Yo también quiero ser nacionalista

Recuerdo que, hace unos años, en una entrevista que le hicieron a una señora en el País Vasco preguntándole a quién iba a votar en unas elecciones generales, respondió, como si le pareciera la cosa más obvia del mundo: “hombre, yo voy a votar a los míos” (refiriéndose en este caso al Partido Nacionalista Vasco). Para esa señora lo que importaba no era el programa de partido o las cuestiones ideológicas, sino que su voto iba a sus paisanos, a los que compartían con ella un territorio.

Me impactó el convencimiento que mostraba la entrevistada (sentimiento compartido por importantes capas de población) en que lo que primaba en unas elecciones para toda España no era la ideología de los partidos o las acciones programáticas que defendían, sino la cercanía geográfica del candidato.

Los nacionalismos de carácter regionalista se inician en el siglo XIX a partir del movimiento romántico. Hay en toda Europa una tendencia a recuperar las raíces y la identidad cultural, seguramente como respuesta a la actitud centralizadora y unificadora de los Estados nación que pretendían con ello una mayor eficacia de gestión.

El auge de estos nacionalismos se produce cuando sus aspiraciones se sienten insatisfechas. En palabras de Arias Maldonado: “porque no tienen un Estado, porque se sienten agredidos o sencillamente –y esto es muy importante– porque los nacionalismos se dedican a hacer nacionalismo. Esto significa victimizarse, reclamar, exigir, y también, allí donde tienen el poder, educar a sus ciudadanos en la pertenencia concreta al nacionalismo”.

El sistema electoral español favorece en escaños el voto de las minorías de carácter local. Así, en las últimas elecciones generales, Ciudadanos, por ejemplo, obtuvo 10 escaños en el Congreso con el 6,86% de los votos mientras ERC obtuvo 13 con el 3,64% de votos y EH Bildu obtuvo 5 con el 1,15% de los votos. Otro ejemplo es el PACMA (partido animalista) que no obtuvo ningún escaño con 228.000 votos mientras Navarra Suma consiguió 2 con solo 99.000 votos.

Los sistemas electorales procuran mantener un equilibrio entre la promoción de mayorías estables que faciliten la gobernabilidad y el respeto a las minorías. En el caso español claramente salen beneficiados los partidos de ámbito local o regional. Aunque parece ser que este sistema electoral fue pactado por Adolfo Suárez antes de la redacción de la Constitución, creo que les vino bien a los partidos nacionalistas a fin de alcanzar un consenso durante la redacción de la Carta Magna.

En la situación política española, en la que la confrontación es la norma, y en donde la posibilidad de una “Gran coalición” (al estilo alemán) entre los dos grandes partidos es poco menos que ciencia ficción, las minorías ejercen un papel determinante. Además le saben sacar un buen rendimiento ya que no suelen implicarse en formar parte de los gobiernos, sino que van vendiendo su apoyo, y sacando distintas ventajas, en cada ocasión. Así se negocia primero la investidura, luego cada año los presupuestos y después cada una de las leyes que el gobierno pretende aprobar.

Aunque algunas de las concesiones obtenidas por estos partidos en las negociaciones son aplicables a todo el país, muchas de ellas suponen un beneficio exclusivamente para los ciudadanos del territorio en el que están basados, por no hablar de la manifiesta deslealtad institucional con la que algunos de estos partidos han actuado. En los acuerdos para apoyar los presupuestos de 2022 ERC obtuvo que la ley audiovisual establezca cuotas de idiomas cooficiales en plataformas audiovisuales como Netflix o HBO y Bildu obtuvo presupuesto para varias actuaciones en localidades de Euskadi y para la “digitalización y gestión inteligente de los media y audiovisuales en euskera” así como para que la ETB-3 (canal infantil en euskera) se vea en todo el territorio navarro.

La formación Teruel Existe consiguió un aumento de 20 millones de inversión en esa provincia así como 11 millones adicionales para una línea ferroviaria (en acuerdo con Compromís), mientras que las enmiendas introducidas por Nueva Canarias se tradujeron en 100 millones de euros. El Partido Regionalista Cántabro obtuvo a su vez el compromiso de varias inversiones locales en infraestructuras.

En las negociaciones estos partidos se encargan de dejar bien clara, tanto al gobierno como a su propio electorado, su capacidad de influencia. Así Marta Vilalta (ERC) avisaba durante las negociaciones de presupuestos que su voluntad “no es de bloqueo”, pero sus votos “no son gratis ni a cambio de nada”.

Las consecuencias a la larga de estas concesiones han sido el aumento del sentimiento nacionalista a través de la educación, la diferenciación en la legislación entre comunidades autónomas con las dificultades para el desarrollo del comercio, la atención sanitaria y movimiento de profesionales entre las mismas.

Las naciones se han conformado a partir de grupos sociales que han entendido que compartían rasgos identitarios ya sea culturales, históricos, raciales, religiosos, lingüísticos o de cualquier otra naturaleza. Para su construcción, y para reforzar ese sentimiento, se ha recurrido a la educación escolar, los medios audiovisuales, la acentuación (e incluso tergiversación) de los vínculos históricos y en general de los rasgos culturales diferenciadores. Se apela mucho a lo emocional y, cuando entramos en ese terreno, lo racional pasa a un segundo plano.

Esto mismo se ha producido en los nacionalismos regionales. Mientras que en Europa, a partir del siglo XVIII, los Estados eran cada vez más poderosos y estos movimientos regionales tuvieron una influencia limitada, en el caso de España, en periodo de decadencia y con una mayor debilidad del Estado central, se produjo un auge mayor de estos movimientos en comparación con otros países.

En ocasiones se emplean argumentos históricos para las reivindicaciones de estos partidos, pero me pregunto si tiene sentido a estas alturas hacer referencia a derechos provenientes de la Edad Media o derivados del proceso de unificación de España como nación. ¿Tiene lógica que se empleen distintos sistemas fiscales entre territorios cuando la reclamación se basa en argumentos históricos y no en eficiencia económica y en la no discriminación de los habitantes de un territorio frente a los de otros? Sinceramente, creo que no, pero cuando esto supone un privilegio económico frente al resto, los electores prefieren mirar a otro lado y sus partidos lo explotan para conseguir más poder.

Todos hemos experimentado la diferencia de calidad en, por ejemplo infraestructuras, cuando hemos pasado de una comunidad autónoma a otra. ¿Tiene esto sentido en pleno siglo XXI? Creo que no.

Otro efecto a tener en cuenta es que el auge de los partidos nacionalistas regionales supone, por rebote, un incremento del apoyo a los partidos nacionalistas españoles (como Vox) en un intento por contrapesar las tendencias centrífugas y reforzar la identidad nacional. Estos partidos llevan aparejados otros criterios ideológicos (xenofobia, homofobia, rechazo al Estado de las Autonomías y de la Unión Europea…) con los que personalmente no coincido, pero no creo que sea necesario simpatizar con estos partidos para denunciar una situación que dista de la lógica.

En otras partes de España han empezado a tomar nota de las ventajas de los partidos minoritarios locales. Así, además de Teruel Existe, ya presente desde hace algún tiempo, se han creado otros partidos con el objetivo de luchar por las necesidades específicas de su zona de forma primordial. En las últimas elecciones en la comunidad de Castilla León irrumpieron partidos como Soria ¡Ya! (SY) y la Unión de Pueblo Leonés (UPL). Al igual que ocurrió en las elecciones generales, la desproporción entre votos y escaños se mantiene: SY obtuvo 3 escaños con el 1,53% de los votos, UPL 3 escaños también con el 4,3% de los votos, mientras que Podemos-IU-AV obtuvo solo 1 con el 5,08% de los votos.

¿Qué pretenden estos partidos locales? Lo mismo que los otros partidos nacionalistas: vender caro su voto y obtener ventajas a cambio para sus electores.

Podría darse el caso de que esta tendencia hacia la disgregación del voto y la creación de partidos localistas vaya en aumento siguiendo la lógica indicada del mayor beneficio. Esto nos llevaría a un parlamento tremendamente fragmentado y a gobiernos con poca estabilidad, muy dependientes de las reivindicaciones puntuales de esos partidos minoritarios. ¿Es probable que esto se produzca? No lo tengo claro, pero mi impresión es que este proceso va a ir a más.

La dispersión de voto en partidos minoritarios (sean nacionalistas o no) tiende a dar menor estabilidad a los gobiernos y ejemplo de esto los tenemos en otros países, pero hay dos cosas que, en mi opinión, nos diferencian de otros: una es la dificultad en realizar pactos de Estado y acuerdos transversales entre partidos (el enfrentamiento de las dos Españas), y otro es el carácter regionalista de la mayoría de esos partidos junto con el sistema electoral que les favorece en escaños.

No es fácil encontrar soluciones a los problemas planteados. Dejo a los expertos opinar si sería necesario cambiar la ley electoral para mitigar el efecto amplificador que el sistema actual tiene sobre los votos nacionalistas, o si sería un buen momento para diferenciar claramente las funciones y sistema de elección de Congreso y Senado, o si determinadas votaciones importantes debieran regirse por otros criterios distintos a los actuales, o si temas clave como la educación, la sanidad y los medios de comunicación deberían tratarse de forma unificada.

Lo que sí que tengo claro es que, vistas las ventajas obtenidas por los actuales partidos nacionalistas, es de lógica suponer que una parte cada vez mayor de la población diga “Yo también quiero ser nacionalista”.

2 comentarios

2 Respuestas a “Yo también quiero ser nacionalista”

  1. pasmao dice:

    Buenos días Don Francisco

    Pues yo no quiero ser nacionalista, que le vamos a hacer. Aunque entienda su irónica reflexión.

    Hay un enfoque que por inconveniente no solemos considerar:

    Normalmente planteamos la existencia y crecimiento de los nacionalistas y sus partidos insolidarios por la imposibilidad de los PPSOE habituales de alcanzar mayorías por si mismos así como en una gran coalición.

    Olvidamos que en España hay 17 Taifas. Y que originalmente el problema sólo estaba en 2, a los sumo 2,5 o 3. Pero que con el tiempo se extendió a muchas mas. Y que en esas originalmente no había partidos nacionalistas. Yo pienso que cuando PPSOE se dio cuenta del inmenso pesebral que suponían las Taifas necesitaron de unos terceros que despejaran el camino, que hicieran huella (en el argot del esquí de travesía), o que se pusieran en cabeza del pelotón para luego ir ellos a rebufo. Y así extender al resto de las Taifas lo que en las mas insolidarias se había conseguido tras ese chantaje pactado.

    Yo creo que eso explica mucho de por qué hemos llegado a donde estamos, y del por qué ese ponerse como gato panza arriba de los PPSOE de turno respecto la retirada de competencias o de modificar el Título VIII que sugiere VOX.

    En el caso del PSOE con la excusa de ser un partido «federal» lo tenían a huevo. Pero es en el PP ha sido la necesidad de conformar, por ejemplo en las Taifas bilingües, una alternativa que pasando por el PP se asimilara lo mas posible a CiU y al PNV. En Galicia les «funcionó» pero en Valencia y Baleares lo que consiguieron es alumbrar Frankenstein separatistas que han cobrado vida autónoma y han extendido el problema catalán agravándolo.

    Lo peor es que quienes mas han pagado el pato son las poblaciones españolistas en las Taifas separatistas primigenias, Vascongadas y Cataluña. Donde PPSOE las ha sacrificado a conciencia, para así justificar que la extensión del modelo vasco-catalán al resto. El separatismo no habría crecido de la manera que lo ha hecho ahí si la población españolista se hubiera sentido amparada por el Estado. Sólo hay que ver la tasa de abstención de unos y otros para hacerse una idea. De los que no han podido votar con los pies largándose de allí.

    Respecto a lo que comenta de que la Ley Electoral favorezca a los partidos separatistas no estoy tan de acuerdo. Nos comenta el caso de Ciudadanos o el PACMA.. y los escaños que tienen versus los votos totales. Aunque es, en realidad, el reparto de escaños por provincias y el plus que se les da a las menos pobladas lo que realmente distorsiona la representación electoral. Algo que veremos aún mas con los nuevos partidos cantonales nacidos de esos «experimentos» en casa Tezanos.

    Donde si se modificase la Ley electoral, para quitarles esa representación extra y asignársela a las provincias con mas población, que es lo mas fácil de hacer, podría ocurrir el escaño que les quedara (y que les correspondería por Ley) acabaría indefectiblemente (ahora si), en una mayoría de los casos, en manos de un cantonal.

    No me veo yo a los sorianos, por ejemplo, pasando de tres escaños a uno, y que el que saliese (después del cabreo que habría allí) acabase en manos de los PPSOE de turno. Casi seguro que acabaría en un Soria Ya o similar durante mucho tiempo. Háganlo extensivo a 25 provincias «perjudicadas» y tendrán 25 escaños en manos de cantonales, si o si, y durante mucho tiempo.

    La alternativa a un sistema a lo húngaro: con dos votaciones paralelas, una al diputado por una circunscripción local de a uno mas otra a una lista para toda la nación. Lista a la que se suman los votos (restos) que no sirven para elegir a ese diputado de la circunscripción local, para que así el voto siempre sirva para algo, no se pierda. Con lo que partidos como Cs o PACMA conseguirían una representación mas proporcionada con el número de votos conseguidos. Es una alternativa lógica. Pero aquí no la acabo de ver.

    Por otro lado usted comenta que VOX puede tener alguna tendencia xenófoba, homofobia, de rechazo de la Unión Europea… Y sencillamente yo no lo veo así. Yo creo que simplemente se atreven a explicitar realidades incómodas, elefantes en la habitación, sobre estos temas donde los otros partidos son juez y parte.

    Y donde hay (como en el caso de las Taifas) muchos intereses poco confesables (mayormente de voto clientelar y de presupuestos) que cuando alguien los comenta se hace necesario ese cordón sanitario, porque con las cosas de comer no se juega.

    Es una pena que lo mas criticable de VOX no se critique, sobre todo porque muestra algunas contradicciones e incoherencias que podrían debilitar su discurso. Y se recurra siempre a los cuatro tópicos.

    Un cordial saludo

  2. O'farrill dice:

    Coincido con el comentario de Pasmao y me atrevo a añadir algo más.
    Cuando hablamos de «nacionalismos» en un sentido natural estamos refiriéndonos a la pulsión más o menos emocional, al sentimiento de pertenecer a un territorio, una cultura, unas tradiciones que nos han marcado de diferente forma.
    Estos días pasaba por mi pueblo y al recorrer sus calles sentía algo especial: sus gentes ya desaparecidas, sus costumbres, su diseño urbano y arquitectónico (ya perdidos por la modernidad), sus fiestas…. Si perdía todo eso, estaría renunciando a mi propio ser, a los años que me conformaron en sus calles, con sus gentes.
    Ahora bien, si entramos en el terreno «político» (tal como hace el artículo), encontraremos que el «nacionalismo» se convierte en una justificación para llegar al poder o la influencia en el poder político, donde nace el egoismo caciquil de siempre: «los míos», frente a la generosidad de quienes entienden los problemas como algo compartido. Enfrentamiento útil para manipular y dividir, frente a solidaridad social de todos.
    El sistema electoral que es el que otorga poder, debería partir del principio de «igualdad» constitucional: el mismo valor de voto para todos los ciudadanos sea cual fuere el lugar de su residencia. Se trata de elegir un Parlamento Nacional, no el modelo de farolas de mi pueblo. Son los intereses de todos, de la nación (lugar de nacimiento) no los particulares de nadie. La representación no debiera ser obligatoria a través de las listas partidarias, sino de elección libre, razonada y responsable de cada ciudadano, pudiendo revertir el mandato representativo.
    Como vemos, el asunto es bastante complejo y merece un debate ajeno a lo «político», para reconocernos como verdaderos «soberanos».
    Un saludo.

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