Si lo que buscas es que se tomen en serio tu trabajo puede que llevar una interrogación en tu nombre no sea la mejor idea para dotar de credibilidad a tus sesudas investigaciones, y tampoco ayuda que el tema del estudio que te ha hecho famoso sea tratar de responder a qué pasaría en el caso de una invasión zombi.

Robert Smith? es un profesor de matemáticas de la universidad de Ottawa; no estoy preguntando y no es un error tipográfico: este señor se llama así. La interrogación forma parte del nombre y el implicado dice que la incluyó cansado de que le confundieran con el líder del grupo de rock “The Cure”, lo que puede darnos una ligera idea de la excentricidad del personaje.

Como decía, este nombre no ayuda a que la mayor parte de la gente otorgue credibilidad a este experto en modelización matemática, aunque sus conclusiones sobre un hipotético apocalipsis zombi fueran publicadas en el muy serio libro “Infectious Diseases Modelling Research Progress”’. ¡Por favor!, dirán muchos: ¿quién quiere perder su tiempo en desarrollar modelos matemáticos en los que se analiza que ocurriría en el caso de una invasión zombi?

Pues resulta que en lo de pensar en zombis de forma “seria” no esta solo, y otro prestigioso investigador, en este caso Steven C. Scholzman, profesor de Psiquiatría en Harvard, ha desarrollado estudios en los que demuestra que una enfermedad con síntomas muy parecidos a los que muestran los zombis de las películas de serie B no es tan irreal, que podría darse ante ciertos daños en el lóbulo frontal del cerebro y que estos daños podrían muy bien ser producidos por un virus. Por tanto, una guerra mundial Z, según este prestigioso doctor, es una posibilidad no descartable.

A mi me aburren las películas de zombis, por eso te voy a proponer otra cosa: si la idea de un apocalipsis zombi te parece ridícula y piensas que es una lástima que alguien malgaste su tiempo y su inteligencia en pensar sobre ello, quizás te parezca más interesante la tarea del Instituto para el Futuro de la Humanidad, donde gente muy brillante invierte su tiempo en pensar, por ejemplo, en cómo defendernos de una Inteligencia Artificial que, más o menos como el Skynet de Terminator, se rebelase contra sus creadores (es decir, contra nosotros) y tratase de esclavizar o destruir a la humanidad.

Naturalmente, antes de que me catalogues como un loco paranoico que lee demasiada ciencia ficción, te diré que no creo que hoy por hoy Skynet, o los zombis, o un meteorito o la llegada de unos extraterrestres que quieran conquistar la Tierra sean una amenaza real para nuestra especie (en el último caso, me daría muchísima vergüenza que quisieran que les lleváramos ante nuestros líderes, si quieren destruirnos que  nos destruyan, pero que nos ahorren el mal trago).

Creo que es mucho más probable que nos acabemos destruyendo a nosotros mismos en una guerra termonuclear, y me parecen mucho más preocupantes problemas como el hambre que aún que asola gran parte del planeta, los fanatismos que desatan guerras de religión en pleno siglo XXI, el desigual reparto de la riqueza, el envejecimiento de la población en Europa o la malaria, que se sigue cobrando cada año cientos de miles de vidas.

Pero es que nos falta amplitud de miras para enfrentar los grandes problemas, tanto los más palpables como los más hipotéticos, y lo cierto es que cuando esos problemas se desatan, no estamos preparados.

Te pongo un ejemplo: la actuación de los gobiernos, no solo el español, ante la amenaza de la epidemia de Ébola del año pasado fue lamentable. Nadie sabía que hacer y a los que tenían una ligera idea de cómo actuar no se les escuchó. En España, el proceder de los poderes públicos en un primer momento fue para echarse a llorar: no había un protocolo claro de intervención y nadie sabía que hacer, por no mencionar la falta de recursos especializados. Una mutación del virus podría haber convertido a la Peste Negra en un agradable recuerdo de tiempos más felices… No solo no había un plan contra una invasión zombi, es que no lo había contra una enfermedad que ya conocíamos. Se improvisó: exactamente igual que suelen hacer los gobiernos en temas económicos o de educación.

Pensar en el futuro, en qué modelo de sociedad queremos, en cómo la vamos a sostener, en cómo se relaciona esta idea con realidades más amplias y en cómo debe reaccionar esta sociedad ante amenazas, cercanas o lejanas, debería estar en el ADN de cualquier partido político, y tener un plan de acción ante cualquier posible amenaza (cercana o lejana) debería ser misión obligada de cualquier Gobierno.

Tener un Plan Estratégico, un Libro Blanco, un Protocolo de Actuación para casi cualquier cosa es, desde mi punto de vista, de sentido común. Y no solo en ámbitos que yo considero evidentes (y que parece que ellos no), como una estrategia seria de Energía, Transportes, Infraestructuras, Educación o Sanidad, sino dando un paso más allá; porque hay momentos en los que no hay tiempo para pensar y tener una visión general de cuáles son las pautas a seguir, quién toma las decisiones o cómo se gestiona una situación de emergencia es básico.

Porque las cosas cada vez van más rápido y los nuevos modelos nos llevan a situaciones en las que acabar improvisando puede ser catastrófico; incluso en ese caso,  tener una idea previa de a dónde tienes que llegar te puede ayudar mucho a la hora de improvisar bajo la tormenta.

Termino con un ejemplo en el que se ve cómo la ciencia y la tecnología, que avanzan a ritmo exponencial, hacen que cosas que antes de ayer parecían ciencia ficción hoy sean, para bien o para mal, posibles: en el foro de Davos de este año se ha discutido sobre la posibilidad de una renta básica para toda la humanidad, en un escenario cercano en que los robots hagan todo el trabajo. Las profundas implicaciones sociales e incluso morales de un mundo en el que nos libremos del castigo bíblico del trabajo, unido a que los científicos parecen estar de acuerdo en que cada vez viviremos más y llegaremos mejor a viejos, nos llevan a una sociedad muy diferente a la actual y en las que habría que tomar ciertas decisiones éticas difíciles, como por ejemplo: ¿Cuánta gente puede alimentar el planeta y cómo limitamos su población?, preguntas a las que, naturalmente, nadie quiere responder ahora. El que venga detrás, que arree.

P.d. Según el Departamento de Objetos Cercanos de la NASA hay una probabilidad no desdeñable de que un meteorito de gran tamaño impacte contra la tierra en menos de 40 años y todos los expertos coinciden en que es muy alta la posibilidad de que, en 70 años, las máquinas lleguen a ser más inteligentes que nosotros. Era más improbable la hipótesis del libro de Tom Clancy, Deuda de honor, en el que unos terroristas usaban aviones comerciales como proyectiles (siete años antes del 11S).

P.d.d. En el estudio del señor Smith? que cito al iniciar el post los zombis ganan, y eso que los modeliza siguiendo el esquema “clásico”: andando despacito y siendo muy poco listos. Arrasan totalmente una ciudad como Madrid o Barcelona en 3 días.

Un comentario

Una respuesta para “Los zombis ganarían”

  1. Victoria dice:

    ¡Ay, Raúl!

    Cuando veo el título del post ya intuyo quién puede ser el autor.
    Hacía tiempo no te leía y, francamente, desde la Segunda Guerra Mundial a otro tipo de conflictos donde hay muerte, aniquiliación masiva o arrinconamiento de los humanos por las máquinas, a modo de contraversión de Odisea en el Espacio, me dejas más inmovilizada por terror que por la situación socioeconómicopolítica actual.

    Cierto es, el avance de la ciencia y la tecnología están marcando las “líneas de negocio” por delante de los intereses del ser humano en su esencia. Ahí también considero que los humanos sin criterio ni responsabilidad somos zombies.

    Impensable hace pocos años que permitir a unos progenitores auxiliarles en la fecundación -asistida- para realizar su deseo de ser padres iba a llevar, en poco tiempo, hasta la gestación por sustitución, maternidad subrogada (autorizado en algunos países, no en el nuestro), es decir, contratar a una mujer para fertilizar sus óvulos y ceder el hijo que ha llevado en su vientre mediante precio o no a favor de otras personas que no pueden tener hijos y no les interesa el acogimiento y la adopción (con niños ya heridos y crecidos, en su mayoría). ¿Hay alguna diferencia, en esencia, no en cuestiones legales, con la trata de seres humanos o la compra de órganos?

    Sigo espantada pero agradezco el zarandeo, Raúl.

    Un abrazo,

    Victoria

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