Es un hecho que, a lo largo de las distintas civilizaciones que han jalonado la vida del hombre, este tipo de dilemas se han ido produciendo sucesivamente. Se trata de la vida y de la muerte como consecuencia de situaciones inevitables que otorgan a los demás la potestad de decidir, y no como elementos sobrevenidos por la naturaleza mortal.

Aborto y eutanasia, son dos de estos dilemas principales que azotan las conciencias de los hombres a lo largo de la historia. Nacimiento y muerte, los dos misterios de mayor envergadura de la existencia humana.

Dicen que los pelasgos, civilización previa a la celta a lo largo de la cornisa cantábrica y parte del Mediterráneo, cuando las evidencias les hacían creer que la vida de uno de sus mayores estaba tocando a su fin, tenían prescrito realizar un ritual con el que acabar con su vida de una forma “sagrada”. Las antiguas civilizaciones chinas, conocedoras de los efectos y beneficios del opio, guardaban y restringían su uso para paliar las dolencias de sus mayores y proporcionarles una muerte dulce. En las culturas incas y aztecas, era común ofrecer a los dioses la vida de algunos niños y jóvenes, para ser bendecidos por los beneficios divinos.

En nuestras avanzadas sociedades, donde los menores y mayores se encuentran en una situación de clara inferioridad, frente a las generaciones intermedias que dominan las instancias del poder, hemos situado a las franjas extremas de ambos colectivos, los que aún no han nacido o los que están moribundos, en un estado que resulta muy peculiar. Es así, en tanto en cuanto a los niños, desde hace tiempo (1959) se les considera detentores de derechos, sin entenderse que estos se extiendan a la etapa anterior al nacimiento. Cabe especial mención, en algunos de sus principios, como en ellos se hace referencia a cubrir los cuidados a los que tengan alguna discapacidad física o psíquica; una cabriola cuando por otro lado se legisla el derecho de la madre a impedir nacimientos con “malformaciones”. El Comité de NN.UU. de derechos de los discapacitados ha exigido a España que, a efectos del aborto, no amplíe el plazo para los casos en que se detecte alguna discapacidad en el feto. Que reciban el mismo trato que el resto de fetos. Los miembros del Comité -todos ellos discapacitados- decían que, con la legislación española, probablemente ninguno de ellos estaría vivo y ninguno podría hablar en su nombre.

Los mayores no tienen esa declaración de principios, pero desde 2013 el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU nombró a un experto específicamente para ello. Su actividad no ha dado ningún fruto concreto en forma de declaración de principios, carta o convención, pero es muy probable que también se tope con una situación similar a la infancia, y no se pronuncie sobre los dilemas éticos y morales relativos a la muerte.

No es tan sencillo averiguar cómo se ha podido llegar a una situación así, pero lo cierto es que estos dilemas existenciales, antaño “resueltos” por obra y gracia de la moral imperante, y de quienes se otorgaban una potestad delegada de la divinidad, ahora se han convertido en un simple juego de mayorías de opinión, esas que se juntan en un lugar concreto y legislan sobre estas cosas como la vida y la muerte de los demás. Y hemos pasado, con la creencia de que lo hemos resuelto y de que somos muy modernos, de preceptos morales y éticos a la simpleza de la mayoría parlamentaria, sin siquiera pestañear ni un poco sobre el desconocimiento de las circunstancias concretas de las personas sobre las que se legisla, y el posible error y la consecuente crueldad de las decisiones adoptadas. La responsabilidad de las generaciones vivas que ostentan las facultades de conducir el conjunto social, tienen siempre la tentación de no dejar nacer a los nuevos y de empujar hacia la muerte a los antiguos; así que lo que nos sucede ahora es lo mismo que les pasaba a los habitantes de hace diez mil años.

Estos dilemas siempre han puesto en entredicho los límites concedidos a la especie humana, pues el misterio de la vida y el enigma de la muerte –aunque bien pudiera decirse al contrario– se han situado en el borde de las atribuciones que a los hombres se les ha otorgado; y, pese a los avances científicos, siguen siendo desconocidos en su naturaleza esencial. Y con toda la evolución social moderna a cuestas, es difícil que no se nos pongan los pelos de punta teniendo que decidir sobre la vida o la muerte de los demás. Y tanto más cierto es cuanto más lejos nos queda la realidad sobre la que valorarlo.

Y creo que habría que negarse a que las personas ajenas a las circunstancias particulares de cada caso tengan potestad alguna sobre el ámbito de decisión de aquellos seres queridos a los que pudieran acarrearse estos dilemas. Así que, señores diputados, consejeros, asesores, directores de algo, asociaciones cívicas, manifestadores, comunicadores, creadores de opinión, salvadores, y todo aquel que quepa en tamaña tropelía, no sé como estarán sus propias vidas para andar metiéndose a decidir impunemente sobre las de los demás.

Todo pasa por entender que hay planos de la existencia humana que se escapan del ámbito de nuestras decisiones. Y si el tipo de Dios que nos habíamos inventado para encubrir nuestras crueldades ha sido desterrado de nuestras vidas, admitamos por lo menos que nuestro deseo tiene unos límites que no debiéramos traspasar, o como poco establecer una cierta prudencia como reconocimiento de la falta de elementos suficientes con los cuales tomar decisiones sobre situaciones con la gravedad y el dramatismo como estas de las que se está hablando.

Solo con imaginar que próximamente la ciencia llegara a descubrir la genuina naturaleza del hombre desde el comienzo de la vida del embrión, se le ponen a uno los pelos de punta en cuanto a las consecuencias de lo que se hace y se ha estado haciendo en las últimas décadas con cientos de miles de vidas humanas a las que se les ha negado nacer. Y no se trata de excusarse diciendo que se desconocía, pues de la misma manera se podría decir que dado que era desconocido se podría haber adoptado la opinión contraria. Pero no se ha hecho. ¿Por qué?

Si nos resulta espeluznante que, en tiempos pasados, las decisiones se tomaran por los representantes de la moral en uso, ¿desde qué legitimidad nos atrevemos ahora a hacerlo? ¿Con todos los muertos que llevamos detrás, no hemos aprendido aún los límites de nuestra condición? ¡Vamos, con lo que nos costó librarnos de los autos de la doctrina de la fe, venirnos ahora con esto!

6 comentarios

6 Respuestas a “Los dilemas”

  1. Alberto Donaire dice:

    La eutanasia y el aborto son derechos irrenunciables, claman millones de personas. La eutanasia y el aborto, lejos de ser derechos, son crímenes y deberían estar prohibidos y penalizados, claman otros muchos millones. Se discute acaloradamente sobre la legislación que regula el nacimiento y la muerte y los márgenes que debe contemplar.

    Pero los derechos no son nada, sólo son convenciones cuya vigencia depende directamente del poder. Las miles normas que regulan nuestras vidas son convenciones sin sustancia real que en ningún caso han sido redactadas por sabios.

    Es evidente que respetar y acatar las leyes no significa en modo alguno que estemos viviendo de manera responsable. Es más, con más frecuencia de la que estaríamos dispuestos a admitir, la obediencia nos conduce a lo contrario.
    Eludir y contravenir nuestras responsabilidades esenciales amparándonos en la mezquindad del rebaño conlleva costes cuya magnitud aún somos incapaces de calibrar.

    Enhorabuena por este artículo, Carlos.

  2. Alicia dice:

    Un mundo repugnante este que nos hemos organizado, en el que lo único importante es dar satisfacción a los deseos más primitivos.
    El derecho a fornicar no está en cuestión ¡A quién se le ocurriría cuestionarlo!
    El derecho a deshacerse de los viejos y de los que aun no viejos no son productivos o útiles a la sociedad tampoco lo esta.
    Hace unos años acudí a un notario y le dije que deseaba dejar constancia de cómo quería que se actuase cuando estuviera yo en el final de mi vida. La conversación fue muy corta y fui emplazada a regresar al cabo de unos días. Salí de la notaría intrigada de que no se me hubiese preguntado qué era lo que quería expresar, pero desconociendo como funcionan estas burocracias pensé que me lo preguntarías la próxima vez.
    Mi sorpresa fue cuando días después me dieron a firmar un documento – que tuve la prudencia de leer – en el que yo pedía (lo escribo aquí en términos muy llanos) que se me quitara de en medio sin contemplaciones pero (eso sí) sin sufrimiento…
    Le expliqué a aquel señor, bastante irritada, que lo que quiero es justo lo contrario de lo que ponía aquel papel; y el me miró bastante perplejo respondiendo que, bueno, eso es lo que se llama testamento vital. Le contesté en términos bastante educados que malditos los testamentos vitales y quien los inventó y, por supuesto, no firmé el documento.
    Otra cosa que me pone bastante de uñas es el tema de los trasplantes de órganos. Me parece inmoral que personas que se tienen por piadosas recen “Señor, Señor, un hígado, o un corazón, o un lo que sea para mi Fulanito o Zutanito”, sin pararse a considerar estar pecando (sólo de pensamiento,sí, pero pecando) al desear la muerte de alguien aunque ese alguien sea un desconocido que, él también, está siendo el Fulanito o el Zutanito de alguien que está rogando “Señor,, Señor, sálvamelo”.
    ¿A cuál de los dos debería hacer caso Dios?
    ¿A cuántas personas no se habrá dejado y se estará dejando morir (incluso inducido a morir) porque un cirujano quiere arrogarse la gloria de realizar tal o cual trasplante que representa “un gran avance para la ciencia?
    O, más brutal si cabe, “mire, le doy tanto… ¿Hace?

  3. Franc dice:

    Es un buen artículo. En mi opinión, este es uno de varios temas fundamentales que requieren una conversación y debate profundos. Hay que insistir.

  4. Loli dice:

    Habría que plantearse el porqué de esa necesidad de legislar, tratando de dar naturaleza de legitimidad, a actitudes tan irresponsables, nacidas desde la ignorancia.

    Pero la ignorancia no asumida, es hija del miedo, y pide seguridades.

    Si existen leyes, hay que plantearse que es porque la sociedad, nosotros, las demandamos.

    Y hay muchas maneras de hacerlo, incluso, y creo que esa es una actitud muy común en nuestro actual modelo, de una gran disonancia en nuestra proyección social.

    Quiero decir, actualmente, es relativamente fácil recubrir de argumentos elevados una indignación o escándalo hacia determinadas leyes o normativas, que indudablemente proceden de falta de conocimiento, de actitudes más bien arcaicas e incluso primitivas.

    Sí, pero cuando, por ejemplo, alguien va contemplando como sus fuerzas, sus habilidades, sus capacidades para valerse por sí mismo, se van mermando…sin marcha atrás, y mira a su alrededor, y observa que eso mismo es contemplado con disgusto y fastidio por los que le rodean, cuando intuye que en el organigrama de esta organización social, su estatus va a pasar a ser de “dependiente”, y que la alternativa es la cobertura que le ofrece este Estado del Bienestar, no duda, cuando está en una situación cognitiva lo suficientemente coherente, en querer acogerse a un “testamento vital”.

    ¿Culpa de los abogados?, ¿de los legisladores?.

    Para una mujer, la situación de maternidad, debería ser motivo de cuidado, mimo, facilidades…..pero no es así, me atrevería a decir, de forma en exceso habitual.

    La maternidad es algo fascinante, mágico y misterioso…sí, pero muchas situaciones que la preceden en este difícil mundo en el que nos desenvolvemos, puede volver insufrible o percibir como inviable la posibilidad de llevarlo a cabo. Y a esa percepción, contribuimos todos…desde todos los lenguajes, desde todas las formas comunicativas….podemos estar defendiendo unas cosas desde la razón moralista, y proyectando otras desde todas nuestras posibilidades de expresión.

    Es necesario denunciar la negligencia de una leyes que se dictan desde el desconocimiento, pero no sé si sirve de mucho, si a la par, no asumimos que somos responsables, en cierta medida, de que se legislen, que somos ignorantes aún dentro de la intuición nos indique que las cosas no van por ahí, pero no sabemos por dónde van, y no asumirlo, es alimentar el miedo, y el miedo provoca la demanda de normativas que lo mitiguen…que den seguridad.

    Por otro lado, Alicia, no estoy de acuerdo tampoco con la última parte de tu comentario.

    Como en todos los campos que propicien una posición de poder, puede haber habido abusos.

    Pero son muchas las vidas que han podido ser vividas gracias a los trasplantes. Y más cosas, pues muchos avances en otras materias (tecnología, cuidados, adaptaciones, recursos), se han podido desarrollar a través de toda la preparación y el trabajo que precisan los actos quirúrgicos. Se ha investigado y desarrollado cosas que han servido a poblaciones enteras en situaciones comprometidas, por ejemplo, y creo, que la mayoría de la gente que trabaja en ello….lo hace con una actitud mucho más altruista, vocacional y entregada, de lo podríamos pensar.

  5. Rosae dice:

    Conversaba con una mujer de 93a que me decía: anoche me encontré peor, tenía la boca muy seca, me dolía la tripa, la cabeza etc…y, decía también, por algún lado tendrá que empezar la cosa, (la muerte, temible-terrible)…

    Una mujer, recta, entera, que se hace su casa todavía, menudita, con garra-genio- etc…
    y sólo se me ocurrió decirla: no hay por qué preocuparse, a cierta edad “la cosa” se presenta sin avisar, cuando se duerme (cuerpo relajado), y en absoluto “duele”…hay que vivir muy “tranquila”, y poco más;
    No se le puede pedir mucho a la vida, en esta etapa, pero no por ello se ha desear la “muerte”, (opino)..
    Legislar sobre ello?- los entendidos sabrán; la vida es personal e intransferible, y se tiene derecho a ella (por haber nacido), hasta su final biológico, (del espiritual, alguien sabe algo);
    Respecto del aborto o IVE que llaman, nada que opinar..nada claro sobre ello..cada persona SU Decisión.
    Estaría mejor que a los que están ya, se les atendiera lo mejor posible, sobre todo niñ@s, y se aplicarán las “convenciones” Cómo debe ser!!-

    Pero cómo en todo, mucha ley y mucho legislar, pero la “partida presupuestaria” para aplicar las medidas ya…si eso..hasta la próxima visita de Obama, que vaya casualidad que viene a España (Rota Cádiz), el mismo día que la Otan se reúne estableciendo “estrategias+globales”..Según sus fuentes para enfrentar al Dahes;

    Qué curioso..que cada vez que la compañera de piso quiere invadir mis ‘zonas’, es su gata quien lo hizo primero..vaya, y se llama Isis!-…..

  6. Loli dice:

    Las decisiones, los miedos de los seres que nos rodean, a los que rodeamos….no son tan libres.

    En realidad nos movemos con muy pocos criterios, y sí muy inducidos e influenciados, como para hablar de “libres decisiones”.

    ¿Con cuánta preparación contamos para poder aseverar que nuestras decisiones son nuestras e intransferibles?¿con cuánto conocimiento? ¿con cuánta formación?, ¿con cuánto afán de obtenerla?, ¿con cuánta disposición a admitir tanta ignorancia en tantas cosas?.

    El modelo social no lo pone fácil, vale, pero tenemos posibilidades de reconocer, al menos, que nuestra visión de las cosas está muy mediatizada, y que, a la vez, estamos atrofiados en el ejercicio de pensar, de romper la inercia de un mensaje irreal, el de que es posible vivir, siendo otros quienes piensen y se preocupen…por nosotros.

    A veces es curioso, porque cuando se habla en general, en una conversación aleatoria, sobre algo, se observa que casi todo el mundo utilizamos hasta las mismas frases argumentativas y recurrentes, adaptadas según los temas, y según la supuesta tendencia de los que las mantenemos.

    Pero a la hora, no ya de discrepar, sino simplemente de tratar de centrar las cosas, de estructurarlas , o simplemente matizarlas, nos encontramos con una dificultad importante en hacerlo.

    Es como una pérdida, también importante, de centrar la atención, en poder analizar y describir, si no hay comodines entre medias…como si la capacidad perceptiva estuviera tan disipada, que no es posible traerla a la consciencia de forma estructurada, y a ello me refiero, como experiencia propia, asumida y con ganas de sacar conclusiones propias…aunque esas conclusiones se conviertan en nuevas incógnitas.

    No estamos acostumbrados, y ni siquiera lo soportamos….pero sin ese ejercicio, será muy difícil asumir que, quizás, la última responsabilidad de que cambien las cosas, no está en los legisladores…quizás esté en nosotros.

    Y esa responsabilidad no es eximida por la ignorancia…y es esa ignorancia la que alimenta y demanda normas y partidas presupuestarias para esas leyes…aunque no tengamos ni idea sobre la naturaleza de LEYES que sí estamos conculcando.

    Quizás, también, no hay manera de no tener nada que ver con esa responsabilidad, ni por activa ni por pasiva, porque la sociedad, las personas, los seres humanos, se desarrollan y viven gracias a la interrelación, así que, de una u otra forma, todos formamos parte de los errores y de los posibles aciertos …del resto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies