Bundesarchiv Bild 102-09844, Mussolini in Mailand

Hace poco más de cien años, el 23 de marzo de 1919 nació, oficialmente, el fascismo, ese que con nombres distintos vuelve ahora a estar de moda.

Los reunidos eran poco más que un par de cientos de personas, que se juntaron en la sala de reuniones del Circulo de la Alianza Industrial, en la Piazza di San Sepolcro, en Milán, con la sana intención de fundar un movimiento que acabase con el resto de los partidos: un antipartido, como se definían a sí mismos (curioso: desde hace cien años los nuevos partidos se autocalifican como antipartidos…). Casi todos los asistentes venían del socialismo o el comunismo -el mismo Mussolini tenía un pasado socialista-, por lo que tenían practica en eso de organizarse, dar mítines y convencerse a sí mismos y exaltarse, y de esa pequeña reunión salieron los principios de lo que sería con el tiempo el Partido Fascista Italiano (fundado formalmente el 9 de noviembre de 1921).

Eran pocos, pero estaban muy lejos de ser cobardes, y cuando los mensajes son simples y no se percibe que la realidad tiene muchos matices es fácil que se propaguen con rapidez; en este caso el núcleo el mensaje giraba en torno a que Italia, maltratada por el resto de potencias vencedoras en la Primera Guerra Mundial, era la heredera de un gran Imperio (el romano, casi nada: de antes de ayer) y tenían que apañárselas para que volviera a ser grande y poderosa (imperio perdido y gloria futura: ¿os suena?…¡un clásico!).

Es evolutivo: al ser humano no le gustan los grises, y esta gente tenía solo cuatro ideas, pero muy claras, así que era cuestión de tiempo que, arropados por la parafernalia y la propaganda adecuada, magnificada por los ritos, desfiles y teatralidad que copiaron a Gabrielle D’Annunzio (el poeta héroe de guerra que conquistó Fiume y que redactó una constitución en la que “la música era el principio básico del estado”), esas cuatro ideas empezaron a calar en una parte muy importante de la sociedad italiana de la época.

El resto es historia: apenas unos años después, en octubre de 1922, triunfó la Marcha sobre Roma y después de negociar con el rey Víctor Manuel III, Mussolini fue nombrado jefe del gobierno. Una vez en el poder, apoyado en el aparato del Estado, la simbología fascista empezó a inundar el país, se cambió la ley electoral para beneficiar al partido y los fascistas consiguieron poco después la mayoría absoluta en las elecciones de 1924 para después, con las riendas bien cogidas, desde principios de 1925, aplastar toda resistencia y toda pretensión de democracia, dando lugar a una dictadura total en la que el único partido legal era el fascista.

El fascismo italiano sirvió como modelo para Adolf Hitler, que al principio de su carrera de dictador sentía una profunda admiración por Mussolini (que se transformó después en profundo desprecio) y se extendió también por nuestro país, que también tenía un pasado glorioso y un presente incierto, pero esa es una historia que todos conocemos…

Los primeros fascistas, como luego los “camisas viejas” españoles o los nazis, tenían muy claro que lo eran y se sentían muy orgullosos de ello, pero con el paso del tiempo el termino se ha convertido en un insulto hasta el punto en que, básicamente, un fascista es alguien que no piensa como tú, o, mejor dicho, del que no te gusta cómo piensa, y la palabra corre el riesgo de convertirse tan solo en eso, en un insulto, lo que desde mi punto de vista no deja de ser un peligro, porque fascistas, haberlos, los hay.

Definiciones de “fascismo” en el siglo XXI hay muchas, pero yo me voy a quedar con la que identifica “fascismo” con “nacionalismo exaltado”, ya que, como decía Borges, “el nombre es arquetipo de la cosa”, y hay que tener cuidado con ciertos términos, porque si los usamos mal, o peyorativamente, corremos el riesgo de confundirnos.

Puedes decirme que en esta definición caben partidos de derechas, como Vox y de izquierdas como Esquerra Republicana, pero es que para mí ambos son fascistas, y no es un insulto – seguro que muchos de sus dirigentes y votantes son gente encantadora-, simplemente es una definición en la que caben: lástima que, con la que está cayendo, “la nación” sea lo único que le importe a tanta gente, a tantos fascistas.

Los nacionalistas, personalmente, a mí me dan mucha lástima, pero al menos tienen un pase: el nacionalismo “moderado” me enseña que mi nación es única, con su cultura, su pasado, sus costumbres y mitos, y que tengo ciertas obligaciones para con ella, pero este nacionalismo “sano” pasa a ser fascismo cuando la nación pasa a ser la vara de medir de todo lo demás, y partidos con profundas divergencias en temas sociales o económicos se ponen de acuerdo para decir que la nación lo es todo y que me debo a ella en cuerpo y alma: que da igual que haya en mi nación gente pasando necesidad, y por supuesto me da igual lo que pueda pasar en el resto del planeta, porque todos los esfuerzos han de centrarse en que su nación adquiera mayor gloria. Para un fascista la muerte de los de fuera no importa y el sufrimiento de los de dentro tampoco si es por el bien de la nación. De la suya, claro.

Un fascista enseña en los colegios a los niños que la vara de medir es la nación y la verdad importa poco: solo importa lo que sirva a sus propósitos. Un fascista millonario que se precie llora en directo por televisión cuando siente humillados los intereses de su nación o huye a Waterloo (¡cuánta rabia me da que sea precisamente a Waterloo!) si cree que sirve a sus pretensiones mientras otros fascistas se presentan a las elecciones envueltos en la bandera de una nación que antes fue un imperio, pero sin nada debajo de esa bandera, porque no hay más ideas que la de una nación inventada que quieren que se parezca a un imperio que jamás va a volver (y que posiblemente nunca existió como lo imaginan).

El problema es que, cuando se miran en el espejo, a todos los fascistas les gusta lo que refleja: igual que los alemanes a mediados de los años treinta del siglo pasado se gustaban mucho a sí mismos en sus uniformes de Hugo Boss, con sus hogueras y eso, los fascistas de ahora se ven muy guapos con sus lazos en el pecho o sus fachalecos.

El termino fascismo viene del latín “fascis”, que significa “haz de varas”, indicando que mientras una vara es fácil de romper, cuando juntas muchas, quebrarlas se convierte en una tarea imposible, y ese es el mayor peligro que tiene el fascismo: que cuanto más se extiendan más difícil va a ser acabar con ideas que deberían ser de otro siglo.

3 comentarios

3 Respuestas a “¡Fascista!”

  1. EB dice:

    Raúl, le agradeceré explique qué diferencias hay entre el socialismo-nacionalista y el socialismo-internacionalista en función no de sus ideas sino de sus acciones desde la Primera Guerra Mundial. Sí, explicar el fascimo es parte de explicar la historia política de los movimientos socialistas en los últimos 100 años.

    Como descendiente de ancestros que escaparon de Europa por culpa de todo tipo de políticos que solo buscaban monopolizar el uso de la violencia y que estuvieron dispuestos a dar sus vidas por conseguirlo (sí, como el Rey de la Noche en GoT o como Thanos en la saga de los Avengers), la pretensión de explicar facciones políticas por ideales sobre lo que la humanidad debiera ser me parece estupidez o directamente maldad. La división del Planeta Tierra en estados-nación (incluyendo a España tan artificial e inexplicable como cualquier otro estado-nación) es consecuencia de miles de años de guerras. Y si sigue habiendo conflictos entre estados-nación y al interior de muchos estados-nación es porque las mismas fuerzas que generaron el orden político mundial de estados-nación siguen bien presentes en la humanidad. A pocos les gusta la concentración del poder coercitivo legítimo en pocas manos y contrariamente a lo que se podría derivar de su post, los conflictos por evitar esa concentración continuarán por siempre (leo su post después de una semana en que primero vi el tercer episodio de la última temporada de GoT y luego la entrega final de la saga de los Avengers, y no se extrañe que su post me cause risa porque habiendo derrotado al Rey de la Noche y a Thanos, ambas ficciones concluyen que el mundo «volverá» a su dinámica natural marcada por la ambición de unos pocos de concentrar poder coercitivo legítimo).

    Mientras tanto, le adjunto esta explicación del término fascismo tomada de Wikipedia en inglés para que quede claro el origen bien europeo del término (sugiero leer toda la entrada https://en.wikipedia.org/wiki/Fascism):

    The Italian term fascismo is derived from fascio meaning «a bundle of sticks», ultimately from the Latin word fasces.[21] This was the name given to political organizations in Italy known as fasci, groups similar to guilds or syndicates. According to Mussolini’s own account, the Fascist Revolutionary Party (Partito Fascista Rivoluzionario or PFR) was founded in Italy in 1915.[22] In 1919, Mussolini founded the Fasci Italiani di Combattimento in Milan, which became the Partito Nazionale Fascista (National Fascist Party) two years later. The Fascists came to associate the term with the ancient Roman fasces or fascio littorio[23]—a bundle of rods tied around an axe,[24] an ancient Roman symbol of the authority of the civic magistrate[25] carried by his lictors, which could be used for corporal and capital punishment at his command.[26][27]

    The symbolism of the fasces suggested strength through unity: a single rod is easily broken, while the bundle is difficult to break.[28] Similar symbols were developed by different fascist movements: for example, the Falange symbol is five arrows joined together by a yoke.[29]

  2. O'farrill dice:

    Una interesante aportación al conocimiento histórico de la palabra «fascismo» (la unión que hace la fuerza) en momentos en que se utiliza frívolamente como insulto político e incluso personal por quienes debían saber algo más de Historia. Pero las cosas son como son y no es posible pedir racionalidad a lo puramente emocional salido de la ignorancia. De ahí las situaciones actuales. Unos quieren recuperar la fuerza de la nación frente a los intentos de fragmentación y debilitamiento de otros. Nada de lo que viene ocurriendo es inocente.
    La autollamada «izquierda» todavía se rebota cuando se le recuerda los orígenes socialistas, comunistas o sindicalistas de Hitler o Mussolini. No digo nada si se les dice que el régimen de Franco tenía connotaciones socialdemócratas («….una reacción contra el capitalismo liberal y el materialismo marxista…»). Pero hay que oírlos en su desnudez intelectual hablar de «fachas» (que no saben bien qué significa) a todos los que no piensan como ellos o situar «espacialmente» como en la Comuna de París a unos y otros. Los medios de comunicación hacen el trabajo y repiten términos («una mentira repetida un millón de veces…») que sirven a la propaganda política.
    La verdad es que parece que las ideas políticas se han quedado ancladas en la Historia y se siguen utilizando para mantener artificialmente una confrontación anacrónica con «comisiones de la verdad» o «memorias históricas» donde, lo más importante, parece ser su subvención económica a cargo de los presupuestos públicos (se habla de 32.000 millones en subvenciones públicas, mientras los servicios básicos institucionales están como están). Puro clientelismo electoral que, como vemos, tiene su repercusión posterior en una sociedad permeable a la manipulación y a la desinformación.
    Un saludo.

  3. Manu Oquendo dice:

    La palabra que titula el artículo es otra de las destinadas al triste papel –para una palabra– de convertirse en interruptor neuronal que suscite las emociones deseadas que son las previamente sembradas por los medios culturales del Poder.
    Estas palabras pronto se convierten en significantes vacíos pero pueden seguir funcionando como el timbre del perro de Pavlov que es la función que realmente desempeñan.
    A lo largo del siglo XX la Psicología se convierte en instrumento al servicio de Dictadores y Totalitarios que han sabido y saben sacar jugo a sus enseñanzas y a sus silencios. Silencios como, por ejemplo, dedicados a Trotter por recordarnos en detalle a principios del XX lo importante que es nuestro Instinto Gregario. Me refiero a su obra de 1916 titulada «Instincts of the Herd in Peace and in War». Aún pendiente de publicación en España.

    El gran asesino de la historia, tras la civilización asiria felizmente desaparecida hace un par de milenios, ha sido la izquierda Jacobina y esto no tiene vuelta de hoja. Desde la propia Revolución francesa hasta Pol Pot pasando por el Gulag y la gran Marcha de Mao. Como apunta la segunda parte del artículo y los dos comentarios –EB y O’Farrill– incluso Mussolini y Hitler hunden sus raíces ideológicas en el pozo tenebroso de estas Organizaciones Políticas de cuyas cúpulas formaron parte aunque hoy traten de esconderlo o de maldecirlos.

    La batalla semántica es crucial y la todavía llamada Izquierda ha sabido jugar estas cartas trucadas a un gran nivel. Imprescindibles para seguir en el poder.

    He contado en alguna ocasión cómo Diderot descubrió que necesitaba recurrir a la emotividad más básica para despertar y promover el campo emocional que permitiría unas pocas décadas más tarde el triunfo de la Revolución cuyos estertores estamos comenzando a ver en Europa.
    Diderot descubre a Richardson (autor inglés de «Pamela o la Virtud», la primera novela «romántica») e instruye a sus «círculos» a través de una carta — carta que circula por internet en versión original– instándoles a «escribir como Richardson». Un año más tarde Rousseau escribe la «Nouvelle Eloyse» y nace el movimiento Romántico que serviría de campo de cultivo en el Continente para impulsar formas de Estatismo que, -al contrario que en USA o en UK– dieron origen a diferentes formas de Totalitarismo (Incluyendo el Despotismo Democrático) que hoy circula agónico y sin respuestas en la Europa Continental.

    A estas alturas creo que nos da pavor y hastío ver cómo seguimos recurriendo a vocablos que en definitiva no despiertan otra cosa que sentimientos de odio, envidia y violencia anulando al tiempo cualquier pretensión de una antropología digna y moralmente respetuosa con el ser humano, –con los atributos de Racionalidad y Libertad que nos hacen Humanos–.

    No estamos hablando ni de Izquierda ni Derecha, ni de Fascistas ni Anarquistas, ni de Nacionalistas ni Internacionalistas. Estamos usándolos como pantalla para ocultar ideologías más o menos Instrumentales para la Consecución de un Poder que se ejercerá…………………….. de modo Totalitario.
    Las Pantallas Semánticas evitan al mismo tiempo que Ocupe el Escenario la verdadera naturaleza del Poder. La que está en la Raíz de nuestros males.
    Como todos quieren alcanzarlo y disfrutarlo –a nuestra costa– procuran protegerlo lo preservarlo.

    O recuperamos el control del significado verdadero de las palabras y dejamos de usarlas como instrumentos de confusión estamos perdidos.

    El artículo, cuya segunda parte es bien interesante y con la que creo que muchos podemos estar de acuerdo, tiene la virtud de abrir un debate de verdadero Progreso Humano.

    Saludos y gracias

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