Winston Churchill fue nombrado primer ministro del Reino Unido en plena Segunda Guerra Mundial, justo antes de que los ejércitos alemanes barrieran a las tropas combinadas de los franceses y los británicos. Las primeras decisiones del nuevo primer ministro fueron muy desafortunadas: subestimó el poderío del enemigo al que se enfrentaba, enviando a la derrota a la fuerza expedicionaria británica, y luego, cuando todo estaba ya perdido, y tratando de alargar inútilmente la permanencia en el conflicto de sus aliados franceses, siguió enviándoles refuerzos. Incluso después de haber tenido que evacuar a la mayor parte del ejercito inglés en Dunkerque, en una de las evacuaciones más caóticas que recuerda la historia; una operación que se vistió de épica, pero que en realidad salió bien a los aliados gracias a un elevado porcentaje de suerte y a una mezcla de desidia y cansancio por parte de sus rivales, el nuevo Primer Ministro siguió enviando soldados a Francia, sabiendo que posiblemente serían hechos prisioneros o morirían en el continente.

Posteriormente, a medida que la guerra avanzaba, se volvió a equivocar en la defensa de Grecia, en la de Creta y en casi todas las decisiones que tomó personalmente referidas a la campaña de Oriente Medio.

No obstante, aunque como estratega militar demostró ser bastante malo a lo largo de toda la contienda, si la Segunda Guerra Mundial no terminó con la evacuación del Cuerpo Expedicionario Británico del continente en Dunkerque, y los Aliados acabaron imponiéndose a las potencias del Eje, fue en gran medida gracias a la voluntad y al talento político de Churchill.

En el verano de 1940, durante la famosa Batalla de Inglaterra, gran parte de la sociedad británica, incluso de su propio ejecutivo, era partidaria del rendirse a las condiciones de Hitler. Fue la fuerza de voluntad de su primer ministro, sus discursos isabelinos y sus modos teatrales los que mantuvieron unidos a los ingleses; y fue su habilidad diplomática la que a la postre logró atraer el apoyo, primero solo en forma de suministro de material, luego con una implicación total, de los americanos.

Por eso, pese a sus sombras, no es descabellado decir que Churchill fue un magnifico líder en tiempo de guerra, que cumplió sus objetivos y evitó que su nación se rindiese ante uno de los regímenes más  malvados que ha visto la historia, para llevarla luego en la senda de la victoria.

Era un hombre capaz, y a la gente capaz se le pueden perdonar ciertas cosas. En el caso de Churchill, por ejemplo, se hacía la vista gorda al uso que hacía de los cupones diplomáticos de comida que sus amas de llaves recibían para las recepciones oficiales. En casa del Primer Ministro, él y sus huéspedes gozaban de unos privilegios y disponían de unos lujos desconocidos para los ciudadanos corrientes en tiempo de racionamiento, hasta el punto de provocar que alguno de sus invitados se escandalizase. Así, por ejemplo, el ascético primer ministro canadiense Mackenzie King estalló en cólera en una recepción ante la abundante comida servida por su anfitrión, ya que esta infringía las normas de racionamiento que el mismo Churchill había impuesto.

He empezado con este ejemplo para ilustrar como, en una crisis de verdadera supervivencia de la civilización, una simple comilona puede dañar enormemente la imagen de un magnifico líder, y como, aunque no se pueden comparar sus comilonas en tiempos de escasez -que se tenga constancia, a diferencia de otros Churchill nunca metió la mano en la Caja- con los sátrapas cutres y casposos que han dejado Caja Madrid en los huesos, a Churchill únicamente se le perdonaba, porque incluso sus rivales políticos reconocían que era el líder que su nación necesitaba en ese momento: hacia bien su trabajo. Para justificar el lamentable comportamiento de los gestores y consejeros de las Cajas de Ahorros ni siquiera se puede decir tal cosa.

Si los gestores de Bankia no me estuviesen obligando en estos momentos a abonar parte de los más de 20.000 millones de euros que nos está costando a todos los españoles pagar sus errores,  es posible que no me indignase tanto que el señor Rato utilizara una de las famosas tarjetas de crédito ilimitado para pagar clubs a las cuatro de la tarde de un día cualquiera, o para sacar dinero en efectivo.

Si Bankia hubiese estado bien gestionada, a lo mejor hubiésemos dejado pasar que políticos de todo signo, sindicalistas y gestorcillos con amigos hubiesen seguido cobrando sueldos millonarios a costa de sus clientes, o de recortar en la famosa Obra Social que justificaba la existencia de las Cajas de Ahorros.

Pero yo no diría que los que llevan a la ruina a una de las entidades más grandes de un país la están gestionando bien: hundieron una entidad pública, una de las grandes, una de las que, por pura inercia, es difícil de hundir. No es que no fueran buenos: es que eran muy malos.

Y lo que de verdad me impacta del caso de las tarjetas opacas de Caja Madrid es que, pese a nuestra indignación, aceptábamos que no se hiciera nada con estos señores que nos habían hecho perder a todos más de 22.500 millones de euros (solo para hacernos una idea del orden de magnitud: se suele poner como ejemplo de “grandes números” que en un cerebro humano puede haber unos 100.000 millones de neuronas, incluso en el de un señor tan poco capacitado como Blesa…).

Se iban a ir de rositas: el señor Rato, después de una gestión llena de irregularidades y de la sospechosa salida a Bolsa, después de amañar las cuentas de Bankia con la inestimable ayuda del auditor, se estaba yendo de rositas. El señor Blesa, cuya responsabilidad en la debacle es aún mayor, después de dinamitar la entidad, se había ido a su casa con una indemnización mayor que la de Mourinno. O los otros muchos responsables de que, cuando en 2007 todo el mundo ya sabía que el problema financiero de España se llamaba Caja Madrid miraban para otro lado hablando de “fusiones frías”.

Y lo que va a hacer que se acabe la carrera de estos señores, lo que puede hacer que terminen en prisión, no es el haber hundido una entidad por dejadez, ignorancia o simple incapacidad. Tampoco va a ser el haberla utilizado como si fuese su feudo, ni los sueldos millonarios con los que sobornaban  a los miembros del consejo de administración o a los encargados de vigilarles (por cierto, no se puede sobornar a un hombre honrado…): va a ser la inmoralidad de lo que se gastaban en clubs, vinos, cacerías y lencería.

A Al Capone no le encarcelaron por sus muchos crímenes de sangre, sino por evadir impuestos, pero no deja de ser revelador que lo que puede hacer que estos señores pisen la cárcel vaya a ser una minucia de 15,5 millones de euros. Es cierto que el escándalo de las tarjetas es la gota que colma el vaso y que, desde un punto de vista psicológico y sociológico, tiene un gran impacto en la sociedad como símbolo de insolidaridad y de falta de referentes éticos por parte de una clase dirigente que no se ha ganado ninguno de esos privilegios, pero algo falla en un sistema que antes les ha permitido que “quemen” 22.500 millones sin exigir responsabilidades o que hubiera consecuencias.

11 comentarios

11 Respuestas a “TARJETAS BLACK”

  1. José Maria Bravo dice:

    Muy estimado, Raul Pérez Ponce. Buen artículo, bien articulado y valiente.

    Lo doloroso es que aún hay gente que justifica esto y dice y tú más. Es que ese más del tu, somos nosotros mismos. Porque, quizás, si tuviéramos la oportunidad, haríamos lo mismo. En este Sistema estamos. Somos tristemente los soldados heridos en guerra que aún defendemos lo indecente, lo insolidario, lo imposible eticamente. Por ideología, por inercia.

  2. Paco Díaz dice:

    Parece bastante claro a estas alturas que Bankia ha estado muy mal gestionada y que sus gestores han cometido numerosos errores.
    Conviene no obstante mantener la perspectiva. Las famosas tarjetas opacas han sido el hecho que más escándalo ha provocado en una ciudadanía harta de que le apliquen recortes y ver que otros “se lo llevan crudo” especialmente cuando esos otros son los responsables de una caja de ahorros que tenemos que rescatar con el dinero de todos por la mala gestión de esos que han abusado de sus prebendas.
    Las tarjetas opacas no son sin embargo el mayor error que se ha cometido. Mucho peor (y de mayor impacto económico) ha sido la desastrosa política de inversión inmobiliaria, las inversiones que no obedecían a una lógica y prudencia económica sino a intereses políticos, el abuso consciente de las preferentes, la fusión (¿obligada?) de Caja Madrid con una entidad que estaba peor que ella, etc
    Me parece exagerada la frase de “el problema financiero de España se llamaba Caja Madrid”. Es cierto que ha sido un problema muy relevante pero desgraciadamente no el más importante para las finanzas de este país (el exceso de gasto público por las alegrías de los años de crecimiento ha tenido una relevancia mucho mayor). Tampoco ha sido Bankia el único “malo de la película” entre las cajas de ahorro como a veces se quiere dejar ver.
    Por otro lado es responsabilidad de la clase política en general el haber desarrollado y mantenido desde hace muchos años un sistema de gobierno en las cajas de ahorro en el que el poder se repartía entre los partidos políticos gobernantes, sindicatos y empresarios. Esto ha provocado que la gestión de las cajas no siguiera criterios profesionales sino de favoritismo político, teniendo convenientemente acallados a los representantes de esas instituciones con herramientas con las mencionadas tarjetas opacas.
    Hay una frase que dice que el poder total corrompe totalmente. Hay mucho de cierto en ello a la luz de lo que vemos continuamente en la prensa y de lo que vemos en otros países en los que la libertad de pensamiento y de prensa está muy limitada en la práctica. Me gusta el modelo norteamericano, que inspiró a los fundadores de esa nación, basado en el equilibrio de contrapoderes. La mejor garantía para evitar abusos de poder es no dárselo de forma total a ninguna persona ni institución, siempre debe haber un contrapoder que tenga capacidad, tanto técnica como práctica, para vigilar a esa persona o institución y poner límites a ese poder.
    Esto se aplica en todos los ámbitos de la vida pública: desde los poderes del estado como a la prensa, las asociaciones culturales, las escuelas, etc
    Relacionado con esto es interesante la lectura del libro “Por qué fracasan los países” de D.Acemoglu y J.A.Robinson en el que hace una comparación a lo largo de la historia de aquellos países que han tenido éxito económico y cultural frente a aquellos que han fracasado. Simplificando mucho la tesis de los autores es que para que un país triunfe es necesario que se den dos cosas simultáneamente: que exista un estado suficientemente centralizado y que haya un régimen de libertades y contrapoderes.
    Lectura interesante, la recomiendo.

    1. José Maria Bravo dice:

      Buenos días Paco. Es difícil que haya más centralismo politico que en epocas de mayorias absoluta y de gobernanza de casi todas las Comunidades Autónomas.

      Cabria decir que Estados Unidos es un país de corte federal en el que cada Estado tiene una buena parcela de autonomía y sus respectivos organos de poder administrativo.

      Es muy importante recordar que en nuestra Constitucion se consagran los contrapoderes. La Constitucion es una ley unitaria.

      En España existen controles. En el caso que mencionas es el Banco de España.

      En primer comentario señalaba que siempre existia “el tu más” para minimizar todos los casos de flagrante corrupción. Lo de Bankia expresa la mala gestión de una personalidad de gran peso político y que ocupo cargos como Director del FMI, para llegar ahí conto

  3. José Maria Bravo dice:

    Paco, se me corto el final del comentario que decía:
    Rodrigo Rato conto con el apoyo de la Élite gobernante. El problema es de política. De ese manejo de la política por las élites. Como dice el libro que los autores que tu mencionas. Que ha tenido mucho impacto en América Latina. No tiene nada que ver con centralizar. Quizás todo lo contario. El problema es la Élite.

  4. Colapso2015 dice:

    Lo gordo* en olvidada cordura, las tarjetas black es envidia popular,…,

    *: paso de 213 millardos a 517 millardos deuda externa pública (socializando privada), los más 500 millardos de deuda pública en poco más de dos años del Sr. Rajoy, los seguramente más de 40 millardos dilapidados anualmente en corrupción directa de baja alcurnia, los no estimables costos indirectos producidos por la corrupción, etc.

  5. David Bayón dice:

    A mí me parece que no es, solamente, un problema de política. Efectivamente, como escribía David Gistau, al final, siempre es por una cuestión de estética por la que los españoles nos acabamos escandalizando. ¿Quién no recuerda el cuadro de Miró en el cuarto de baño de Roca cuando el Fondo de Reptiles? En España existe un género literario que es único en el mundo que se llama La Picaresca y que refleja un tipo de sociedad. Así somos en España, TODOS, y no solamente los políticos. Si nuestro comportamiento fuera más cívico, nos indignaríamos por cada uno de los casos de corrupción que salen y no sólo porque salen en época de crisis. Hay que recordar que Felipe González, que ha presidido los gobiernos más corruptos de nuestra democracia, fue reelegido tres veces. Y cuando perdió en 1996, lo hizo por la mínima. Igualmente, no nos escandalizamos cuando ZP dijo aquello de que hoy estamos mejor que hace un año respecto al terrorismo y al día siguiente ETA voló la T-4 y asesinó a dos personas. ¿Acaso no es motivo para exigir la dimisión del encargado de protegernos? Tampoco pasó nada con el traidor y vil chivatazo de El Faisán (sólo en España se permite a un personaje tan siniestro como RuGALcaba prolongar su carrera política más de treinta años).
    Hace poco leí un artículo titulado: ´Tú también hubieras utilizado las tarjetas black y lo sabes.” Te puedes imaginar el contenido. Pensemos en cuantas veces no hemos tratado de burlar la ley: hacernos con una casa de protección oficial siendo propietario de otra, pagar o cobrar en B, etc…
    Lo más chocante es observar la reacción de los españoles ante los abusos de los políticos. Aún cuando estos han demostrado una y otra vez ser indignos de nuestra confianza, ahora, cuando más hartos estamos, optamos por opciones políticas que piden más poder para el Estado, y por tanto, más poder para los políticos. Como decía Ortega Lara hace poco: «¿Y a éstos es a quienes muchos españoles van a otorgar su confianza para regenerar el sistema democrático?» en referencia a un video que equipara al PP con ETA. ´
    Se trata de quitarles, no darles más poder a los políticos. Se trata de que manejen menos dinero, no más (como ha quedado demostrado en Caja Madrid). Y sobre todo, se trata de que abandonemos esa mentalidad infantil de que tiene que ser el Estado y los políticos quien nos solucione todos los problemas. Yo me conformo con que no me cree más de los que ya tengo. Los míos me los puedo resolver yo solito. Por eso, cuando un político hace campaña diciendo que me va a hacer feliz, pienso que es para salir corriendo.

    1. Mario Modugno dice:

      Totalmente de acuerdo, la clase política no es mas que el reflejo de nuestra sociedad.
      Lo que se debería hacer es crear mecanismos que evitaran en lo posible la corrupción, pero “quis custodiet ipsos custodes”.

  6. Mena dice:

    De acuerdo con que es la gota que colma el vaso, pero vivimos en una sociedad en la que el tiempo todo lo cura, y la memoria se pierde …o mejor dicho hacen que se te pierda..entre los medios de comunicacion manipulados por los que manejan los hilos de la politica.el y tu mas y el tu lo hiciste primero, corrompen la moralidad de la sociedad.
    Lamentablemente los casos de corrupción surgen y surgirán para tapar los anteriores como indica David …y la solucion no es dar mas poder a otros sino tratar de regular el poder e impedir que unos pocos hagan lo que les venga en gana, como y cua do quieran.
    Esta claro que las cosas tienen que cambiar pero se necesita un acuerdo de todos ciudadanos y políticos. ..el tiempo lo dirá.
    Solo nos mueven los escándalos presentes, los pasados se pierden…
    ya nadie habla del ebola y de las vacunas tan necesarias para el continente africano….ya se mira al presente…algo falla.

  7. Loli dice:

    Es verdad que una sociedad sometida al manejo de los medios de comunicación, y fácilmente influenciable en cuanto a qué temas son importantes, actuales, y cuáles no y por lo tanto fácilmente olvidables, es un sociedad con serias dificultades para resolver, en profundidad, sus problemas.

    Y, es , entre otras cosas, porque, creo, que precisamente esa sociedad, en la que me incluyo, claro, a lo mejor no está realmente dispuesta a eso mismo…, a profundizar, a empezar a crecer y adquirir responsabilidad, a madurar..

    Per si encima tenemos el añadido de no querer asumir que nos encontramos en ese estado…pues, además de memoria frágil, cualquier discurso que nos engorde un “ego” facilón y dispuesto a ello, nos envuelve y entusiasma.

    Hoy por hoy, reconocer que somos un pueblo con posibilidades, sí, pero con una fuerte necesidad de cultivo de esas posibilidades, de conocimiento, reflexión, responsabilidad social..con una fuerte necesidad de tener menos necesidades y de estar menos custodiados…reconocer una serie de elementos como esos, quizás podría ser un paso indispensable para dejar de estar tan sometidos…y fácilmente amedrentables.

    Pero hay que quererlo.

  8. Jerôme dice:

    El problema, es cierto que no está sólo en los políticos, en los golfos, como diría Reverte, también está en los 100.000 gilipollas que dice que tocan a cada golfo.
    El gilipollas patrio es algo indolente, creo que es el clima y el grupo, pero tiene derecho a que es administrador de fincas le lleve el país sin complicarle la vida con juntas extraordinarias y sin robarle.
    Ahora ocurre que como se han pasado robando y malversando se va a poner un vecino de administrador. El resultado, a riesgo de equivocarme como cualquier experto economista o politólogo, será más control, más centralización y acometer todas las obras de la comunidad que llevaban tiempo pendientes.
    Con un poco de suerte ganaremos una justicia independiente (que vendrá bien a todos) y un menor feudalismo político (que reducirá el egoismo, el egocentrismo y el egolatrismo).
    Y a todo ello habrán contribuido las tarjetas black, el hundimiento del sistema de cajas y el hartazgo de los indolentes y gilipollas ciudadanos, que a pesar del clima y del grupo, han apagado sus teles y han dejado la caña a medias en el bar para decir “esto se ha acabao”.
    Y si “escarrila”… que “escarrile”.

  9. Loli dice:

    Una riquísima tradición artística y cultural, forma parte del sustrato de esta Península, tradición reciente y ancestral….mucha, aún probablemente por descubrir.

    Miremos por donde miremos a esos pueblos europeos más castigados por políticas de austeridad y donde ….. la corrupción de la clase política hace más daño y parece cebarse, son pueblos de importantes y antiquísimas civilizaciones que formaron esta vieja Europa.

    Una Europa que lleva tiempo persiguiendo el sueño de su Unión…hasta ahora bastante precaria.

    Tan simplón es insinuar que el clima es el que propicia una “indolencia intelectual”, como no plantearse cómo solventar una dejación de implicación en la “polis” de sus habitantes (dejación a lo mejor muy trabajada e inducida por intereses en esconder o ningunear la importancia histórica de esos pueblos, curiosamente, muchos de ellos, establecidos alrededor de mares como el Mediterráneo, y arropados por un clima….que, en su momento, fue envidiado por pueblos más norteños, más belicosos, menos “civilizados”…que tomaron al asalto las ricas y amables tierras que ese clima propiciaba).

    Se trataría de preguntarnos cómo hemos llegado a esta situación, pero no desde el insulto, la agresividad, o el exabrupto, del que no tiene argumentos, sino con aspiraciones de salir de una vez por todas de ese letargo con interés por conocer y asumir responsabilidades.

    Como no creo, de verdad que seamos pueblos “gilipollas”, o al menos, no es esa nuestra vocación, a lo mejor, solo hay que ponerse a ello, intentarlo, aunque sea poco a poco, a nivel personal…e igual nos sorprendemos a nosotros mismos.

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