Nos hemos acostumbrado a que antes de unas elecciones tengamos que pasar por la correspondiente campaña electoral, y ya ni nos lo cuestionamos. Pero es que además parece que los únicos con derecho a opinar sobre cómo deben ser estas campañas son los estrategas electorales de cada partido. Cuando lo cierto es que somos nosotros, los ciudadanos, los propietarios de ese voto que ellos buscan tan afanosamente. Y claro que tendríamos mucho que decir. A fin de cuentas, se supone que las campañas electorales tendrían que servir para que conociéramos a los candidatos y nos enterásemos medianamente bien de lo que proponen. Por tanto, lo lógico sería que fuéramos nosotros los que les dijéramos a los partidos cómo queremos que diseñen sus campañas para que nos cuenten lo que necesitamos saber, y no nos mareen con proclamas y declaraciones inútiles.

Ya sabemos que hay mucha gente que vota siempre a un mismo partido porque cree que garantiza unos determinados valores o políticas. Sin embargo, un gran número de ciudadanos deciden su voto en función de la opinión que se construyen sobre cada candidato. Básicamente, esa opinión depende de dos aspectos: de su programa y de su perfil personal. Su programa sirve, o debería servir, para saber qué objetivos prioritarios tiene y en qué medidas está pensando para alcanzarlos. Y su perfil da una idea de cuánto se aproxima a las virtudes que debe reunir todo buen gobernante; esto es, honestidad, inteligencia, coraje, compromiso con el interés colectivo, capacidad de gestión y de comunicación, etc. Así pues, si los electores decidiéramos por criterios racionales, lo que pediríamos a los candidatos es que enfocasen sus campañas de modo que pudiéramos adquirir, de una manera sencilla, la información clave sobre estos dos aspectos. Pero la realidad no es así, no sé si porque ese tipo de criterios pesa menos de lo que creemos, o porque abunda en exceso la resignación y la desgana.

El caso es que las campañas electorales fomentan la opacidad, la manipulación y la mentira. En parte, porque el propio sistema lo incentiva. La competencia entre candidatos y partidos lleva de manera habitual a la descalificación y caricaturización de unos a otros; los medios de comunicación y sus audiencias, con tanta querencia por el espectáculo, priman los aspectos más llamativos de cada candidato (escándalos, contradicciones, errores, etc.) frente a los fundamentales; la concentración de declaraciones e información inútil en unos pocos días hace que mucha gente se sature y, en lugar de seleccionar y profundizar en lo que le interesaría, decantan su voto por razones emocionales (“este me cae bien”). Y, en parte, los propios candidatos proyectan la imagen de sí mismos que más les conviene, sin que les importe si esa imagen se acerca poco o mucho a la realidad.

La lógica que al parecer subyace en todo esto es que siempre hay un porcentaje importante de indecisos que pueden decidir el resultado de las elecciones y que, además, en su mayor parte carecen de la suficiente cultura política como para pretender captarles con argumentos serios.

Por tanto, si nada lo remedia, vamos a tener campañas electorales cada vez más infumables, en las que los electores lo vamos a tener cada vez más difícil para saber lo que de verdad ofrece cada candidato. ¿Nos tenemos que resignar a que sea así? ¿No se puede hacer algo para evitarlo? Yo creo que habría medidas que se podrían adoptar y que ayudarían a reducir el problema. La experiencia demuestra que, cuando hay un clamor en la opinión pública en relación con algún aspecto concreto, a menudo acaba surtiendo efecto. Lo hemos visto con la presencia de corruptos en las listas electorales o con las primarias para elegir candidatos.

Cabe pensar, por tanto, que si se elaborase una especie de Código de buenas prácticas electorales y llegase a contar con un amplio apoyo social, es posible que los partidos políticos y los medios de comunicación acabasen asumiéndolo. Algunas medidas están claras y cuentan con amplio apoyo social; como la mencionada exclusión de corruptos en las listas electorales o la transparencia en las cuentas de los partidos y de sus fundaciones. Pero, además de estas, habría que pensar en otras. Sugiero las cuatro siguientes:

1.     Que cada partido publicase en su web, además de su programa las preguntas y sugerencias de los ciudadanos sobre él y las correspondientes respuestas.

Eso obligaría a los partidos a someter sus programas a un debate público en profundidad. Pondría a prueba el rigor de sus propuestas y podría enriquecerlas. Para evitar manipulaciones interesadas, convendría que una organización independiente velase por la transparencia de estos debates. Adicionalmente, y en función de la colaboración que quisiesen prestar los medios de comunicación, cada uno de los principales candidatos podría ser entrevistado, unas veces por grupos de ciudadanos escogidos al azar y, otras, por grupos de expertos en cada una de las principales materias. Estas entrevistas también serían colgadas en las web de los partidos correspondientes.

2.     Que cada partido sometiese a una evaluación independiente el coste y la viabilidad económica de las medidas propuestas en sus programas.

De este modo, los ciudadanos dispondríamos de una evaluación diferente de la realizada por los propios partidos (o por sus oponentes) y animaría a estos a ser más rigurosos con la viabilidad de sus promesas electorales. En Holanda, por ejemplo, esta evaluación la realiza un organismo público que depende del Parlamento y cuya misión principal es examinar las cuentas públicas. En España se ha creado un organismo similar: la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), dependiente también del Parlamento, al que igualmente se le podría encomendar esta evaluación.

3.     Que al final de cada legislatura el partido gobernante sometiese a una evaluación independiente el grado de cumplimiento del programa electoral con el que ganó, analizando las causas de sus incumplimientos y publicando después un informe con sus resultados.

Este informe debería recoger los argumentos del partido gobernante, de los partidos de la oposición y de los organismos públicos o privados implicados; y al final la organización evaluadora haría su propia valoración. De este modo, los ciudadanos dispondríamos de una visión mucho más completa y detallada de lo que hasta ahora hemos tenido.

4.     Eliminar los mítines y la propaganda electoral de los partidos.

Es evidente que esto solo sería posible en la medida en que los propios partidos estuviesen de acuerdo en hacerlo. Porque, por ejemplo, es difícil establecer la frontera entre lo que consideramos un mitin y una simple conferencia; o entre propaganda e información seria. En realidad, la diferencia reside en la intención de fondo: si en un acto con público el orador busca estimular la reflexión o lo que pretende es la mera adhesión emocional. Pero, precisamente esta es la diferencia de actitud que habría que exigirles a los partidos, porque lo primero conlleva un respeto a los ciudadanos y a su libertad de opinión, mientras que lo segundo no deja de ser un ejercicio de manipulación descarada.

En realidad, estas cuatro propuestas se quedarían en pura fantasía si no hubiera alguna organización, independiente, cualificada y con credibilidad, que supervisase su cumplimiento. Y aquí toparíamos con un dilema. Lo suyo, y a lo que habría que aspirar, es a que esa supervisión fuese realizada por una, o varias, organizaciones de la sociedad civil; esto es, organizaciones que no tuviesen otro objetivo que el de proteger el interés colectivo. Pero, hoy por hoy, costaría mucho encontrar alguna que reuniera estos requisitos. Y, dada la debilidad de la sociedad civil en el ámbito político, quizás tardásemos muchos años hasta que surgiese alguna capaz de hacer estas funciones. En cambio, la opción de que estas funciones fuesen asumidas por uno, o varios, organismos públicos (como la AIReF antes citada), solo requeriría una decisión del gobierno de turno o del Parlamento, pero su independencia y credibilidad siempre sería cuestionada, dados los malos precedentes que tenemos.

Parece, pues, que a corto plazo no tenemos una solución aceptable. Sin embargo, este es un ejemplo claro de lo que se podría hacer con que surgieran unos cuantos grupos de ciudadanos dispuestos a ello, en lugar de resignarse.

12 comentarios

12 Respuestas a “¿Para qué nos sirven las campañas electorales?”

  1. xema dice:

    Buenisima opinión. totalmente de acuerdo Manuel. Ahora hagan 20.000 copias y envienlas a todas las sedes de los partidos existentes o bien envien correo electrónico, a ver si toman nota y aprenden.
    Por mi parte haré publicidad en la red.
    Gracias

  2. RBCJ dice:

    Vista la obligatoria política de pactos resulta imposible saber a priori qué propuestas se convertirán en programa real de ejecución y cuáles quedarán en el camino.
    No se dispone de una información económica con el suficiente detalle y abierta para evaluar los costes y beneficios de muchas propuestas. Sólo el partido/equipo gobernante puede hacer valer ese conocimiento,
    Si además el programa electoral para algunos/muchos es un programa de intenciones pues queda poco que aportar en el periodo electoral.
    Ya que últimamente se habla de Copenhague como Ayuntamiento estrella y a seguir, dedicar un tiempo a leer quiénes han sido los Alcaldes allí y sus CVs https://en.wikipedia.org/wiki/List_of_lord_mayors_of_Copenhagen
    Mientras sin duda la política será mejor si los políticos son mejores. Todo lo democrático está muy bien pero desgraciadamente las cosas en lo fundamental dependen de decisiones de no muchas personas, luego atraigamos a los mejores por la cuenta que nos tiene. Entiendo que la definición “del mejor” no es sencilla ni obvia.
    Saludos

    1. Manuel Bautista dice:

      Como bien dices, RBJC, la convicción de que habrá que pactar para llegar a gobernar obliga a ser flexible con los programas electorales. Y la escasa transparencia en muchas de nuestras instituciones, justifica un grado de desconocimiento que también explicaría cierta imprecisión o ambigüedad en las propuestas.

      Además, seguro que las cosas se ven muy distintas cuando estabas criticando desde la oposición, en un mitín o en una tertulia televisiva, a cuando ya llevas un mes sentado en el despacho de la Moncloa.

      Esto es lógico y normal. Pero eso no quita que los partidos debieran tomarse muchísimo más en serio la elaboración de los programas electorales y la viabilidad de sus propuestas.

      Lo que no es de recibo es que se publique el programa electoral el día antes de las elecciones, o de que se descuelgue a los tres días de haber sido nombrada alcaldesa diciendo que una de sus propuestas estrella no se va a cumplir.

      En mi opinión, se requiere que la ciudadanía se acostumbre a pedir rigor y seriedad a los políticos en sus promesas electorales.

      Saludos

  3. ¡Ya era hora que alguien lo dijera alto y claro! Requeriría una ciudadanía ponderada y un país donde la política no fuera la guerra por otros medios.

    1. Julie Pardo (@Julie_PardoZ) dice:

      Ese requisito es un poquito demasiado de pedir aunque, tienes razón, es esencial.

  4. Maximilien Robespierre dice:

    Por este camino acabaran cayendo todos los “chiringuitos” partidistas. La I + D al poder.

  5. Manu Oquendo dice:

    Pregunta muy apropiada y oportuna la que hace el Sr. Bautista. ¿Para qué sirve todo lo que tiramos en Campañas?

    Comienza a cuestionarse la capacidad del sistema, hasta para hacer y difundir un análisis serio de la situación. si esto es así, –y lo es– las campañas son un derroche innecesario. Se deberían suprimir.
    Todo está en cuestión y casi nada es creible ni funciona. Desde los partidos políticos hasta la estructura del Estado. Desde las reglas de nuestra pertenencia a la UE y al Euro hasta la obligatoriedad de aceptar que la mayoría tenga el menor derecho a imponer sus delirios, sus criterios y sus angustias a las minorías. A los discrepantes que muy frecuentemente, además, son mayorías numéricas sin representación en las instituciones.

    El sistema ha perdido credibilidad. Lo que los politólogos llaman “legitimidad otorgada”.
    Como saben los lectores desapasionados de la historia esto resulta en malas situaciones. Colapsos institucionales, guerras –de momento siguen creciendo a nuestro alrededor provocadas por nosotros mismos y cosas como esta comienzan a circular– http://www.transicionestructural.net/index.php?PHPSESSID=m20vuk16ar1h3lagcoatl19512&topic=1924.msg134987;topicseen#new

    También se ven riñas hasta hace poco impensables y pasarán muchas cosas hasta que vuelva a establecerse, de verdad, un cierto consenso sobre lo que es posible y razonable.

    Una amiga, agricultora activa y acostumbrada a mandar, se hacía anoche la siguiente reflexión de sobremesa sobre la larga resaca electoral y la preocupación que se va extendiendo en capas amplias de la población. Era una reunión de esa gente que se llama despectivamente “burguesa” pero que cuando emigra la cosa se pone crudísima.

    Decía esta señora.
    –Una de las actividades de mayor rentabilidad es el control de un partido por agentes externos a él. Deberíamos plantearnos seriamente hacernos con uno. O más de uno –añadió a los pocos segundos. Como han hecho los de ….(aquí unas siglas y varios nombres de pila). Fíjate lo bien que les ha ido. Y en solo 30 años.

    –¿Cómo lo harías? –preguntó su marido, de Hernani y con pasaporte argentino, que tiene mucha experiencia pero prefiere aprender escuchando.

    — Lo más inteligente, –respondió ella–, sería cuidar a la cúpula y no es difícil hacerlo porque tras el mandato han de seguir viviendo. Para ello una de las cosas que hay que establecer legalmente es la limitación de mandato.
    De esta forma te garantizas que no causarán problemas ni se les ocurrirán locuras mientras están en el poder. También les sirve a ellos como excusa para no seguir y llegar pronto a la recompensa.

    –¿ Y si la cúpula o los propios partidos dejan de tener la capacidad de designar candidatos sucesores y pasan a ser elegidos por circunscripciones por los propios electores? –preguntó, desde la cabecera del fondo sur, un abogado del estado también en excedencia con buen nombre en la “Social Democracia” y bastante maquiavélico.

    — Se complicaría algo la cosa porque pierdes una vía rápida de selección de candidatos, pero queda la de siempre: Hacer que el proceso electoral dependa más de los medios de comunicación y de la publicidad. A fin de cuentas todo quedaría en casa y a través de subvenciones al sistema electoral se pueden generar fondos en los presupuestos públicos. Nos lo pagarían con creces y por varias vías.– Comentario este de una señora de Burgos nieta del fundador de un periódico local que sigue vivo.

    –O sea, que esto de las limitaciones de mandato es una idea, digamos, polivalente, vidriosa–se me ocurre sugerir para recordar que las cosas tienen muchas facetas.

    — En España el sistema más complicado de capturar es el de Bildu y, a seguir, el del PNV. Tienen una red totalmente endogámica, muy tupida, difícil de penetrar. Son un problema y lo saben muy bien. Una buena parte de la organización es “informal” –apunte de David, un profesor de filosofía joven, de Bilbao, cuna de grandes y doctos liberales que, al contrario de lo que se piensa, son bastante de izquierdas.

    — Efectivamente. Ese modelo es berroqueño y además en un entorno muy ideologizado y difícil de penetrar. Y eso que Sabino Arana parecía tonto. Lo que da de sí la constancia –apuntó un conservero de Aldán, especialista en pulpo y mejillón, con ya lejanas raíces catalanas y antes sicilianas.

    — Salvo cuando se dividen internamente y se enfadan entre ellos, –dejó caer un buen amigo, quesero de tronío, oriundo de Cabrales y reconvertido al Gamoneu de pastor de braña alta.

    — Justo: En esos momentos hay una pequeña ventana de oportunidad. La clave está en si les das una buena salida a los perdedores internos cuando se quedan a dos velas y se comienza a ver que si se han portado serán bien tratados. La política es cruel y muy aleatoria. Hay que ser su fuente de seguridad y de estabilidad emocional.

    De repente, cuando íba a surgir el tema de la legión de “funcionarios en excedencia” ocupados en la política (el sector social que hace política partidista en España) , alguien preguntó por la nueva alcaldesa y dejamos el tema para debatir con entusiasmo si es una “bondadosa ingenua” que ha sido tentada y abducida por el diablo cojuelo, –como sugirió mi vecino de mesa–, o “sierpe con gafas”, según chascarrillo displicente de una magistrada del alto tribunal.

    A ver si el mes que viene retomamos la conversación.
    Qué cosas, Señor.

    1. Inés dice:

      Sólo una pregunta Sr Oquendo, ¿es que hay agricultores pasivos?
      Si es así, en serio se lo digo, me encantaría poder conocer a alguno que me contara los secretos de cómo se sacan las patatas de la tierra con el pensamiento, porque en mi pueblo no los conocemos, aún no hemos alcanzado ese nivel.

      1. de pueblo... dice:

        Señor oquendo, no se qué pensará usted y los demás contertulianos, pero el homo es mucho homos.. y a mí, homa a mi pesar, siempre me ha salvado el humor.
        Antes de que os riáis, le voy a decir que su transcripción de lo que los burgueses hablan entre ellos,a una de pueblo, que los ha escuchado siempre, no le sorprenden, pero dígales usted Señor Oquendo, que tenemos que unirnos y dialogar para que no les salga tan caro, ahora que todos sufrimos la pérdida en las inversiones que hemos hecho- los más tontos a ojos del euro- en cosas no materiales, pero el homos, debería ser humus. Sólo cambiando en la conciencia esa vocal, anda que no nos ahorraríamos dineros y batallas!
        Bueno que nada, que aquí les dejo el vídeo – que a mi me cuesta que alguien me saque unas sonrisas- ahora que es un tiempo en el que las cosas- por eso de que no llueve- y los fuegos y eso.. se ponen especialmente revueltas- (se les oye a los pájaros chascarrilear y hacer ruído y hay mucha menos sintonía, hasta que nos hagamos con el estío de verdá)
        lo enlazo, no hago caso a internet, ni tengo tele, pero a veces dice la prensa que leo, vídeo, de no se quién, y un no se quien rápido, va y lo traduce:
        https://www.youtube.com/watch?v=MX3ykcveRgo&feature=youtu.be
        y nos arranca carcajadas genuínas… os las comparto por si a alguien les valen.
        ( vaya por delante que Gramsi, tiene frases únicas, escritas desde la cárcel y por tanto con la lucidez que da posicionarse fuera, el caos de dentro … es la vida.)

      2. Manu Oquendo dice:

        Hola, Inés.
        Me refería a que no está jubilada.
        Saludos

  6. Loli dice:

    De acuerdo que una mayoría, por ser más, no son los que más saben o conocen, en realidad es al revés, pero si esa mayoría pasa penalidades que le provoca angustia, delirios..y criterios inmediatistas y poco articulados, para responder a situaciones que vive como insostenibles de supervivencia, es porque, seguramente (aunque no solo), hay una minoría con posibilidades y medios que de algún modo mira para otro lado…. en vez de ejercer su responsabilidad de ayudar a que esa mayoría tenga cubiertas sus necesidades básicas, contando entre esas necesidades la cultura en todos sus expresiones. Quizás si esa actituda cambiara, el panorama político y social también lo haría.

    Nadie, parece, sin embargo, querer cambiar nada (salvo, claro está honrosísimas excecpciones, que las hay). De la reunión que habla Manu en su comentario, que me perdone si lo he intepretado mal y estoy equivocada, pero parece desprenderse ,un afán de continuidad en ese control por parte de sectores más favorecidos, que, una vez conseguidos sus objetivos (sin querer, por supuesto, quitar un ápice de mérito a lo que el esfuerzo emprendedor empresarial supone), dirimen sobre la forma más eficaz y continuista en el tiempo de controlar aquellos grupos políticos y a sus cúpulas con posibilidad de gestión en los gobiernos elegidos.

    Creo, sinceramente, que sus propuestas no encajan, para nada, con lo planteado en el artículo de Manolo (tampoco creo que Manu lo transcriba en su comentario con esa intención)..

    Lo expuesto en el artículo requiere, entre otras cosas, desapego al poder, la búsqueda de fórmulas para proporcionar a esas mayorías angustiadas las herramientas de su evolución..eso requiere voluntad de servicio por parte de quién puede llevarlo a cabo, y desde luego ningún atisbo de posturas maquiavelistas al respecto…se perdería todo.

    Y otro aspecto importante que me parece deducir del artículo de Manolo…..los tiempos políticos…tienen que empezar a no tener peso, en todo caso estaría en función de los logros sociales….y éstos tampoco debería estar tan predeterminados, quizás sí, los más acuciantes, pero contando siempre que también son necesidades para sobrevivir como sere humanos la cultura, la formación…el acceso al arte.

    Un saludo

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