Si te paras a pensarlo la vida es profundamente injusta: mientras que hay gente que se pasa la vida trabajando para tratar de hacer del mundo un lugar mejor, en muchos casos sin éxito, otros, por el mero hecho de venir al mundo, ya consiguen que mejore de alguna manera la vida de sus semejantes. Así, sin ningún esfuerzo.

Aunque supongo que un altísimo porcentaje de padres piensan que el mundo es mejor con sus hijos de lo que era sin ellos yo hoy no voy por ahí: hoy voy a tratar de hablar de filantropía y, desde mi punto de vista, del escaso sentido que tiene acumular dinero sin medida, y en este caso en concreto me estoy refiriendo a lo bien que le ha venido al planeta el nacimiento de Max Chan, la hija primogénita de Mark Zuckerberg, el fundador y máximo accionista de Facebook.

No te cuento nada nuevo -salió en todos los periódicos- pero te recuerdo que el uno de diciembre del ya extinto 2015, con motivo del nacimiento de su hija, el joven magnate anunció que donaba en vida el 99% de su fortuna, 42.000 millones de euros en ese momento, que se canalizarían a través de una organización encaminada a “avanzar en el potencial humano y promover la igualdad del ser humano”.

Naturalmente, desde el mismo momento de su anuncio muchos se le echaron encima, diciendo que solo era una burda estrategia para pagar menos impuestos por su fabulosa fortuna. Siempre hay necios -o a lo mejor tenían razón, y al fundador de Facebook no le gustan los impuestos y prefiere hacer el bien él solito y no a través de un Gobierno- pero lo que está claro es que su objetivo es tratar de hacer del mundo en que vivirá su hija un lugar mejor, nos guste o no el camino que elija para hacerlo.

Mark cree que seguir acumulando dinero no tiene ningún sentido, que ya ha demostrado al mundo sobradamente que  es un tipo muy listo, y que el hijo de un dentista puede acumular en poco tiempo una fortuna inmensa y ha llegado a la conclusión de que ahora ha llegado el momento de hacer el bien (o de intentarlo).

Y probablemente la idea se la ha inculcado una de las personas que más influencia parece tener sobre él en los últimos tiempos, alguien que durante muchos años era la encarnación del “mal absoluto” en el mundo empresarial, el hombre más rico (y uno de los más influyentes) del mundo: Bill Gates.

Bill Gates, antes de comenzar su andadura filantrópica y donar su fortuna y su tiempo a causas más importantes que acumular dinero, ya había cambiado el mundo y dejado sus huellas en las sendas del Tiempo. El fundador de Microsoft es el culpable último de la sociedad en la que vivimos, de nuestra dependencia de los ordenadores -con todo lo negativo, pero también lo positivo, que tienen- del fácil acceso a Internet… Incluso inventó el control+z: una combinación de teclas más poderosa que un conjuro.

En su momento álgido la fortuna de Gates alcanzaba los 136.000 millones de dólares, lo que le convertía en una de las personas más ricas de la historia de la humanidad. Era el dueño de una empresa casi monopolística que llegó incluso a plantearse comprar los misiles balísticos de la extinta URSS para convertirlos en lanzadores de satélites con los que dar Internet al mundo (y de paso controlarlo), un proyecto similar a los que ahora tienen empresas como Facebook y Google, con drones y dirigibles en vez de satélites, pero con un fondo parecido. Ya era uno de los que mueven los hilos, pero un día el señor Gates, que además debe ser bastante listo, se levantó de buena mañana en su inmensa mansión y se preguntó ¿para qué?

¿Para qué puede alguien querer acumular tanto dinero? Si él, todos sus seres queridos, sus hijos y los hijos de sus hijos serían asquerosamente ricos con una fracción ínfima de su fortuna, entonces: ¿para qué seguir acumulando?

Creo que se nota la admiración que siento por Bill Gates, admiración que deben de compartir muchos de los milmillonarios a los que convence para que compartan sus causas y donen en vida la mayor parte de sus fortunas para tratar de hacer más fáciles las vidas de los que tuvieron menos suerte o menos talento que ellos, pero en realidad lo que me llama la atención es que tardase tanto en darse cuenta del escaso sentido que tiene acumular riquezas a partir de un punto.

No quiero decir con esto que tenga nada en contra de la gente que levanta una empresa, que trabaja de sol a sol, que tiene proyectos y que quiere ganar dinero con ellos: me parece muy bien que quieras ganar dinero, conducir un coche chulo o llevar ropa cara. No lo comparto, pero me parece muy bien.

Lo que no puedo entender es que la gente no vea el límite, que no se den cuenta de que hay un punto en que todas las comodidades que compra el dinero ya las tiene y que el dinero pasa a ser capacidad de poder e influencia, y que la influencia y el poder han de ser usados para algo más grande que para conseguir más dinero.

No entiendo, por ejemplo, a un señor que hereda uno de los bancos más grandes de España y lo convierte en uno de los más grandes de Europa, ¡y ese es el proyecto de su vida! Menudo desperdicio de vida. ¿Para qué, señor Botín?: usted nació muy rico, podía haber hecho algo con su fortuna, algo más interesante que multiplicarla. Ahora su hija parece haber aceptado seguir con la misión familiar, y aunque ya nació muy rica se matará a trabajar para morir aún más rica.

Muy bien, como dijo el torero: “Tié q’haber gente pa’tó”, pero yo no entiendo a nuestros ricos. No entiendo tampoco al segundo señor más rico del mundo, el creador de Zara, alguien que a diferencia de los Botín (que ya heredaron un imperio) es un hombre hecho a sí mismo, pero un hombre que no parece consciente de la capacidad que tendría para cambiar el mundo con sus miles de millones bien aplicados en una causa que fuese más allá de acumular sicavs que le hagan aún más rico pagando un 1% de impuestos.

Ya lo dijo Andrew Carnegie, filántropo, fundador de U.S. Steel y en su día uno de los hombres más ricos del planeta: “El hombre que muere rico, muere desgraciado”.

2 comentarios

2 Respuestas a “Los ricos mueren desgraciados”

  1. Si una gran empresa se mantiene después de la muerte del empresario, seguirá creando empleo, riqueza… De eso se trata también.

  2. xemobo dice:

    Otro gran ejemplo es el creador de the North face y Esprit. Os invito a que busqueis información de su biografía.

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