Hace poco se publicaba en este blog un artículo en el que se imaginaba la posibilidad de que los ciudadanos se uniesen en grupos de reflexión cada vez más amplios, que generasen propuestas políticas concretas al margen de los partidos, y que dichas iniciativas creciesen hasta generar nuevas fuentes de legitimidad. El artículo, que partía del análisis de la pobre participación ciudadana en los partidos políticos actuales (tomando como referencia la afiliación a los mismos), se preguntaba, en el fondo, por la fuente de legitimidad del Estado: si esta procedía del centro hacia la circunferencia, es decir, del poder hacia los ciudadanos, y si no debía más bien proceder de la circunferencia hacia el centro, es decir, de los ciudadanos hacia el poder.

La última vez que se planteó dicho debate fue en un periodo fecundo desde el punto de vista de la ideas políticas, el comprendido entre 1848 y1871, el periodo de las Revoluciones Sociales europeas. ¿Se está repitiendo la historia? ¿Arrastramos una deuda, un problema cuya solución se eludió entonces y que está condenado a repetirse hasta que se afronte? No vamos a llevar a cabo la comparación histórica entre ambos periodos, por más interesante que pudiera ser, pero sí a plantear una serie de paralelismos que demuestren que el debate que se eludió entonces se está volviendo a repetir ahora. Se trata del problema de las fuentes de la legitimidad del Estado y, sobre todo, el de si esta legitimidad es posible conducirla a través de partidos políticos. Para los pensadores y hombres de acción de aquella época, especialmente para algunos de ellos, era evidente que aquellas democracias participativas no eran democracias en absoluto, no hacían sino representar los intereses de unos pocos. El caso de España es particularmente claro, dos partidos, el liberal y el conservador, se repartían por turnos los mandatos de gobierno. Sí, por turnos. Se ponían de acuerdo para que en unas elecciones resultara ganador uno, y en las siguientes el otro. Los caciques recibían órdenes de arriba y decían a los “ciudadanos” qué debían votar en cada ocasión. De esta forma el partido liberal podía sacar adelante las reformas conservadoras en su turno, con apoyo del partido contrario, y viceversa, el partido conservador emitía las leyes “progresistas” en contra de la opinión de sus “votantes” con el consenso y consentimiento de su grupo “opositor” en el parlamento.

¿Era esa mentira, aprendida y traída de Inglaterra, vivida y compartida por todos, un tipo de “democracia” mucho más falsa que la nuestra actual? Yo creo que no. Cierto, ahora la cabeza de votante está más cara. Ya no hay tanto hambre, ahora no basta con un simple bocadillo. Ahora hay que comprar los votos con una subida de pensiones en el momento adecuado, o con un “cheque bebé” o similar. Pero seguimos viendo cómo los que se llaman “socialistas” son paradójicamente quienes plantean y sacan a la luz en verano las leyes más anti-sociales de todas. Sigue existiendo, pues, ese acuerdo tácito entre los dos partidos que se alternan en el poder, es más, sigue habiendo tan solo dos partidos en el poder; siguen representando los intereses de una minoría, con fuertes intereses bancarios; y sigue habiendo una casi completa ausencia de responsabilidad parlamentaria (en esto hemos ido a peor), o al menos muy pocos usan de ella. Por todo ello y por más cualquiera puede llegar a la conclusión de que ni en España ni en Europa hay Democracia, o por lo menos hay muy poca. Lo que me trae a la memoria el cuento de la mujer de Barba Azul: mientras no goces de la libertad de abrir todas las puertas, no tendrás en realidad libertad para abrir ninguna.

Así pues, no hay apenas representación democrática, ¿desde cuándo no la ha habido? Es más, ¿la ha habido en algún momento? Desde 1848 hasta ahora han mejorado las condiciones materiales de vida, pero, ¿es acaso menos falsa la política de ahora que la de entonces? En aquel momento una mejora en las condiciones de vida del proletariado consiguió abortar el debate del Estado, posponerlo más bien. El señor Carlos Marx, desde Londres, promovió, con ayuda de la federación alemana, el que la Internacional de Trabajadores  diese entrada en sus estatutos a la posibilidad de una colaboración con los partidos políticos (tema que hasta entonces se había sabiamente omitido) para, desde estos, promover mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores. Desde ese mismo instante la Asociación Internacional se hundió, se vino abajo dividida por las opiniones particulares, por la infinitud de los nacional-socialismos, no solo como era previsible, sino como estaba previsto. Cada país hubo de luchar desde entonces por separado, este fue el gran papel histórico de Carlos Marx.

Ahora, ciento sesenta y cuatro años más tarde, nos damos, al parecer, cuenta de que seguimos en el mismo punto. Muchos se han dado cuenta ahora de la falta de representatividad del sistema, “No nos representan” dicen. Bueno, asumamos ya eso y retomemos verdaderamente el debate donde la historia lo dejó: ¿es posible la Política, en el pleno sentido que esta palabra tiene (y lo tiene), dentro de la política misma? ¿O se debe llevar a cabo imperiosamente al margen de los partidos políticos, partidos que son precisamente el medio y el instrumento por el cual unas determinadas fuerzas no nacionales conducen como quieren la “política” de un país? ¿Es posible pensar esa reforma con las solas fuerzas de un país? Yo creo que no debemos caer en la trampa del pensamiento, de un pensamiento que por inercia nos dice “construyamos nuevos partidos políticos”. Yo no sé cuál es la forma, pero sí se decirte cuál no es. La “Política al margen de la política” parece el criterio más sabio, asociaciones abiertas y, desde luego, una cierta capacidad de renuncia. Porque está claro que para cambiar esto, debemos primero estar dispuestos a renunciar al precio que pagaron por nuestro silencio. Si no, nos volverán a comprar y nosotros volveremos a estar dispuestos a vendernos: tendremos de nuevo acceso a todas las puertas menos a una, pero por muy pequeña que ésta sea, esta una lo es también todo.

[box]Taíd Rodríguez es Licenciado en Historia y colaborador de Otras Políticas.[/box]

4 comentarios

4 Respuestas a “LA POLÍTICA AL MARGEN DE LA POLÍTICA”

  1. José María Bravo dice:

    En este articulo, Taid Rodriguez, saca a la luz dos asuntos muy importantes de la historia política reciente: La internacionalización del debate y la abolición del Estado.

    Podíamos decir que ambas cosas se dan, de una u otra forma, pero dentro de concepciones totalmente opuestas. Por un lado el afianzamiento del Pensamiento Único y por el otro la Transformación Constante.

    En términos políticos podían darse otros nombres pero yo me uno,o me inspiro, en su propuesta de “La política al margen de la política”

  2. Ariadna dice:

    Si no me equivoco, Política significa, en su sentido original, el arte de convivir. Ahora, ni es arte ni las intenciones últimas de los partidos que monopolizan su desarrollo, van más allá de intereses de tan bajo vuelo que desilusionan a cualquier ciudadano que realmente quiera desvelar la confusión reinante en este ámbito.

    Me resultaría muy interesante saber si la historia ha dado ejemplos de comunidades con una idea más elevada de ese arte de la convivencia que pensara en un desarrollo integral de la persona y no sólo en la defensa de intereses partidistas.

    1. taid dice:

      Bueno, yo diría que ejemplos ha habido muchísimos. Muchos más de lo que parece. El problema es que 1) en occidente solo se estudia la historia de occidente, 2) encima se estudia mal. Se estudia mal porque tienen en ella demasiado peso versiones muy reduccionistas de la historia, hechas las más de las veces ad hoc, por y para los vencedores, pero que se enseñan además como historia “acabada”, “demostrada” ¡¡?

      Partiendo de eso,tenemos ejemplos de sociedades “bien organizadas” en todos los países: Egipto desde luego; Tartessos, ligures, iberos, celtas en la cornisa atlántica;Cretenses, en la época de los grandes palacios; Griegos en la época de esa fusión entre lo apolinio y dionisiaco que describe Nietzsche; Caldeos y Medos en Oriente Medio desarrollaron civilizaciones tremendamente influyentes y que, sin embargo, pasan sin pena ni gloria en los libros de texto; capadocios, armenios, georgianos, caucásicos, reinos que creemos que no tienen historia ni nada que ver con nosotros y que sin embargo son la cuna de leyendas como la de Arturo (Urartu), Noe, etc, y que conocieron las más tempranas comunidades cristianas, las más pobladas y las más influyentes.

      Siempre existe, pues, sino un equilibrio si una paridad, un “ten con ten”. Roma, una de las civilizaciones más obstinadas en este sentido, conoció también “sociedades”, “cofradías” y “hermandades” que supieron vadear mezquindades y a la larga crear las condiciones para que fuese posible un cambio drástico en la mentalidad del imperio, cambio que por supuesto acabó con él.

  3. José María Bravo dice:

    Realmente esta ultima respuesta de Taid Rodriguez a Ariadna colma muchas de mis expectativas sobre este Blog. Solo por esto vale la pena leerlo. Yo creo, sinceramente, que este enfoque de la política es la que hace falta. Un enfoque universal de la riqueza “cultural” y espiritual de las sociedades. Una visión más allá de nuestras “caprichosas” fronteras, de nuestros Estados “fronterizos”. Un mirada “ahistorica” de la historia. Una exclamación de la labor del hombre a través de los tiempos.

    Este enfoque rompe ideologías, trasciende a la ética, al “ethos”. Trasciende a la personalización de la historia para ir a otra percepción de la realidad. Una percepción transformadora, dinámica, constructora. Una visión que modifica, que permite cambios. Cambios de relación con lo otro, con los otros. Que trasciende de la manida democracia. Definitivamente, lo que el articulo de Taid Rodriguez dice, “la política al margen de la política”. La creatividad del hombre, la transformación, del hombre al margen de las ideologías

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