La transición democrática comenzada a finales de la década de los setenta ha llegado a un final inesperado, por lo menos para los que comenzaron aquella andadura. A este final se le podría llamar el Gurtelanato, el Blesanato o Ereanato, pero suenan más complicados y menos dulces que el título actual.

Mucho se ha hablado de las virtudes que se dieron en la Transición española, subida a los altares; pero tanto el problema territorial con la delegación de la educación a las autonomías, y también, y sobre todo un sistema de bipartidista que ha engullido todas las esferas de poder posibles, incluidas las que están en la base de la democracia, como la necesaria y consabida división de poderes, desdicen indudablemente semejante consideración. En esa división, la del legislativo y ejecutivo es de risa, y lo que sucede con el judicial es vergonzoso.

Más allá del problema de la corrupción, que básicamente obedece al carácter brutal que ha adquirido el Estado en toda la dinámica social y económica, nuestra realidad democrática tiene que ver con el deterioro de los valores democráticos, si es que alguna vez los hubo.

La cuestión de un cambio de régimen, como el vivido en nuestro país, no solo se debe ceñir al control exhaustivo de los centros de poder anteriores –militar, policial, informativo y económico…– sino que  debe afrontar con intensidad y honestidad un problema mayor, como es el cambio de la cultura política de todo un colectivo. Al respecto, destaca y escama, como la gran participación en unas elecciones democráticas que incluían el referéndum constitucional, no fue muy distinta de las largas colas ciudadanas para despedir al anterior dictador, revelando más una actitud civil de acaudillamiento que un auténtico cambio de mentalidad.

Desde el análisis de los comportamientos colectivos en relación con la realidad política, se aprecian un sinfín de elementos que hacen pensar que la cultura democrática ha calado insuficiente y pobremente entre la población española. Los síntomas más relevantes son, la sucesión ininterrumpida de legislaciones bajo un mismo signo político, insuflada por un manejo continuo y progresivo hacia el voto cautivo, los movimientos sociales fagocitados desde un principio por el bipartidismo, cuando no directamente creados por él, las programaciones electorales con un marcado carácter populista y de imagen pública, solo por mencionar los más conocidos.

El poder democrático reside en el pueblo, dicen los saberes democráticos. ¡Pues a por el que vamos! Debieron decir los instrumentadores de la partitocracia, pues la auténtica maraña tejida a su favor para afrontar esa incomoda realidad llamada elecciones, resulta abiertamente espectacular, desdiciendo de manera radical la creencia en el sentido esencial de las democracias occidentales.

Los actuales fenómenos del nacionalismo y el populismo se apoyan de manera visceral en nuestra incultura política, que sigue sin entender la pluralidad de opiniones, sin aceptar un pensamiento que no sea único, además de simple y ramplón, apelando a cuestiones tan primitivas como el territorio o la sublimación de una sola clase social. ¿Hay en nuestros días mayor caudillismo que esto? El mundo de la información y el periodismo político está infestado de bipartidismo; el de la judicatura igual, aunque disimule un poco más, del sindical casi hasta da vergüenza hablar, el de la cultura alineado con total descaro hacia aquellos que mejor defiendan sus intereses, y así el resto de gremios, que evitando una visión más general del problema optan por la defensa de su chiringuito, arrimándose a aquel que mejor sombra dé.

Si alguno se pudiera salvar un poco más de la quema, ha sido el poder económico y financiero, el cual, con ese habitual sentido pragmático y rentabilista que le ilumina, ha ido pagando las prebendas necesarias a los caudillos de turno. Y en estas llegó nuestro comisionista ibérico.

El deterioro ha llegado a un punto tal, que resultan ridículas cuando no patéticas las propuestas de unos y otros, antiguos y nuevos, realistas e iluminados, que tan poco y tan mal disimulan sus ansias de poder. Y es que el mundo político se manifiesta tan trivial, elemental y arribista, que parece sacado de un burdo juguete decimonónico del Toys R Us, teniendo enfrente a un siglo en el que la ciencia reveladora de conocimiento, y la cultura expansiva y liberadora de ello, es lo que debería dominar los diferentes mundos.

Mientras no se profundice de verdad en la democracia actual, todos los postulados políticos que se nos ofrecen seguirán haciendo aguas por los cuatro costados, consiguiendo que lleguemos a una situación colectiva próxima a la ingobernabilidad del Estado.

Y dicha profundidad pasa, además de porque los partidos saquen las manos del resto de esferas de poder, especialmente el de la información, la judicatura y el ámbito civil, por promover de manera altruista y desinteresada la opinión abierta, las leyes dirigidas a la potenciación y protección de la sociedad civil, especialmente en la faceta educativa, la limitación del enorme instrumento de estructuración política que es el Estado en todas sus instancias, la restricción del brutal poder político que es la Hacienda Pública, a través de las políticas fiscales. Pasa por devolver a la ciudadanía la capacidad de organización propia, eliminando los actuales mecanismos de control político mediante de las subvenciones, los contratos y los subsidios, permitiendo que se vaya creando un tejido empresarial y social basado en el crecimiento, el empleo y el desarrollo sostenible.

Mientras que la población de un país se le siga tomando como “cuerpo electoral”, y no se hagan políticas hacia su mayor desarrollo, mayor conocimiento, incremento de sus niveles de educación política y social, potenciación de su cultura de participación responsable, ampliación de las redes ciudadanas para la expresión de opiniones diversas, tendremos una democracia pobre, endeble y susceptible de ser atacada por diferentes frentes como está sucediendo en la actualidad.

Es sencillamente imposible buscar una democracia sólida sin que quienes gobiernen u opten a ello, no hagan una firme propuesta de que la “libertad” solo se basa en el Conocimiento, y de que el poder solo se puede aceptar en tanto en cuanto persiga este fin todo cuanto pueda. Mientras tanto, Nicolasato al canto y a aguantarse.

9 comentarios

9 Respuestas a “EL NICOLASATO”

  1. Jose Maria Bravo dice:

    Carlos, me parece interesante tu Cuestionamiento. Lo pongo en mayusculas porque es asi. Pero es dificil hacer una propuesta alternativa sin unos elementos basicos.

    S, en España hay muchos funcionarios porque esa la oferta de empleo. Porque el Estado, psicologicamente, es paternalista. Ahora que echar a la calle millones de personas, claro haciendo salvedad de los gobernantes que tambien son funcionarios y “cortesanos”.

    Tu hablas, la facilista manera de decir, no hay justicia “independiente”, pero de que?. Que seria preferible, la co-optacion, la perpetuacion de nombrarse unos a otros o la oposicion adecuada a una “ideologia determinada”. Es compleja la cuestion. Y que haya un “Consejo Politico” de miembros destacados que gobiernen, lo que podia llamarse una “Nueva Aristocracia”. Pero en estas epocas de lo que prima es lo economico, un “Consejo de Banqueros”. Pues es lo que estamos viendo en el Consejo Europeo y en las Bancas Centrales, con los resultados que vemos.

    Es complejo Carlos, sobretodo cuando crecen las desigualdades. La realidad es una sociedad afligida con sintomas de desnutricion y con una juventud sin esperanza.

    Sabemos cual es la Cuestion pero la Formulacion?. Para mi es mucho mas plausible la descentralizacion, sobre todo la politica, Si, hay esta la llaga, la atomizacion ,macroeconomica de la Politica. Tan ajena, tan poco distributiva y tan dominada por el Ego.

  2. Rafa dice:

    Efectivamente Carlos, como nos señalas en tu artículo, se ha llegado al culmen de la incultura política, a partir de la tan nombrada transición democrática.

    Intentando buscar antecedentes del porqué ha sucedido el hecho de convertir la labor política en una cloaca,en este país; supongo que será multicausal, pero hay un hecho para mí relevante, (lo que yo llamo partir de la negatividad)

    Mientras en otros paises con tradición democrática, se han puesto de manifiesto métodos para montar una mejor relación entre los ciudadanos; en este se ha tratado de desmontar el sistema impuesto por el anterior dictador, sin buscar alternativas satisfactorias a las normas suprimidas.

    Las frases para mi tan repetidas de ” no se puede permitir que todavía….), o ” hay que suprimir tal ley porque atenta contra nuestros derechos democráticos, no ha ido acompañada de una alternativa real o suficiente, por lo que el promotor lo que de verdad ha ido suprimiendo son los mecanismos de control de sus no propuestas.

    Ahora os propongo un juego, si no lo habeis hecho yá para dar idea del grado de inmadurez al que hemos llegado, y es el de observar las siglas de los grupos más representativos que en el sistema de partidos políticos se presentan a elecciones.

    Partido Popular (en este momento puede ser de todo menos popular)

    Partido Socialista Obrero Español (parece un sarcasmo, socialista, obrero y español).

    Izquierda Plural (¿ Plural?)

    Convergencia y Unió (convergencia puede ser pero hacia donde?).

    Bloque Nacionalista Galego (Bloque).

    Mi intención no es la de herir la sensibilidad de nadie, simplemente poner de manifiesto la diferencia entre acciones e intenciones.

    Un abrazo, Feliz Navidad.

  3. josep dice:

    De aquellos polvos… Ah, la Transición: Reforma frente a Ruptura ¿recuerdas? Ganaron los reformistas. Lógico ¡acoquinaba el ruido de sables todavía! ¿Pero, el resultado?… pues esta cosa que tenemos. La oligarquía de antes más la nueva oligarquía felipista (con la colaboración de las perífericas, nacionalistas o folkloricas). Un nuevo reparto cuyo fundamento es un bipartidismo extractor protegido bajo la capa de la monarquía. ( todavía queda algún tonto que predica que el rey “no manda”, ¿pues qué hizo el 23 F? ¿a quién obedecieron los milicos? ¿a papá noel?)
    Comparto -somos muhchos seguramente- tu análisis: necesitamos mayor participación ciudadana en las decisiones de la política para paliar los vértigos “representativos”; necesitamos una efectiva separación de poderes (¡a estas alturas!); necesitamos que el Estado sea menos opresor y menos invasor de las esferas privadas y, sobre todo en la educación y la cultura. Que hacienda seamos todos, pero que no seamos todos “de” hacienda.
    Pero mi duda -¿tú, no?- es que en ocasiones me siento próximo a planteamientos liberales (¡horror!): no puedo con el Estado, me cae mal “este” Estado. Y peor los enchufados, empezando por esa troupe de funcionarios acomodaticios y necios (que no son todos, pero son muchos) que han colaborado con la corrupción: con sus silencio, muchos; y cobrando, bastantes. Si no podemos cambiarlos, dificilmente pordremos cambiar el Estado. Fíjate que todos los partidos -incluido Podemos, está de moda- les hacen la pelota: saben que ellos pueden tumbar a cualquier político e impedir cualquier proyecto nuevo (y lo nuevo es lo que más temen ellos, logicamente, pues es siempre contrario a los privilegios establecidos-que no derechos…).
    En fin, vamos a ello… uf, aunque ya cansa.
    Un saludo
    josep turu.
    Severo Diletante
    http://severodiletante.wordpress.com/

  4. Gema. dice:

    Resulta curioso saber cómo hay un país donde El Dictador yace plácidamente junto a los asesinados; Valle de los Caídos – España; ele ahí la Egpaña cañi y olé; bondadosa Cómo ella sola, a ver si va a ser ese el “problema”; Sólo cuando callen las armas, hablaran las personas, mujeres y hombres; todo lo demás es, Pachangueria, llenar la bolsa y timo – estampita. Buenanochebuena

    1. Santoro dice:

      Sinceramente, esto está ya superado hace tiempo. No creo yo que el asunto vaya por ahí.

      Un saludo.

  5. Colapso2015 dice:

    “poder democrático”
    Debería percatarse que no puede una cosa ser origen de si misma. El decir “el poder” no puede ser lo mismo que aquello lo sustenta “el pueblo” (demos).
    Una cosa es el poder y otra el gobierno.
    Gobierno democrático tiene mejor pinta. Si bien recordando a Montesquieu (aristócrata), todos los sistemas representativos son aristocráticos. Por lo tanto, lo anterior sólo es aplicable a la democracia directa.

    1. Santoro dice:

      Es que habría que empezar a explicar que lo que hemos vivido ha sido la patología de una democracia.

      Un saludo.

  6. Santoro dice:

    Una buena reflexión, me gusta.

    Comparto.

    Saludos.

  7. Gema dice:

    en respuesta a Santoro; no opino ni parecido, estará superado para los “ganadores” o áquellos que no perdieron a nadie entre sus familiares, que no es mi caso;

    En Alemania se juzgó, bien o mal a los ejecutores de lo que todo el mundo sabe, y aquí se hizo una transición dicen que modélica: no perseguimos a la izquierda, por sus ideas etc..pero, jamás gobernareís!!-las leyes son nuesrtras, por tanto el “estado” también;

    Aquí, España se levantó un gobierno democrático y republicano con un alzamiento militar y posterior guerra civil, a lo que le siguieron los años de posguerra y nacionalcatolicismo, casi náá´..

    muerto el caudillo, la broma de la transición democrática, con un rey a dedo del dictador y una constitución que habla de derechos que “nadie tiene” o casi nadie;
    hoy día la constitución ni siquiera es tal, los derechos cotizan en las bolsas de los mercados, las leyes cada vez mas represivas, los controles por seguridad?- cada vez más exagerados, las guerras en aumento, y..cómo no!- los atentados de toda índole también; a río revuelto, ganancia de “pescadores”..y los PESCADORES ya sabemos quienes son y dónde están; los pescaítos fritos, fritos hasta la saciedad..sin ser ni siquiera creyentes, algun@s esperamos que la ira de dios se haga cargo de tanta maldad impuesta, porque si esto es acaso “una fiesta” (de ellos), por esa PUERTA yo no entro ni aunque me invite el ilustre sr. adinerado, refinado y retórico Nicolás.

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