Si hay algo que llama la atención de los siglos XX y XXI es la proliferación inconmensurable de discursos para no decir nada. Miles y miles de volúmenes escritos atestan los estantes de las bibliotecas dando valor a los temas que plantean. Cuanto más atiborrado está un estante, más importante es el tema en cuestión. En esto, el nacionalismo se lleva la palma. Parece como si uno pudiese estar hablando del nacionalismo toda la vida sin agotarse. Y, sin embargo, muy mal lo tendría que hacer para no dejar zanjado el tema en tres páginas.

El nacionalismo es un tema que concierne especialmente a tres tipos de investigadores: geógrafos, folcloristas e historiadores de los movimientos sociales del s. XIX. Ninguno de los cuales es, por cierto, invitado a un debate que interesa mantener abierto.

Desde el punto de vista geográfico el nacionalismo es sencillamente imposible. No solo porque el nacionalismo se base en fronteras administrativas intangibles que solo muy de vez en cuando coinciden con fronteras físicas o accidentes geográficos, sino porque los geógrafos mismos saben que estos mismos accidentes tienen unas fronteras absolutamente difusas y además variables. Saben que, a menudo, los accidentes geográficos antes unen que separan y que, por lo tanto, establecer fronteras rígidas en base a ellos solo tiene utilidad desde un punto de vista político. Que España termine a este lado de los Pirineos y no al otro, por ejemplo, es una convención política estúpida y circunstancial, ideada en un despacho. Que el territorio de los Masai en Kenia termine aquí o allá en el lago Victoria es una convención de salón, una decisión tomada en los despachos a miles y miles de kilómetros de los interesados. A priori, esto no requiere mayor discusión.

Desde el punto de vista del folclore y de los llamados estudios culturales estas fronteras son aún mucho más difusas. Aquí sí que no tienen nada que hacer quienes vengan en busca de argumentos en favor del nacionalismo. Puede que la sardana sea un baile típico catalán y que la jota un cante aragonés, pero nos sorprendería la facilidad con que un buen folclorista desarmaría fácilmente nuestros argumentos con dos o tres sencillos ejemplos, que además nos cantaría y nos bailaría en el momento, demostrándonos que ambos hunden sus antiquísimas raíces en los tiempos en que no había fronteras y aún no había casi ni personas. De la misma forma, existen multitud de tradiciones culturales y formas de vida, condicionadas entre otras cosas por la necesaria adaptación a un clima o a una determinada geografía, que se empeñan en unir más que en separar regiones a veces muy distanciadas unas de otras. Por ejemplo, es sabido que las poblaciones que dan a la costa atlántica europea, comparten todas, incluso genéticamente, una serie de afinidades que no tienen con otros territorios de los que, sin embargo, forman parte administrativamente; o se sabe que históricamente las poblaciones que se asentaron en las desembocaduras de los grandes ríos tienen todas una serie de características culturales comunes, como la forma de construir las casas, los tipos de barcos, los adornos, o incluso muchas de las palabras y fonemas que componen su lenguaje, características que no comparten con otras ciudades de su entorno; o se sabe que las ciudades del Mediterráneo tienen más en común entre sí, por alejadas que estén, que con cualquier otra ciudad del interior de sus respectivos países.

Pero lo más importante es que estas afinidades van formando geometrías que se van superponiendo unas a otras, capa tras capa, a cada paso de la historia de tal forma que todo acaba estando inextricablemente unido.  Las poblaciones que en un momento histórico estuvieron unidas, en otro dejan de estarlo y se unen a otras formando geometrías distintas. Pero no por ello dejan de estar influidas por aquella primera geometría, ni deja ésta de influir en la nueva, ni la nueva en ella. Esta superposición de tradiciones se conoce como mestizaje y el mestizaje, tanto cultural como étnico, hace que sea imposible a todos los niveles hablar de nacionalismo en este sentido.

El nacionalismo carece, por tanto, para ambas disciplinas de fundamento. Tampoco histórica o antropológicamente tiene sentido hablar de nacionalismo hasta el s. XIX. Hasta la Revolución francesa, por ejemplo, la mayoría de la gente apenas había salido de su pueblo, no tenían por tanto consciencia del “territorio nacional”, ni del “territorio nacional” de los otros. Solo la difusión de las escuelas normales permitió inculcar a las buenas gentes un cierto sentido de lo que era exactamente la patria y por qué había que defenderla. Si esto es así, como parece, ¿por qué se mantiene abierto el debate en torno a este tema?

Esa pregunta nos lleva al tercer punto, los investigadores de los movimientos sociales del s. XIX. Según Bakunin, que los conoció bien y los describió mejor, el nacionalismo es una manipulación que el capital lleva a cabo sobre el sentimiento patrio de las masas para que estas defiendan los intereses y la existencia misma de un Estado; Estado que a su vez velará por los intereses del capital en cada región:

“La burguesía, como el capital, no tiene patria. Su patria está allí donde el capital le reporte mayores beneficios (…) Y sin embargo la burguesía tiene necesidad de la patria política, del Estado, para garantizar sus intereses exclusivos contra las exigencias tan legítimas y cada vez más amenazadoras del proletariado. Está, pues, cogida en contradicción flagrante. Habla mucho del patriotismo cuando se dirige al proletariado, porque únicamente desde ese punto de vista puede recomendarle el culto al Estado”.

En la época en que escribía esto, hacia 1850, el proletariado estaba organizándose eficazmente sin tener en cuenta fronteras. Se estaba conformando como un verdadero poder, un poder, además, que clamaba por la abolición del Estado. Esto había que desmontarlo. El nacionalismo parece ser que fue la respuesta que el capital dio a esta amenaza. El nacionalismo impulsado por la guerra, o la guerra y el nacionalismo impulsados por el capital acabaron con la Asociación Internacional de Trabajadores. Las dos federaciones más fuertes, la francesa y la alemana se vieron en la tesitura de tener que enfrentarse una contra la otra en la guerra franco-prusiana, en 1870. ¿Lucharían unos trabajadores contra otros? ¿Mantendría la AIT su unidad al respecto de esta guerra?

La respuesta es no. La AIT, como se preveía, se escindió. Mientras unos se posicionaban a favor de aprovechar la guerra para emprender un levantamiento general de trabajadores, en ambos países, otros apoyaron abierta o subrepticiamente a sus respectivos partidos nacionales, tendencia que se agudizó en adelante, siendo el movimiento obrero incapaz de impedir la I Guerra Mundial, fracaso que se ha considerado, con razón, como el fin del movimiento obrero internacional. Pero fue un fracaso sabiamente inducido y en esto la federación alemana, con Marx a la cabeza, pero trabajando y recibiendo ayuda económica desde Londres, tendría mucho que decir. No en vano fue el nacional-socialismo alemán el culmen de todo nacionalismo apenas cincuenta años después.

Nacionalismo y Estado van de la mano, por eso el Estado español no quiere entrar mucho a desmentir el nacionalismo catalán, ¿cómo podría un Estado nacionalista, venir a enmendar la plana a otro estado nacionalista? ¿Con qué argumentos?

El sentimiento nacionalista existe, existe la nación, es decir, uno tiene unos vínculos reales con el lugar donde ha nacido; y existe desde luego el ego, desde donde cada cual construye como puede su identidad y su personalidad. Una y otra cosa existen y son sensibles y mueven emociones, están vivas. Pero de la misma forma que no es razón hacer del ego egoísmo, tampoco es razón hacer de la nación nacionalismo. Si nosotros somos los primeros egoístas, somos los primeros en competir por los recursos como lobos hambrientos, somos los primeros en temer por nuestra supervivencia aún sumergidos en la más delirante de las superabundancias, entonces el Estado será nacionalista siempre; si, en cambio, somos nosotros los primeros en no reconocer nuestros propios límites y fronteras, en no querer competir unos con otros porque tenemos ya la certeza de que existen, para la mayoría de nosotros, recursos suficientes como para no tener que estar todo el santo día preocupándonos por nuestra supervivencia, como hacían las sociedades recolectoras del pasado. Entonces no solo el nacionalismo, sino el Estado tal y como lo conocemos hoy tiene sus días contados, porque en definitiva, es ese miedo quien pone fronteras.

12 comentarios

12 Respuestas a “EL NACIONALISMO VENDE”

  1. José Maria Bravo dice:

    Muy interesante artículo que enfoca, sin aristas políticas partidistas, la visión del visión del Nacionalismo.

    No hay fronteras en la vision de un vuelo a-historicista. Quizás hay dialectos, oraciones, danzas, ilusiones. Pero no hay ancestros unicos, hay viajeros impenitentes en la era de los tiempos. Quien marca las fronteras? .

  2. duende dice:

    Leer tu articulo una vez mas ha sido un baño de aprendizaje para mi, articulos como este que no tienen demasiados giros de pensamiento estan a mi alcance.

    Efectivamente existen en el folklore claros ejemplos.La gaita tiene réplicas en toda la peninsula, en toda Europa, en todo el mundo.

    Ese instrumento tan sencillo demuestra que el ser humano comenzo a interpretar musica universal con los mismos medios y materiales.

    Un simple ejemplo para confirmar que como bien comentais las fronteras no son ni mas ni menos que carceles que aseguran el poder economico de unos pocos.

  3. Carlos Peiró Ripoll dice:

    El concepto de frontera no deja de ser algo fundamentalmente subjetivo, y por tanto sostenible por la acción humana. Los nacionalismos, internos o externos de las naciones, se nutren de estos conceptos tejiendo con ello las banderas con las que enarbolar sus reivindicaciones. Su punto débil no pasa desapercibido a los observadores perspicaces, pues siempre y en todo momento apoyan su reafirmación en términos de tiempo pasado. Episodios, confrontaciones, afrentas, desencuentros y felonías, jalonan los escalones nutrientes de esta virtualidad. Todo el andamiaje se viene estrepitosamente abajo en cuanto hay que plantear la cuestión en términos de futuro, por la evidente imposibilidad de acceder a mayores cuotas de libertad exterior e interior, en una corriente que cursa imparable hacia esa dirección.

    Las variantes que existen al respecto del concepto de nación, hacen referencia a los «argumentos» esgrimidos para reafirmar las fronteras. Unos apelarán a factores geográficos, otros a aspectos étnicos o convivenciales, otros a los históricos, y así podríamos ir desentrañando uno y otros.

    Respecto al individuo, por hacer un paralelismo, sucede algo muy similar. Es comúnmente aceptado para cada uno que su identidad corresponde a lo que hay de nuestra piel hacia dentro, y que la potestad sobre ello corresponde a cada uno, cuando en realidad estamos globalmente influidos y hasta determinados desde la más tierna infancia, por ideas, formas, valores y emociones, cuyos efectos acaban por identificarnos con unos u otros individuos de nuestro entorno. Es decir, aparentemente uno está dentro de su cuerpo, pero en realidad las fronteras son «instaladas» desde el exterior por variables eduacionales y sociales.

    El reto de este nuevo siglo está en no permitir que los viejos poderes con las caretas que ahora son difícilmente identificables, sigan haciendo girar el debate sobre las fronteras nacionales, transnacionales e intranacionales, haciendo más complicado romper con las barreras que realmente nos están determinando como son los fronteras mentales.

    Es la cultura, desglosada en ciencia, arte, educación y emoción, el espacio en el que llevar a cabo las acciones, sobre las que trabajar con amplias perspectivas y largos plazos, sobre las fronteras que limitan el basto, insondable, misterioso y generalmente desconocido espacio mental de los individuos, que nos identifica como especie única.

    1. Jose Maria Bravo dice:

      Interesantisima reflexion, Carlos Peiro. Es un amplio y profundo toque de atencion a nuestra Voluntad, a nuestra transformacion.

      Ayer encontraba, en la web de Aventura del Pensamiento, un escrito de Eduardo Perez de Carrera que decia:»No olvideis que el miedo tuerce la memoria que determina la voluntad para seguir naciendo». Ese miedo a perder nuestra identidad nos paraliza y nos hace defendernos con ideologias y con armas.

      Pero otro problema grave, Carlos, es que se esta utilizando, propagandisticamente, dos conceptos esenciales para la transformacion: Libertad e Igualdad.

      La libertad, tenemos que aqui ponerle minuscula, porque se usa para la comercializacion. Por ejemplo los tratados de libre comercio. En donde las grandes potencias arrasan a los pequenyos productores. En donde las ventajas estructurales son abusivas.

      La igualdad, aqui tambien con minuscula, se utiliza para masificar, para desconocer el sagrado misterio de cada Ser Humano, para clasificar a los hombres. Y, para sacar ventaja de la desigualdad estructural de las condiciones sociales. Para competir, para desalojar la Virtud y comercializar la condicion humana.

  4. Goyo dice:

    Hoy, más que nunca, se habla mucho de mundialización, globalización… Pero da la impresión que eso sólo fuera la entelequia surgida desde un cuarto de tres metros de largo, por tres de ancho y por tres de alto, en virtualidad de tres D, frete a una pantalla en comunicación on-line.
    Lo cierto es que el proceso histórico de internacionalización quedó abortado, como bien se alude en el artículo, con la primera guerra mundial. En Europa esa etapa de internacionalización quedo sin concluir, rota , quebrada y con desenlace de frustración, dolor, muerte, y miedo.
    La internalización es una etapa importante no solamente por lo que a la renovación de concepción de estado se refiere, sino también por lo que deriva en las formas de vida da del ciudadano para no quedar encerrados en el subjetivismo egoísta e individualizador del llamado “Estado de bien-estar”…
    Es cierto que hoy casi todo el mundo se siente muy internacional pues el que más y el que menos viaja y habla inglés, y navega por las redes de internet …. Pero uno se pregunta si acaso este proceder, masivamente seguido y propagado, no será otro modo de continuar negándonos el encuentro en el acto de internalización.
    Hoy por hoy el hombre sigue atrapado en fronteras aún más duras y difíciles de descubrir que las geográficas. Hemos establecido fronteras de edades, fronteras de pensamientos, y fronteras de sentimientos conduciéndolos con banales emociones. Y nos parece “políticamente correcto” agrupar relaciones de niños con niños , adolescentes con adolescentes, jóvenes con jóvenes, .. trabajadores con trabajadores, parados con parados.., y viejos con viejo. Fronteras de grupos, fronteras de tribus urbanas… Fronteras entre pupitre y pupitre desde la más tierna edad para esconder y proteger absurdos resultados, obtenidos en estúpidos y competitivos exámenes propuestos por Estados que obligan a estudiar cuándo, cómo y lo que ellos dicen.
    A pesar de todo, el sueño del hombre de internacionalizar sus relaciones está próximo y es alcanzable, aunque hoy no sepamos muy bien dónde lo escondemos y qué fronteras lo separan.

  5. Manu Oquendo dice:

    El nacionalismo es un asunto que académicamente estudian los historiadores, los sociólogos, los politólogos y algunos psicólogos pero que nos afecta a todos aunque no le prestemos atención o lo hagamos esporádica y superficialmente.

    En esto, como en toda la esfera de acción política, estamos observando el resultado de delegar en partidos políticos sin que exista un Espacio Público Ciudadano que no haya sido capturado por las cúpulas partidarias y sus aliados.
    No hablo sólo del rampante Saqueo y Corrupción sin fin, sino de muchos de los graves males personales y sociales que están reventando en esta crisis.

    En España, especialmente a partir de los años 70 –con los primeros abandonos de ETA-Político Militar y el ascenso de estas ideologías al poder político regional–, hay una eclosión intelectual y de publicaciones que, creo, es de gran calidad.
    Arrancando desde nombres como el ruso Koiré, Gellner, Kedouri o el mismo Stalin que fue uno de los personajes que más ha escrito sobre el asunto.

    Casi toda nuestra mejor producción intelectual viene de personas que se alejan del sentimiento nacionalista exacerbado y que lo han vivido muy de cerca.

    También hay jóvenes españoles que escriben sobre el asunto.
    Por ejemplo Gaizka Fernández Soldevilla–Bilbao 1981– que junto a grandes veteranos como Joseba Arregui, Jon Juaristi (un poco nuestro Umberto Eco en su faceta de semiólogo y muchas otras cosas), crean una base intelectual de altísimo nivel global.
    Todos con cabezas muy bien armadas y conociendo el percal desde dentro.

    Los cito porque este asunto merece ser estudiado cuidadosamente. No es banal ni pasajero, es peligroso y es necesario entender sus causas porque no toda la culpa es suya, de «Ellos». Del «otro».
    El «Otro», por cierto, es un concepto esencial del ethos nacionalista.
    La diferenciación de nuestros semejantes en un «ellos» y un «nosotros» siempre falso pero reconfortante.

    Como dice Taíd, es una ideología que florece hoy e importa entender por qué.

    Para ello es necesario comenzar por su aporte psicológico primario como refuerzo de nuestras pulsiones elementales por la seguridad, contra el miedo, como refuerzo de autoestimas dañados, etc. Eric Fromm y el recientemente fallecido Alfredo Tamayo Ayestarán señalan el rasgo predominante de un Narcisismo Patológico como esencial en la psique nacionalista.

    Al tiempo no hemos de olvidar que gran parte de la actividad política –de cualquier signo–se basa, esencialmente, en la apelación subliminal a los mismos motores instintivos.

    Como tiene innumerables ángulos y no hay tanto espacio voy ir terminando recordando que….

    En su origen el nacionalismo como ideología nace en la Ilustración.
    A la muerte de las Monarquías Hereditarias el nuevo poder emergente, la Burguesía, necesita desarrollar los vínculos emocionales sin los cuales el poder es francamente difícil o imposible de ejercer.

    Nace así el Nacionalismo, de la mano de las principales mentes del tiempo (Vico, Herder, Fichte, Hegel, etc) como una forma de dominio a través de las emociones primarias que van reforzando vínculos afectivos de pertenencia a conceptos míticos que son formas de dominio nuevas en la historia.

    Esta forma de manipulación y «posesión» emocional –a la que en absoluto fue ajeno el Romanticismo– fue esencial para que surgieran cosas como el concepto de Patria y una de sus secuelas: el servicio militar obligatorio (que da a Napoleón su ventaja inicial) y explica la carnicería de millones de sumisos de la primera y segunda guerra mundial, o la guerra civil americana, o una parte de la nuestra, etc.

    Por otra parte y para profundizar en el análisis que del fenómeno hace el marxismo académico moderno, quisiera recordar otra perspectiva de naturaleza más teórica expresada muy bien por un coautor de Wallerstein en el prólogo de un libro conjunto escrito en 1991: “Race, Nation, Class: Ambiguous Identities” Étienne Balibar & Immanuel Wallerstein. Editorial Verso.

    Como es sabido una de las consecuencias de las hipótesis de Wallerstein (el mundo como sistema, etc) es que la división del trabajo en el modelo capitalista no es la base de los antagonismos –estables– que estructuran las sociedades modernas —como pretendía el Marxismo clásico– sino el núcleo duro de la destrucción de vínculos no aparentemente económicos pero muy importantes. Es la esfera emocional comunitaria.

    En este proceso lo que estaríamos presenciando es un intento –desorientado en parte– de destrucción de los mecanismos que amenazan las relaciones de poder y las condiciones de existencia social en comunidades y élites especialmente sensibles a ello.

    Por tanto esta tensión sería una gran amenaza que perciben de inmediato las Ideologías Nacionalistas y explicaría que sean parte activa en la destrucción de vínculos históricos en sus Estados Nación porque han dejado de protegerles eficazmente.

    Para discernir lo que está sucediendo también habría que considerar ambas cuestiones así como el hecho de que la crisis del vigente Paradigma podría en si misma ser fruto del sistema de relaciones que el “World_System” impone sin consenso ni “mutualización” de las Externalidades que crea.

    No es tema de pasar por alto. Hay que dedicarle algo de tiempo.

    Por eso siempre es de gradecer el esfuerzo de escribir artículos como el que nos ha traído Taíd Rodríguez. Muchas gracias

    Saludos.

  6. Carlos Peiró Ripoll dice:

    En relación con el comentario de Manu, quisiera destacar los siguientes aspectos. El sentido de pertenencia es uno de los factores, por no decir el principal, que cristalizan la idea de identidad de los individuos en su faceta más primaria, que es la territorialidad. Al respecto conviene resaltar que su idea de «pueblo» siempre se liga necesariamente a la de «territorio».

    La revolución cultural que da paso a la social, que supuso el abandono de formas de identidad desde vínculos más tribales, como los subditos de las monarquías europeas, o la feligresía de la Iglesia católica, abre paso a la creación de nuevas formas de vinculación de unos con otros en un entorno determinado.

    Estas vinculaciones, generalmente leves y transitorias como sus sucesivos fracasos indican, se han querido realizar desde aspectos diferentes, dominando en todos ellos el planteamiento económico-social, siendo este el único que ha conseguido forjar en su entorno a las voluntades colectivas. El ya anticuado concepto de burgesía, ha sido sustituido por el de «clase media», pues otras vinculaciones posibles como «proletariado», «clases sociales», etc. no han generado el entusiasmo colectivo necesario para su desarrollo global, seguramente por lo parcial y sesgado de sus planteamientos. El dilema al que tiene que enfrentarse actualmente la clase media, es que para mantener ese conjunto de privilegios y beneficios, ha de abrirse necesariamente hacia el resto, siendo el deseo de formar parte de ella su principal aspiración. El rechazo del primer mundo a ese propósito, y la permanente lucha de los aspirantes a ello, da lugar a otra forma de «nacionalismo» económico que tendremos que resolver, pues las tensiones migratorias son consecuencia directa de ello, haciendo por desgracia tener que dar la razón a los ideales del nacionalismo que desde dentro nos azota.

    El nacionalismo regionalista creo que hay que entenderlo más como un mecanismo de defensa de lo propio-cercano-conocido, ante la dirección de globalización que adopta la lógica del mundo del consumo y los ideales sociales económicos de las clases medias. El narcisismo no es mucho más que la coartada necesaria, al igual que la rebusca de los episodios históricos de agravios. No debe pasar desapercibido el sentido que el tiempo histórico adopta en los planteamientos nacionalistas, pues planteando sus reivindicaciones soberanistas como un gran salto adelante de el colectivo en términos de futuro, es totalmente incapaz de hacer una propuesta mínimamente sólida al respecto, y no se ve en otra que anclarlo siempre en el pasado, retrotrayendo al conjunto sublimadamente, de forma casi siempre ridícula por ejemplo, al folclore colectivo. La sublimación de lo territorial es la gran falsedad del nacionalismo, y su principal trampa, pues el terrible subconsciente colectivo de los pueblos de lo que nos habla es, en buen medida, de vilezas y asesinatos, y esa memoria les atormenta. Desde los principios de la patología se puede decir, que es imposible romper el nudo existencial hacia una salida «saludable», sin un reconocimiento tácito de la responsabilidad propia en el dolor presente. Y lo saben.

    Lo que esta en disputa, en el fondo, es la transición sensitiva del sentido de identidad del hombre desde parámetros terrtoriales, hacia planos diferentes, que están instrínsecamente relacionados con la vinculación afectivo-emocional con la humanidad entera, siendo el nacionalismo la reacción calvinista de un vértigo adolescente y egocéntrico ante el embate de una identidad superior liderada por la ciencia y el arte. Dar ese salto aún nos llevará varios siglos de conflictos y contradicciones, pero la aventura de la búsqueda de la identidad se encuentra lógicamente con estos núcleos duros de resistencia activa, que nos señala a nosotros como agentes imprescindibles del cambio de paradigma.

    1. Jose Maria Bravo dice:

      Creo Carlos, que en un comentario reciente dejas algunas proposiciones sobre el nacionalismo regional que no tienen una lectura unica.

      Si vieramos en donde es mas directa la Democracia, es en la Municipal o, si vamos mas alla, en los Cantones suizos. Grandes pensadores espanyoles como Gumersindo de Azcarate y , otros como el, trataron en su tiempo, estos temas en profundidad. Ya, por entonces, se atisbaba el «Estado Imperio Aleman» de Bismarck. Que es su realizacion, en lo que estamos viviendo, en los Estados Plurinacionales.

      Por otra parte, tratar a la ligera el «Folclore», como algo superficial, es un mecanismo para subestimar el acervo cultural de los pueblos. Las lenguas nativas han sido enmudecidas para aculturizar a los pueblos. Ha sido el mecanismo para re_educar a los pueblos. Eso, como tu entenderas, ha sido una de las abyecciones mas dolorosas que han recibido las culturas autoctonas

      Todas estas cuestiones hay que considerarlas para analizar los procesos actuales de desafeccion «nacionalista»»

      1. Carlos Peiró Ripoll dice:

        Jose María, lo que yo digo en mi comentario es que precisamente es el nacionalismo el que hace una versión ridícula del folclore colectivo, en absoluto afirmo que lo sea en si misma. De forma similar sucede en el manejo de la «lengua propia», la cual, siendo un vehículo de comunicación y transmisión, se utiliza como reivindicación y reafirmación propias.

        En cuanto a las Democracias, los procesos de consultas que se llevan a cabo, por ejemplo en Suiza, en las que diferentes decisiones son preguntadas frecuentemente a la población, tengo mis dudas en que sea el sistema ideal. Yo anhelo más que una democracia directa, una democracia limpia y profunda, donde los valores que se representan sean, entre otras cosas, ampliamente practicadas por la población en su vida cotidiana, y los puestos de representación no sean utilizados en contra de la voluntad de los ciudadanos con triquiñuelas electoralistas engañosas, o con alianzas cómplices con los medios de comunicación de masas, que es lo que estamos hartos de ver, que además son el escalón previo a la corrupción dominante.

        Un cordial saludo,

  7. O'Farrill dice:

    Los nacionalismos, como se dice en algunos comentarios, no son inocentes en la mayor parte de los casos ni obedecen a prioridades de las personas. Otra cosa son las identificaciones sentimentales (cuando las hay) con determinados elementos culturales, geográficos o folklóricos, cuestiones que solo afectan a la intimidad de los individuos pero de los que no se suele hacer bandera. La evolución natural de las sociedades y sus interrelaciones han propiciado el mestizaje racial, cultural y costumbrista que es lo que prima como forma social. ¡Hasta la música es de «fusión»! Desde el punto de vista político no hay que olvidar la tensión «imperial» para globalizar y, por ende, impedir la aparición de otros posibles «imperios». Nada más fácil que propiciar la fragmentación nacionalista y el enfrentamiento de la competencia.

  8. Alberto Donaire dice:

    Es lógico que los pastores traten de mantener sus rebaños reunidos. Y también lo es que el ganado acepte someterse y ser explotado a cambio de que le garanticen pienso y protección frente al lobo, sea éste real o inventado.

    Raras son las personas capaces de asumir la responsabilidad y la incertidumbre que conllevan la aventura de la consciencia y el ejercicio de la libertad.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza Cookies propias para recopilar información con la finalidad de mejorar nuestros servicios. Si continua navegando, supone la aceptación de la instalación de las mismas. El usuario tiene la posibilidad de configurar su navegador pudiendo, si así lo desea, impedir que sean instaladas en su disco duro, aunque deberá tener en cuenta que dicha acción podrá ocasionar dificultades de navegación de la página web. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies