Bastein-Lepage Diogenes

La vida como filósofo de Diógenes comienza cuando le expulsan de su ciudad natal y tiene que huir a Atenas, acusado junto a su padre de haber falsificado moneda; algo de lo que parece ser se sentía muy orgulloso, y que convierte unas monedas falsificadas, encontradas por los arqueólogos hace tan solo unos años, en la única “obra” que podemos atribuir directamente a Diógenes de Sinope -más conocido como Diógenes el Cínico-, ya que todas sus reflexiones y pensamientos fueron transmitidos por historiadores: el cínico no dejó para la posteridad escritos propios, solo moneda falsificada…¡Toda una declaración de intenciones!

A mí es un personaje que me encanta, entre otras cosas porque llevó una vida absolutamente coherente con su pensamiento, lo que dio lugar a muchas anécdotas maravillosas; una vida frugal que comenzó cuando al poco de llegar a Atenas su esclavo Manes lo abandonó, algo que tampoco le preocupó mucho; se dijo a sí mismo: “si Manes puede vivir sin Diógenes, Diógenes puede vivir sin Manes”, y entró en una dinámica en la que intentaba evitar todos los bienes terrenales, incluso los más básicos, lo que le llevó a andar descalzo todo el año, poseer solo un cuenco y un bastón (posteriormente se deshizo del cuenco, al darse cuenta de que podía comer sobre un pan y luego comerse el pan…) y dormir en un tonel.

El pensamiento de Diógenes se enfocaba en la necesidad de que cada ser humano se involucrase en una creciente toma de conciencia respecto a todo tipo de cuestiones sociales y morales, siendo sus enseñanzas revolucionarias y subversivas para los regímenes políticos imperantes en la época, ya que cuestionaba abiertamente toda autoridad y se preguntaba por el sentido y la banalidad de las convenciones y las instituciones inventadas por los hombres.

Una muestra de su desprecio de la autoridad –y de su valor– la ilustra perfectamente su encuentro con Alejandro Magno, que quiso conocer al filósofo, y que cuando le encontró se ofreció para darle lo que quisiese. Diógenes, pobre como una rata, solo pidió al amo del mundo que se apartase, para que pudiese darle el sol; y Alejandro, intuyendo cierto recochineo en la respuesta, le preguntó si no le temía, a lo que el filósofo respondió con otra pregunta: “gran Alejandro: ¿te consideras un buen hombre?, siendo la respuesta del conquistador: “Sí, me considero un buen hombre”, y la réplica del filósofo: ¿entonces por qué habría de temerte”… Dicen que, ante el público escandalizado y con los escoltas de Alejandro echando ya mano a sus espadas para dar un escarmiento al que se mofaba del emperador, Alejandro dijo: “¿sabéis que?, si no fuera Alejandro me gustaría ser Diógenes”.

Una de las grandes preguntas para Diógenes -poco original en su enunciado, ya que antes o después casi todos los pensadores pasan por ella- era: ¿Qué es un hombre? -lo que, por cierto, le llevó a buscar uno con un candil a pleno día-, y cuando Platón le dio la definición de Sócrates de “bípedo implume”, el cínico procedió a desplumar un gallo y decir: ¡He aquí un hombre!

Aunque para Platón, Diógenes era un “Sócrates delirante”, la respuesta del cínico le dejó claro que aún no había respuesta para esta pregunta. Tras ellos, muchos otros filósofos y pensadores a lo largo de la historia han tratado de buscar la respuesta (o una aproximación) a esta y otras cuestiones fundamentales, pero parece ser que en los currículos escolares estas preocupaciones sobran, ¡solo dan dolores de cabeza!

En España, donde vivo, por increíble que parezca, la filosofía dejó de ser obligatoria como asignatura hace unos años y solo hace unos meses se han puesto de acuerdo los políticos para reintegrar su enseñanza a las aulas: en mi país puedes acabar una carrera o un master en casi cualquier cosa sin haber oído hablar de los señores antes mencionados y sin tener ni idea de las preguntas que se hicieron, ellos y otros, como Kant, Wittgenstein o Nietzsche -solo por mencionar a unos pocos-, y esto es devastador en muchos sentidos.

En un primer ámbito, el más importante a nivel de desarrollo personal, es que, si no se enseña en las aulas, si no se “muestra” al menos la obra de estos grandes pensadores, generaciones enteras enterradas en tuits de futbolistas y creadoras de tendencia no tendrán siquiera un acicate para acercarse a la obra de las grandes mentes que se hicieron las grandes preguntas; y, en un nivel más pragmático, porque, al contrario que cuando yo entré en la universidad hace ya unos cuantos años, la filosofía es hoy una profesión con mucho futuro, y de la que en los próximos años van a depender muchas cosas…

Por poner un ejemplo: hace poco, en una conferencia de Microsoft (que, por cierto, hace poco volvió a ser la empresa con mayor capitalización bursátil, superando a Apple, Amazon o Google), el ponente mencionaba que la compañía estaba haciendo un gigantesco esfuerzo en materia de Inteligencia Artificial, multiplicando su presupuesto y tratando de atraer a los mejores profesionales. Lo llamativo del tema es que el director de esta sección de la compañía, uno de los más afamados científicos del mundo en este ámbito, estaría siempre supervisado en todas sus decisiones estratégicas por otros dos profesionales de campos muy ajenos a la tecnología: un abogado, porque no se quieren meter en líos, y un filósofo, porque no quieren liarla.

Y es que es muy fácil liarla. Nos encontramos en un momento de la historia donde la disrupción tecnológica que se avecina, en la que ya estamos inmersos, va a tensar mucho las cosas en muchos aspectos, y hay que tratar de dar respuesta a ciertas preguntas si no queremos que se nos vayan las cosas de las manos. No vale con hacer algo y luego ver qué pasa, o en el otro extremo poner trabas al desarrollo tecnológico a través de la regulación: ambos son extremos viciosos que hay que evitar (Aristóteles dixit, por cierto).

A veces, como Gandalf cuando Frodo le ofrece el Anillo, hay que saber renunciar a un poder que puede ser demasiado grande y terrible (o al menos saber hasta dónde se puede llegar con ese poder), y si bien parece que todos los sabios del Concilio de Elrond tenían claro que el Anillo, aún como fuente de poder, era malo y había que destruirlo, ahora están surgiendo preguntas con relación a nuestros nuevos poderes cuya respuesta no está tan clara: ¿cómo se programa un coche autónomo que puede tener que decidir entre atropellar al niño que se interpone en su camino o no hacerlo y poner en riesgo la vida de los que viajan en el vehículo? ¿cuáles son los límites que se deben poner los científicos a la hora de tratar con fetos humanos? ¿dónde está el límite entre acabar con una enfermedad y empezar a “mejorar” a un ser humano? y si decidimos hacerlo: ¿hasta qué punto podemos “mejorarlo”, por medios genéticos o cibernéticos, sin que deje de serlo?

Y la respuesta a esas preguntas no se puede dar desde el electoralismo en caso de unos, el miedo en caso de otros o la ambición de un tercero, la respuesta a estas preguntas no la debería dar el Mercado o el Estado, la respuesta a estas preguntas la debería dar un conocimiento más profundo de lo que significa ser humano, hasta dónde se puede llegar y hacia dónde se puede ir. La respuesta a estas preguntas se debe dar desde la filosofía y el conocimiento.

Porque como se preguntaba Diógenes: ¿Qué es un hombre?

7 comentarios

7 Respuestas a “La filosofía: una profesión con futuro”

  1. EB dice:

    Hoy la pregunta correcta es qué es un humano. Por suerte, hay muchos que la intentan contestar a partir de un análisis científico –el último ejemplo es el libro de Michael Tomasello «Becoming Human – A Theory of Ontogeny» (Harvard University Press, 2019) en que presenta su visión del trabajo de 20 años de su equipo en el Max Plank Institute of Evolutionary Anthropology. Puede ser interesante y entretenido repasar la respuesta a lo largo de la historia de la humanidad por parte de filósofos y otros que «conocimos» en la secundaria por haber sido nuestros ancestros intelectuales, pero hoy día no puede haber respuesta que ignore la evidencia (días atrás arreglé mi próxima visita a Atapuerca). Pero hoy no es suficiente tener ideas interesantes y entretenidas, se requiere además la lógica de una teoría y la evidencia que por lo menos no la niegue claramente.

    No tenemos una única teoría científica de la evolución humana, y por lo tanto de nuestra historia, «aceptada universalmente». Podemos apostar que nunca la tendremos porque cualquier teoría científica debe explicar tanto lo que nos define como especie como lo que nos distingue como individuos de nuestra especie (por qué no hay dos individuos iguales). Podemos destacar algunas similitudes y algunas diferencias entre los individuos de nuestra especie, pero nunca tendremos la satisfacción y la tranquilidad de haber identificado todas –similitudes y diferencias. Nuestra ignorancia nos plantea desafíos en nuestros intentos por seguir avanzando, y guste o no, siempre habrá algunos que intenten avanzar por caminos «peligrosos», pero también como siempre y por suerte la reacción social dependerá tanto de las circunstancias como de los prejuicios.

  2. pasmao dice:

    Buenas tardes Raúl

    Extraordinaria reflexión, que tiene el peligro de que si no se sabe profundizar en ella acabe derivando en «superhombre» y la liemos.

    El problema de fondo es si se considera la «humanidad» como un defecto o una virtud. Lo mismo referido a la «humanidad», vista la tendencia actual a considerar que muchos sobramos. Y si quien está en esa posición de Poder para decidirlo quiere jugar a ser dios.

    Por lo visto Alejandro tuvo la suficiente confianza en si mismo para poder seguir considerándose a si mismo un hombre, o si no Diógenes la habría espichado. Esperemos, que los mandantes en Microsoft le puedan llegar a la suela de la sandalia a Alejandro.

    Sólo mejorando nuestra finitud podremos seguir siendo humanos.

    Un cordial saludo

  3. Rafa dice:

    Efectivamente como comentas en tu artículo Raul, hubo una supuesta conversación entre Alejandro Magno en su marcha hacia La India, y Diógenes, de cuya inspiración nace el poema de Ramón de Campoamor (Las dos Grandezas), que nos leian en el cole casi cuando éramos parvulitos, y que creo merece la pena que os transcriba.

    Las dos grandezas

    Uno altivo, otro sin ley,
    así dos hablando están.

    –Yo soy Alejandro el rey.
    –Y yo Diógenes el can.

    –Vengo a hacerte más honrada
    tu vida de caracol.
    ¿Qué quieres de mí? – Yo, nada;
    que no me quites el sol.

    –Mi poder… –Es asombroso,
    pero a mí nada me asombra.
    –Yo puedo hacerte dichoso.
    –Lo sé, no haciéndome sombra.

    –Tendrás riquezas sin tasa,
    un palacio y un dosel.
    –¿Y para qué quiero casa
    más grande que este tonel?

    – Mantos reales gastarás
    de oro y seda. –¡Nada, nada!
    ¿No ves que me abriga más
    esta capa remendada?

    –Ricos manjares devoro.
    –Yo con pan duro me allano.
    –Bebo el Chipre en copas de oro.
    –Yo bebo el agua en la mano.

    –¿Mandaré cuanto tú mandes?
    –¡Vanidad de cosas vanas!
    ¿Y a unas miserias tan grandes
    las llamáis dichas humanas?

    – Mi poder a cuantos gimen,
    va con gloria a socorrer.
    –¡La gloria! capa del crimen;
    crimen sin capa ¡el poder!

    – Toda la tierra, iracundo,
    tengo postrada ante mí.
    –¿Y eres el dueño del mundo,
    no siendo dueño de ti?

    – Yo sé que, del orbe dueño,
    seré del mundo el dichoso.
    – Yo sé que tu último sueño
    será tu primer reposo.

    –Yo impongo a mi arbitrio leyes.
    –¿Tanto de injusto blasonas?
    –Llevo vencidos cien reyes.
    –¡Buen bandido de coronas!

    –Vivir podré aborrecido,
    mas no moriré olvidado.
    –Viviré desconocido,
    mas nunca moriré odiado.

    –¡Adiós! pues romper no puedo
    de tu cinismo el crisol.
    –¡Adiós! ¡Cuán dichoso quedo,
    pues no me quitas el sol!–

    Y al partir, con mutuo agravio,
    uno altivo, otro implacable,
    –¡Miserable! dice el sabio;
    y el rey dice: –¡Miserable!

    Un abrazo

  4. O'farrill dice:

    Ya en los años 80 del pasado siglo, empezaron a cuestionarse algunas cosas. Entre ellas la necesidad de «pensar» más que en «liderar» en las grandes empresas. Hacían falta filósofos o pensadores capaces de reflexionar sobre el futuro que brillantes ejecutivos más interesados en el presente. En los equipos de consultoría resultan indispensables e igualmente lo deberían ser en esas tertulias políticas llenas de «politólogos».
    El problema es que «pensar» se considera muy malo para la salud. Más si el pensamiento es difundido y puede calar en las masas, así que pocas personas parecen dispuestas a hacerlo y prefieren que se lo den todo pensado. Ellos se limitarán a creerlo.
    Por cierto una sugerencia al estimado amigo «EB»: si viene a conocer Atapuerca que procure leer también el magnífico libro de Manuel Bautista sobre del tema de la evolución humana.
    Un saludo.

    1. EB dice:

      O’Farrill, gracias por la referencia.

  5. Manu Oquendo dice:

    Desde hace un año dedico tres horas de un día por semana a escuchar durante un cuatrimestre a un profesor de filosofía hablar sobre algún tema y, a través de él, repasar algunos pensadores y filósofos más o menos recientes.
    En uno de estos cursos se ha formado un pequeño grupo para y hablar después de clase sobre asuntos que, relacionados o no con el tema, lo amplían. Entre otras razones porque las clases suelen transcurrir dentro de una corrección política muy sorprendente para personas que, como es el caso de muchos alumnos, fuimos educados durante el «franquismo». Un día se nos unió el profesor. Un hombre joven y competente con una forma de comunicarse que me recuerda mucho al estilo de Michael Sandel, el filósofo de Harvard.
    Hablando con él uno de nosotros le hizo notar que en clase no se solían tocar temas que pudiesen herir dicha «corrección». Sintiéndose «en confianza» dijo….»Pues,a pesar de lo que nos callamos, todavía se quejan».

    La Filosofía es materia peligrosa para el Poder y siempre han tenido mucho cuidado con su enseñanza.

    Tanto es así que que Popper atribuye la contratación de Hegel, –como profesor de Filosofía a la muerte de Kant, un filósofo muy incómodo–, al deseo del entonces Rey de Prusia de que fuese Hegel el encargado de “Enseñar la Filosofía que hay que enseñar” . Una práctica perfectamente visible hoy en nuestras universidades por la que terminaremos pagando un alto precio.

    Saludos y gracias por el artículo.

    PS.

    Por si sirve de algo y tras darle las gracias al autor, a los comentaristas y a EB por el libro que cita, voy a traer un poco de bibliografía en español sobre cuestiones que me han sido de mucho interés los últimos años.

    1. La primera de estas obras explica el concepto de Areté, que es el objetivo de la Paideia. Es decir, de la formación permanente para la realización del ser humano en la excelencia. No me negaréis lo «peligroso» de la cuestión.
    Este asunto es el “tema” de la Obra “Paideia, los ideales de la cultura griega” de Werner Jaeger. Edición del Fondo de Cultura Económica.
    Es una obra de los años 30 y su publicación en español es de los años 40. Hay ediciones actuales. Son casi mil páginas de las que no sobra ninguna. Este libro se puede leer junto al de Abraham Maslow “Una teoría de la motivación humana” publicada originalmente en 1943 como “A theory of human motivation”. La dos obras expresan el mismo “Vector” del “crecimiento” humano al largo de la vida biológica. Y la obra de Jaeger por sí misma es todo un curso sobre la Historia Intelectual de la Grecia clásica, un legado que no podemos permitirnos perder.

    2. Creo que es igualmente importante estar razonablemente al tanto de por dónde va la punta científica de la Física. Esta ciencia experimenta un cambio muy fuerte a principios del Siglo XX. Un cambio que afecta a numerosas ramas de la ciencia y del conocimiento y, cien años más tarde, lo más relevante es que en Occidente ninguna carrera universitaria refleja hoy día este cambio de Paradigma. Solo lo estudian a fondo unos pocos miles de especialistas en todo el mundo.
    Un buen resumen, denso pero fácilmente legible, es de Michio Kaku, gran divulgador, Director del Dpt. de Física de Cuerdas de la U. de Nueva York y nacido en Osaka. Su “Universos Paralelos” de Atalanta Editores, explica el universo que percibimos, sus cualidades y constantes estructurales y la probable existencia de otros universos con las mismas o con diferentes constantes. Un libro importante y asequible que muestra que muy “por debajo” de lo aparente –la biología está incluida en lo aparente—opera una realidad física ignorada por nuestras ciencias actuales.

    3. También sobre determinados aspectos de nuestro Cosmos ha escrito David Bohm –especialista en mecánica cuántica fallecido a finales del siglo XX—una obra notable: ”La totalidad y el orden implicado” publicada en España por Kairos en 1980. Se puede leer por no matemáticos porque sus ecuaciones son expresiones lógicas sencillas y el texto expresa cuestiones cotidianas como el viejo concepto teológico y filosófico de que “Todo está en relación con todo y, en cada región del Todo está todo” en un universo que, como el nuestro, es un sumatorio de funciones ondulatorias.
    En este enlace incluyo una excelente entrevista en una televisión canadiense por un gran entrevistador. https://www.youtube.com/watch?v=r-jI0zzYgIE

    4. Por último tenemos “Teología para la Postmodernidad” de Hans Küng, Alianza Editorial, 1987-1989. La segunda parte de este libro, que se puede encontrar en librerías de segunda mano, aborda los cambios de Paradigma que la Iglesia Católica ha llevado a cabo a lo largo de su bimilenaria historia y hace una propuesta para el desarrollo de futuros paradigmas teológicos. El libro me parece muy interesante porque ofrece una visión de los cambios históricos (incluyendo los cambios de dogmas) perfectamente científica siguiendo las propuestas del más relevante estudioso actual de la cuestión, Thomas Kuhn, el profesor de Harvard que escribió “La estructura de las revoluciones científicas” en 1962.

    Estas cinco o seis obras suponen tanto un gran cambio de “Paradigma” como la recuperación de “paradigmas” que discrepan de modo muy fundamental de lo que hoy nos expone la “Cultura” dominante.

    Saludos y gracias de nuevo

  6. loli dice:

    Este artículo me provoca, y no puedo evitarlo, pensar en la sorpresa, porque así es como lo evoco, que me asalta (puede parecer mentira), cada vez que lanzo un vistazo, obligada por los acontecimientos que alimentan las noticias, a los numerosos pueblos que habitan la tierra.

    Y, cuando eso ocurre, me encuentro, no ya sorprendida, sino ciertamente cuasi avergonzada, ante mi enorme ignorancia.

    Uno de las veces que más a gusto he trabajado, fue con un teniente coronel médico del Ejército del Aire, en la consulta de una policlínica militar….

    Podría parecer que contra todo pronóstico, por el carácter de la institución, y de mi propio jefe médico, tendría que haberme encontrado en un entorno rígido, frío…

    Pero no fue así. Este hombre, ya mayor él, seguía siendo enviado a Afganistán, (en aquél momento aún había tropas españolas allí, como creo que hay ahora, aunque sea en calidad de formadores y asesores), por su gran experiencia, y también porque era alguien muy querido y apreciado por su equipo y las gentes de las aldeas afganas donde había estado.

    Me comentó muchas cosas de aquellas tierras, y recuerdo una pregunta que le hice: “¿cómo son los afganos….?”, “como nosotros”, contestó.

    Y es que, lo que más me inquieta, es precisamente eso, que reconocí cómo, en mi esquema mental, se acopla muy difícilmente la idea de que exista gente, tanta…, fuera de mi pequeño espacio de vida, de territorio,….de necesidades, de agravios, de derechos, de política y de políticos…

    Resulta que hay mucha más gente fuera de lo que llamamos “nuestras fronteras”, …y no son extraterrestres.

    Cuando empezamos a recibir imágenes de la guerra en Siria, creo que, al igual que yo, mucha ciudadanía que estamos centrados en nuestras miserias del día a día, en cierto modo, pudimos vernos sorprendidas por el descubrimiento de la existencia de personas, de gentes, que venían de partes de un mundo cuyos nombres no eran desconocidos.

    Puede que, sin embargo, nos impactase también el hecho de que … ¡se parecían a nosotros!…, venían huyendo personas que tenían una vida como la nuestra…., que, de la noche a la mañana, lo habían perdido todo y ¡nos estábamos dando cuenta ahora, de que…no estábamos solos, de que aquellas personas, también podíamos ser nosotros!.

    ¿Por qué me asalta ahora, a partir del artículo de Raúl, esta obviedad?.

    Quizás porque he observado cómo reacciona mi esquema mental sobre lo que es el ser humano, catalogando, categorizando, y aplicando tales estereotipos que, resulta que me he acostumbrado a ver situaciones de catástrofes y desastres sobre rostros que no se parecen al mío, a esos rasgos con los que me identifico, penurias de mil formas, sobre colores de pieles que me parecen ajenos…, como si en verdad, aunque racionalmente no pueda aceptarlo, inconscientemente, estuviera haciendo una selección, una filtración mental, donde el concepto de lo que es un “ser humano”, estuviera terriblemente marcado por los criterios de “los que se parecen a mí, lo son”, el resto….bueno “responden de otro modo”…”viven y sienten…distinto”, “no son como nosotros, en definitiva”.

    Estos sentimientos, que asaltan de manera furtiva y contumaz muchos análisis sesudos y racionales, serían, quizás, los que habría que “cazar al vuelo”, y traerlos de una vez por todas a las superficies más nuevas de nuestra corteza cerebral.

    Y dejarlos allí, bajo la luz interrogante de la consciencia, hasta conseguir que nos delate el oscuro origen de nuestros prejuicios…

    “Las viejas leyendas de América pertenecen tanto al joven patriota de ojos azules como al pequeño aborigen de cabello negro. Y ojalá que cuando crezcan y se conviertan en sabios adultos, no les falte el interés por estudiar con mayor hondura la cultura popular india, estudio que pone de manifiesto la profunda semejanza de nuestro pueblo con el resto de la humanidad, de los seres humanos, motivo por el que uno se siente tan fuertemente impresionado por la grandeza de la vida tal y como se contempla desde la entrada del “tipi”. Si es cierto el aforismo de que mucho está “en el ojo del que mira”, entonces la sinceridad de las creencias del aborigen americano (aun cuando se apoyasen en la simple ilusión óptica) exige, igual que la de cualquier otro pueblo, un poco de respeto.

    Después de todo, su corazón se parece mucho al de los demás pueblos.”

    La autora de este texto se llama Zitkala-Sa, que en lengua sioux significa “Pájaro de Fuego” , escritora, compositora e instrumentista norteamericana, nació el mismo año en que el general Custer fue derrotado (1876), murió un año antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

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