El corona virus y el miedo

Este virus, desconocido hasta hace poco, se ha convertido en la mayor de nuestras preocupaciones. Casi no se habla de otra cosa.   

En apenas unas semanas hemos pasado de contemplar este extraño virus como un fenómeno lejano, surgido en una ciudad china, Wuhan, hasta ahora desconocida, a una realidad que nos puede contagiar en cualquier momento, si no lo ha hecho ya. Una semana antes de que el Gobierno de España decretase el estado de emergencia, estábamos viendo las manifestaciones feministas, el mitin de Vox o los partidos de futbol, como si el corona virus no fuera con nosotros.

A medida que las cifras sobre contagiados y fallecidos por esta causa han empezado a acelerarse, creciendo exponencialmente, el miedo se ha disparado. La mayoría de nosotros no habíamos vivido una situación parecida a esta, ni remotamente, así que es completamente lógico que haya miedo, mucho miedo. Sobre todo porque no sabemos cuándo va a acabar esto y con qué resultados. Todos tenemos familiares o amigos que, o lo han pillado o lo van a pillar en cualquier momento, por su situación personal o laboral. Por lo que el problema no solo se plantea en términos generales, de país, sino también en nuestro entorno inmediato, incluso a nosotros mismos.

¿Estamos ante una reacción social razonable? ¿O nos hemos dejado llevar por una ola de pánico desproporcionada e irracional?

Con todo, me cabe la duda de si, al miedo justificado, no se le está añadiendo otro, ya no tan justificado. En otras palabras, si entre todos no lo estaremos amplificando mucho más allá de lo deseable. Es decir, ¿estamos ante una reacción social razonable? ¿O nos hemos dejado llevar por una ola de pánico desproporcionada e irracional?

Obviamente, no cuestiono en absoluto que debamos adoptar las medidas de prevención que nos están recomendando los expertos y las autoridades. Es más, creo que son necesarias y hay que tomárselas muy en serio. En un asunto como este hay que seguir los criterios de los expertos, que son los que más saben. Pero, me da la sensación de que hay un plus de miedo colectivo que no es, para nada, necesario ni positivo. Y creo que sobre este punto también nos conviene reflexionar, justo ahora, cuando estamos en el fragor de la batalla.

Para empezar, parece que nos hemos metido en una dinámica que no hace sino realimentar el miedo. A partir del impacto en Italia, los medios de comunicación han detectado el creciente interés de la gente por este tema y lo han convertido en el monotema, haciendo que el bombardeo sea agobiante y contribuyendo, con ello, a crear un estado de inquietud que, posiblemente, si la información se limitase a lo estrictamente necesario, sería bastante menor.

A eso se suma un Gobierno que, tras titubear unos días, ha decidido asumir el riesgo de pasarse antes que quedarse corto, tomando decisiones que, con toda seguridad, habrán contribuido a incrementar, aún más, la psicosis colectiva.

Más allá de todo esto, subyace un tema de fondo: nos hemos acostumbrado a vivir en un tipo de sociedad en el que los poderes públicos, si hacen bien su trabajo, tienen que garantizarnos a los ciudadanos una serie de derechos que incluyen, por supuesto, el de vivir a resguardo de cualquier crisis colectiva que pueda afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y no digamos ya a nuestras vidas.

Esa especie de burbuja de bienestar que nos hemos construido en los países desarrollados, siendo real en muchos aspectos, tiene mucho de espejismo absurdo.

Visto así, nos parece inconcebible que en un país moderno, con los medios de que dispone, un bichito de nada nos pueda colocar ante semejante situación. De poco vale que los científicos nos expliquen que eso puede pasar una y mil veces, que la cadena alimentaria puede generar sustos de este tipo en cualquier momento.

Si ampliásemos el espectro de posibilidades que ofrece la naturaleza en el mundo en el que vivimos e, incluso, las que nos pueden llegar procedentes del Universo, tendríamos que admitir que las amenazas conocidas son muchas y, probablemente, las que ignoramos sean muchas más y que, por tanto, esa especie de burbuja de bienestar que nos hemos construido en los países desarrollados, siendo real en muchos aspectos, tiene mucho de espejismo absurdo.

Cuando termine todo este asunto, tendría sentido exigirles a las autoridades que aprendan de esta experiencia y se preparen mejor para la siguiente. Pero, también tendría todo el sentido que los ciudadanos analizáramos nuestras reacciones y comportamientos y nos preguntáramos si no nos hemos dejado arrastrar por el miedo con demasiada facilidad.

Sería interesante tomar conciencia de hasta qué punto el miedo, el miedo a lo que sea, impregna nuestras vidas y forma parte de nuestro modelo de sociedad. Hablamos mucho de la libertad,  pero es evidente que la libertad no es compatible con el miedo. Cuanto más miedosa, o susceptible de serlo, sea una sociedad, más atenazada y menos libre es. Y, por supuesto, menos feliz.

(…) también conviene reflexionar sobre las posibilidades que ofrece una situación de pánico colectivo a los poderes públicos para someter a sus decisiones al conjunto de la sociedad.

Esto no se enseña a los niños en las escuelas. Pero sería muy importante que aprendieran que, si bien es cierto que puede haber muchos motivos externos que justifiquen nuestro miedo, una parte no desdeñable del mismo depende de nosotros mismos y de que sepamos manejarlo y dejarlo reducido a sus estrictos términos.    

Por otra parte, también conviene reflexionar sobre las posibilidades que ofrece una situación de pánico colectivo a los poderes públicos para someter a sus decisiones al conjunto de la sociedad. En general, es obvio que cuanto más asustados estemos los ciudadanos, más fácil resultará empujarnos hacia planteamientos que, en condiciones normales, no habríamos aceptado. Por eso, aprender a gestionar nuestros miedos como individuos, hasta dónde sea posible, no solo es fundamental para nuestra propia salud mental sino también para nuestro devenir como sociedad.

5 comentarios

5 Respuestas a “El corona virus y el miedo”

  1. Ligur dice:

    “No hay Tribulación sin Transgresión”, reza la religión Judía.
    ¿que hemos hecho y seguimos estamos haciendo la humanidad para tener lo que tenemos en estos momentos?
    Hambre en el mundo, 700 millones de humanos la padecen, cuando hay comida para alimentar de sobra a toda la humanidad. Guerras, esclavitud, maltrato de todo tipo, Usura desmedida.
    Y, 55,7 millones al año de asesinados en el vientre de sus madres en el mundo sin llegar a dar la primera bocanada de AIRE.
    55,7 millones al año de posibilidades que no llegarán a SER.

    Creemos que somos los reyes del mambo, que podemos hacer y deshacer a nuestro antojo sin consecuencias, que se puede pensar o realizar un acto, en una habitación con paredes de plomo y creer que la acción o pensamiento no transciende ni es comunicable, que no hay oídos que escuchen ni mentes que capten el pensamiento, la acción, ni la intención del acto en si.

    55,7 millones de posibilidades que no llegarán a SER.
    55,7 millones de posibilidades que no llegarán a SER.
    55,7 millones de posibilidades que no llegarán a SER.

    Cuidaros

  2. Manu Oquendo dice:

    El artículo cierra con un llamamiento a aprender a gestionar nuestros miedos como individuos. Muy conveniente y desde pequeños. Tampoco es fácil porque solo se aprende viviendo en situaciones de riesgo y teniendo que salir de ellas por tu cuenta.
    Los mayores del foro –me tomo la libertad de incluir a D. Manuel y a otros editores, en esta categoría– no hemos tenido vidas tan acolchadas como las de nuestros hijos y nietos y alguna costumbre tenemos de dos cosas: valernos por nosotros mismos y desconfiar de los gobiernos.
    Peor, mucho peor, lo van a tener las generaciones jóvenes desde este punto de vista que hemos criado entre algodones.

    Con todo, el caso es que estamos en una situación en la que casi toda la población ha tenido que dejar sus trabajos y encerrarse en sus casas.

    Por si lo anterior fuera poco, millones de personas y de empresas saben que ya no tienen ingresos por su trabajo o por sus ventas y que no van a poder pagar ni sus deudas, ni sus alquileres, ni sueldos ni impuestos porque hoy, más que nunca, las personas y las empresas viven del crédito. Hasta el consumo y los vehículos son hoy a crédito. ¿Cómo van a pagar si muchos viven, vivimos, «hand to mouth», de la mano a la boca» y del crédito? Estamos a tres días de todo ello, vencimientos, sueldos, alquileres, cuotas, etc. Millones de personas encrerradas en sus casas no duermen con esto cada noche. Convendría que quienes gobiernan lo sintieran en carne propia.

    El Gobierno parece que no se da cuenta –o no lo demuestra– de que vencen todos los Pagos y los Anticipos de Impuestos (sí, de Anticipos porque así lo han legislado con impunidad despótica y pagas el Impuesto de Sociedades sobre lo que no has ganado y el IVA que no has cobrado) y sigue como si nada y busca recovecos imposibles de detectar para los TRES MILLONES de autónomos y pequeñas empresas la situación no solo es Grave sino Muy Grave. No de Alarma sino de absoluta Excepción o, en realidad, de Sitio.

    Lo que está pasando es una tragedia que casi toda Europa está gestionando muy mal –Alemania parece ser una excepción porque Frau Merkel sí se está ocupando con bastante eficacia tanto en la parte Sanitaria como en la Económica. ¡Menuda diferencia! Nota 1.

    A los Políticos en posiciones de Autoridad Legislativa y Ejecutiva habría que exigirles como mínimo lo que ellos nos exigen en responsabilidad civil. administrativa y penal. De este modo no se refugiarían en la Política los personajes que hoy copan el sector.

    ¿A santo de qué son precisamente ellos los exentos de las consecuencias y los daños causados por sus decisiones y sus omisiones? Es decir es el único grupo que No es Responsable de los Resultados de sus Actos. ¿Qué se puede esperar de este perverso sistema? Justo el peor posible.

    O más sencillo: ¿Podemos seguir excluyendo del Código Penal las mentiras y los silencios culposos que emanan de los propios políticos? ¿Por qué no tienen, al menos, la obligación de decir la Verdad? ¿Por qué pueden mentir con impunidad?

    Nos han impuesto un código penal y administrativo que ya produce una población penal 10 veces mayor que la de Franco y, no contentos con ello, nos imponen una Responsabilidad Penal Corporativa que prácticamente cubre todos los grupos delictivos del Código Penal. Si eres empresario o gestor pierdes la presunción de inocencia y has de pagar el coste no menor de DEMOSTRAR que eres Inocente. Realmente hoy, para ser empresario, es mejor ignorar todo ello y vivir fuera de la realidad. Hasta que te toca.

    Por supuesto la Gestión del Sector Público no forma parte de esa Ley que en realidad es el reclutamiento de una Fuerza de Policía Secreta sobre empleados, clientes y proveedores que obliga a denunciarlos por mera duda o sospecha al igual que sucede en la Banca, responsable hoy de vigilar todas nuestras transacciones.

    Ya estamos en un Estado Policía y presumimos de vivir en libertad. Será vigilada. ¿No?

    Si pensamos que esto no tiene consecuencias es que vivimos fuera de la realidad.

    En fin, vamos a pensar en soluciones. Va siendo hora.

    Buenos días y gracias por el artículo.

    Nota 1,

    Mientras hace unos días nuestro Consejo de Ministros se deleitaba en las «solas y borrachas» o en meter al VP bolivariano a supervisar el CNI, Alemania estaba así:

    1. Comenzó a ocuparse del Virus el día 6 de Enero y centraliza toda la investigación en el Instituto Koch.
    2. Toman medidas a nivel nacional para Toda la Sanidad incluyendo aprovisionamientos, material, estrategias y protocolos. (Hay miles de «protocolos». Desde quién te pone y te quita el traje hasta dónde quitarlo, cómo se dispone de él y cómo reportar incidencias)
    3. Hacen 160,000 tests por semana. Nosotros no hemos llegado a 50,000 en total hoy.
    5. Merkel produce un plan de defensa de su base productiva de 350,000 Millones de Euros.

  3. O'farrill dice:

    Querido Manuel: el miedo es uno de los sentimientos que mueven al mundo, el otro dicen que es el amor. Recordemos que en el siglo pasado un experimento radiofónico en EE.UU. propagó la noticia de que los marcianos habían invadido la Tierra, provocando el pánico en todos lo estados hasta que se destapó la «broma»…. ¿O no era tal broma? De allí surgió la película «La guerra de los mundos».
    Por desgracia la situación actual no es una broma. Es bastante seria y grave por las terribles consecuencias que vamos conociendo y que, al parecer, nadie previó. Se nos tranquilizaba con eso de que los virus conviven con nosotros continuamente y hay que acostumbrarse a ellos, pero se nos ocultó la letal importancia del COVID 19 y su capacidad de expansión en un mundo globalizado, donde los virus ya no se trasladan sólo por contactos directos, sino que pueden volar en las muchas aerolíneas del planeta cómodamente miles de kilómetros.
    Una humanidad cómoda y despreocupada porque tiene todo lo quiere (comentario de Manu sobre la generación de nuestros hijos), robotizada y por ello dependiente de que las máquinas resuelvan todo, se ha dado cuenta de pronto de que la han hecho responsable nada menos que de sus vidas. Una cuestión de pura y dura supervivencia, donde -al parecer- sobrevivirán los más aptos (puro «darwinismo» social) eliminando a los considerados inútiles sociales (no saben utilizar las «apps», ni vivir por, para y en función de la tecnología) y que, lamentablemente, parece que se está poniendo en práctica desde el punto de vista de «prioridades» sanitarias.
    Tenemos miedo a lo desconocido, pero también nos asusta enfrentarnos a la verdad pura y dura: que nos hemos equivocado en el modelo de «progreso» humano y social y que hemos tirado por la borda a los viejos marineros que sabían como hacer frente a las tempestades, mucho mejor que los jóvenes y engreídos grumetes que han tomado el mando de la nave. «El barco se va a pique con todos nosotros dentro», así empieza el estupendo ensayo del sociólogo Juan Manuel Agulles con el título «La vida administrada. Sobre el naufragio social»:
    «Cuando en Moby Dick el capitán Acab declara las verdaderas intenciones de la expedición del Pequod, afirma que ha dispuesto todos los medios racionales a su alcance para la consecución de un fin irracional…. Cada uno de los componentes de la tripulación ha asumido en momento mismo de embarcar, aquellos fines demenciales, sin sospechar que la gran maquinaria de la que ha pasado a formar parte, tiene como fin último su propia destrucción…»
    Es un pequeño (pero gran libro) que analiza brillantemente el proceso en el que las sociedades actuales navegan (la «nave de los necios») en aras de un progreso basado en la infantilización, en los cómics de ciencia ficción y en los «juegos de tronos» de los cargos públicos. Gustavo Bueno las llama utopías de la «izquierda extravagante» que, habiendo perdido sus señas de identidad, juega con el poder totalitario sin percatarse (¿o sí?) de sus funestas consecuencias.
    El COVID 19 se ha hecho «viral» (como dicen los modernos sobre cualquier banalidad social) por lo que tiene capacidad de atemorizar a millones de personas, en su mayor parte con absoluta ignorancia de su esencia, procedencia, capacidad de reproducción o extensión, etc. El pánico del gobierno en España ha querido ocultarse poniéndose de perfil cuando ya tenían serias advertencias de la necesidad de tomar medidas para paliar sus efectos y, como los grumetes engreídos que han tomado posesión del barco, van como pollos descabezados corriendo de un lado a otro improvisando, perdiendo tiempo (que creen ganan para ellos y su poder temporal) y sin reconocer que el problema de la tormenta perfecta les supera. Se les nota mucho y eso provoca más pánico todavía en el pasaje del barco (los ciudadanos).
    Un saludo.

    1. Alicia dice:

      Tienes razón, O´farrill.
      Bueno, aparte, he debido de coger carrerilla y escribo a todo el que pillo.
      Tienes razón. Pero no sería descartable el preguntarse si otros dirigentes, otros gobernantes, lo hubieran sabido hacer mejor.
      Parece ser que es cierto que había la sospecha, el runrún silenciado, de que cierta amenaza se cernía sobre el mundo. Pero amenaza, por otra parte, bastante incierta.
      ¿Pensó alguien en qué podría consistir?
      Antes de que arrancase el asunto en China quizá todos pensamos en muchas ocasiones, tal y como ya estaban muchas cosas en el mundo, en desastres como guerras o caídas escandalosas de las bolsas y lo que ello conllevaría, pero… ¿una pandemia?
      ¿Una pandemia a siglos como estamos de la edad media con sus pestes bubónicas y negras?
      Bueno, coño – perdón -, que se me ocurre mirar el Wikipedia (pequeñas comodidades que ofrece la tecnología; y te juro que no va con sarcasmo, que no sé ser sarcástica, pero se me ha puesto tan a mano) y me encuentro con que la bubónica todavía está en vigor, es de ahora; aunque eso sí, en Mongolia, y Mongolia está tan lejos… (a lo mejor ahora me ha salido sarcasmo, faceta que me desconocía).
      Ay Dios mío qué cosas puede una encontrar dentro de una, así que, fuera…
      No. Pero en serio.
      Es una situación tan nueva y tan desconocida que cabe conceder el beneficio de la duda de, lo que te digo, si otros, más inteligentes, o más generosos y filántropos lo hubieran podido hacer mejor.
      ¿Miles de camas de hospitales cuando no se necesitaban?
      ¿Miles de respiradores cuando no estaban haciendo falta?
      ¿No sé cuántas UCI´s que no se estarían utilizando?
      ¿Fabricación y adquisición de montones de mascarillas sin saber cuándo ni para qué servirían?
      ¿Científicos investigando algo impensado sin saber cómo investigarlo?
      Nos habríamos echado todos las manos a la cabeza protestando que qué despilfarro habiendo necesidades que cubrir mucho más inmediatas.
      Así que, no; no creo que hubiese muchas posibilidades de que alguien pudiera hacerlo bien.
      Y mira que no simpatizo con los que en la actualidad gobiernan.
      Pero tampoco simpatizo con los partidos que, con la que tenemos liada, siguen empecinados en que lo que ellos deben hacer es oposición; como si no hubiera un mañana que les exigirá, a todos, hacer algo constructivo.

      1. O'farrill dice:

        Estimada Alicia: hay bastantes datos e información sobre este tema desde hace tiempo. Más en concreto el Director del Instituto Pasteur de Sanghai dice que se conoce este tipo de virus desde el año 2013 y su relación con infecciones víricas del mundo animal (sobre todo a los murciélagos frugívoros) que forman parte de la dieta de muchos pueblos en Asia, Africa y el Pacífico (indonesia) ya que son una reserva natural de «filovirus» (incluidos el Ebola y el de Marburgo). Su consumo está además relacionado con enfermedades neurológicas y está prohibido expresamente por eso en la Biblia o en la Torá….. (su consumo está documentado por Estrabón en la ciudad iraquí de Nimrud), así que no estamos ante algo nuevo…..
        Entre el 70/80% de las epidemias provienen del mundo animal y es especialmente relevante en el mundo actual con la moda de las «mascotas» (algunas llamativas por su exotismo) y su permeabilidad en las fronteras (una «tormenta perfecta» según dicho especialista).
        ¿Otros lo podrían haber hecho mejor? Al decir esto seguimos pensando en partidos políticos y gobernantes. Yo voy más allá. Tenemos multitud de centros de investigación, organizaciones supranacionales (ONU y OMS), especialistas y expertos que intervienen. Por otra parte, ya en el año 2014 se amplió por la ONU el concepto de «seguridad» incluyendo estas enfermedades infecciosas. En 2016 ya en España se empezó a trabajar sobre «Emergencias pandémicas en un mundo globalizado: amenazas a la seguridad» por parte del IEES dependiente del CESEDEN (Cuaderno de Estrategia 203) presentado recientemente (9 de marzo de 2020) coordinado por el Sr. García Vargas (ex ministro de Sanidad y Defensa). En 2018 la OMS convocó una consulta informal para identificación de enfermedades emergentes y la Organización Internacional para la Zoonosis preparó una red de identificación de focos o Red de Alerta de Brotes Epidémicos para la prevención y respuesta a los mismos.
        Item más. En fecha 5 de octubre de 2018 «El país» publicaba la crónica desde N.Y. de su corresponsal Patricia Peiró con el siguiente titular: «El mundo tiene que prepararse para la próxima gran pandemia letal» según el informe encargado por la ONU a un grupo de expertos (The Global Preparedness Monitoring Board) que reconocieron «no contamos con las estructuras suficientes para hacer frente a la próxima pandemia..» por lo que aconsejaban un plan de seguridad sanitaria, determinación de recursos y una coordinación a alto nivel (mundial) si bien los paises «deben establecer plazos para la financiación y desarrollo de una vacuna universal y antivíricos de amplio espectro» porque «hay que prepararse para lo peor». El 18 de octubre de 2019 se organizó un ejercicio pandémico de alto nivel en N.Y. promovido por el John Hopkins Hospital y la fundación Gates, llamado «Evento 201» para analizar las previsiones necesarias y la respuesta a una pandemia severa.
        Ahora bien, ciñéndonos a España, parece que en los muchos gobiernos que nos afectan (UE, Admón. del Estado, Autonomías, etc.) existen órganos responsables de conocer todo lo anterior, de establecer un seguimiento adecuado, de prevenir recursos y medios para neutralizar, tratar y vencer los procesos infecciosos (el material de protección no caduca y siempre es preferible prevenir que curar). Además cuentan con centros especializados en investigaciones que deberían haber sido potenciados y dirigidos a preparar y paliar la amenaza.
        Además en España tenemos la dispersión de titularidades competenciales autonómicos, un gobierno hecho de retales más preocupado por sus políticas electorales, su mantenimiento, sus ideologías y banalidades que por una cuestión de ésta gravedad. Pero también tenemos una oposición que, salvo Vox, hace seguidismo y marcha al mismo paso que sus teóricos adversarios (todos quieren ser de izquierdas más o menos divagantes o extravagantes, pero todas «burguesas», según Gustavo Bueno). Todo ello fruto de una inmadurez política y personal donde se considera que hacer política es imponer caprichos arbitrarios a los demás, lucir el palmito y gozar de privilegios.
        Sí, posiblemente otros con más experiencia, más preparación, más «mayores», no habrían cometido tantas torpezas en la gestión y, sobre todo, no habrían puesto el interés partidario por encima de la seguridad sanitaria de toda una nación.
        Un saludo.

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