Anomalías democráticas

Ya sabemos que los británicos se las dan de inventores de la democracia representativa. Y ellos, que son tan puristas en eso de la democracia, tienen una historia relativamente reciente, curiosa y poco extendida.

Con el extraño nombre de The West Lothian Question se conoce a una pregunta que un diputado de esa circunscripción hizo en el Parlamento británico. Tras lo que ellos denominaron la “devolución” de ciertas competencias por el Parlamento británico a los Parlamentos escocés, galés e irlandés, el avispado diputado preguntó algo así como ¿por qué los escoceses, galeses e irlandeses siguen interviniendo, a veces decisivamente, en el Parlamento británico en las cuestiones que solo afectaban a los ingleses, si estos no podían participar en las decisiones que únicamente afectaban a aquellas regiones y que se decidían autónomamente en sus Parlamentos?

Este desequilibrio en la democracia representativa británica se intentó solucionar, con más o menos éxito, introduciendo la reforma que se conoce como EVEL (“English Votes for English Laws”).

En nuestro país tenemos una anomalía quizá de mayor calibre, en cuanto probablemente ha sido la que más negativamente ha afectado al funcionamiento de nuestra democracia representativa, pudiendo incluso situarla en el epicentro de las disfunciones constitucionales de los últimos años. Y, sin embargo, seguimos conviviendo con el bicho, que, por cierto, solo se cuestiona por partidos minoritarios que no tienen posibilidades de eliminarlo.

Me refiero lógicamente al peso decisivo que en el Congreso de los Diputados tienen partidos políticos que defienden prioritariamente intereses regionales.

Aunque nuestro sistema parlamentario es formalmente bicameral –Congreso y Senado–en la práctica hay un fuerte desequilibrio hacia el Congreso, que asume las principales funciones que tradicionalmente se atribuyen al poder legislativo. Pues bien, según la Constitución, el Congreso es la cámara de representación nacional y, por tanto, de los intereses, problemas y cuestiones nacionales; mientras que el Senado es una cámara de representación de los territorios.

Si esto realmente es así ¿tiene algún sentido que gran parte de las decisiones del Congreso estén casi siempre condicionadas por intereses regionales? Estamos tan acostumbrados que ya ni nos sorprende el obsceno espectáculo de ver cómo los partidos nacionalistas “venden” su apoyo a unos presupuestos generales, a la investidura de un presidente o lo que sea, a cambio de más dinero para su región, ya sea en forma de una mejora de su Estatuto, de obra pública o de cualquier otra prebenda.

Los ejemplos son infinitos, pero tenemos algunos muy cercanos que ilustran cómo funciona la anomalía.

En la negociación de los presupuestos generales del Estado de 2017 por el anterior Gobierno de Rajoy, para conseguir el apoyo a los presupuestos que afectan a todos los españoles necesitaba el apoyo de la minoría vasca, a la que no solo concedió 1400 millones como supuesta deuda que el PNV venía reclamando, sino que renegoció el cupo, que es la cantidad anual que el País Vasco debe pagar al Estado por los servicios que este presta, y rebajó esa cantidad en 500 millones de euros anuales.

Quizás uno de los ejemplos más desconocidos es cómo el Presidente Rodríguez Zapatero obtuvo en 2004 el apoyo de la minoría catalana, desistiendo de los recursos de inconstitucionalidad interpuestos contra el llamado Código Civil catalán –claramente inconstitucional pero que ahí sigue, aplicándose en Cataluña como si en esa comunidad no rigiera el Derecho común– o prometiendo un nuevo Estatuto, que ya sabemos a dónde nos ha llevado.

En fin, desde los primeros días de nuestra democracia hemos visto como las minorías catalana y vasca, desde una perspectiva regional y en defensa de intereses locales, han condicionado de una forma decisiva la política y los proyectos políticos y normativos que afectaban a todos los españoles.

Volviendo al principio del artículo la pregunta es evidente: ¿por qué vascos y catalanes deben tener un peso decisivo en las cuestiones que afectan a todo el país, si el resto de los españoles no pueden opinar sobre lo que se decide autónomamente en los parlamentos regionales?

Las razones de la anomalía están explicadas por todo el que ha estudiado nuestro sistema electoral y tienen que ver con que el mismo funciona como un sistema mayoritario para los partidos de ámbito nacional y como un sistema proporcional puro para los pequeños partidos que concentran sus votos en una región. Esto hace que, por ejemplo, en las elecciones de 2011 el partido independentista vasco Amaiur, con 334.495 votos, tuviera 7 escaños, mientras la desaparecida UPyD obtuviera sólo 5 escaños a pesar de haber recibido 1.143.205 votos (casi 5 veces más que Amaiur).

Seguro que en ocasiones ha prevalecido el sentido de Estado frente a otros intereses, pero la cuestión es que el sistema no favorece esa elección. En efecto, el funcionamiento del modelo hace que sea enormemente atractivo el sufragio a partidos nacionalistas: nuestro voto vale más que el correspondiente a un partido nacional del mismo tamaño y, además, podemos conseguir importantes beneficios para nuestra comunidad, aumentando la calidad de vida de la región. En este sentido, extraña que no hayan surgido todavía más partidos nacionalistas. Desde un puro cálculo utilitarista, sorprende que en la Comunidad que más aporta a la solidaridad entre territorios –Madrid– no haya aparecido un partido nacionalista que reivindique más dinero para la Comunidad a cambio de diversos apoyos en el Congreso.

La disfunción podría tener soluciones relativamente sencillas desde un punto de vista técnico, como exigir un porcentaje mínimo de votos en el ámbito nacional para acceder al Congreso o imponer la presentación de candidaturas en un número mínimo de regiones; de forma que los partidos que se presenten a la Cámara Baja se vean obligados a tener un proyecto nacional que les otorgue votos no sólo en su región, sino en otras circunscripciones.

En cualquier caso, si no somos capaces de atajar esta anomalía, que no nos extrañe un final estrambótico a lo Primera República.

9 comentarios

9 Respuestas a “Anomalías democráticas”

  1. pasmao dice:

    Apreciado Isaac

    Lamentablemente no creo que haya anomalía alguna. Como dice nuestro apreciado MANU usando la sentencia de Stafford Beer que decía mas menos, no la recuerdo exactamente, que los propósitos de un sistema se deducían de sus resultados.

    Y yo estoy seguro de que el resultado previsto tiempo atrás ha sido exactamente el que hemos padecido durante estos últimos 40 años, otra cosa es que se les haya ido de madre desde el 2012, quizá el 2004, pero mas por la tendencia a poner a personajes de incompetencia creciente a los mandos de la nave, que por problemas de diseño.

    De hecho toda la actuación política ultima, hasta que la sorpresa andaluza, había sido encaminada a propiciar un reseteo del sistema, para que después de apañarle un par de parches, poder volver a las andadas.

    Lo que pasa es que muy posiblemente estas últimas elecciones hayan supuesto un punto de inflexión porque han evidenciado ante una mayoría de españoles que el Rey (y no e refiero a Felipe VI) va desnudo.

    Es la incompetencia de la actual pandilla de cenutrios la que ha se ha cargado ese chiringuito ( o 17) del que han vivido tantos tan bien. Y es eso lo que ha propiciado un cambio de paradigma. Lo que ha hecho que a muchos se les haya caído la venda de los ojos. Y lo importante es ese MUCHOS, independientemente de a quien voten

    Lo primero sobre lo que sería conveniente reflexionar es analizar cómo ha sido posible toda esa deslealtad por parte de nacionalistas vascongados y catalanes, porque yo no me creo que esos hayan sido los mas desleales, ni los mas peligrosos. De que existiera y exista esa deslealtad han vivido y viven otros muy bien. Y ni siquiera es un problema de los últimos 40 años, si no mas bien desde algo mas de 200, lo importante es que ahora hay una masa «crítica» (también en el sentido «nuclear» del término) que ya es consciente y se atreve a hablar de ello pese a la dictadura de los medios.

    Volviendo al comienzo de su artículo, usted nos ilustra con lo que dijo ese diputado inglés con lo de » The West Lothian Question» , aquí sería imposible, las listas, las listas.. No me imagino por ejemplo, si los diputados se eligieran en circunscripciones uninominales tragando con lo que tragan, véase el caso de los últimos presupuestos, o de los próximos, o cuando se votó el Estatut dichoso.

    No me imagino a diputados socialistas/comunistas elegidos en circunscripciones unitarias en Andalucía, Murcia, Extremadura,.. Logroño o Asturias tragar lo que tragan.. lo mismo para los del PP o Ciudadanos con los últimos presupuestos.

    El problema se manifiesta de manera rotunda cuando tenemos mayorías absolutas, porque en teoría no habría necesidad de negociar, pero se ha seguido negociando.

    Si hubiera elecciones en circunscripciones unitarias daría igual que hubiera 50 diputados desleales, porque con 300 leales nos bastaría.

    Pero vista la dificultad de cambiar a ese sistema no se hasta que punto poner limitaciones técnicas a los desleales sirva para mucho. Dado que apaños mediante entre grupos previsiblemente damnificados en Cataluña, Vascongadas, Navarra, Galicia, Baleares, Valencia.. podrían acabar saltándose la Ley, y estaríamos otra vez en el punto de partida.

    Veremos que nos depara el próximo Mayo, no se si habrá antes elecciones generales, no creo, porque para que las hubiera deberían de torcerle el brazo a Sánchez desde el partido y no lo creo posible. Tampoco creo que haya generales en Mayo.

    Me parece que la exigencia de los votantes a los partidos, visto el cambio de paradigma, va a hacer mas en el corto plazo al respecto que reformas/parche. Y si no se cambiarán de partido, porque perdido el miedo una vez, la capacidad de chantajear no existe.

    Lo que no obsta para que se tengan que buscar soluciones a medio/largo plazo, pero mas con la vista en los desleales/traidores de «nuestro lado» que en los periféricos.

    Un cordial saludo

  2. Ligur dice:

    Han pasado 31 años (11-Diciembre), de la matanza de la casa cuartel de Zaragoza por los asesinos que no voy a nombrar.
    Ningún medio de comunicación ha tenido la decencia de recordarlo. Nadie se ha hecho eco de lo que sucedido; los gobernantes actuales pactan y se dejan llevar en andas por los descendientes de esos inmundos. Es más, el gobierno anterior también consintió lo que no debió consentir a esos bestias.
    Evidentemente, en esta España hay una grave anomalía.
    Saludos

    1. Susana dice:

      Ligur, le sugiero el siguiente artículo:
      https://www.otraspoliticas.com/psicologia/tept-civil/
      Ahora a buscar un tratamiento eficaz.

      1. EB dice:

        Susana, su recomendación debe extenderse a los comentarios que escribí (como Adam Smith) al post de Carlos, aunque este post es totalmente irrelevante para lo planteado por Ligur.

        En los más de 4 años desde aquel post y mis comentarios, nada ha cambiado. Como ayer escribía un Joe Smith:

        The progressives see everything in political terms. In a way, that makes sense – their economic view of the world is contrary to human nature. To bring about their economic vision would require a powerful, vast, and largely unresponsive administrative state, to which there is much resistance. Hence, they are perpetually frustrated … and angry.

        Laws and policies have consequences, among them the need for enforcement and an enforcer.

        To them I say, «good luck with that».

  3. Ligur dice:

    Gracias Susana por aconsejarme un tratamiento «eficaz».
    Creo que tratamientos y no solo psicológicos podríamos necesitar muchas personas y por diversos motivos, incluso por enfermedades de diversa índole. ¿O es que padeciendo ciertas enfermedades Ud. no aconseja tratamientos psicológicos para buscar la causa?, pues debería hacerlo.
    En este caso, mi molestia, cabreo e indignación, está producido por todo lo sucedido, está sucediendo y posiblemente si no se pone remedio sucederá en esta península Ibérica.
    Sin necesidad de leer el post al que me dirige, se a que se refiere.
    Gracias Susana por sus consejos, cuídese mucho y aplíquese la mejor terapia posible si llegara a necesitarla.
    Saludos

    1. Susana dice:

      No Ligur, mi recomendación del artículo referido no es para usted mismo, sino porque coincido en la «enfermedad» que padecen la mayoría de los españoles como consecuencia de los traumas de una guerra civil que ya dura más de 200 años, que usted de alguna forma menciona en su comentario.

      Disculpe si he producido un equívoco, y he podido ofenderle de algún modo.

      En cuanto a EB, que siempre hay que agradecerle su participación, indicar que la mención a Joe Smith no puede disociarse de los comentado por el lituano Greog Atlandkül, cuando afirmó:

      A viselkedési harag nem érthető a vereség frusztrációja nélkül, ami lehetetlenné teszi a határok megértését ember. Az arroganciánk megakadályozza, hogy tudatában legyünk igazságunknak… Az alázatosságunkat gyakrabban kell megszereznünk. Ez Isten ajándéka.

      Saludos a ambos.

  4. O'farrill dice:

    Creo que llamar «anomalías democráticas» a todo lo que está cayendo en España es una forma «light» de hablar de verdaderas carencias democráticas en nuestro sistema político. Como el propio autor reconoce, la captura de la «soberanía» por parte de unos partidos llegados al poder a través de un sistema electoral injusto, anticonstitucional y claramente diseñado para obtener unos resultados, es el principio pues no podemos hablar de democracia representativa (hay que acordarse de aquel «no nos representan») sino, en todo caso, una democracia partidaria mantenida por el clientelismo desde los presupuestos públicos. De aquellos polvos estos lodos que han manchado las ilusiones de la Transición. Para continuar nos encontramos con un texto constitucional que Isaac, como buen jurista, debe conocer en todos sus muchos errores, sesgos, contradicciones y, sobre todo, consagración de algunas cuestiones: pensamiento único (socialdemocracia) contrario al supuesto «pluralismo»; blindaje de partidos, sindicatos como base de participación política; confusión institucional en el sistema autonómico a partir de los estatutos propios (constituciones encubiertas) y asambleas legislativas; blindaje de la «corona» con sus prerrogativas como la «inviolabilidad» y confusión con la figura institucional de la jefatura del estado; prevalencia del ejecutivo sobre el legislativo y judicial; etc. etc.
    Sólo una reforma constitucional no partidaria (desde la sociedad) puede poner cierto orden en todas estas «anomalías democráticas», pero preveo que se impedirá desde el propio sistema y el manejo de las «leyes» a capricho del mismo.
    «Desechad toda esperanza» decía «El cuervo» de Allan Poe en las puertas del infierno. «El infierno son los demás» añadiría Sartre en su magnífica «Huis clos»….
    Lamento estar pesimista, debe ser el tiempo….. Un saludo.

    1. EB dice:

      Usted dice «Sólo una reforma constituticional no partidaria (desde la sociedad) …»

      Sería un milagro que una sociedad –por bajo que sea el número de miembros y por mucho que digan conocerse entre ellos– puedan poner algún orden, mucho menos uno que no tenga en cuenta los intereses inmediatos de todos los miembros. Guste o no, un grupo pequeño de la sociedad intentará negociar una constitución y luego –suponiendo que se llega a un acuerdo– verá cómo imponerla a toda la sociedad. La historia nos muestra lo difícil de la tarea, y más importante, que la tarea cada día es más difícil no porque los miembros sean «más educados» sino porque la historia nos ha enseñado que las constituciones deben ser como arbolitos de Navidad, es decir, con un regalo garantizado para cada uno. Por supuesto, la alternativa revolucionaria –esa en que sus líderes pretenden imponer «su constitución» por la fuerza– solo es solución mientras estén dispuestos a matar y a morir para imponerla, algo que es cosa del pasado (diría que gracias a las nuevas tecnologías de comunicación global son cosa del pasado en todo el mundo).

      Hemos entrado en una nueva era en que «las constituciones» van cambiando marginalmente por acuerdos oportunistas entre unos pocos que en el momento controlan el poder coercitivo del estado-nación, acuerdos informales de contenidos limitados que se van precisando para acomodar nuevas situaciones. No importa cuanto tiempo hace que se redactó y aprobó el texto constitucional vigente, la realidad constitucional de hoy día es distinta, a veces muy distinta, y mañana volverá a cambiar para acomodar nuevas situaciones. Piense en cómo usted analizaría la realidad constitucional de Cataluña y Sicilia, partes de dos estados-nación cuyas realidades constitucionales no pasan de bromas de mal gusto, tanto por referencia a los textos constitucionales vigentes como por la seguridad jurídica que prometen en el corto y largo plazo. Para empezar el análisis pregúntese si usted cree que las realidades constitucionales de Cataluña y Sicilia son iguales a las de cualquier otra región de sus respectivos países.

      1. O'farrill dice:

        Muchas gracias EB por su comentario con el que estoy de acuerdo. De ahí mi pesimismo. No obstante, la existencia de una norma- marco para la simple convivencia es posible cuando se redacta desde la objetividad desinteresada. ¿Todos tienen interés en que se trate de «lo suyo»? yo espero y deseo que no sean todos. A ese reducto de altruismo ciudadano prefiero acogerme en mi ingenuidad de que todo no está perdido.
        En el caso de la C.E. del 78 un simple repaso de su texto demuestra que es manifiestamente mejorable en todos los aspectos. Otra cosa es que (vuelve mi pesimismo) se entienda eso, sobre todo por quienes hablan de ella y, muchas veces, ni siquiera la han leído. La despreocupación social por ese contrato social que es una constitución dejando el tema a «los políticos», hace que mi natural optimismo se resienta. En todo caso, puedo sugerir visitar un blog como «Hay Derecho» o «Fundación emprendedores», donde se recoge una revisión crítica del texto actual desde quienes no pretenden estar defendiendo intereses de ningún tipo.
        Un cordial saludo.

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