Tras ese clásico escuchado en la pareja de: “yo lo único que quiero es que seas feliz”, suele esconderse un “conmigo”. Pocas veces deseamos la felicidad del otro si nosotros no formamos parte de ella, porque ¿para qué me sirve que él sea feliz? ¿Qué gano yo con eso? ¿Cuál es mi parte? ¿QUÉ HAY DE LO MÍO?

Ese comportamiento egocéntrico e infantil es el que detecto en los cortoplacistas de la política.

Yo lo que quiero es que todo lo positivo que pueda pasar en este país ocurra mientras yo gobierno. ¿De qué me sirve poner en marcha leyes para que las disfruten los que vengan después? ¿Para qué sembrar ahora y arriesgarme a que otros recojan los frutos? ¿Qué gano yo con eso? ¿Mejorar la vida de los ciudadanos? No, en serio, ¿QUÉ GANO YO CON ESO?

Supongo que desde este estado un poco primario, es lógico descubrirse en un comportamiento tan egoísta, pero la clase política debería tener al menos eso: clase. Si tus esfuerzos se encaminan estrictamente a lo que suceda durante tu mandato, es preferible que te dediques a otra cosa. Si lo más importante de tu programa eres tú, será mejor que te vayas.

Por eso esgrimen todo tipo de planes con fuegos artificiales y golpes de efecto, que viene a ser como la fase inicial del enamoramiento, en la que el subidón hormonal te impide ver más allá. Pero a la hora de la verdad, en el día a día, descubres que tienes a un señor hundido al otro lado del sofá que se ha hecho con el poder del mando a distancia y que solo recuerda que existes cuando tiene hambre o amenazas con dejarle.

Y además utilizan todo tipo de tretas psicológicas para disuadirnos de una posible alternativa sentimental: “La oposición no va a hacerte feliz”. “Ellos no te comprenden como yo”. “Te prometo que esta vez voy a hacerlo mejor, dame otra oportunidad en las urnas”. “Pablo Iglesias no te quiere, solo te busca para pasar el rato”.

Una relación debería ser, como mínimo, una colaboración, pero es difícil exigir este comportamiento en política cuando uno no está dispuesto a llevarlo a cabo. Y ahora no hablo solo de relaciones sentimentales, sino de nuestra relación con el resto de la sociedad. Hay quien sale a la calle para reivindicar mejores condiciones para sí mismo, y hay quien sale a la calle para reivindicar por los demás. Hay quien porta carteles “por una vivienda digna”, y en cuanto la consigan dejarán de reivindicar por las viviendas de los otros. Hay quien se la juega deteniendo un desahucio de desconocidos, y hay quien ignora las necesidades de todos aquellos que no forman parte de su familia o clan. Hay quien se manifiesta cuando le han recortado el sueldo, y hay quien se manifiesta porque se lo han recortado a los demás, aunque el suyo permanezca intacto. Hay quien denuncia la censura o explotación de su empresa cuando la descubre, y hay quien lo hace exclusivamente cuando por fin la sufre. Hay quien pone en marcha un comedor escolar cuando sus hijos no tienen problemas de nutrición, y hay quien se indigna solamente cuando el desastre conquista las orillas de su situación personal.

Mientras los  intereses de gran parte de la población civil estén orientados principalmente hacia su propio bienestar, nuestras reivindicaciones pierden fuerza.

Pero esto no exime a una clase política que debería dar ejemplo; velar por los intereses del pueblo al que gobierna o pretende gobernar, mejorar la vida de los demás, ser capaz de renunciar a lo propio a favor de lo ajeno, proteger a las personas en vez de asfixiarlas, y dormirse cada noche pensando en cómo solucionar la vida de los ciudadanos, y no en cómo seguir alimentando su bulímica ambición.

Creo que hay que poner a esta gente en su sitio y dejar de aplaudir al ganador de turno cuando sale triunfante al balcón como si fuera un héroe. El héroe es el que se juega la vida por los demás, el que se la juega para salvarse a sí mismo se llama: SUPERVIVIENTE. Y nuestra clase política está llena de ellos.

O cambiamos las cosas, o asumimos los riesgos.

 

 

10 comentarios

10 Respuestas a “SUPERVIVIENTES”

  1. Lucas Montes dice:

    Me ha gustado mucho por que tocas la fibra sensible, los déficits de esta sociedad y, especialmente de nuestra clase política. Si uno revisa el cuadro clínico de la psicopatía constata que estamos, en general, (hoy más que nunca) regidos por gente que se comporta como psicópatas, y la psicopatía tiene que ver sobre todo con ausencia de empatía con los que padecen. Y eso ya se ha ido filtrando a la sociedad; los que tienen sus derechos garantizados y aún luchan por los de los demás son minoría. Lamentablemente hoy pienso que los déficits son muy hondos y yo ya no creo en un retorno fácil. De ese daño también son culpables los últimos gobiernos…

  2. Manu Oquendo dice:

    Hay que ver la cantidad de cosas que dice el artículo.

    Daría para escribir esa gran novela rusa que resume cada dos líneas. A veces irónica, otras siberiana, otras triste y siempre con el rondó amoroso de una primavera frustrada que no termina nunca de llegar pero que permanece como la explicación de todo.
    Así son las viejas canciones populares rusas que darían origen a lo más granado de las obras musicales clásicas.

    Al mismo tiempo la autora nos propone un acto de amor al prójimo, –un Agape en su sentido griego más puro–, un acto perpetuo de ese amor que no necesita ser retribuido pero que consume y da sentido pleno a cada vida.
    Una entrega desinteresada que, dado el abismo entre la realidad del entorno y la propuesta, nace casi muriendo, como un suspiro.

    Me temo que como no fundemos una orden de viejo cuño, lo llevamos crudo.
    Una orden de las que –antes de irse a dormir para volver a rezar antes del alba, cantan aquello de… “Que el Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una muerte santa”.

    Para a las cuatro y media de la mañana arrancar ilusionados con las estrofas del Laudes.

    “El hombre estrena claridad
    de corazón, cada mañana;
    se hace la gracia más cercana
    y es más sencilla la verdad”

    El artículo de Bárbara nos lleva, con una leve sonrisa, desde el oficio de Completas hasta un Laudes redentor.
    ¿Habrá que ponerse en marcha antes de que nos empujen desde atrás?

    Gracias, Bárbara, por el buen rato.

    Buenos días

  3. Loli dice:

    Nuestra clase política está llena de economistas y abogados.

    Hay excepciones, es verdad, pero no se observa que, al menos entre dirigentes y militantes que se eligen para formar listas electorales, abunden filósofos o científicos.

    ¿No encuentran hueco en las estructuras de sus partidos?.

    Si lo encuentran ¿son sus conocimientos poco valorados y tienen que renunciar a aplicarlos?.

    ¿Nuestros dirigentes políticos solo valoran la tecnocracia? ¿los mecanismos de aplicación y adaptación de lo ya conocido y por eso no toman en consideración otras posibles formas de profundización y compresiópn de las sociedades humanas?

    Ciencia, Filosofía, Poética, Historia, Música, Biología…No creo que sea un revoltijo sin sentido.

    Si hay gente con conocimiento en tantas y tantas materias que no se tienen en cuenta a la hora de pensar en una sociedad, pero que forman parte primordial del desarrollo humano, si hay gente, repito, que a pesar de ello, está dispuesta a poner lo que sabe y lo que le queda por descubrir al servicio de la sociedad…los partidos políticos que podrían proporcionarles las estructuras y plataformas para hacerlo, deberían tener el coraje y el suficiente desapego a “estructuras sectarias”, como para hacerlo.

    ¿No empezaría, a lo mejor, por ahí, esa tarea tan voceada por las grandes formaciones políticas, de “renovación” y de “transparencia”?.

      1. Loli dice:

        Es verdad….El artículo de Carlos es meridiano..No se puede hablar ya en serio de”renovaciones democráticas” y” cambios”, sin plantearse buscar a los que “saben”, y sin darnos cuenta, de una vez, que lo que en realidad estamos buscando..no es sobrevivir…es desarrollarnos como seres humanos.

        Mientras no empecemos a ser conscientes de ello y estemos dando vuelta a la misma noria, seguiremos en crisis, y nuestros dirigentes durmiendo sobre las mismas alternativas de siempre, que nos llevarán probablemente a…ninguna parte, a ningún impulso importante….a dilatar la salida de ese bucle , y que cuando ésto ocurra, nos puede pillar sin estar preparados…sin haber puesto nuestras “neuronas” en disposición hacia nuevas posibilidades…

  4. Loli dice:

    La frase de “…a partir de ahora el idioma oficial será el sueco”, del comandante revolucionario en la película “Bananas” de Woody Allen, me recuerda (no lo he podido evitar) a la obligación de aplicar el género al definir cualidades o estados, impuesto por el anterior Gobierno.

    No he podidio comprobar a qué tipo de avance o beneficio nos ha llevado tener que utilizar dos palabras en vez de una como antes. Nos enterábamos igual…mejor, porque eso de tener que decir por ejemplo, “compañeros y compañeras”..¿a alguna “compañera” le ha supuesto algún tipo de beneficio..no sé…laboral, cultural…?

    O tener que decir al referirse, otro ejemplo, a los componentes de un equipo encargado de algo, como “miembros y miembras”…a las aludidas, se les puede quitar las ganas de hacer nada.

    No creo de verdad que ese tipo anécdotas ayuden en nada a la equidad que se pretende conseguir.

    Yo no quiero ser igual que un señor.

    Sí quiero profundizar en mí como persona y por tanto en mujer, con todo lo que ello supone.

    A un señor le pasará igual, con todo lo que ello supone.

    Y cualquier científico sabe que en lo “femenino” encontramos también lo “masculino” y en lo “masculino” lo “femenino”.

    Y creo que esos desafueros en el idioma no nos ayudan en nada a profundizar en nosotros como personas, más bien al contrario.

    1. José Maria Bravo dice:

      Loli estoy de acuerdo con tu comentario. Todo comentario machista, feminista o racista es abominable.

      Aquello de miembra, que puede ser ser una reinvidicacion, cuando se convierte en un estandarte pierde su valor.

      Recuerdo que se hacia burla de la apariencia física de la ministra Pajin. En este caso puro e insultante machismo

      Pero, Loli, es que en esta sociedad, lo que se llama imagen es parte del Marketing , otra tecnología

  5. Loli dice:

    Sí, José María, pero el que los estereotipos estén manejados por el poder no significa que no podamos hacer, al menos , un trabajo individual de darnos cuenta de ello, poner atención y tratar de detectarlos.

    Es casi un ejercicio contra la pereza y hacia la libertad.

    Poner nuestra atención hacia lo que nos rodea, nos posibilita, me parece, detectar los aleatorio, y darnos cuenta de lo importante, aumenta la consciencia, el ser consciente de “algo”. Eso da, en mi opinión, cada vez menos margen a la manipulación, y aumenta nuestra capacidad de discernimiento y por tanto nos hace más libres.

    Pero es un trabajo….Y a veces es difícil hasta darse cuenta de ello, hasta ese nivel de estado “semihipnótico” ( es que no me sale otra palabra) se desarrolla nuestra vida en este modelo social.

  6. Paz dice:

    Genial el post, Bárbara.
    1. El problema que expones ha sido producido por la delegación en el Estado de la resolución de cada vez más problemas, es como si pensáramos que habrá un organismo encargado de resolver el problema X . Eso adormece a la sociedad para afrontar los Problemas y da más poder al Poder.

    2. Loli, el rollo ese de lo políticamente correcto aplicado al lenguaje es lo perverso que denuncia Orwell: la neolengua. Lo de ‘madres y padres’, ‘niños y niñas’ no ayuda en nada a ¿cómo lo llaman? la visibilidad de lo femenino. Antes ‘niños’ se entendía que eran niños y niñas, bueno pues hay niñas que si no dicen explícitamente ‘niños y niñas’, no se dan por aludidas. En mi opinión esa distinción marca aún más la diferencia, no es inclusivo.

  7. Loli dice:

    El artículo de Bárbara tiene la virtud de saber sacar a la luz comportamientos infantiles e inmaduros en los que finalmente parecen desenvolverse nuestras formaciones políticas.

    Y eso es grave.

    Desde esas actitudes no se puede creer en serio que se es “apto” para solventar los problemas de una sociedad, de un país.

    Ejemplos, como el apuntas Paz, de lo “políticamente correcto”, es solo un exponente más.

    Y sí, yo tambien creo que además de suponer una “traba innecesaria” en la fluidez del lenguaje, y por tanto también de la comunicación, potencia actitudes exclusivistas, “etiquetan”, y lo que es peor, obstaculizan un pensamiento integrador y complejo.

    Cuando una niña no tiene ningún problema en distinguir que en el término de “niños”, está ella también integrada, es porque la capacidad integradora de su cerebro funciona adecuadamente, y ella no tiene ninguna necesidad de ser distinguida en el lenguaje porque sabe quién es.

    Acostumbrar a los niños a lo contrario, no es que vaya a crear confusión en su identidad, pero aporta el elemento de la distinción, pero qué distinción: pues eso: “éste es progre”…”éste no lo es”…”este es machista”..”este feminista”. Desde ya comienza a disociar….Y eso también es ir en contra de la “educación”.

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