El encierro en un espacio reducido, el enfrentamiento directo con los elementos de la naturaleza, el acercamiento a una muerte probable, la relación con poblaciones lejanas, exóticas y agresivas, y un hábito de vida nómada, hacen de la vida del marinero una de las más peculiares de cuantas existan.

En unas sociedades sedentarias como las nuestras, poco interés suscita cualquiera de las culturas nómadas que aún prevalecen en el mundo. El ideal de subsistencia de aquellas empaña los valores que se encierran en las culturas que hacen del tránsito una forma de vida permanente. Implicando cualquier forma de riesgo para la vida humana, topan frontalmente con la escala de principios de pervivencia que se ha establecido, en términos de número de años contados.

tatumarinos

La característica vida de los marineros encontró en el tatuaje una forma ritual de expresarse, siendo en este ámbito, junto con el mundo de los presidiarios, uno de los pocos medios en los que el tatuaje se utilizaba como forma de expresión. La radicalidad de la manera en que se ganaban la vida, por la exposición a innumerables peligros, y la dureza que suponía el vivir cotidiano, hacían habitual una cultura que buscara diferentes formas de conjurar peligros, exagerar virtudes, reivindicar cualidades y ensalzar dioses menores.

taturosavientosTatuarse un conejo, un cerdo o una gallina en tu propia piel, era una forma supersticiosa de desear para uno el mismo fin de salvación que estos animales siempre tenían en un naufragio. Hacerse dibujos de cruces en las plantas de los pies se consideraba una forma de ahuyentar a los tiburones si acababas en el mar. Las rosas de los vientos expresaban el anhelo de no perderse en un medio que se caracteriza por la ausencia de referentes en los que apoyarse. Todos ellos formaban una amalgama de convocatorias al más allá, tomado en el sentido de un futuro incierto, en el que se apela al destino divino para lograr la salvación.

tatugaviotaEn contraste, había tatuajes con significados y propósitos diferentes. Así, las anclas simbolizaban la atadura de esos hombres a la vida en el océano, y les identificaban como marineros ante el resto, o bien se les incluía el nombre de alguna persona con quien les unía una relación indisoluble. El gorrión o la golondrina significaban el grado mayor de experiencia marítima en forma de galones, en una jerarquía sin protocolarizar. Todos estos eran expresiones de la propia identidad.

tatusirenaLas imágenes de mujeres podían significar dos polos seguramente opuestos. Cuando hacían mención a una mujer determinada se trataba de expresar el compromiso afectivo del tatuado, pero cuando eran genéricas significaban el “amor” que profesaba el marinero a todas y cada una de las personas del género femenino. De todos es sabido que en los puertos de mar se abrigaba un submundo de prostitución con el que algunas conseguían un sustento, y otros aliviaban sus deseos, en una transacción que solo en ellos, lobos del mar, adquiría una necesidad de melancólico romanticismo.

En definitiva, coincidían en los tatuajes el amor, la identidad y la relación con la muerte, en una forma de vida que podían justificarse las tres, por muy primarias que estas puedan resultar. Ya sea por una relación sentimental o un compromiso grupal, por una conjura de los propios miedos atávicos, u obedeciendo a un deseo de reivindicación personal, todos ellos suponen mantenerlo indeleblemente en un espacio tan de uno como es la misma piel.

Bien nos podíamos preguntar a cuál de ellas obedece la proliferación de esta forma de expresión en nuestras sociedades avanzadas, en las que ha adquirido una impronta muy significativa entre sectores de la población muy lejanos a los que se han mencionado. Más allá de otros aspectos y matices que pueden representar, lo más definitorio del tatuaje es el carácter de fijación de aquello que está detrás de lo representado. Es similar a otro rasgo característico de nuestra sociedad, como son las fotografías, con la diferencia de que el tatuaje siempre va contigo a cualquier sitio, situación o estado que se produzca, dotando a todo ello de una misma y única simbología.

En nuestra cultura es muy común ver como tratamos de borrar las huellas del pasado, incluido el biográfico, especialmente en el ámbito de las experiencias traumáticas, eliminando de nuestro acervo aquellos episodios que más se asocian con ellas como son las guerras, las revueltas o los crímenes, por poner algunos ejemplos. La mala prensa que tiene el pasado guerrero de nuestras generaciones más antiguas, la fobia a la sangre y la obsesión por la salud, y el sucesivo deterioro de las fuerzas militares, así lo parecen indicar. Buena muestra de ello es el carácter mórbido que adquieren las noticias y reportajes que al respecto inundan nuestros paisajes de comunicación, como algo que se observa desde la distancia y con la curiosidad por lo lejano.

Este afán por dejar atrás cuestiones que se consideran casi como restos animalistas de nuestra cultura, choca con estos otros que hacen exactamente lo contrario, fijando siempre con una intención sublime aquello que desean que les caracterice, con una multiplicidad de estilos, formas y zonas corporales utilizadas, que sorprende a quien lo desconoce. Por encima del dudoso estilo estético con el que se suelen presentar, pone en evidencia en la forma actual en que se presentan, la ausencia de valores más propios, profundos y arraigados, y la proliferación de la pura imagen con escasa o nula consistencia interior en la persona. Una suerte de juego que a muchos nos sonará familiar en la sociedad que vivimos, en diferentes medios y espacios sociales, como por ejemplo en la política. Pero ¿Qué clase de convocatoria o conjura está detrás de los que se tatúan más allá de su intención auto-reivindicativa?

Que es algo más que una moda, se puede ver por su proliferación entre la población, y por su uso por parte de los iconos mediáticos más en boga desde hace décadas. Es un mercado en alza, al que los medios de comunicación aún no le han prestado la atención que merece, aunque algunos periódicos han revelado que presenta un porcentaje muy alto entre la población joven. 

Es fácil concluir que tatuarse acaba siendo un error, cuya huella cuesta borrar, cuando los estudios afirman que casi el 90% de los que lo han hecho, vuelven en algún momento para quitárselo, de alguna manera arrepentidos del tatuaje, del motivo que les llevó a grabarlo, o del hecho de tenerlo siempre presente en la piel. Lo que refleja una clara evidencia de lo mal que casan las conjuras con vocación de eternidad y la evolución y desarrollo personales.

Cuando en cualquier colectivo social se conjugan ritos contradictorios como los que los tatuajes representan, se pone en evidencia la situación de crisis en la que se está viviendo, el ambiente de inestabilidad que domina en los círculos, la necesidad de cambio que a veces alcanza formas desesperadas, y la imposibilidad de trazar hojas de ruta que eliminen el espíritu de aventura.

6 comentarios

6 Respuestas a “Tatuajes”

  1. O,farrill dice:

    Me ha encantado el artículo que pone sobre la mesa uno más de los aspectos que vienen definiendo a una sociedad que hace de lo banal e ilusorio una forma de vida. La “identificación” tribal o generacional que pretende ser rebelde, se vuelve una manera más de “negocio”, lo mismo que ocurre con el pelo (moño estilo Confucio), la barba (estilo Alqaeda), las “chanclas” (estilo “cutre”), los pantalones “piratas”, los “piercings”, etc. etc.
    El tatuaje, es una forma más de “alinearse” con los “colegas”. De sentirse parte de algo superior (la tribu, antes la pandilla) al sentimiento propio de inferioridad personal.
    Sigo sin entender cómo las automutilaciones, perforaciones y otros daños físicos, más relacionados con torturas físicas, son practicadas tan asiduamente, salvo claro está que sirvan para confirmar la “fortaleza del guerrero” y sean unas simples ceremonias rituales para identificar a quienes no tiene identidad propia a los que no son capaces de ser originales por sí mismos.
    Un saludo.

  2. Loli dice:

    Sí que me ha gustado la expresión de “fortaleza del guerrero”, en alusión al tatuaje y otras prácticas físicas relacionadas con una intervención agresiva en el cuerpo.

    Ahora es una moda, que, como creo que apunta el artículo, que responde más a un deseo aparencial de estar de una manera determinada, de poseer una serie de valores que ya se intuyen carenciales….e ir por el camino corto a conseguirlos.

    Es posible que antaño, esas prácticas no supusieran más la proyección externa de algo, de un trabajo, que ya se había realizado interiormente, y que sería el importante, la identificación visual solo sería necesaria para reconocer ese trabajo, o ese estado ya logrado, en la persona.

    Pero vivimos en el mundo de “la apariencia”, y de la “homogeneización”. Todos parece, tenemos que llevar la “muesca” sobre a qué grupo, idea, religión, doctrina…..grupo social, estamos adheridos.

    Y hay muchas maneras de imponer esa necesidad de reconocimiento visual a las personas.

    Visualizar, tener ya cribado y etiquetado el entorno en que nos movemos, parece se convirtiera en algo indispensable para poder vivir en cualquier modelo de sociedad.

    No parece ese el mejor medio para desarrollar la libertad……aún en aquellos modelos considerado como los más adelantados democráticamente, las sociedades llamadas a sí mismas “libres”.

    En la piel se refleja el funcionamiento interno, nace de la misma capa del sistema nervioso central en el embrión.

    Durante toda la vida se graba, pinta, y hasta colorea, en ella,….esos procesos internos.

    Y quizás no estamos en la situación ideal de desarrollar un lienzo biológico, como sería el de nuestra dermis, lo suficientemente adecuado como para reflejar en él una situación más auténtica de nuestra realidad.

    Pero como aún parece que no llegamos a desplegar el valor suficiente, o el suficiente conocimiento de la artificiosidad de nuestras distintas personalidades, como para dejar que la expresión de nuestro estado se visualice con los menos disfraces posibles, seguiremos, y a lo mejor es que es aún necesario que así sea, tratando de redibujar nuestra piel y cubrirla con otras que expresen cómo creemos que desearíamos estar, con el referente de la aceptación y el miedo a la exclusión, rechazo o persecución.

    Seguiremos utilizando confusamente el ropaje y sus mapas estampados, de acuerdo a las “modalidades” del momento social, con la esperanza, de que alguna vez, armonicen con lo sentimos…. dentro….

  3. Rosae dice:

    Imagino ser de otro mundo porque lo leído No Me Encaja, ni el artículo ni los comentarios;
    Leí muy de pasada, falta de tiempo: pero, recuerdo, claro! Años ya!! De jóvenes lo de “tatuarte” aquel 1er noviete/ o pareja/ o lo que fuera: sería el “ambiente” entre jóvenes? (Chicas)?,
    Porque aquello era tatuarte: sin anestesia:con aguja o alfiler en la piel (dibujando un corazón etc), y con el brazo..etc..”sangrante” (señal del amor- cariño o tontería sentida hacia él);
    Curado el “asunto”, después le ibas al noviete y le enseñabas la “marca” de lo que debería durar por siempre: la relación? O el tatuaje? O vaya usted a saber?-
    Sería el ambiente: lo de “morir- lesionarse afectiva/et ..” por alguien (él);
    Recuerdo que éramos muchas haciendo estas tonterías y claro!!!…
    Luego vienen los problemas serios;

    Coincido en que quizás debiéramos tatuar nos cosas que van más con nosotr@s: pero en algún lugar donde nada se viera, sólo se sintiera..o lo que es lo mismo, debiéramos tatuarnos (en el alma quizás!!!), que en esta vida: estamos lo “justo”(dos días), y sobretodo para “nosotras”, tonterías aprendidas “las justas”;
    Perdón erratas, no reviso texto.

  4. Xema dice:

    Me gusta el escrito de O.farrill. Yo no tengo tatuajes ni creo que me haga alguno, pero el arte que despiden algunos me hace retorcer el cuello en busca de los detalles y el posible argumento que hay detrás. Me gusta verlos.
    Es fácil catalogar a una mayoría de personas que buscan en el tatuaje una identidad, un reconocimiento o un detalle que lo separe del resto. “Todos son iguales”. Como si no hubiera valores, inteligencia o argumentos para hacerse lo que se hacen.
    Siento deciros que cuando algo se convierte en viral alcanza a altos, bajos, gordos, flacos, listos, tontos, y no importa raza, edad o sexo.
    Cuando algo se convierte en contagioso, el negocio está cantado, se hace con las esbasticas, con las banderas y hasta con el conocimiento. Nadie esta excluido de caer en las redes sociales.
    Lo que si critico es la falta de valor que algunos de los tatuados hacen para dejarse llevar por la manipulación y el encantamiento de los amig@s, vended@r de tatus y son capaces de dejarse tatuar cualquier cosa con tal de ser diferentes. Aunque el dibujo sea una piltrafa o el significado sea ignorado.
    El hecho de tatuarse debería ser contemplado como un acto reflexión, conocimiento y arte y después puesto en manos de artistas de categoría que respeten, acepten y asesoren a la persona para que tenga cierto sentido lo que se hace.

    1. O,farrill dice:

      Muchas gracias Xema. Estoy totalmente de acuerdo el separar lo que es arte o tiene un significado importante en la vida de las personas (como en las culturas polinesias) de lo que sólo es ir al rebufo de modas que tienden a “clonar” la diversidad de los seres humanos. Un saludo.

  5. Remedios dice:

    ¿”El hecho de tatuarse debería ser contemplado como un acto reflexión, conocimiento y arte…”?

    Cariño, esvástica es con “v”. ¡Ay, las redes sociales!

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