Hay quien podría pensar que existen en el mundo temas que son demasiado complejos como para que un público con un nivel medio de estudios los pueda entender. Dando por supuesto esto, la tendencia a la hora de hacerlos llegar a la masa social es, paradójicamente, darlos por sabidos. Es decir, no detenerse en explicarlos. Ejemplos de este tipo de cuestiones serían el PIB, la Deuda Pública, el interés del dinero o la inflación. De vez en cuando, alguno de los extraños conceptos que forman parte de estos procesos se abre paso en las portadas de los telediarios, de los periódicos y de las radios. Entonces comenzamos a oír en los bares, en los ascensores y hasta en los portales conversaciones que versan sobre “la prima de riesgo”, los “hedge founds” o el excesivo poder de las “agencias de valoración”. Incluso alguna conversación sobre lo irracional del sistema bancario (así, en general).

Ninguno de los que, en un ascensor, frente a una máquina de café o en una conversación cualquiera hablamos de estos temas sabemos de lo que hablamos. Aún en los pocos casos en que, hasta cierto punto, podamos haber entendido un determinado concepto (seguramente aquel que, por actualidad, ha saltado a la palestra) desconocemos prácticamente todo sobre el medio al que pertenece. Es decir, tendemos a equivocar el conocimiento más o menos superficial que proporciona un concepto, con dar por explicado, así, de buenas a primeras, todo el contexto del que forma parte.

A esta extrapolación se le llama “cultura general”. Es poner en práctica durante nuestra vida social la idea que durante tanto tiempo se esforzaron por inculcarnos en el colegio y en el instituto: esto es, que aprender un poco de todo (un poquitín, lo justo para aprobar) es suficiente para que uno pueda ser socialmente considerado como poseedor de una vasta cultura, cuando en realidad lo que se tiene es una cultura muy basta. A este fenómeno social y moderno, de creer que se puede adquirir Cultura a través tan solo del mero ejercicio de aprender algunos titulares, un conocido filósofo lo llamaba “fariseísmo cultural”. En la época en que este filósofo escribía, se entendía por “titulares” haber leído con provecho uno o dos libros sobre un determinado tema. Hoy podemos estar orgullosos de haber llegado mucho más lejos en esta cuestión: hoy nos basta con haber leído dos o tres titulares de prensa o haber escuchado una o dos tertulias de radio para poder opinar de todo o casi todo y para poder ser socialmente bien considerados. Dentro de poco será suficiente con dos “tweets” para entrar en posesión de dicha condición.

A partir de esto hay muchos que llegamos al extremo de creernos que esto efectivamente funciona así. Entonces nos acomodamos, nos apalancamos, muy satisfechos de nosotros mismos, plácidamente complacidos. Y como la experiencia ha tenido éxito,  hacemos nuevas extrapolaciones del método. Entonces no solo un enrevesado concepto puede ser aprehendido así, en dos “tweets”, sino que llegamos a creer que también un sentimiento o una intuición pueden ser aprendidos y transmitidos de la misma forma. Luego llega, claro, la incomprensión del mundo, la imposibilidad de entendernos unos a otros, la frustración que nace de no ser capaces de entender mensajes de más de dos líneas de largo, de haber creado una irrealidad excesivamente desvinculada de la irrealidad Real. ¡Los retos y las complejidades inauditas que pone sobre la mesa el bosón de Higgs al alcance del portero en media hora!, lo que tarda en tomarse un café en el bar de al lado y repasar dos o tres periódicos o lo que tarda en atender a una de esas tertulias de la radio.

Pero no, eso no funciona así. Esos dos titulares no nos facultan para poder votar debidamente, ni hacen de nosotros expertos en física de partículas, ni siquiera hacen de nosotros ciudadanos informados. Ni a aquello se le puede llamar debidamente “cultura general”, ni a esto otro se le puede llamar “democracia”. Ni podemos decir que una u otra cosa sean empleos razonables de la Razón. Podemos llamar a las cosas como queramos, darles los pomposos nombres que queramos. Podemos llamar “democracia” a un sistema político donde todo el mundo emite juicios de valor sobre cosas que no comprende, podemos llamar “razón” al farisaico empleo que de determinadas facultades mentales hacemos los seres humanos modernos. Pero entonces habría que buscar nuevas formas de nombrar a las formas más puras y menos degradadas de esos mismos conceptos.

18 comentarios

18 Respuestas a “DEMASIADO TÉCNICO”

  1. José Maria Bravo dice:

    Realmente Taid. Es grato leer articulos como este. Leer periodicos o webs, hoy, es como ir a misa y sentirse con Dios.

    Tanta propaganda, tanta lección de Realidad, es negar nuestra
    imaginación, nuestra vida individual, nuestro quehacer, nuestros sueños. …

  2. Juan Teruel dice:

    Otro buen ejemplo de la insolente arrogancia de la que hacemos gala. Somos como los nuevos ricos: todo apariencia sin nada de sustancia.

  3. Manu Oquendo dice:

    Alguno de los ejemplos citados, el PIB por ejemplo, es muy bueno y oportuno.

    El concepto es de esos que en primero de carrera te obliga a preguntar al profesor y éste te ofrece una respuesta que tiene algo de hueco, de tratar de ser políticamente correcta esquivando el meollo.

    La pregunta suele ser, más o menos, la siguiente:

    “Sr. Profesor, si desde Luca Pacioli sabemos como medir la renta y el patrimonio de personas y sociedades de todo tipo…… ¿Por qué cuando se trata de medir otra organización, el Estado –que contiene a todas las demás– no seguimos la misma metodología?

    La respuesta suele ser que el Estado es “especial” y que entre sus funciones está la de la redistribución que hace necesario contar varias veces la misma cosa y eliminar otras que en el proceso económico son importantes (producciones incorporadas a productos finales, por ejemplo).

    Un servidor, cuando pasó por el aro, se quedó un poco a cuadros. Hoy al ver textos actuales, –el Mochón, por ejemplo–, veo que seguimos igual cerca de 40 años más tarde. Un profesor, que no se cree lo que cuenta o que no quiere frustrarte desde el primer día, hace como que dice lo correcto y pasa página.

    El padre de este indicador que siempre está en titulares fue Simon Kuznets, uno de los zares de la economía USA entre la crisis del 29 y finales de la Guerra Mundial.

    En 1942 publicó “National income and its components” y en el prólogo de esta obra tiene el buen sentido y la honradez de recordarnos que para construir el Indicador hubo decisiones políticas que ya entonces definieron esta “métrica” del éxito o fracaso económico.

    Hoy, como palpamos cada día, crece el PIB mientras nos empobrecemos. Algo que nunca podría suceder con la metodología de Pacioli, la vieja contabilidad de ingresos, costes, activos, pasivos y netos patrimoniales.
    Pacioli no conviene al poder. Los gobiernos usan a Pacioli contra nosotros pero lo evitan para ellos.

    Es decir, la propia “métrica” es fruto del concepto político y de los intereses del Poder. No es aséptica.
    Esto es grave porque es como navegar con una brújula trucada.

    El caso es que tomando sólo uno de los ejemplos que usa el autor, D. Taid Rodríguez, nos encontramos con un “Icono” perfecto de la falsedad y del despiste pero que conviene estupendamente al poder.
    Conviene para quedar bien incluso en situaciones como la que impera en Europa o en USA que tiene un índice de desigualdad (Gini, por ejemplo) como el de China y su sociedad (y la nuestra, by the way) lleva 40 años yendo económicamente a peor sin que lo muestre dicha “métrica”.

    Pero ¿Cómo se puede explicar y desmenuzar esto de forma comprensible cuando el mismo sistema académico ortodoxo sigue al pie de la letra la doctrina oficial y muy pocos lo exponen?

    ¿Es imposible? Muy posiblemente.

    Sin un Espacio Público ciudadano activo, independiente del poder del Estado y de sus instituciones no hay forma plausible de remediarlo porque el esfuerzo es ímprobo, plagado de dificultades (busquen por ejemplo el prólogo del libro de Kuznets en versión original).

    Y no hablemos de cómo se debe comunicar para que se vaya creado una base de ideas importante. Y todo ello gratis porque el poder político no subvenciona nada que perjudique su standing y si te subvenciona te captura.

    Saludos y gracias por el artículo.

    1. mrtaid dice:

      Me gusta la respuesta. Tal vez nos podrías dar tu opinión de porqué la Comunidad Europea está tan interesada en que la inflación crezca a toda costa: ¿qué relación tiene con los precios? Si en verdad se trata de una crisis de subconsumo, como tanto nos dicen, ¿porque no han bajado drásticamente los precios como indicas? En una situación de inflación y stocks acumulados, ¿no sería lo normal el que los precios bajasen? ¿Que posibles consecuencias a medio y largo plazo tendrá el que la Unión Europea esgrima como única salida a la crisis el darle a la máquina de fabricar billetes y prácticamente regalarlos a los bancos centrales sin más? ¿Habrá una nueva crisis de activos mal invertidos en breve? Todo hace pensar que sí, ¿quién gana entonces con este tipo de políticas y qué relación tienen los Bancos Centrales con estos modos arbitrarios de medir los índices de riqueza? Vamos que nos tienen en la más absoluta penumbra.

    2. Isi dice:

      Por curiosidad. Es usted un tipo interesante pero no entiendo la mitad de lo que habla. El PIB, hasta donde yo sé no es más un herramienta que mide la producción económica de un país en un periodo de tiempo determinado. Es un indicador numérico que permite sabe si hay más o menos producción que durante el periodo anterior. Nada más.
      Si el PIB aumenta significa que hay más producción y por tanto la renta per cápita es mayor. Si el PIB aumenta y la pobreza crece habrá que preguntarse que qué es lo que pasa porque el gobierno no está distrubuyendo convenientemente.

      La prostitución, las drogas e incluso la mafia son actividades económicas. Son PIB aunque suene a cachondeo. Que yo esté escribiendo e intentando aprender algo en este blog no es una actividad económica. No es PIB. Sin entrar en temas morales, medir bien el PIB es importante para un gobierno y algo bueno socialmente si el gobierno hace bien su trabajo. Distribuir. Pero mide una cantidad, no la calidad de lo que se produce. No mide tampoco el estado de bienestar de sus ciudadanos. ¿es esa su crítica?

      Pacioli. Si consideramos al Estado en términos de empresa y nos centramos en” la vieja contabilidad de ingresos, costes, activos, pasivos y netos patrimoniales” deberíamos declararnos en bancarrota ¿no?.¿ Qué papel adquieren en esta métrica los bancos centrales, la deuda odiosa, las devaluaciones monetarias o simplemente el dinero fiat? ¿Contempla el impacto medioambiental, la escasez de recursos o si quiera los servicios sociales? Entiendo que son muchas preguntas, si no le apetece o no tiene tiempo a contentar le agradecería algún enlace en español. Gracias.

  4. Luis Pérez dice:

    Muy interesante su comentario, Sr. Oquendo

    No soy economista pero creo, como usted dice, que la metodología con la que se estiman los indicadores macroeconómicos no es neutral.

    En este sentido, llama poderosamente la atención que ahora se quieran incluir en el cálculo del PIB los ingresos que supuestamente generan la prostitución y las drogas, por exigencias del Instituto Nacional de Estadística y, al parecer, de la Comisión Europea.

    ¿De qué concepto de riqueza estamos hablando?

    No solo eso. Convendría diferenciar entre la riqueza realmente productiva y la suntuaria, por ejemplo. Y lo que no se incluye en el PIB y, sin embargo, es esencial para que la economía funcione.

    Un saludo

  5. Paolo Francés dice:

    Creo que lo que toda España necesita es saber lo más básico de las Ciencias Económicas. Ves laSextaNoche con todo su parafernalia de “intelecto” y rara vez preguntan al público. Cuando lo han hecho las personas dicen que entienden todo. Luego hablan y no han entendido nada. Ana Colao responde igual a todas las preguntas, al igual que Cayo Lara, Marta Rivero, Marhuenda, Pablo Iglesias, etc, etc.

    ¿Realmente saben la ley de la demanda y oferta? Si lo saben que pongan ejemplos concretos en España. Pueden hablar del coste de la vivienda, coste del alquiler, o el coste del menú del día. Con la crisis tan profunda, ¿No deberían de haber bajado todos un 50% de media? La respuesta es no en España y sí en Estados Unidos. Con ello podríamos sacar otro tipo de conclusiones que las que nos cuentan los “expertos” de Economía. O tal vez no. No les interesa, no tendrían atractivo y no ganarían decenas de miles de euros al mes saliendo en la televisión. Luego tenemos al Economista Jose Carlos Diaz que hace dos años estaba intentando montar su empresa para inversores. Como en eso no ganaba mucho simplemente comenzó a decir lo mismo pero del lado del populismo. Como añade “ayer estuve con Obama” o “los hombres de negro van con trajes grises. Lo sé porque estuve cenando con ellos anoche” entonces se da a sí mismo una credibilidad que no tiene. De hecho este famoso es un “fantoche”.
    ¿Cómo se va a educar a todos los españoles en Economía 101?

  6. Isi dice:

    Sñ. Taid, no entiendo a dónde quiere llegar. ¿Qué nos faculta para votar debidamente? ¿un economista o un físico están más capacitados para emitir un voto que un ciudadano corriente? ¿Qué ha de saber un ciudadano para emitir un voto?

  7. Mario Modugno dice:

    Es característica nuestra opinar de todo como si fuéramos expertos en el tema (el que sea), y lo mas triste es ¡que nos lo creemos!, así ses la situación económica mundial, el bosón de Higgs, el desarrollo del color de las crestas del búho real, en todo opinamos y todo lo sabemos (hubo quien aprendió economía en dos tardes).

    En el link que pegó Remedios está claro que necesitamos una sociedad culta en temas básicos que nos permita opinar y votar con las neuronas y no con las hormonas.

  8. Isi dice:

    Remedios, sigo sin entender. Tenemos una democracia representativa por la que delegamos el poder en los partidos políticos, y ante el aparente fracaso de este sistema qué es lo que se cuestiona, ¿a los votantes?. No lo veo.
    ¿Hemos de suponer que el voto informado del Sñ. Oquendo que parece saber de todo es más valioso que el del Sñ Taid que reconoce su ignorancia? ¿Por qué? Porque no ha leído leído a Faulkner – que díria Jose Luis Cuerda? Un pecado mayúsculo. Sin duda.

    Quizás no comprendo bien el tono del artículo, pero pasar del disputado voto del Sñ. Cayo de la transición a proponer una prueba de capacitación para poder elegir un representante tal y como se explica en el artículo que enlazas es como un broma. Muy democrático no suena.

    Me asaltan las noticias de los periódicos. El Sñ. Pujol, que durante más de 30 años se ha subido a su pulpito de integridad moral a predicar “España nos roba” y resulta que el que robaba era él. Ese conoce bien lo que es el PIB, como que se ha llevado un 5% del catalán él solito. O el pueblo canario, enfrentado a un ministro empeñado en destrozarles la isla, y su medio de vida, con pozos petrolíferos ¿no saben de lo que hablan? Soria sí lo sabe. No me cabe duda.

    Ahora un grupo de indignados se ha organizado para participar de la vida política y resulta que son demágogos, chavinistas, e ignorantes. Para el Sñ. Paolo Frances ni siquiera Jose Carlos Diaz, economista jefe de Intermoney y bróker financiero sabe lo que dice. Entonces ¿quién lo sabe?

    Yo también creo que hace falta formación e información pero por otros motivos. Hace falta formación para poder sobrevivir en un mundo tan basto y difícil. Pero para vivir en democracia basta con lo que dice Bárbara, un poco más de conciencia social y de preocuparnos los unos de los otros. Y hay de dejar hablar y escuchar a esas personas aunque no sepan el origen del independentismo catalán o de la estructura socio-sanitaria de Zimbawe.

    1. Remedios dice:

      Es muy sencillo Isi. Se trata de que lo que esta sucediendo es que hasta ahora nunca un fracasado en el poder ha reconocido por voluntad propia dicho fracaso, y que la fuerza de los votos (en una democracia representativa) es el arma con la que se puede actuar… o dejar de apoyar con la abstención.

      Mucha gente, la mayoría, no delega el poder en los gobernantes, sino que cree que solo se trata de votar y ya está. Y además ni se toma el interés en preparar el voto con responsabilidad. Eso de que el pueblo es soberano es para partirse de risa. Es soberana ignorancia en muchos casos.

      La demagogia del sistema no se resuelve con la demagogia del pueblo, por mucho pueblo que este sea. Decir que lo importante solo es hablar y escuchar a las personas, y que da igual que no conozcan el origen del independentismo catalán ¿cómo lo podemos calificar?

      1. Isi dice:

        Remedios, a la democracia le pasa como al PIB. Que no es un buen sistema de gobierno pero yo no sé de uno mejor para comparar. Los partidos políticos, hasta la fecha, más que representar el poder del pueblo lo que hacen es usurpárselo. Partitocracia lo llaman.

        Es por ello que los ciudadanos, se reúnen, en las plazas, en los bares, en los centros cívicos, en los ascensores, por twitter. Y así, entre lo que saben los unos y los otros elaboran propuestas, crean asociaciones. Y ahora un partido. Y si, la voz de la calle tarde o temprano acabará reflejándose en las urnas porque es la voz de la juventud. Y la juventud, ya se sabe, es el mañana. Es imparable. Y está defraudada.

        Eso no es demagogia. Es cooperar. Operar juntos con un objetivo común: intentar mejorar las cosas. Y en ese operar juntos hay médicos, físicos, matemáticos, historiadores, filósofos, economistas, empresarios, políticos, barrenderos, bomberos, muchos de los cuales sabrán de estas y muchas otras cosas. Y hablan. Y leen. Y escuchan. Y escriben. Aprenden. Y actúan.

        No haber entendido ésto es no haber entendido nada.

        Un saludo.

  9. Manu Oquendo dice:

    Buenos días.

    Gracias por los comentarios. Voy a tratar de responder a una pequeña parte de las preguntas de Mrtaid y de Isis. Al menos aquellas relacionadas con el tema del artículo de Taid Rodríguez y mi comentario el PIB.

    Me temo que este diálogo es una demostración de lo acertado que está Taid al hablar sobre lo difícil de simplificar lo complejo y de discernir la naturaleza real de las cosas.

    Especialmente en momentos como este en los que se derrumban lentamente tantas cosas que habíamos dado por seguras.

    Una de las principales razones por la cual, hoy día, es frecuente encontrar gobiernos que tienen y transmiten miedo de la deflación (en general una reducción general de precios) es que esta supone una reducción de ingresos que termina por reflejarse en Consumo y en el PIB y….. salir en titulares.

    En esta situación aumenta la dificultad de un Estado Deudor para pagar sus deudas y políticamente los titulares son tremendos.

    Sin embargo, debemos saber que el mayor y más largo periodo de crecimiento y desarrollo industrial de USA a finales del XIX fue deflacionario. Es decir, no es necesariamente malo. Sólo lo es si vives a crédito.

    Imaginemos un Estado cuya deuda total, pública y privada, representa de 3 a 4 veces su PIB anual (nuestro caso y el de otras economías occidentales).

    Una situación deflacionaria prolongada resulta en estancamientos o reducción del PIB y por tanto aumenta el resultado de dividir Endeudamiento/PIB. Que indica si la solvencia del deudor mejora o empeora.

    Al no crecer el PIB o hacerlo menos que la deuda se deteriora su Solvencia y hace que prestar dinero represente un riesgo mayor. Es la situación actual.

    Por contra, la inflación (y los maquillajes de ésta cuando se usa como deflactor del PIB nominal para calcular el PIB que se publicará) mejoran el ratio Endeudamiento/PIB.

    Un inciso: Dado que hoy oficialmente hay muy poca inflación, la UE ha recomendado que “Aumentemos el PIB” añadiendo un estimado del gasto en Prostitución y en Droga ilegal que antes no se consideraba por no ser medible.

    Esta cosmética desesperada se está haciendo este mes de Septiembre de tal modo que a fin de año el ratio PIB/ Deuda sea un poquito mejor y despiste a quien no lo sepa.
    Esto da idea de la precariedad de la métrica PIB y de cómo es manipulada.

    Lo realmente curioso –y un indicador de lo degradado de la situación económica– es que políticamente se vea como bueno algo que es intrínsecamente malo: La inflación que a plazo destruye indefectiblemente cualquier economía comenzando por su ahorro y su competitividad.

    Hoy día hay crecientes críticas del PIB. En mi opinión, estas críticas se pueden reducir a dos grupos. No entro a valorarlos porque ambos reflejan visiones parcialmente ciertas y complementarias.

    El primer grupo es grande y recibe titulares. Interesa a alguien.
    El segundo es marginal y se suele censurar por políticamente incorrecto. No interesa a ese alguien.

    1. Proviene del mundo del Buen Rollismo político. Asimilable a partes del espectro de los estatismos de izquierda o de derecha.

    Por resumir serían los que dicen que el Bienestar Humano debe ser medido también por otros parámetros cualitativos y cuantitativos que no considera el PIB. Algo que Nadie discute pero que debe hacerse sin contaminar “la contabilidad nacional”

    Es decir, para el mantenimiento de las políticas que ellos apoyan, el PIB actual no les sirve porque refuta sus argumentos o limita su eficacia comunicativa para apoyar públicamente sus políticas. Entonces buscan modos de degradar el indicador y añadirle otras valoraciones cualitativas.

    Un ejemplo muy equilibrado de estas posiciones se resume en un Paper de M. Shamshul Haque que se titula…..”The Myths of Economic Growth”. Con estos datos creo que se puede encontrar en la red.

    2. El segundo grupo de críticas proviene de académicos –aislados pero crecientes– que quisieran tener una Métrica más aséptica para medir gestión y resultados económicos aceptando naturalmente que otro conjunto de métricas midan aspectos cualitativos.

    Un ejemplo sería el economista noruego Eric Reinert (especializado en desarrollo y en economía de la pobreza) que aborda bien el asunto en su obra. Hay traducción española de un gran libro suyo “La globalización de la pobreza”, fácil e instructivo.

    Estas gentes no están apoyados ni por Izquierdas ni por las Derechas sistémicas dado que ambas gestionan el “consenso ortodoxo”.

    Básicamente vienen a decir que el PIB arranca como una medida estimada de Producción con los suficientes condicionantes políticos que la invalidan para medir la gestión y la actividad económica. Llegan a decir que el indicador sirve hasta para ocultar situaciones y apoyar recetas –del FMI y otros– que indefectiblemente terminan o bien condenando a la pobreza a los ya pobres o empobreciéndonos a nosotros.

    De tal modo que hoy el PIB es básicamente una medición de Consumos (ya hay en muchos países muy poca Producción nacional comparada con el pasado) que dan el mismo resultado si tu consumo se basa en Crédito o en auténtica Producción.

    Dos países pueden tener el mismo PIB y ocultar una situación enfermiza (el que vive a crédito) que a plazo reventará, o una saludable (el que en gran medida produce su consumo). Es decir, un disparate se valora del mismo modo que algo saludable.

    Imaginemos dos economía basadas en…. lápices.

    Una los Importa a crédito y otra los Fabrica completamente, desde el árbol adecuado y el grafito mineral refinado y tratado a la pintura exterior y el caucho de la goma.

    Ambas sociedades son radicalmente diferentes. Una depende de que le presten y otra es autosuficiente. Una es insostenible a plazo y la otra es autónoma y activa.

    Sin embargo ambas muestran el mismo PIB e incluso puede crecer la primera más que la segunda. Es lo que sucedía de modo muy acentuado durante la época de Rodríguez Zapatero que se rió del mundo y encima presumía de crecer.

    Con ésto sólo hemos comenzado a desbrozar un asunto cuya importancia va a ir creciendo porque como estamos viendo esta crisis obliga a cada uno a cuestionarse prácticamente todo lo que se había convertido en verdad revelada, en fundamento del sistema de vida.

    Cuando te metes a ello y rascas te llevas grandes sorpresas y palpas lo hueco e incierto de muchas de nuestras seguridades.

    Sin embargo esto debe ser un acicate para rascar. Es lo único que nos puede ayudar a discernir.

    Rascar es un poco la señal de que queremos seguir vivos.

    Por cierto, Isis. Tienes razón.
    Comunicar es dificilísimo y muy importante. En estas cosas y sin saber cómo es tu interlocutor resulta más difícil todavía.
    Tendremos que hacer dos cosas. Seguir intentándolo y tratar de conocer mejor a nuestros interlocutores.

    Saludos cordiales.

    1. mrtaid dice:

      Ahora me ha quedado mucho más claro cuál es el interés de la UE en aumentar artificialmente inflación: dar estabilidad a los precios, aunque sea a base de créditos fáciles, es una operación cosmética fundamental. Poco parece importar que debajo de las cada vez más abundantes capas de maquillaje el rostro se encuentre cada vez más mustio y enfermo. Como decía un conocido de este blog hemos vuelto a una situación en que lo importante vuelve a ser el crédito de la persona (o del país), antes que su riqueza o su capacidad. Hemos vuelto a la metáfora del famoso hidalgo español de las novelas del xvii, que de puertas adentro se moría de hambre y podía no comer en dos días, pero que de puertas afuera siempre iba lustroso y tenía a bien rechazar cualquier tipo de invitación.

    2. Isi dice:

      Sñ. Oquendo, le agradezco mucho su paciencia y la diligencia que ha puesto en sus explicaciones. Jamás nos hemos preocupado tanto los españoles por la economía como en estos momentos. Términos como PIB, prima de riesgo, hedge founds, deflación, agencias de valoración o lo irracional del sistema bancario han entrado a formar parte de nuestro vocabulario, nuestras conversaciones y lo que es peor, de nuestras preocupaciones. Es posible que muchos de nosotros, sin formación económica, no sepamos bien de qué estamos hablando e intentemos arañar la superficie intentando discernir qué es exactamente lo que nos está pasando. Es cierto. Qué difícil resulta simplificar lo complejo. Más, cuando lo complejo en muchas ocasiones lo es con el único propósito de enmascarar lo simple. Y lo simple se aprecia bien en el eslogan que acuñó James Carville durante la campaña electoral de Bill Clinton: “es la economía, estúpido”. Pareciera que la economía es el centro de gravedad que hace girar la Tierra alrededor del Sol. Porque vamos a ver, intentar relacionar conceptos como el PIB -por centrar el debate- cuyas implicaciones se nos escapan a la mayoría, con otros como la felicidad, el bienestar, y cualquier día algún iluminado los correlacionará con el amor, si no se ha hecho ya, es un disparate.

      Es usted un buen comunicador cuando se lo propone. Me ha quedado claro que el PIB no es un buen sistema de medida aunque no conozco otro para comparar. Añadiría algo que aprendí en mis años escolares y forma parte de mi basta cultura o cultura basta, tanto da: que un sistema de medida es una convención. Y si el hecho de convivir con dos sistemas de medida de longitud (como son el metro y la milla) ha creado ya unos cuantos problemas y malentendidos qué no pasará con el PIB si resulta que cada país mide lo que sale de… las narices.

      Le haría muchas preguntas, pero por no abusar de su paciencia y del espacio robado al Sñ. Taid Rodriguez me referiré solo a un par de cuestiones que no me han quedado claras.

      1. ¿No es el desempleo uno de los principales problemas de la deflación? No lo ha mencionado y creo que ese sí es un asunto importante. ¿El panorama deflacionario de la América de finales del XIX no desembocó en la crisis del 29 y un largo periodo de Depresión económica?. Si es así, hay una pequeña novelita de John Steinbeck “de hombres y ratones” que retrata es estilo de vida americano durante ese periodo. Y no creo que nos gustase.

      2. La inflación. Una subida de precios no tiene porque ser necesariamente mala. Si los precios suben y lo hace también el sueldo nuestro nivel de vida aumenta. Lo que destruye la economía es un aumento de precios combinado con altos índices de desempleo y bajada de salarios puesto que nuestro nivel adquisitivo disminuye. Y en una economía basada fundamentalmente en el consumo ésto necesariamente ha de ser malo puesto que la economía se detiene. Estanflación creo que lo llaman. ¿no es así?

      Muy ilustrativo el mundo de los lapiceros. Supongo que en un mundo así, lo interesante sería que si un país fabrica lapiceros, el otro fabricase sacapuntas. ¿Quién si no le iba a sacar punta al lapicero?

      Un cordial saludo.

      1. mrtaid dice:

        Hola Isi, las preguntas que haces son difíciles de responder brevemente, pero sí habría que señalar, respecto a la primera, que la inflación precede siempre a la deflación, de forma parecida a como sucede en una torcedura o en la inflamación que produce la picadura de un mosquito. Algunas teorías sostienen que el periodo que indicas, “la gran depresión”, es más bien consecuencia directa de las primeras políticas encaminadas a sistematizar la inflación como política común, a seguir a nivel mundial. A partir de acuerdos concertados, en un primer momento, por los bancos centrales de EE. UU. e Inglaterra, a los que luego se unieron los bancos centrales europeos, se llegó a la conclusión de que el medio para sacar lo más rápidamente posible a Inglaterra y a Europa de la depresión que siguió a la primera guerra mundial, es decir, para reconstruir rápidamente fábricas, centrales eléctricas, canalizaciones, puentes, carreteras, etc…., sería aumentar exponencialmente la cantidad de dinero en circulación disponible. Dado que en aquellas fechas ésta estaba limitada por la disponibilidad de oro en las reservas nacionales, se llegó a la conclusión de que este patrón debía ser abandonado. El dinero, a partir de entonces, dejó de tener un correlato real, palpable, medible y en caso de necesidad reclamable (el oro) y pasó a tener uno ficticio (la confianza de los ciudadanos en el Estado). Como consecuencia las reservas mundiales de dinero crecieron exponencialmente inaugurando el periodo histórico en el que aún nos encontramos, un periodo marcado por el aumento constante del crédito orientado al consumo y la inflación. La “gran depresión” se enmarca en los primeros ensayo-error que siguieron a la implantación de este sistema.
        Es obvio que cuando se rompe la confianza en el Estado, el sistema se viene a pique. Se dan entonces procesos muy singulares llamados “hiperinflación”, que consisten en que el gobierno, desesperadamente, no hace más que imprimir e imprimir billetes por un valor nominal cada vez más alto, pero con un valor real cada vez más bajo, hasta el punto de que llegan a no valer nada (el otro día me enseñaban un billete argentino de algo así como 100 millones de pesos con el que no llegaba ni para pagar el autobús). Tanto la Alemania de Weimar, como la Argentina de los 80 nos dan excelentes ejemplos de dinero que no vale nada y descontrol absoluto del sistema de cambios que solo se puede solucionar con ayudas externas. Irlanda, Grecia, Portugal y España hubiesen seguido el mismo sendero de no haber intervenido el Banco Central Europeo con una fortísima inyección de créditos (¿salirse del Euro?=retirada inmediata de capitales, hiperinflación y endeudamiento en peores condiciones). En una economía preocupada casi exclusivamente en propiciar que se den las condiciones para que cada vez exista más consumo, el final que nos espera, por lo menos, ya sabemos cuál es.

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