¡Teruel existe!

Lo siento, no he podido resistirme. El país se va al garete, pero ¡Teruel existe!

Las últimas elecciones generales al Congreso de los Diputados han puesto de manifiesto lo aberrante que es nuestro sistema electoral: la marca electoral Teruel existe, con sólo 19 mil votos ha logrado 1 escaño, mientras que a partidos nacionales, como Ciudadanos o Más País, cada uno de sus escaños les ha salido por más de 160.000 votos (a Más País, el más perjudicado, cada uno de sus 3 escaños le ha costado 192.352 votos).

En las elecciones al Congreso, el territorio se divide 52 circunscripciones, esto es, las 50 provincias más Ceuta y Melilla (estas con 1 diputado cada una). De esas 52 circunscripciones la inmensa mayoría son pequeñas y hay hasta 35 en las que se eligen 6 diputados o menos. En concreto, en estas 35 circunscripciones se designan 145 de los 350 diputados del Congreso.

Pues bien, imaginemos esos 145 diputados repartidos entre otros tantos Terueles existen. Si el panorama político ahora nos parece ingobernable, eso sí que sería el acabose.

Y el escenario no parece descabellado. Desde un cálculo puramente racional, la relación coste/beneficio es muy favorable para el surgimiento de pequeños partidos que prometan grandes cosas en el ámbito local. Ya hemos dicho muchas veces que la ley electoral premia a los partidos que concentran sus votos en pocas circunscripciones, teniendo más posibilidades entonces de rentabilizar la totalidad de los votos que reciben; mientras que partidos de ámbito nacional que obtienen votos dispersos en distintas circunscripciones, desperdician muchos votos que no se traducen en escaños.

De este modo, basta con una marca electoral, sin partido, presupuesto ni organización para rentabilizar unos cuantos votos y lograr la ansiada representación parlamentaria, que puede ser decisiva para la formación de gobierno. Y a partir de ahí, a poner precio al apoyo en forma de gasto para la provincia.

En fin, si Teruel existe ¿por qué no también Ceuta, Melilla, Soria, Zamora…? Y así iríamos acabando con la única etapa democrática de éxito en nuestra historia.

Por supuesto, nadie niega que la llamada España vaciada tiene muchas y fundadas razones para quejarse. No tiene ningún sentido que nos parezca estupendo cómo grandes partes del territorio se quedan despobladas y sus gentes, si quieren prosperar, se vean obligadas a aglutinarse en las grandes ciudades en las que cada vez es más difícil vivir.

No tengo la solución para un problema que es común de toda Europa. Pero seguro que no pasa por un Congreso cada vez más polarizado que se convierta en una verdadera jaula de grillos.

En nuestra convulsa historia reciente, la breve y frustrada Primera República nos enseña los peligros de la exaltación de los egos locales. Los intransigentes querían construir una República Federal de abajo arriba, declarándose en el proyecto de Constitución que la Nación española se compone de los “Estados de Andalucía Alta, Andalucía Baja, Aragón, Asturias, Baleares, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja, Cataluña, Cuba, Extremadura, Galicia, Murcia, Navarra, Puerto-Rico, Valencia, Regiones Vascongadas”. Esta exaltación acabó en la declaración de un buen número de cantones independientes, como los de Cartagena, Alcoy, Algeciras, Almansa…, que desembocó en la llamada guerra cantonal, en la que, por ejemplo, el cantón de Cartagena llegó a bombardear Almería (¡para cobrarle impuestos!).

Antes de eso y ante la inoperancia de la República, harto de debates estériles, el breve Presidente Estanislao Figueras, en un consejo de ministros, llegó a gritar: “Señores, ya no aguanto más. Voy a serles franco: ¡estoy hasta los cojones de todos nosotros!”.

En fin, lo local tiene ya una presencia hipertrofiada en nuestra democracia, a través de los Parlamentos autonómicos, las Diputaciones Provinciales y los Ayuntamientos. Todas estas entidades de base representativa y ámbito regional o local llegan a gestionar el 70% del presupuesto del Estado, que es así uno de los más descentralizados del mundo.

Y lo que falta en nuestro modelo son espacios para lo común, para lo que nos afecta a todos. Precisamente, el previsto en la Constitución es el Congreso de los Diputados. Hasta ahora esa Cámara ha sufrido la importante anomalía de que las políticas generales se hayan visto fuertemente condicionadas por las minorías catalana y vasca. Si el fenómeno de Teruel se generaliza se quedará corto el grito de Figueras: el Congreso se convertirá en un gallinero de problemas locales, con el que podemos dar por finiquitado el régimen del 78.

Pero hay esperanza. Hasta ahora los dos grandes partidos han bloqueado la necesaria reforma electoral, en función de sus propios intereses, ya que en las pequeñas provincias, como partidos mayoritarios, se distribuían los escaños y obtenían importantes cuotas de poder. Sin embargo, si son espabilados y han hecho los cálculos, se habrán dado cuenta de que si se generaliza el ejemplo de Teruel, se les acabó el chollo. Sencillamente, en este escenario, los dos grandes partidos se irían al garete.

Quizás ahora se tomen en serio la reforma electoral que venimos años reclamando.

Al fin y a la postre, Teruel puede no servir para solucionar el problema de la despoblación de buena parte del territorio, pero a lo mejor sí para resolver otro que lleva condicionando demasiado tiempo la política nacional y que está en la raíz de los nacionalismos.

4 comentarios

4 Respuestas a “¡Teruel existe!”

  1. pasmao dice:

    Muy bien analizado Don Isaac

    Pero el problema de fondo, mientras hay sólo cambios cosméticos, persistirá.

    Es posible que a esa España con baja densidad de población en vez de 145 diputados le correspondan 45 (es un suponer.. ). Puede tener la seguridad de que muy posiblemente 30 acaben en formaciones «cantonales», porque lo del diputado cunero de turno, colocado por el PPSOE se le habrá acabado el choyo.

    Francamente, los diputados cantonales me preocupan mucho menos que los del PNV, Esquerra, exCiU, BILDU, CUP y demás.. pero que darán por saco, y mucho, se lo puedo asegurar. Y a menos representación práctica, mas por saco darán.

    Y tenga en cuenta que por mucha Ley d`Hont que se aplique a las circunscripciones con mucha población, los 100 diputados excedentes que se repartieran ahí no irían a los PPSOE al 100%, si no que visto el panorama actual muchos de ellos acabarían en los VOX, Cs, Podemos y nuevos partidos que aparecerían al calor de ese mayor reparto.

    Así que la fragmentación que desaparece por el lado cantonal nos reaparecería por el lado de la representeción fragmentada en las grandes circunscripciones.

    Tenemos por otro lado el sistema británico-francés. Con el que tendríamos 350 circunscripiciones, donde el diputado sería el que mas chuflara a una vuelta (UK) o a dos vueltas (Francia). Yo prefiero el modelo francés.

    Donde los partidos perderían poder, piense en un representante elegido por una circunscripción extremeña del PSOE teniendo que votar a un presidente acompañando su voto a los de BILDU y las CUP, no se si saldría reelegido la próxima vez. E igual se lo pensaba.

    Pero con sus debes, por ejemplo, el voto de alguien constitucional en la deep Gerona o Guipuzcoa valdría lo mismo que la boñiga de una vaca.

    Lo que nos lleva a si el sistema parlamentario, en el que los diputados elijen al presidente (cómo en UK) es aconsajable (allí lleva funcionando largo tiempo), o si es mejor el francés donde se elije por separado Ejecutivo y Legislativo, también a doble vuelta.

    Yo prefiero el francés. Pero para gustos los colores.

    Y si las elecciones al Ejecutivo y Legislativo se hacen desfasadas, es decir NO al mismo tiempo si no decaladas 2 años, pues mejor.

    Pero para esto, usted bien sabe, hace falta una reforma constitucional. Reforma en la que meterán de todo en un pac, desde lo del cambio climático a que los políticos ladrones duerman en cárceles de lujo (si les pillan), así que lo veo difícil.

    Lo mas sencillo, por constitucional, sería dejar a las provincias mas despobladas con un único diputado y hacer circunscripicones de a un diputado (dividiendo la provincia) en las que tengan mas de uno. Y elegirlo a doble vuelta.

    Yo ahí lo dejo, por posible, pero ni usted y ni yo lo veremos. Supongo.

    Añada que la forma en que se define una circunscripción puede predefinir el resultado, los gringos lo han estudiado mucho y le dan un nombre muy raro que ya no recuerdo y se nos complica la cosa. Se podría hacer una fórmula matemática que incluyera conceptos topológicos, o sea que solución hay, otra cosa es que se quiera usar.

    Yo en cualquiera de las formas de elección incluiría que el voto en blanco significara que de salir, o ser mayoritario, obligara a dejar esas sillas vacías. Pero que las mayorías parlamentarias se tuvieran que formar sobre la cantidad original de diputados.

    Eso sería otro incentivo a que el personal que cree que no se siente rpresentado participara. Y me parece que ni usted y ni yo tampoco lo veremos.

    Un cordial saludo

  2. O'farrill dice:

    Totalmente de acuerdo con el artículo de Isaac pero, por desgracia, mucho me temo que las cosas no cambiarán o lo harán para peor. Tal como dice «Pasmao» lo que es necesario es una reforma constitucional realizada desde una representación más real de la sociedad y ahí tenemos el problema: ¿tendrán los partidos actuales la generosidad o altruismo que tuvieron las cortes franquistas para reformar el régimen? ¿tendrá nuestra clase política la sabiduría, la ética y el sentido de Estado suficientes? Las respuestas que preveo no pueden ser más negativas entre quienes en su mayoría sólo buscan «vivir de la política» sin tener ni repajolera idea de qué es «Política».
    En su momento se planteó en el CEPC por el propio director de la institución la necesidad de que fuera la sociedad civil la que abriera un debate sobre tal reforma constitucional, pero no con la «apesebrada» convenientemente desde la política, sino desde la experiencia, vocación y conocimientos. El cambio político del pasado año se llevó la idea por delante.
    Personalmente he vivido la experiencia -muy ilustrativa- de analizar el texto constitucional desde la objetividad política y jurídica, reconociendo sus muchas contradicciones e imperfecciones (tanto técnicas como jurídicas) que han motivado todos los conflictos que conocemos. Una alternativa reformadora a su redacción no es difícil y además aclararía el resto del ordenamiento jurídico caótico en que nos movemos, pero…. la gente da un paso atrás, prefiere que sean otros los que se metan en ese charco o, resignadamente, quedarse con lo que hay….
    El sistema electoral es una buena muestra de la inconstitucionalidad de la norma pero…. ¿porqué nadie la denuncia?
    Un saludo.

    1. pasmao dice:

      Buenos días O’farrill

      De cara a hacer una reforma de la Ley electoral hay que tener en cuenta varias cosas antes de abrir el melón constitucional (separando la elección a Ejecutivo y Legislativo, o de eliminar la provincia cómo circunscripción,… por ejemplo) y es que no se si abrir semejante melón dadas las circunstancias, y dado que cuando se hacen esas cosas, por lo menos en España, se hacen añadiendo tantos pulpos cómo animal de compañía a la cosa que al final uno sabe que está votando.

      Porque tenga usted seguro de que no harán varias preguntas por separado.. lo meterán todo en un pac, cómo si fuera un plato combinado de un menú de carretera (o mucho peor, porque en esos restaurantes al final son flexibles a cambios) y poco habremos avanzado.

      Así que una reforma debería de hacerse dentro de la Constitución actual. Y en mi opinión se podría aligerar el peso de las provincias con menos población y al mismo tiempo poner límites a partidos nacionalistas con % mínimos en todo el territorio. PERO CUIDADO:

      Por lo pronto:

      1/ si ponemos límites en el % tenga por seguro que el PNV se acabará aliando con la cosa ex CiU que haya, mas algo mas que haya por ahí y superará ese 5%. Lo mismo con Esquerra+BILDU+Bloque.. y lo mismo con una federación de Ibérica de «cantonalismos» a lo Teruel existe.

      2/ si «aligeramos el peso» de las provincias con baja densidad de población, traspasando diputados a las de mas densidad, o incrementando en (eso sería aún peor, aún tendríamos mas gasto) 50 o 100 diputados mas las pobladas (porque subiría a 400 o 450 el número total de diputados)… tenga por seguridad que el escaso poder del «cantonalismo» se consolidaría. Muchos de Teruel, Soria, Ávila,.. en vez de votar al PPSOE habitual, o a VOX/Podemos.. lo harán a su partidito… y ahí si tendríamos con seguridad 25 diputados de esa confederación Ibérica, que con el lema «la subvención para el que se la trabaja» estarían dando por saco sin freno. Obviamente no cortarían carreteras ni darían golpes de estado, eso habríamos ganado. Pero sólo eso.

      A cambio y dado que Vascongadas (Vizcaya), Cataluña(Barcelona/Tarragona), con el arco Mediterráneo ya contaminado.. incrementarían sus diputados tendríamos como efecto colateral a mas separatistas de diversos pelaje en el Congreso.

      Así que no se si haríamos un pan con unas tortas.

      Por otro lado el sistema «francés», elección de ejecutivo y legislativo por separado, a doble vuelta y para el legislativo en circunscripciones unitarias si es posible (sin cambiar la Constitución) en las Taifas. Y si se hiciera serviría de ejemplo para el lanar de que ciertas cosas son posibles y necesarias (me refiero a cambiar la Ley electoral desde su base).

      Obviamente no se ha hecho, y no se hará, por lo de siempre.

      A lo que me refiero es que en ciertos cambios hay que ir con mucho cuidado, porque si no se han hecho donde es posible es porque en realidad a quienes mandan no convienen.

      Por otro lado lo de Teruel Existe demuestra que el lanar está aprendiendo rápidamente las reglas del juego, mire que ha costado. Así que o los que mandan hacen algo sensato por una vez, o el juguete escapará a su control.

      Un cordial saludo

      1. O'farrill dice:

        Totalmente de acuerdo en que tal como están las cosas, hay que tener cierto cuidado con tocar la actual Constitución, pero también es cierto que, cuando se redactó, tampoco estaba muy clara la evolución de los acontecimientos. Al igual que es cierto que es un texto que se viola continuamente y de hecho es como si no existiera. El constitucionalista Pedro de Vega (ya fallecido) denunciaba continuamente como se producían modificaciones «de facto» de la Carta Magna sin que nadie lo denunciara.
        Cuando existía el recurso previo de inconstitucionalidad (eliminado por el PSOE) los servicios jurídicos de las AA.PP. estaban más sobre el asunto, pero luego la sensación es que «pasan» olímpicamente del mismo. Algo parecido a lo que pasaba con el control previo del gasto público por parte de la Intervención Delegada de Hacienda (también eliminado por el PSOE), reducido después a una simple justificación documental (los muchos casos de corrupción proceden de aquellas aguas).
        El caso es que a nadie entre la «casta» política actual (excepto «Vox»)desea cambiar el sistema. Ni siquiera los llamados «antisistema» ya instalados confortablemente en las poltronas y los sueldos.
        Tenemos una situación de emergencia real (no la climática que es pura manipulación) política no sólo en España, también en el resto de los países donde predomina la nueva religión de la «globalización» o «uniformidad» de pensamientos, opiniones y comportamientos. Todo ello vendido con la excusa de que nos hará más felices. Unas elites gobernantes paternalistas (luego dirán de Franco) y una ciudadanía (gobernados) alienada con las tecnologías y las mentiras (Leon Duguit). Unas dan órdenes y los demás están obligados a obedecerlas.
        El fallo está en una sociedad civil «anómica» (Dalmacio Negro), incapaz de reaccionar contra esta situación que sólo puede volcar (enlatar) opiniones en sitios controlados y vigilados para evitar su excesiva difusión (redes sociales).
        Volviendo a la cuestión, puestos a reformar hagámoslo desde las bases, desde los cimientos y éstos en profundidad. El Parlamento nacional no está para el ¿qué hay de lo mío? (para eso están las autonomías), sino para plantear y debatir cuestiones de interés nacional que, por cierto, ni se tocan. Para ellos es mejor seguir enredados en las memorias históricas, cambios climáticos y otras lindezas como las ideologías de género para distraer al personal y a ser posible mantenerlo enfrentado (divide y vencerás). Las CC.AA. se proyectaron antes de su consagración constitucional (preautonomias) e incluso ya recibieron competencias como Educación (todo un dislate jurídico y administrativo nacido de la necesidad de apoyos políticos).
        Un saludo.

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