Muchos de los artículos de este blog han terminado en una apelación a la necesidad de fortalecer la sociedad civil. ¿Por qué esta insistencia? Porque todo lo que no resolvamos nosotros nos va a venir impuesto y nos va a hacer más dependientes del poder del Estado. Ya que, como decía Manuel Bautista en uno de sus últimos artículos, cuanto más abarque el Estado, “más reducidos serán los ámbitos en los que el ciudadano y la actividad privada puedan moverse a sus anchas”. Y resulta “difícil compatibilizar el objetivo de alcanzar una sociedad madura, en la que los ciudadanos desarrollen su sentido de la responsabilidad, de la solidaridad y de la autosuficiencia, en la que se sientan estimulados a promover iniciativas y nuevos proyectos en cualquier ámbito, si el Estado está presente en cada vez más aspectos de nuestra vida”.

Parece conveniente tener una sociedad civil fuerte que ponga límites al poder del Estado. Dicho esto, se hace inevitable tratar de abordar ya esa incómoda pregunta final: sí todo eso está muy bien, pero ¿cómo se fomenta y fortalece una sociedad de este tipo?.

Para que los ciudadanos se organicen, actúen colectivamente y generen soluciones alternativas a las que ofrece el Estado, en algunas de las cosas que este hace, harían falta, al menos, dos requisitos: ciudadanos dispuestos a entregar su tiempo y su energía a este tipo de proyectos y, por supuesto, dinero.

La sociedad está bastante dormida, en una especie de sueño hipnótico, del que, de vez en cuando, se despierta sobresaltada por algún acontecimiento crítico. El efecto dura poco y nos volvemos a entregar al placentero sueño. Pero es cierto que sí hay gentes que están intentando hacer cosas nuevas y construir una sociedad alternativa. Para estas gentes va este artículo, porque seguramente lo que les faltan no son ganas, sino recursos.

Y lo que realmente está estrangulando a la sociedad civil en España y en los países de nuestro entorno tiene nombre y apellidos: se llama fiscalidad. Según la OCDE la presión fiscal en España alcanzó en 2012, para un asalariado soltero, sin hijos y con un sueldo medio, el 41,4%. Sí ya sé que en Dinamarca o Suecia la presión fiscal supera el 45%. Quien quiera un Estado hipertrofiado que se ocupe de todo, como padre proveedor, y una sociedad adormecida, pedigüeña e infantilizada que deje de leer aquí.

Los recursos son limitados y, o los tiene el Estado, o los tienen los particulares. La sociedad civil puede crecer con los recursos que deja libre el Estado. Por tanto, cuanto mayor sea la presión fiscal, menor será el margen que tenga la sociedad para resolver los problemas a su manera.

Si se hiciera una encuesta en la que se preguntara ¿por qué nos cuesta tanto pagar impuestos? Es muy posible que una buena parte de los encuestados contestara que porque no sabe dónde va el dinero que paga o en qué se gasta. Porque cree que debería gastarse más en esto y menos en aquello. O, en fin, porque no se fía de los gestores de lo público.

Hay una alternativa –entre otras que se os puedan ocurrir– que en la Europa continental hemos experimentado poco y que provoca un sarpullido a cualquier Ministro de Hacienda con solo oír su nombre: se llama mecenazgo o, más bien, beneficios fiscales al mecenazgo.

La Wikipedia define al mecenas como “persona poderosa que brinda su apoyo material o protege mediante su influencia a artistas, literatos y científicos para que estos puedan realizar su obra”. Parece que el nombre viene de un tal Cayo Cilnio Mecenas, que, en la Roma de Augusto, cobró tal fama como protector de las artes que su nombre pasó a designar esa función social. Pero el mecenazgo cuando realmente crece es en el Renacimiento, en el que el rico ganaba prestigio social y político cuando apoyaba a un gran artista; y mayor era el prestigio cuanto más alto subía el artista. Hasta tal punto llegó la cosa que el mecenazgo se convirtió en una actividad competitiva entre las ciudades italianas, el papado y las monarquías europeas. También los mercaderes enriquecidos utilizaron el mecenazgo para adquirir un prestigio por encima de su bajo origen.

En un mundo como el nuestro, en el que hay quienes alardean de su ignorancia, el mecenazgo no se entiende tanto como promoción del arte, sino más bien como una forma de beneficencia o de acción social. En nuestros días, donde más se ha desarrollado es en los países anglosajones y fundamentalmente en los EEUU, donde universidades, escuelas y centros de investigación viven en parte del mecenazgo, que se conoce con el nombre de Tercer Sector.

¿Cómo un moderno mecenazgo puede ayudar a desarrollar una sociedad civil viva y activa? Imaginemos que se pudiera decidir en qué queremos que se invierta una buena parte de lo que pagamos en impuestos: que pudiéramos elegir que se apoye a un colegio, una universidad, un determinado proyecto de investigación o, ¿por qué no?, a un determinado artista. ¿Qué preferiríamos: dar nuestro dinero al Estado o convertirnos en mecenas de una determinada actividad social?

En 2002 el Gobierno de Aznar tenía la audaz idea de dictar una ley de beneficios fiscales al mecenazgo que nos permitiera deducirnos de lo que pagamos a hacienda todo lo que diéramos a actividades de interés social hasta un límite máximo en torno al 30% de la base imponible del impuesto sobre la renta o por el impuesto sobre sociedades. Al Ministro de Hacienda casi le da un soponcio. El anteproyecto no salió adelante en su redacción inicial por la disminución en la recaudación tributaria que hubiera supuesto. La ley que finalmente se aprobó en 2002 se quedó en la posibilidad de deducirse una parte de lo que se aporte en acción social hasta un límite del 10% de la base imponible del impuesto sobre la renta y en el impuesto sobre sociedades.

Sí ya sé que vivimos una de las peores crisis presupuestarias y que los ingresos públicos no están como para plantear una reforma que los reduzca aun más, pero la filosofía del mecenazgo me parece muy interesante. Hasta un límite determinado de lo que pagas en impuestos tu puedes decidir si quieres que tu dinero vaya a crear un colegio, una universidad, a fomentar la investigación o a patrocinar a un artista.

Si esto se acompañara con una mayor facilidad legislativa para crear, por ejemplo, escuelas, centros de salud o teatros; tendríamos una verdadera revolución social. Por supuesto que esto tiene sus riesgos. Todos sabemos que la proliferación en EEUU de determinadas sectas, en buena medida, tiene que ver con su legislación favorecedora del mecenazgo. Creo que este inconveniente se solucionaría definiendo adecuadamente las actividades de interés social en las que se puede invertir el dinero que se deduce de los impuestos.

Otro de los inconvenientes que se suele señalar es que las necesidades sociales son permanentes y el mecenazgo a temporadas llevar un gran caudal y en otras ir bien seco. Esto es así, pero si queremos una sociedad responsable, que gestione espacios que ahora ocupa el Estado, lo que no vale es que volvamos a mirar a papá Estado cuando se nos acabe el impulso por una actividad concreta. Además, el Estado siempre mantiene una porción importante de nuestros impuestos para realizar la actividad compensadora de desigualdades que le corresponde.

Como todo en la vida tiene sus ventajas e inconvenientes, pero es evidente que el mecenazgo es una herramienta poderosísima para activar a esa sociedad civil a la que tanto teme el poder establecido. Y ya tenemos las herramientas legales para ponerlo en marcha. Es cierto que se pueden pedir mejoras, pero con lo que hay ya se puede empezar a caminar.

3 comentarios

3 Respuestas a “LA SOCIEDAD CIVIL Y EL MECENAZGO”

  1. Paz dice:

    Lamentablemente, eso a corto, ni siquiera a medio plazo sucederá.
    Lo mismo que la utilización de las nuevas tecnologías en el desarrollo de la democracia.

    La razón es que a las élites extractivas NO les interesa, porque los nuevos señores feudales NO tienen ninguna intención de dejar de vivir a cuerpo de rey a costa de sus vasallos y todas las políticas van claramente en esa dirección.

  2. Nico dice:

    Isaac, tu propuesta implica darle mayor poder de decisión al capital en detrimento del estado (q recaudaría menos y, por tanto, redistribuiría menos). No crees q la solución pasa más bien por ampliar el poder de la sociedad civil sobre el estado(más democracia)?

    Nico

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies