Es lógico que la política preste mucha atención a la marcha de la economía, porque de ello depende en gran medida que lleguemos a tener los empleos y los ingresos que necesitamos para nuestro vivir cotidiano. Pero los políticos dan un paso más y nos dicen que debemos aspirar a una calidad de vida, cosa que está muy bien. Lo que ya no está tan bien es que hacen una lectura muy parcial de este concepto, sospechosamente parcial. Para ellos la calidad de vida está muy focalizada en cosas como la contaminación del aire que respiramos, la seguridad en las calles y otros asuntos de este tipo. En cambio, para mucha gente este concepto está más asociado a tener suficiente tiempo libre, una buena conciliación de horarios laborales y familiares, poder viajar de vez en cuando, ciertas comodidades, etc. Cuestiones todas ellas que, desde luego, son importantes. Es evidente que lo son. Lo curioso, sin embargo, es que hay síntomas clarísimos de que nuestra calidad de vida, en un sentido más profundo, deja mucho que desear y casi se los prefiere ignorar.

Un ejemplo clamoroso es el de los suicidios. Es cierto que afectan a muy poca gente, pero no deja de ser tremendo. Recientemente se publicó que, según el INE, en España se habían quitado la vida 3.910 personas en 2014. Más de 10 personas al día. No solo eso. Pese a la atención mediática que reciben los muertos por accidentes de tráfico, homicidios o accidentes laborales, la suma de todos ellos da una cifra menor que la de suicidios. Además, la tendencia de estos es creciente desde hace varias décadas. En 1980 se registraron 1.652 casos; en 1990, 2.939; y en el año 2.000, 3.393. La cifra del 2014 era el record histórico, igual que lo fue la de 2013 y, antes, la de 2012.

Es una tendencia de fondo que parece imparable y, sin embargo, si juzgáramos por lo que cuentan los medios de comunicación, diríase que a nadie le preocupa demasiado. Aquí nos tienen metidos a todos en una especie de cruzada nacional para reducir los accidentes de tráfico y, sin embargo, en el Gobierno o en el Parlamento nadie dice ni pío sobre cómo reducir las muertes por suicidio, que son más del doble. Es sorprendente. En España, a diferencia de otros países como Noruega, Suecia, Dinamarca o Reino Unido, no existen planes de prevención (salvo en Cataluña que acaba de iniciarse uno).

No obstante, si queremos señalar un fenómeno que evidencie claramente que en esto de la calidad de vida las apariencias nos engañan, y que además está muy extendido en nuestra sociedad, apuntemos a las depresiones. Los datos sobre consumo de fármacos antidepresivos son estremecedores. Solo entre los adolescentes (de 10 a 19 años), la Organización Mundial de la Salud dice que la depresión es la principal causa de enfermedad y discapacidad. Entre 2005 y 2012 aumentó un 50% el uso de estos fármacos en los menores, en todo el mundo. Si nos centramos en España, según la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios la utilización de estos medicamentos en el conjunto de la población se ha triplicado entre el año 2000 y el 2013. Es más, esta agencia española de medicamentos dice “Se estima que (la depresión) afecta a unas 350 millones de personas en el mundo. En su forma más grave, la depresión puede llevar al suicidio, y es responsable aproximadamente de 1 millón de muertes anuales”. Y ante esto seguimos sin escuchar valoraciones y propuestas por parte del Gobierno o del Parlamento.

Seguro que tanto el fenómeno de la depresión como el del suicidio tienen raíces muy diversas y, para atajarlo, no baste con un enfoque exclusivamente médico. Supongo que habría que ahondar en las causas que hacen que alguien no encuentre un proyecto de vida que le motive, o en aquellas que hacen que quien ha perdido su trabajo se sienta marginado y fracasado, o… tantas otras situaciones. En este sentido, me ha llamado la atención un artículo de dos especialistas sobre la cantidad de gente que se siente sola. Según ellos, “varios estudios internacionales indican que más de una de cada tres personas en los países occidentales se siente sola habitualmente o con frecuencia”. Pese a no ser un experto en el tema, tiendo a pensar que el sentimiento de soledad, de no ser querido o no interesarle a los demás, debe incidir mucho en esos estados de ánimo que se han catalogado como depresivos. Pero, seguro que hay mucho más mar de fondo.

Naturalmente, este tema da para mucho pero si lo he traído a colación es porque creo que tiene mucho que ver con el tipo de funcionamiento que tenemos en nuestra sociedad. Y, por tanto, debería interesar, y mucho, a nuestros políticos. Porque raya en el esperpento hablar de la calidad de vida como uno de los principales objetivos de la agenda política de nuestros partidos y, sin embargo, pasar de puntillas por todos estos asuntos. Parece como si se quisiera ignorar una parte importantísima de nuestra realidad humana y social solo porque sea muy complejo abordarla adecuadamente.

Hay muchos estudios realizados por equipos de psicólogos, sociólogos, neurólogos, etc., que bucean en las raíces de estos problemas y proponen líneas de actuación. Sin embargo, por alguna razón no trascienden del ámbito profesional y no llegan a la opinión pública. Por tanto, no adquieren la relevancia suficiente para ser incorporados a la agenda política. Desde luego sería necesario que los medios de comunicación dedicaran a estos asuntos la atención que se merecen. Como hacen, por ejemplo, con la violencia de género, tema de suma importancia, sin duda. Pero ¿por qué ese sí y los otros no?

De todos modos, cualquier político mínimamente responsable debe incluir entre sus prioridades aquellos asuntos que él sabe importantes para el futuro de nuestra sociedad, aunque el electorado no sea muy consciente de ellos. Es más, dentro de la función pedagógica que tiene que asumir cualquier líder político, debería explicárselo a la opinión pública. Desde esta perspectiva, es inadmisible que, ante un tema de este calado, los políticos no se hagan eco de las conclusiones de los profesionales y que no elaboren, de común acuerdo con ellos, los planes de actuación necesarios para revertir las tendencias de deterioro que muestran las estadísticas.

Pero no es solo responsabilidad de los políticos, aunque tengan mucha. También lo es de los ciudadanos. A pequeña escala, sí, pero todos somos responsables del modelo de sociedad que estamos construyendo día a día. Por acción o por omisión. Seguramente hay cantidad de oportunidades en nuestra vida cotidiana para hacer que este mundo sea un poco mejor o un poco peor, pero justificamos nuestra pasividad diciéndonos que los cambios de verdad se juegan a un nivel fuera de nuestro alcance. Y es verdad, pero no del todo.

12 comentarios

12 Respuestas a “¿Hacia una calidad de vida mejor o peor?”

  1. Es un asunto tabú el de los suicidios. Y porque tengo personas cercanas a este problema, a nivel profesional, no me sorprenden estas cifras.
    También he vivido algún suicidio de personas relativamente próximas.
    En numerosísimas ocasiones, los genes mandan. Hay familias con un alto número de suicidios por este motivo. Todo influye y no sólo la mente. Estamos, en cierto modo, predestinados.
    Un tema muy interesante que los políticos evitan tocar por un motivo.
    Es cierto que tenemos que ser más responsables con nosotros mismos. No esperemos que gestionen nuestra vida. Seremos menos infelices cuando consigamos comprender esto.

  2. RBCJ dice:

    Cuando ves el gráfico piensas que España mal , la crisis….http://www.perpe.es/2015/03/06/es1615/ pero si vas a la estadística internacional 2011 http://www.worldlifeexpectancy.com/cause-of-death/suicide/by-country/ cambia la perspectiva a favor respecto a muchos países como Francia , Japón , Finlandia , Bélgica (zona roja)..y hasta Suiza , Luxemburgo y Dinamarca (zona verde)..No obstante el punto de inflexión de la curva justo por 2011 en España está ahí y nos sube en la estadística acercándonos a los 10 por 100.000 habitantes de la zona verde internacional. Para ocuparse del asunto, qué Ministerio, qué Concejalía ¿?, sin duda los propios ciudadanos , nuevos valores , cultura, conviene aprender a vivir solos , conocerse , estamos demasiado hechos al ruido , necesitamos salir , hay que salir.Demasiadas expectativas , sueños rotos, compartir el fracaso ante la sociedad…pero pasa en todo el mundo civilizado.Una crisis global que quizás debamos resolver individualmente.

    1. Manuel Bautista dice:

      Estimado RBCJ,

      Muy interesante el enlace a la tasa de suicidios en todos los países.

      Como bien dices, es difícil extraer conclusiones de estos datos. Pero no deja de ser sorprendente que prácticamente todos los países desarrollados presenten cifras de suicidios tan elevadas y que, en este sentido, no se distingan de los países que están sumidos en la miseria.

      Es evidente que, por muy avanzada que pueda llegar a estar una sociedad, la decisión de quitarse la vida solo puede ser “combatida” por la propia persona. Y son múltiples factores los que entran en juego para que alguien acabe decantándose por esa opción.

      Pero, cuando esa tasa de suicidios sube y sube… Casi no nos queda más remedio que pensar que el tipo de vida que llevamos favorece, de alguna manera, que la gente se encuentre sin un proyecto vital. Y ahí es donde habría que buscar si existen relaciones causa-efecto.

      De todos modos, sin llegar al extremo de acabar de una vez con su vida, hay otras formas de “autodestrucción” que también dan que pensar. Cuando, por ejemplo, alguien decide dedicar sus fines de semana sistemáticamente a emborracharse hasta llegar al coma etílico; o cuando necesitas meterte de vez en cuando alguna sustancia para “salir de este mundo”.

      Merecería, cuando menos, que saltaran algunas alarmas y se investigase con ánimo de intentar hacer algo.

      Saludos

  3. Loli dice:

    Solo un ejemplo de una de los “aparentes logros” respecto a la “calidad de vida” de nuestro “Estado del Bienestar”: en las “residencias para mayores”, como gusta ahora de llamarse desde la administración “los geriátricos”, “los asilos de los ancianos”, lo normal es que una persona que entre, con cierta fragilidad física, o cognitiva, aún leve y adecuada a su edad, y que pueda, en ese momento, valerse por sí misma y ser “independiente”, en poco tiempo, mucho menos del esperado, decae con rapidez en todas sus capacidades….y muy pronto se vuelve “persona mayor gran dependiente”, como está catalogado en obtusos protocolos informatizados.

    Los “viejos” (personas que han viajado y aún siguen haciéndolo, solo que algo más que el resto) que llegan a una residencia en un estado aún bueno, una de las frases que tempranamente asoman a su boca es “que se sienten solos, que nadie les hace caso, que todo el mundo tiene prisa,”.

    De ahí a aislarse ya ellos por completo (por purita supervivencia), y empezar a desconectarse sensorial y sensitivamente…(demencia senil lo llaman), hay solo unos pequeños pasos.

    Quien conozca el tema, lo sabe bien.

    Y estos centros, estos aparcamientos de seres humanos, es una de las reivindicaciones por las que venimos “partiéndonos el cobre”, ante los “recortes” de ese Estado del Bienestar, cuando debería ser lo contrario, salir a la calle para reclamar que la vida tiene otros valores que no nos estamos siquiera planteando, y que si no lo hacemos nosotros, seguiremos siendo gestionados por políticos…..sin nivel alguno.

    1. Manuel Bautista dice:

      Hola Loli,

      Creo que pones el dedo en la llaga muy acertadamente con tu comentario sobre las “residencias de mayores”.

      Es uno de esos ejemplos donde se pone muy de manifiesto esa doble cara de nuestro Estado de Bienestar. Se supone que un éxito de este Estado sería que hubiera muchos más centros de este tipo, convenientemente subvencionados. Y, por otra parte, lo que cuentas (que se ve que es una realidad que te conoces muy bien) es muy ilustrativo del efecto tan demoledor que tiene en muchos casos para los propios ancianos.

      Desde luego no lo estamos haciendo bien con la gente mayor. El primer enlace que he puesto va a un artículo de El País en el que se da el dato de que el índice de suicidios entre la gente de 85 a 89 años es casi 4 veces el del conjunto de la población en España. Concretamente, de 22,5 por cada 100.000 habitantes frente a 8,4.

      Y, por otra parte, es evidente que este tipo de centros es el único recurso que les quedan a muchas familias que, aún sospechando eso que cuentas, no ven otra forma de “atender” a sus mayores.

      Es como cuando ves a los padres jóvenes teniendo que llevar cada mañana, a las 7.30 o las 8, a su niño de pocos meses a la guardería. Seguro que, en muchos casos, se les parte el alma pero… no ven otra solución.

      Son más ejemplos de todo eso que choca frontalmente con la lectura que cualquiera haría sobre lo que debería incluir o no el concepto de calidad de vida. Y que, obviamente, apenas se quiere profundizar desde los análisis políticos.

      Un saludo

  4. Juan Teruel dice:

    Los geriátricos, amiga Loli, sencillamente se deberían cerrar todos, porque son lugares destinados a que los viejos nos dejen en paz, al igual que los viajes y actos destinados a ellos, y nos da exactamente igual lo que les suceda.

    No hace falta que se suiciden, ya se lo ponemos nosotros a huevo para que se autodestruyan.

  5. Alicia dice:

    Jubilada y en una edad que raya en “provecta” llego siempre tarde y mal y con la lengua fuera al bar donde acostumbro comer. Ellos se ríen de mí porque “¡como tienes tanto que hacer!” Y yo me callo porque entiendo que en el mundo que tenemos es verdad, y que yo tenga mucho que leer, o mucho que escribir o mucho que (a mi criterio, claro) crear, no se considera “qué hacer”, y menos cuando con ello no voy a generar riqueza ni a obtener ingresos.

    En las sociedades que hemos creado, las personas sólo tenemos derecho a estar vivos cuando, a cambio de eso que nos han inculcado como “bienestar” y los estados nos proporcionan, les devolvemos algo materialmente útil.

    Es decir, algo que haga crecer el PIB.

    Y si no tienes con qué contribuir a que crezca el PIB, ¿qué le importa a las sociedades, o a los estados, qué pueda producir el interior de cada ser humano? ¿Qué le importa a cada ser humano producir algo que sabe que no importa?

    Sólo importa el dinero.

    Es curioso, sin embargo, que no haya mayor índice de suicidios entre los menesterosos que entre los acaudalados. Tal vez porque una vez que están llenas las barrigas ya no se sabe qué llenar, ni con qué.

  6. O'Farrill dice:

    Estimado Manuel: apuntas certeramente a una cuestión tan manipulada mediáticamente que, probablemente, resultará ajena a una sociedad alienada en su mayor parte por esos mismos medios y quienes mueven sus hilos. Es lo mismo que en política preguntarse donde están los grandes temas de estado en los programas, debates o simples tertulias. Todo está bajo el mismo paraguas: el control de la informacion y el relato interesado.
    Para empezar debemos tener en cuenta que “estado de bienestar” no consiste en que la sanidad pública sea una tormenta de recetas a mayor gloria de las “farmacéuticas”, ni que la educación pública consista en aprender inglés y tener las aulas llenas de ordenadores (a mayor gloria de las industrias tecnológicas), ni siquiera los “erasmus” dedicados en gran parte a las relaciones sociales (el centro de Madrid y sus garitos están saturados de ellos) son una garantía de “calidad de vida” o “estado de bienestar”.
    En muchos casos son superiores los daños emocionales (eso que llamamos “felicidad” o “infelicidad”) que los producidos por cuestiones económicas o financieras salvo, claro está, para quienes la “vida” consista solamente en ganar dinero y consumir bienes que luego no sirven para nada. Conocí en su momento países donde, con nuestra mentalidad occidental, no entendíamos el porqué de su felicidad sin tener todas esas cosas que “necesitamos sin falta” o sin las “que no podemos vivir”. Simplemente no se habían creado expectativas falsas y “vivían” cada día lo mejor que podían ayudándose además entre ellos. Hoy los hemos “modernizado”, les hemos hecho entrar en el sistema perverso e hipócrita de nuestras sociedades avanzadas y no lo pueden resistir. Pero, tienes razón ¿porqué nos preocupa más los accidentes en carretera que el índice de personas deprimidas, vulnerables o socialmente no rentables? Creo que porque es un simple índice relacionado con el “bienestar” económico, la venta de coches nuevos y la supuesta calidad de vida del mundo civilizado. Un saludo.

  7. Gabriel dice:

    Como alguien dijo: “Las estrellas son almas de los que desertaron de la vida”
    Esta gente, pide ayuda desesperadamente antes de dar el paso fatídico.
    ¿Que es lo que le pasa por la cabeza a estas personas, que deciden quitarse de en medio?
    No solo por depresión, también la esquizofrenia, paranoia, situaciones tan extremas en la que estas personas no ven salida alguna. Miedo, terror y pánico.

    Diría que todo empieza desde que nos engendran, un cúmulo de situaciones de todo tipo nos acompañan durante toda la vida. Emocionales, vivenciales, espirituales, cósmico-telúricas, contaminantes de todo tipo y egocentrismo.

    Los gobernantes tienen parte de culpa, Si
    Toda la sociedad tenemos parte de culpa, Si

    Y volvemos a lo de siempre; ¿por que a una persona con migrañas recurrentes, se les infla a fármacos, sin antes ver que es lo que está fallando en el resto de su organismo y en su ánimo? ¿De que otras necesidades y carencias adolecen?. ¿como están funcionando sus, glándulas, órganos y sus meridianos de energía?. ¿Que grado de toxicidad tienen acumulados?. Como se alimentan?. ¿que tal descansan, como es su sueño? …. Aún hace falta tiempo, para que las personas se hagan cargo de su salud, aunque sea de una manera básica.

    Esto, a los gobernantes y a la mayoría de los gobernados, no nos entra en la mollera y no nos interesa saber. Los primeros, por desconocimiento y por intereses con las multinacionales farmacéuticas. Los segundos por desconocimiento, no querer saber más y querer seguir siendo conducidos y aborregados por la panda de impresentables políticos que tenemos en este país.

    La mal llamada medicina alternativa, es la única preventiva y tendría que ser la primera en practicarse.
    Por supuesto, con esto no quito ningún valor a la medicina de urgencias, hospitalaria y a la cirugía.

    Saludos

  8. Esther dice:

    Curiosos los comentarios que leo, todos tienen su buen razonamiento.
    La gente se suicida a nuestro alrededor, pero también nosotros somos culpables. Todos tenemos vecinos que están solos, o un tío que vive en el pueblo y está solo… y estamos demasiado ocupados para ir a visitarles o llamarles por teléfono.

    También está la gente a la que están haciendo sufrir con muchas otras cosas: maltrato sicológico es una de las causas que llevan a la desesperación a quien lo está padeciendo.

    En esta sociedad falla una cosa básica: vivimos sin Dios
    Si quienes están deprimidos, solos o agobiados de problemas acudieran a El, os garantizo que encontrarían la mejor medicina.

    Es triste lo que comenta Loli de las residencias de ancianos. Yo también he visto ese “efecto” que producen en los que entran en ellas. La solución está en lo que ya se está haciendo en algunos lugares. Se reúnen 2 ó 3 matrimonios mayores, eligen la casa de alguno de ellos y se van a vivir todos juntos allí. Luego venden el resto de propiedades y contratan una enfermera para cada turno del día. Así se acabó la tontería. Si la enfermera no te atiende bien, la despides y arreglado.

    Yo, si llego a mayor, es lo que pienso hacer. Detesto el sistema.

    1. Loli dice:

      Si, podría ser una alternativa, en este momento, a las residencias, a la tendencia a aparcar a nuestros “viajeros”, que finalmente somos nosotros mismos…el tiempo es algo que se deviene “entelequia” en cuanto lo profundizamos un poco.

      Y también se puede despedir ” a la enfermera si no atiende bien”.

      Pero es una lectura excesivamente simplista de lo que realmente ocurre.

      Primero, para llevarlo a cabo, es necesaria contar con una renta alta.

      Comprar o alquilar casas o terrenos para construir, y mantenerlos, no es nada barato en nuestro modelo social.

      Por otro lado, todo el mundo piensa en llegar a una de edad de jubilación en buen “estado físico y cognitivo”. No es así siempre, y en algún momento, normalmente antes, la necesidad y posterior dependencia del sistema sanitario, forma parte de la vida cotidiana de esa “vejez”.

      Esa dependencia aumenta cada vez más…porque hay un deterioro, físico y cognitivo, muchas veces, cuyo desarrollo es difícil de revertir para una mayoría de gente “mayor”. Depende mucho del tipo de vida que se haya llevado, de la actividad intelectual que se haya ejercido a lo largo de esa vida, y del tipo de vicisitudes y penalidades a las que se hayan visto sometidos.

      En definitiva, solo unos cuantos con una capacidad adquisitiva de “bastante” a “muy alta”, pueden permitirse, hoy por hoy, la solución que planteas, Esther, eso sin contar que no es “una enfermera”, solo lo que se necesita en esa forma de organización vital en momento de la vida donde, necesariamente, se producirán procesos degenerativos, sino todo un equipo de “salud”, y de otro tipo, psicólogos, fisioterapeutas, terapeutas…y todo lo que pueda ayudar en esos procesos, los llamados en las “instituciones para mayores”, equipos multidisciplinares. No se soluciona todo con una “pobre enfermera” a la que se pueda “despedir a la primera de cambio”.

      Yo creo que el problema es de mucho más abarque.

      Primero, sería imprescindible empezar a cambiar el concepto de división por “edades”.

      Los primeros que, no se soportan en una residencia de “mayores”, son entre ellos mismos. Están deseando poder hablar con gente de otras edades, de fuera de su entorno, no se soportan entre sí, y es completamente natural.

      ¿Qué tipo de incentivos se pueden aportar, teniendo los mismos problemas, carencias…y compartiendo el dolor, convertido muchas veces en “mala leche”, de sentirse solos y abandonados en una institución?. Informaciones nuevas, formas de ilusión (ilusión..iluminar espacios cegados y velados por tiempos vividos muchos de ellos “como se ha podido” y “buenamente hecho”), no se consigue distribuyendo a la gente, con capacidad de experiencias nuevas ligadas a su momento vital…desde el bebé hasta el anciano…, así lo único que se logra el desesperanza y desidia…falta el motivo que impulsa la vida…esa ilusión…

      Y no creo que, pensando que se está previniendo los males de las últimas etapas de tu vida, se solucione nada buscando “cómplices”, en tu misma situación económica y social, para tratar de solventarlos, o para defender cierta posición de privilegio que requiere de una capacidad económica, que, como antes he referenciado, es muy rara, y los será cada vez más, al paso que vamos, en este modelo de sociedad.

  9. Alicia dice:

    Cuando esta mañana abrí el ojo me di cuenta enseguida de que ― por culpa, tal vez, de alguna neurona descarriada que anduviera en malas compañías ― estaba firmemente dispuesta a “no estoy para nadie”, y a quedarme en la cama todo el día sin comer ni beber ni…
    Pero otra neurona ― no menos díscola que la anterior, seguro, que cuando andan revueltas por muy mal que se lleven se alían aunque sólo sea por incordiar ― me dijo “pues ya que tienes todo el día para perderlo dedica unos minutos a mirar qué hay de nuevo en los sitios que frecuentas”. Y le hice caso, y vine aquí, y cómo el comentario que en ese momento estaba en cabecera era el de Loli a las 8:27 hice clic y… Bueno, así al pronto la verdad es que me deprimí un poco más y no por el comentario ― Loli, que puedo decirte que estoy muy de acuerdo en gran parte de lo que dices en él ― sino porque se me vinieron encima, así, en avalancha, todos eso viejos…
    Fue, sin embargo, mano de santo porque Yo me pregunté:
    − ¿Es eso lo que quieres, quedarte todo el día arrinconada contándote tus penas a ti misma?
    − Sí ― me contesté yo.
    Y me metí en la cama.
    − ¿Se puede saber a qué se debe esa actitud? ― volví a preguntarme Yo.
    − A que soy casi vieja, y a que me siento sola, y a que todos mis esfuerzos en la vida han sido estúpidos, y a que no hay nadie en este mundo a quien importemos ni yo ni lo que hago.
    Y Yo repliqué, y yo argumenté, y tras un tira y afloja entre yo y Yo en el que contra todo pronóstico (por un lado) y Mi voluntad (por el otro, y que se jodan las malvadas neuronas) gané Yo, me levanté, y me duché, y me lavé el pelo y me vestí y baje (tacón en ristre y labio pintado como cuando Yo estoy bien) a desayudar y, bueno, pues aquí que estoy…
    Y, ello, gracias a vosotros.
    Y, bueno, gracias también a alguna neurona Mía.

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