Sabotaje simple

Hace apenas unos años la CIA desclasificó un documento cuya lectura encontrará deliciosa cualquiera que haya estado en contacto con el mundo laboral (el educativo también me vale), especialmente si ha visto desde dentro como se trabaja en las grandes organizaciones; entre las que incluyo exitosas multinacionales y, por supuesto, la Administración Pública; así, con mayúsculas. Me vale cualquier ejemplo de Administración.

El documento está fechado en enero de 1944, y fue realizado por el Office of Strategic Services (OSS), la agencia estadounidense que centralizó las labores de inteligencia para las distintas ramas del ejército de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y que se convertiría en el germen de la CIA. En los ratos libres que les dejaba planificar la muerte de generales japoneses, descifrar los códigos secretos de las potencias del eje y hacer llegar a las playas españolas cadáveres con planes falsos para la invasión de Europa, los espías norteamericanos crearon un manual sobre sabotaje de campo para ayudar a destruir desde dentro los pilares de las organizaciones enemigas: un poco como cuando el Schlinder de la película de Spielberg confiesa a su mano derecha, que se queja de que la munición que fabrican es defectuosa, que consideraría una ofensa personal que uno solo de sus obuses estallara.

El manual trata sobre “sabotaje simple” que ciudadanos descontentos con la organización para la que trabajan- en este caso el Régimen Nazi, pero se puede aplicar a la empresa para la que eres becario desde hace años o aquella que te paga menos de lo que crees que mereces, o esa administración para la que sacaste la oposición…- pueden realizar de forma sencilla, nada llamativa y con poco peligro, para conseguir que las cosas no funcionen como deberían. ¿Cómo?: acudiendo al factor humano y a la ilimitada capacidad que tenemos de hacer las cosas mal, tanto que no se nota cuando lo hacemos aposta y cuando sin querer.

Son 32 páginas cuya lectura, con la perspectiva que da el tiempo, es absolutamente maravillosa; y si no fuese porque todo lo que dice lo hace absolutamente en serio y en un escenario en que había muchas vidas en juego dan ganas de reír (o llorar), porque retrata el trabajo de un porcentaje importantísimo de la población, muchas veces de forma totalmente institucionalizada. Un manual de sabotaje de la inteligencia norteamericana de la Segunda Guerra Mundial retrata el mundo laboral de la segunda década del siglo XXI mucho mejor que ningún best seller de los gurús del tema.

El documento dice, por ejemplo -permitidme una traducción poco exhaustiva, tomaré frases de distintos párrafos del original y los mezclaré a mi gusto- que “los actos de sabotaje sencillo, que son llevados a cabo por ciudadanos corrientes sin necesidad de conexión con grupos más amplios, llevados a cabo de manera que implican un peligro mínimo de detección y castigo, multiplicados por miles de saboteadores pueden ser un arma efectiva en manos del enemigo”. La CIA, incluso en sus inicios, sabía cómo destruir las cosas desde dentro, sabía cómo pudrirlas para que no funcionasen bien. Te preguntas cuales eran sus armas; algunas te sonarán:

“Mantente todo el rato ocupado -recomienda- pero trabaja lento, que parezca que no paras, pero dedica tu tiempo a cosas inútiles; teclea despacio, o rápido, pero entonces equivócate, y revisa todo cinco veces antes de seguir adelante. Cuando vayas al servicio quédate allí todo lo que puedas, y luego olvídate algo, para tener que volver a por ello” -estamos en 1944, sin Facebook ni teléfonos móviles, ahora es todo más sencillo-. “Actúa como si no entendieras lo que te piden. Pide que te repitan varias veces las instrucciones, y cuando seas tú el que tiene que darlas, da explicaciones tan largas e incomprensibles como sea posible. Sé todo lo irritable y beligerante que puedas sin meterte en problemas gordos. Quéjate. Haz mal tu trabajo y échale la culpa a las herramientas, los medios o los demás. Pide que todas las decisiones sean revisadas, mejor por un comité o grupo, a ser posible de más de cinco personas”.

Puedes pensar que a alguien que actúe así inmediatamente le despedirían, pero no has contado con que “el enemigo” está infiltrado en todas partes y a aquellos que tienen puestos de responsabilidad se les recomienda “promocionar a los que son inútiles de por sí” y discriminar a los buenos, entre otras cosas para distraer la atención, con lo que todos los escalones de la organización quedan sumidos en una espiral de incompetencia.

Seguro que a estas alturas ya empiezas a pensar que tu empresa, tu ayuntamiento y tu sindicato o partido político están repletos de agentes secretos entrenados por la CIA… pero aún no has visto nada; falta el arma más devastadora para hundir la moral de cualquiera, el arma secreta, la más poderosa: la burocracia.

No hay nada más insufrible que el papeleo: siete de cada diez personas prefieren astillas ardiendo de bambú en las uñas y cabras lamiendo sus pies que un trámite “sencillo” con la Administración o con la compañía eléctrica; pues bien, según el OSS si quieres hacer totalmente ineficiente una organización acude al papeleo; destruye la moral del más entusiasta. El papeleo es devastador: insiste en que todos los formularios estén correctamente rellenos, exige siempre el formulario adecuado, con el sello adecuado, y que “todo se haga según los canales”, no permitas atajos, no seas flexible, sé riguroso: sé inútil.

Y como bien dice la niña de Poltergeist, “ya están aquí”.

El otro día me vi abocado a uno de esos trances que nadie en su sano juicio quiere tener que sufrir, una de esas experiencias que llevan al ser humano al límite de su resistencia, en las que se prueba nuestra capacidad de aguante ante la adversidad: tuve que hacer un trámite con la Administración.

No voy a entrar en detalles -sería una historia casi de terror, y este no es el medio- pero tras un arduo trabajo de investigación en la página web de la entidad que no voy a mencionar (da igual, todas están cortadas por el mismo patrón: están pensadas para hacer la vida imposible a cualquiera, y diseñadas con el sano objetivo de que el ciudadano se sienta un guiñapo indefenso) y conseguir todos los formularios, las autorizaciones, los sellitos y los papelitos que me pedían (todos ellos inútiles si la Administración, que lo sabe ya todo sobre mi, hiciese bien su trabajo. Los únicos buenos en esto de cotejar datos son los de Hacienda) la persona que me representaba (a veces no se puede abandonar el puesto de trabajo para acudir a la cita que has tenido que pedir con meses de antelación) casi tuvo que amenazar con hacer estallar una bomba adosada a su pecho y volar todo el maldito edificio para conseguir que le dieran un papel con un sello.

Recorrido un trecho importante del siglo XXI, cuando estamos a un paso de desarrollar la Inteligencia Artificial, las organizaciones, especialmente las monolíticas Administraciones Públicas, pero también toda empresa lo suficientemente grande, funcionan aplicando (espero que sin saberlo) los principios que otra Inteligencia, esta vez militar, diseñó para derribar organizaciones, pero está claro que los señores del OSS no eran muy buenos en su trabajo. Nada hace pensar que la Administración, compañías eléctricas, telecos y similares vayan a hundirse.

Pese a que funcionen siguiendo al pie de la letra el Manual de Sabotaje Simple.

11 comentarios

11 Respuestas a “Sabotaje simple”

  1. O'farrill dice:

    En esas estamos Raul. Si a ello le añades la inseguridad jurídica galopante con la diarrea de «medidas» de todo tipo desde la incompetencia (o desde la confusión: «si no los convences, confúndelos….») tenemos una radiografía bastante cabal del sistema del que nos orgullecemos, al que obedecemos sin chistar y que vive de nuestro trabajo. Espero que alguna vez abramos los ojos…..Un saludo.

  2. R. Estévez dice:

    Enhorabuena. Me ha parecido genial y se me ha hecho corto.
    Gracias por el enlace

  3. Sedente dice:

    Es que en realidad no hace falta nada de todo eso.
    Yo creo que el problema radica en la absoluta falta de vocación y me explico.

    De los distintos órganos de la administración, en realidad, hay pocos que contribuyan a la vocación personal para acceder a ellos.
    Los menos sospechosos de todos son los que corresponden al grupo sanitario, pero todos los demás, incluyendo incluso el educativo, son completamente sospechosos de falta vocacional, queriendo llegar a ocupar un puesto por el mero hecho de tenerlo asegurado de por vida con pagas, vacaciones y prebendas de todo tipo.
    ¿Alguien cree que una persona que ha accedido a la administración estatal en un puesto de burocracia lo hace por vocación?
    ¿Día tras día tramitando los mismos certificados absurdos, sin un futuro que proyecte su crecimiento personal hacia algo mejor? A la sopa boba. Día tras día.

    No existe ahí ningún reconocimiento o éxito que haga que la persona considere su trabajo con «valor» social. No existe el agradecimiento moral de salvar a alguien, de curarle, de instruirle. Solo es consciente de la traba continúa que él mismo ejecuta sobre los demás. El fastidio continuo del día tras día sobre él por hacerlo y sobre los que necesitan el trámite. El papelito.

    El culmen lo tenemos en el que dirige a los demás. El capitán de barco que mientras este se hunde, decide irse a tumbarse a la bartola a los mejores lugares a su disposición. En jet. Que no falte. Hay que aumentar y sostener el ego bien alto.
    El segundo de a bordo es peor todavía o quizás más sincero.
    Él consideraba llegar al gobierno como un «alcanzar los cielos». Ejemplo máximo de materialismo mental. Pobrecito.
    Pero nadie lo vio o se dio cuenta cuando lo decía.

    Ninguno de ellos quiere, en realidad, ayudar a la gente o servirles o contribuir a la buena marcha de los engranajes sociales. No tienen ni ideas, ni proyecto, ni nada de nada.
    Lo único que quieren es el poder y el dinero que la apariencia de hacer esas cosas da.

    Solo hace falta ver cómo han actuado y qué cosas han hecho para certificarlo.

    Es muy difícil lo vocacional y no dura para siempre en todos los casos.

    Saludos.

  4. pasmao dice:

    Buenas tardes Raúl

    Cuentan, «si non e vero e ben trobato», y no me detendré en verificarlo; que durante la Guerra Civil (la del 36), en las columnas que iban al frente republicano muchos camiones que llevaban la tropa se «estropeaban» y la tropa se «perdía» por el camino. Lister, profundamente cabreado con el hecho dictó que si el camión se estropeaba se fusilaba al conductor. Por lo visto la «solución» funcionó.

    No se si las eléctricas, bancos, organismos varios, se sientan tan crecidos que a pesar de los posibles intentos de sabotaje interno, vamos a presuponer que si. Pero a saber. El problema de estos sabotajes es que sólo se manifiestan por sus efectos cuando la guerra se pierde. Es imposible que haya un feedback que los realimente en base a que se corra la voz (aunque hace usted muy bien en describirlos en su post) … Sólo se que arriba a veces se enteran, cómo pasó con Lister, y aún así se pierde la guerra. Guerra que se perdió entre otras cosas porque los nacionalistas vascos y catalanes hicieron todo lo posible por sabotearla (saboteándose a si mismos, algo que debe ser un detalle básico de su hecho diferencial), como bien recordó Azaña.

    Hace poco a una marca de helados que fabrica en Cataluña (Frigo), que pertenece a una multinacional (Unilever) no se le ocurrió mejor idea que la no incluir en su cartelería en Cataluña (desconozco si también en Baleares y Valencia) el español.

    Estaba en catalán, inglés, alemán, francés.. Y comenzó una campaña de BOICOT en las redes.. campaña de la que ustedes no habrán oído hablar en ningún medio de comunicación, si se manifestó el ex de Coca Cola y de Ciudadanos (Marcos de Quinto) y se le agradece; pero que al final logró que recularan. Por cierto, el directivo que parió la «ideica» es de los del lazo.

    Desconozco el impacto en ventas, pero estoy seguro de que si hubiéramos podido conocer los registros de Nielsen desde mediados de Julio hasta ahora tendríamos una medida mas clara; y sobre todo habríamos tenido constancia del éxito del BOICOT. Y de ese conocimiento del éxito se habría incrementado el BOICOT.. estableciéndose un círculo «virtuoso» (feedback) que habría puesto a esa empresa en muy mala situación.

    La pregunta del millón es porqué es tan difícil acceder a esos datos, que se deben guardar mejor que el oro de Fort Knox ..

    Bancos, eléctricas, gasolineras, telecos… comparten algo muy especial = operan en régimen de oligopolio y dependen del BOE y de los «cariños» gubernamentales cómo agua de Mayo para sobrevivir.

    Gastan un pastizal en «publicidad». Pastizal que a priori no sería necesario, dado que operan en régimen de oligopolio, ergo ¿por qué esa «inversión» publicitaria? Pues simplemente para tener a esos medios comiendo de su mano. Y que cuando pasen cosas como las de Frigo no salgan en los medios.

    Sumen a esa publicidad la de Gobierno, Taifas, Ayuntamientos, con sus DGT, 016, AEAT, RENFE/ADIF … y lo entenderán mucho mejor.

    El problema de vocacional que comenta LIGUR es sólo una parte del problema. El problema no es la vocación, si no que no te puedan despedir. Si los pudieran despedir, aún sin la mas mínima vocación, el problema sería muy otro. En Dinamarca, por ejemplo, la mayoría de los «funcionarios» son contratados laborales, y si no funcionan a la calle. Y no pasa nada.

    En las empresas «privadas» (¿lo son realmente visto lo que dependen de decisiones gubernamentales y de cómo parasitan del presupuesto?) no se puede hacer. De ahí esa cantidad creciente de externalizaciones y prejubilaciones.

    Es curioso ver cómo las empresas privadas, privadas de verdad, y que operan en competencia de verdad, cómo Inditex (ZARA) o Mercadona, hayan establecido numerosos procesos de integración vertical (o cuasi integración vertical, vista la estrecha colaboración que tienen con muchos de sus proveedores); mientras que en las otras, las del oligopolio, ocurra lo contrario. Gastando mucho menos (en proporción a su facturación) en publicidad en medios, cuando están en mercados mucho mas competitivos y no oligopolísticos. ¿Será por eso que los apesebrados que trabajan en los medios les tienen tanta manía?

    Es curioso que también, cuando el tema vocacional pesa (cómo en medicina) y hay una cierta componente empírica (no se puede comprar a los virus con promesas electorales ni pesebres) el sistema funciona un poco mejor hasta que, arrastrado por el lastre del resto del sistema, se hunde. Que es lo que hemos visto con el COVID.

    Respecto al documento de la CIA.. se me ocurren algunas ideicas que antes, con los viejos contadores eléctricos, podrían haber dejado el sistema en bragas.. no las voy a explicitar por motivos obvios.

    Conviene también reseñar, cuando se nos insiste en que todo va bien, y que arriba se sienten muy seguros, que sitios cómo las oficinas de Hacienda parecen fortines, y que es casi imposible ver físicamente a un inspector, subinspector.. para una gestión. Lo mismo con lo demás abajo. Ídem (pero menos) con las oficinas de «Empleo» y lugares de gestión de ERTES y demás.

    Hay pánico entre los funcionarios que allí ¿trabajan?; alegan peligros de contagios (peligros a los que está expuesta una cajera de cualquier súper o gran superficie, o funcionario de sanidad, o de las fuerzas de policía o seguridad… pero que en el caso no importan, porque no en el fondo al sistema les dan igual).

    En realidad no son peligros de contagios. Si no de que el personal las tome con ellos. Y no solo las tome con ellos, si no que salga en las redes (los medios callarán) y otro personal le tome «afición».

    Y la liemos.

    O sea que mucha confianza, por mucha fachada que expongan, no hay. ¿Si no por qué esas oficinas no atienden al público?

    Yo creo que el nivel de sabotajes es creciente día a día, y al final pesará mucho mas de lo que pensamos en que esto cambie.
    Les dejo un video que les arrancará una sonrisa.

    https://www.youtube.com/watch?v=b1K31w05eW4

    Un cordial saludo

  5. Loli dice:

    De la lectura del artículo de Raúl me aterran muchas cosas.

    Pero si hay una que destaque es la forma en que unas “sencillas recomendaciones” puedan sabotear y destruir una empresa, la acción de “emprender”……un país entero…..y cómo ese mecanismo “destructivo” ha pasado a convertirse en una manera aceptada y hasta conveniente de comportamiento.

    Pienso que no son simplemente actitudes que se asumen como “picaresca” para tratar de realizar con el menor desgaste un trabajo que se considera ajeno, que no responde a ninguna expectativa de realización personal, y por eso se trata de conseguir el menor “compromiso posible” con el mismo.

    También, como apunta Raúl, se podría pensar que las propias empresas y las instituciones públicas, han puesto un gran empeño en hacer que ese sentimiento de “desapego” ante un trabajo que se está realizando, cristalice finalmente.

    Y eso desde una especie de “lavado de cerebro” generalizado que hace, entre otras cosas, que trabajos inútiles que solo ocupan gente para recaudar dinero del contribuyente y rebajar el número de las listas del paro, se conviertan en algo importantísimo que hay que realizar con todo el celo del mundo, mientras que tareas administrativas igualmente inútiles, muchas de ellas contemplando una recogida exhaustiva de datos íntimos y personales, ocupan a profesiones y profesionales
    que no tienen nada que ver con tareas administrativas, es el caso de las instituciones sanitarias y sociales, donde sin embargo, también es muy frecuente la actitud de creerse a “pies juntillas” que lo que se hace en detrimento del propio trabajo, es útil y te garantiza ser un excelente profesional, aunque en realidad el tiempo que empleas en lo que es de verdad tu tarea, sea mínimo y encima más realizada.

    Tengo la impresión de que ambos aspectos son matices del ese “Manual de Sabotaje Simple”.

    El problema es que la inercia de confundir la realización de un trabajo, con la actitud personal, la no discriminación de la situación, pensar que una cosa es el tiempo del trabajo y otro “tu propio tiempo”, nos ha llevado a un estado donde la capacidad de criterio y de libertad brilla por su ausencia.

    Nos hemos convertido en “saboteadores de nosotros mismos”.

    Es que sino no se podría entender cómo están calando unas situaciones tan restrictivas y carentes de fundamentación y contraste, en toda una población.

    No me lo puedo explicar a no ser que profundice en reflexiones como las que da pie al artículo, y vaya vislumbrando cómo hemos convertido inercias de comportamiento y dejación de la propia responsabilidad de pensar en manos de burocracias y protocolos.

    Aún así no puedo evitar la rabia y el coraje al observar que esté resultando tan sencillo….Manual Simple….

  6. Ligur dice:

    Técnicas retorcidas y mafiosas, utilizadas para castigar, poner y quitar , según las necesidades del momento.

    Conocí hace muchos años a una muchacha que trabajaba de funcionaria en un ministerio en Madrid. Habíamos quedado cerca de su trabajo para desayunar; me contó que después, se tenía que marchar a hacer la compra y a cambiar unos zapatos, luego subiría a su casa, prepararía la comida y volvería al trabajo justo antes de salir a comer. Groso modo, así eran los 4 días laborales de esa mujer a la semana, 4 descansaba y 2 “trabajaba” y como me contaba, el de muchos de sus compañeros. Ojiplático pensaba, vaya morro que se gasta el personal.

    Dudo mucho que esta gente se dedicara a tratar de sabotear el ministerio con el ánimo de reventarlo desde dentro; vivían muy bien como para cargarse la gallina de los huevos de oro.
    Creo que este tipo de trabajos ministeriales y otros gubernamentales, son de una inutilidad pasmosa; seguro que habrán gentes que no se den mus y al menos cumplen con su cometido y horario.
    Cara duras y deshonestos, por decirles algo suave, que habiendo aprobado unas oposiciones, escurren el bulto, gastando dinero del contribuyente para no hacer ni el güevo.

    Reflejo fiel, fehaciente y nítido de los gobernantes ahora y de la clase política en general.

    Gracias Pasmao por el enlace. Muy bueno
    Saludos

    1. O'farrill dice:

      Me gustaría romper una lanza a favor de los funcionarios. No todos son iguales ni actúan de la misma forma, pero todos son conscientes de lo que el sistema les impone y cada uno obra en función de sus miedos legítimos a ser relegado o su falta de escrúpulos morales para ser ascendido. En este último caso se incluyen los que «babean» literalmente ante los jefes, ríen sus chistes y hasta soportan sus bromas (algunas de muy mal gusto). No hay que excluir tampoco a los que conscientes de una supuesta autoridad administrativa, utilizan el sistema en su propio provecho. Otros, por el contrario, tienen que navegar de acuerdo con su conciencia pública de servidor de los ciudadanos, en el proceloso mar de los «compis» de distinto pelaje. Y no es fácil, ni te hace amistades (al contrario, ya que refleja a los demás), ni te asegura promociones internas ya que eres «conflictivo» y no gustas…. pero te hace descansar y dormir plácidamente sabiendo que no estas al servicio de un sistema, sino de los ciudadanos. Que las normas son ridículas y los procedimientos están pensados para desincentivar cualquier reclamación a través de una maraña de tramites.
      Es este grupo el que merece todos los respetos y el reconocimiento de todos. Es este grupo el que no le importa levantarse de su mesa para hacer una gestión interna que facilite al ciudadano tales trámites porque son conscientes de que, quien les paga, son los contribuyentes, no sus «señoritos» (como se les dice coloquialmente). Ellos han tenido que hacer oposiciones, aprenderse temas, estar formados administrativamente o en sus respectivas áreas, han pasado por las oposiciones y llevan muchos años de experiencia. Frente a ellos en cambio tenemos los cargos públicos menos preparados en todos los sentidos. Los que piensan que «política» consiste en lucir el perfil mejor en las televisiones para ser popular, el estar rodeado de aduladores y payasos (como en las cortes regias) que no tengan más cerebro que el suyo (bastante escaso) y que, ante, cualquier responsabilidad pública, esconden la cabeza como el avestruz….
      «¡Dios, que buen vasallo si oviera buen señor….!» se decía del Cid. Esto es aplicable al complejo mundo de las AA.PP. donde -lo digo por propia experiencia- todos actúan desde la ejemplaridad y autoridad reconocida de quien los dirige (no el que los manda). Es otra de las muchas reformas pendientes. Un saludo.

  7. Ligur dice:

    Saludos compañero O’farril;
    Totalmente de acuerdo contigo en la actuación funcionarial que deberían tener los mismos en el que hacer diario. Tengo varios amigos y un familiar dedicados a esos trabajos ministeriales y me han contado en más de una ocasión los trapicheos que se traen, en detrimento de los que realmente cumplen al llamado de su intención de servicio.

    He acudido a internet para saber cuantos empleados públicos hay en España (Febrero-2020). 2.595.575
    P’a que tantos …

    Un saludo

    1. O'farrill dice:

      Gracias Ligur. Creo que somos muchos los que observamos la deriva institucional que llega a extremos grotescos. Acabo de intentar dejar en el registro general de Hacienda un escrito y se me dice que… ¡tengo que pedir cita previa! ¡cita previa para dejar un papel y llevarte la copia sellada….! En mis muchísimos años en las AA.PP. había conocido algo igual. Ahora el «virus» sirve para todo como justificación de la pésima gestión institucional. La cuestión es si estamos sometidos a un experimento de «aguante» (ahora lo llaman «resilencia») como soberanía nacional de la que emanan los poderes del Estado.
      Ayer un policía me llamaba la atención en la calle por ir sin mascarilla. No me razonaba los motivos por los que era aconsejable, simplemente me amenazaba con sanción. Al indicarle que las medidas eran «siempre que no sea posible mantener la distancia de seguridad» y que un juez de lo contencioso-administrativo se había negado (con razón) a ratificarlas por ser contrarias a derechos fundamentales, insistió en la amenaza de multa (ellos saben que no pueden poner sanciones, sino denuncias que deben sustanciarse en un procedimiento administrativo instruido al efecto; por lo menos en mis tiempos). Ahora se está revelando que gran parte de las sanciones puestas por «Madrid Central» son ilegales, al haberse calificado así el proyecto, que gran parte de los radares que «sancionan» por exceso de velocidad están mal calibrados, lo que supone la ilegalidad de las sanciones…. Yo me pregunto ¿quien sanciona a los sancionadores? ¿no es una forma inconstitucional de coacción pública sobre la ciudadanía ?
      Aquí tiramos mucho de normas arbitrarias y poco de Código Penal sobre responsables públicos. Un saludo.

      1. Loli dice:

        Al parecer, según el artículo 6.2 del RD/21/2020 del 9 de Junio, exime el uso de mascarilla el «estado de necesidad»-

        Cuando llevas una mascarilla puesta todo el todo, o la mayor parte del tiempo, estás respirando de nuevo el dióxido de carbono que exhalas, y lo exhalas por algo, una mayor concentración en tu organismo de este gas, no solo provoca alteraciones pulmonares, también otras a nivel sistémico, pues su aumento de concentración en sangre altera el pH y es caldo de cultivo para otras muchas complicaciones.

        Eso, como poco.

        El sentido del olfato se resiente, y también las gustativas….la sensación de agobio y desazón aumentan, porque necesitamos exhalar e inspirar para vivir, y ello conlleva….»poder oler», para poder discriminar, poder articular bien las palabras cuando hablamos, para comunicarnos…la mascarilla no nos deja y, creo que es algo que intuimos, corremos el riesgo de perder capacidades de sentir y expresarnos si esto continua….

        La sensación de ahogo, de ansiedad, de no poder ni siquiera oler o percibir aromas….eso es «estado de necesidad», y por eso también nos agobiamos….es «antinatural».

        Y obligar a un niño a tener permanentemente puesta una mascarilla, es un atentado en toda regla contra la infancia….ahora hablan de que se debería rebajar la de edad de seis a tres años….¿lo próximo será a los bebés? ¿o al afortunado recién nacido para ver si…?.

        Por favor, ¿dónde están los pediatras, lo neumólogos, los especialistas en salud pública y comunitaria?, los hay…muchos, la gran mayoría, buenos profesionales, honestos, comprometidos con su labor…

        Estamos matando «mosquitos» a «cañonazos».

        Conozcamos al menos que las medidas impuestas a través de Decretos Leyes…tienen también sus contrapuestas…¿tendríamos que empezar a preocuparnos más y mejor de saber en qué Estado de Derecho vivimos?, quizás hemos sido demasiado perezosos para preocuparnos siquiera de cómo está organizado el sistema político donde vivimos, nos hemos limitado a «votar» cada cuatro años y a demandar más y más derechos proteccionistas…y hemos dejado a otros «la letra pequeña del día a día»…..la legislatura parlamentaria en cada vez manos menos preparadas e incapaces.

        Pero ahora sí es un problema de «salud».

        Es que creo que puede ir la vida en ello, y no precisamente, o no solamente, por la aparición de un nuevo virus en el «cosmos de microorganismos» con el que convivimos y también gracias al cual….vivimos, sino por la falta de….inteligencia, de solvencia y de reacción, de la que parece estamos haciendo gala.

        1. O'farrill dice:

          Loli: los especialistas honestos y con mayor formación están siendo sancionados por el propio colegio profesional que debía defenderlos. Y es que el poder y sus «pesebres» son muy potentes. Si pudiésemos analizar cuanto hay de apoyo social real y apoyo interesado en el resultado de las elecciones, nos daríamos cuenta de que no es la voluntad de los ciudadanos la que forma gobiernos, sino la voluntad de otros intereses con mayor influencia política y económica.
          En cuanto a la imposición con carácter general de las mascarillas, no deja de ser política de brocha gorda. Todo el mundo sabe que en Medicina no hay «enfermedades» sino enfermos. Cada caso es único y así debe ser su tratamiento. Simplemente el sentido común debería haber afinado las medidas de supuesta protección, pero antes tendríamos que conocer la identidad de los fallecidos (dejo fuera los afectados por aquello de la intimidad), sus historiales sanitarios, profesionales y sociales, así como las circunstancias que puedan al menos dejar aproximar las causas a los efectos. Lejos de ello, desde la absoluta bisoñez de nuestra clase o «casta» política, se aplican medidas genéricas que en muchos casos, tendrán sus consecuencias. Pero saben que para los «sancionadores» no las habrá.
          Un saludo.

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