De hecho, creo que es este el enfoque prioritario que me quería señalar también MRTAID. Sin lugar a dudas, este es el núcleo del debate.

    No sé si sería posible que la sociedad (y con ella la comunidad educativa) nos pusiéramos de acuerdo en definir qué es un ser humano. De hecho, la ciencia no lo ha conseguido hasta ahora y sospecho que aún está muy lejos de lograrlo. Pero no importa cómo lo definamos, lo que si importa y mucho es que nos pongamos de acuerdo en dos cosas:

    1. Que el ser humano como especie, y cada uno como individuo, puede continuar expandiendo y aumentando sus “talentos”, sus capacidades. En definitiva, que NO está terminado.

    y 2. Que la educación es clave para ello, pero que lo puede hacer muy bien o muy mal, con todos los tonos de grises intermedios.

    Solo discrepo de tí, Manu, en un matíz: que el Estado laicista tiene que optar forzosamente por una definición de mínimos. Entiendo que lo planteas porque la educación pública requiere un consenso. Pero este es el orígen de nuestro problema: en materia de educación no deberíamos conformarnos con “acuerdos de mínimos”.

    Pero, además y en primer lugar, el Estado no es quien para definir qué es un ser humano. Segundo, aún siendo muy ignorantes sobre lo que es o no es un ser humano, debiéramos ir “a por todas”, nada de “mínimos”; ser muy ambiciosos en cuanto a no poner límites al desarrollo del individuo. Tercero, no creo que sea una cuestión de laicismo o de tal o cual creencia religiosa; por poner un ejemplo: en el campo de la neurociencia hay ya evidencias sobradas que demuestran la plasticidad del cerebro; el interés se ha enfocado más hacia la “reparación” de “carencias”, pero podría enfocarse hacia la expansión del funcionamiento cerebral.

    Ahora bien, dicho esto: ¿Cómo se consigue desde un trabajo en las aulas? Sospecho que tiene que ser muy muy complicado. Por eso, precisamente, es por lo que yo proponía en este artículo que se deje plena libertad a cada centro escolar para que así sean muchos los que traten de dar respuesta a estas cuestiones, por medio de proyectos educativos A, B, C o H; por que así habrá más posibilidades de que, entre unos y otros, avancemos.

    Pero, en mi opinión, la gran cuestión es esta que has planteado. Por eso, me escandaliza que no se aborde en serio el objetivo del desarrollo personal. Ya que eso es tanto como renunciar a plantearse estas cuestiones y seguir al tran tran.

  12. José María Bravo dice:

    Interesante respuesta de Bautista a Manu. Entendido que la definición de Ser Humano es, podíamos decir, intangible. Es,en si mismo, un Ser en proceso de transformación.

    Con este margen de interpretación y de acción no podemos ni debemos orientarlo porque se le aprisiona, se le constriñe. El Ser Humano es muy sensible a la agresión externa porque, podíamos decir, su espíritu es compartido con los otros. Cualquier acto de uno afecta al otro.

    Cuando se habla de prepararlo para la competencia profesional se le limita ontologicamente, en su abstracción de la realidad, en su imaginación, en su “creatividad”.

    Lo vemos, muy evidentemente, en la educación. Si hablamos, con sinceridad, con los jóvenes de hoy. Si hablamos de todo aquello que, en otro articulo relacionado de esta web, escrito por Sanchez Ludeña, como es la desadaptación, la apatia, etc., que lleva a la frustración y a los problemas de salud publica que esto ocasiona. Porque la educación y la salud están muy relacionadas y este el verdadero problema que se plantea.

    Es que incluso utilizar el termino competencia esta fuera de lugar. Manu, hace unos días hablaba sobre la Teoría de Juegos, esta teoría nos abre la puerta a entender que el egoísmo es la peor solución para conseguir la eficiencia. Estamos mal encaminados creyendo que hay que hacer proyectos a largo plazo para un rendimiento objetivo. La libertad no tiene esas pausas. Demos ejemplos concretos, la mayoría de la gente con inclinaciones a las ciencias sociales o las ciencias puras terminan trabajando de conserjes, de vendedores o están en paro. Los únicos valorados han sido los de las carreras técnicas, los aparejadores del “destino”. Y, ahora también están en paro. Solo nos quedan, volviendo a más allá de la Edad Media, los usureros. A eso aspiramos?

  13. Manu Oquendo dice:

    Respuesta a varios comentarios.

    Buenos días.

    En el asunto de los fines del ser humano y su educación nos es necesario un proceso reflexivo, –de pensar y escuchar iterativamente– bastante intenso. No sólo es contenciosa la definición sino que sobre ella inciden diversas creencias e intereses comenzando por los más importantes: los de los grupos que tienen en sus manos la “posesión del poder”.
    Los que tenemos formación de ciencias contamos con peor bagaje para abordar estos asuntos pero, incluso así, es relativamente sencillo llegar a la conclusión de que el estado laicista, –es decir, no el estado laico, sino el que promueve la doctrina laicista–, representa una regresión si se le compara con otras culturas como puede ser la griega o sociedades dotadas de cosmologías morales maduras (ni temerosos ni maniqueos).
    Las dificultades y los límites que nosotros tenemos para definir los fines del ser humano no se daban en Grecia.
    Tenían claro que, se alcanzase o no, el ser humano aspiraba al Areté y esa era la función de la Paideia, del proceso vital de educación y ascenso personal.
    Vale la pena leer el libro de Werner Jaeger de 1933 que con el título de “Paideia, los ideales de la cultura griega” describe esta línea constante durante casi mil años. Línea directriz de la cual nuestra cultura moderna carece en su dimensión pública. Muchos autores describen bien otras escalas de valores, por no llegarnos a arquitectos de sistemas filosóficos o morales capaces de resistir el paso de algunos siglos.

    Por contra, nosotros nos vemos inmersos en una estructura político-cultural de naturaleza extractiva centrada casi exclusivamente en el control individualizado de la fiscalidad económica. Una “estructura” en la cual las decisiones se orientan estratégica y tácticamente a la preservación, crecimiento y continuidad del poder. Esta es demostrablemente su prioridad más importante y lo comprobamos mentalmente en las políticas aplicadas –por Rajoy, por Obama, la Sra. Merkel o por Mas– en las últimas coyunturas en las cuales sus intereses partidarios estuvieron en conflicto con sus responsabilidades públicas.
    Este factor, las prioridades aplicadas desde el poder, recibe poca atención pero es el más importante de los motores de nuestras sociedades modernas. Una vez que se incluye como criterio analítico el propio análisis se enriquece y se acerca a la realidad observable, el “noúmeno” de la cuestión. La visión es mucho más nítida.
    Este preámbulo nos lleva a coincidir en una apreciación: no es imposible para una sociedad humana salirse de las aspiraciones “de mínimos”. Hay ejemplos en los que vemos que no ha sido así para beneficio de toda la humanidad.
    Pero sí es cierto que en las nuestras, en nuestra forma de estado algo estamos haciendo mal porque el proceso entrópico, la degradación, es palpable y, casi con seguridad, sistémica. Podríamos llegar a coincidir en las razones y desde ellas llegar a esbozar soluciones plausibles pero esto requiere algo más que un breve comentario.
    En cualquier caso estas reflexiones son imprescindibles para entender lo que nos viene sucediendo y sus resultados a corto medio y largo plazo.
    Buenos días

  14. GOYO dice:

    La palabra educación es de esas cosas que están en boca de todo el mundo, sobre la que todos manifiestan opinión, complacencia o displicencia, acuerdo o descuerdo, generando corriente de manifestación en la que se nota la interesada implicación… Tal vez sea porque el “sueño del hombre” no se conforme con trazadas de programas institucionales, y porque todo hombre mantiene una expectativa poética de ilusión que estos no contemplan .
    Me parece bien que en el blog de otras políticas se plantee opinar sobre educación, cosa que por otra parte, dicho sea de paso, es lo que más aborrecen y menos soportan los “profes” profesionales de tal profesión, que alguien desde fuera les enmiende la plana. Sin embargo no creo que resulte fácil desde la palabra educación situarnos en lo que con cierta propiedad sería deseable desentrañar conceptualmente. Es decir, la misma palabra nos remite al sentido de conducción, al de orden de conducta fijada según determinadas normas, y nos sitùa en un ámbito generacional que va desde la edad de los tres añitos hasta la de treinta y tres, o más. Complicado el tema cuando en saco parecido, por tratarse de educación, metemos instrucción, formación e información, habituación, destrezas, conductas normalizadas, adiestramiento, acción doméstica, competencias y competitividades, pragmatismos utilitaristas, finalidades y logros que justifican los medios empleados … …y hasta habilidades sociales junto a las habilidades de jugador de futbol. Con este panorama, ¡¿ qué esperamos ?!, cuando es orgullo de todo sistema educativo la formación de cuerpos dóciles, con ánimo ocupacionalmente distraído, y mentes que participen en la disociación de todo mediante el logro sumiso a sus exámenes de estado desde la temprana edad de ocho años, para algunos aún no cumplidos…

    Malhumorado se halla el cuerpo con tanto ruido de silencios obligados y de obligaciones silenciosas, pero, ¡¿ dónde los corazones heridos ?!. …Qué difícil me resulta encontrar corazones heridos por siete espadas, cuando tanto abundan corazones dormidos en el sueño hipnótico del bienestar proclamado, donde la impositiva norma socializada, vacua de sensibilidad, anestesia el pensamiento y desangra las ideas conduciendo sus gotas por los sumideros de “programas de mínimos” para así esconder mejor el sueño del hombre.

    1. Inés dice:

      Querido Señor,
      A mí no me es difícil encontrar corazones heridos, me encuentro con ellos constantemente. El mío se resquebraja cada día, porque está vivo y siente. Cada uno sabe de los rasguños de su propio corazón. Los hay que están mal heridos, me preocupan sin embargo los que se vendan antes de que la herida cierre. Corazones de esparadrapo. También me preocupan y mucho los marcapasos, pero aunque el miedo que a veces siento por haber aprendido a mirar, no sólo a ver, y a mirar todo: luces y sombras, pero sombras sin luz, también, ese lo tengo de aliado, creo que el corazón se regenera a buen ritmo, y me encuentro a cada paso con sonrisas, alientos, susurros, pistas..
      Somos mucha gente y muchas manos, y soy optimista, mucho que trabajar y mucho que arremangarse y poco mirarse el ombligo.
      Aprecio la generosidad con la que escribe porque se lo que cuesta.
      Me uno fundamentalmente por eso que dice:
      Aprendí mucho de sus palabras y me alegro que me arranque unas pocas.

      ¿Ruído? Siempre lo ha habido.La propia naturaleza es para muchos ruidosa, pero no para todos.
      Por encima de eso hay y habrá dentro de algunos de nosotros el potencial para escuchar sólo música nada más.
      Escuchar a los que vienen a aprender con nosotros y a la vez, aprender de los que aprenden.
      Por ellos,partirnos el corazón, que no pasa nada, siempre que no ande muerto, volverá a acompasar su ritmo.
      Afortunadamente se que en cada niño que tiene la oportunidad de aprender
      y de ir a una escuela sin morir en el intento, hay una capacidad innata que le hará buscar aquello con lo que ir comprobando y cuestionando lo que le enseñen.
      Sólo los que ven a los demás como máquinas se preocupan de que la “educación” aliene o de-forme. Se debería reflexionar en el privilegio que es poder tener un libro en tus manos, igual de importante que un mendrugo de pan. Y hoy nos intentan quitar ambos, supongo que para luego darnoslo en “beneficiencia” que desgrava.

  15. Manuel Bautista dice:

    A Inés,

    Te agradezco (espero que no te moleste que te tutee) tus palabras de aliento. De verdad.

    Comparto contigo el optimismo, aunque las circunstancias generales que estamos viviendo sean duras y, para muchos, dramáticas. Nos ofrecen la oportunidad de ser mucho más humanos y generosos entre nosotros.
    También comparto contigo la opinión de la importancia de los libros y de poder cultivarse. Conviene no olvidar que en este mundo hay muchos que tienen realmente difícil esa posibilidad.

    Un abrazo

  16. manhuel dice:

    Un pais necesita ingenieros y científicos de alto nivel.
    Pero también necesita, y en muchísimo mayor número, taxistas, fontaneros, albañiles, carpinteros, tenderos, barrenderos, carteros, camioneros, electricistas etc etc etc o esta sociedad no funcionaría… Ni ahora ni nunca.
    La educación ha de conseguir también eso.

  17. Isi dice:

    La educación no es o no debe ser una herramienta del gobierno. Es un derecho de todos.

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