Repesca

Después de Malta y antes que Rumanía, España es el segundo país de la Unión Europea con mayor abandono escolar temprano: el 18,3% de sus jóvenes entre 18 y 24 años deja los estudios habiendo conseguido, como mucho, el título de la ESO. Hay que decir, sin embargo, que este abandono era del 30,3% en el año 2006; así que se han hecho grandes progresos, aunque todavía estamos muy alejados de los resultados de Polonia (5%), Eslovenia (4,3%) o Croacia (3,1%). Y todavía superamos ampliamente la media europea, que es del 10,6%, poco más de un joven de cada diez.

Pero las estadísticas, sin interpretación y sin matices, no dejan de ser números; y los números se pueden presentar de muchas maneras. Por ejemplo, no tiene el mismo impacto decir que nuestra tasa de abandono es del 18,3 frente al 10,6 de la media europea, que decir que es un 80% superior; y, sin embargo, estamos diciendo lo mismo con los mismos datos.

Personalmente, las estadísticas me dicen bastante poco; por la forma en que se utilizan y se manipulan, y por lo parciales que son. Y, en el ámbito de la política, básicamente se utilizan para comparar. No da buena imagen tener más fracasados escolares que Rumanía.

Y cuando se habla de reducir el abandono escolar temprano, de lo que se está hablando es de mejorar las estadísticas, es decir, de buscar la forma en que haya más personas que titulen. Y el modo más sencillo de hacerlo, sin hacer cambios profundos en el sistema educativo, consiste en reducir las exigencias.

… cuando se habla de reducir el abandono escolar temprano, de lo que se está hablando es de mejorar las estadísticas, es decir, de buscar la forma en que haya más personas que titulen.

En este sentido, se ha levantado cierto revuelo ante el anuncio de la actual ministra de educación de flexibilizar los requisitos para obtener el título de bachillerato: el bachillerato se podrá cursar en tres años, en vez de en dos, y se podrá titular con una materia suspensa. A efectos prácticos, lo de que se pueda cursar en tres años es equivalente a repetir un curso, salvo que ahora ya no se contabiliza como repetición y las estadísticas mejoran.

Posiblemente el abandono escolar es menor en otros países no porque en estos países se estudie más o se sea menos exigente, sino porque la educación obligatoria está concebida de otra manera, menos académica y más orientada hacia la formación profesional. Hay menos fracaso porque hay más alternativas.

Puestos a comparar, si lo hacemos con Alemania, la mayor potencia política y económica de la Unión Europea, encontramos que nuestra tasa de abandono es casi el doble y que nuestro paro juvenil quintuplica al de ese país (38,6% frente a 6,8%). Pero también podíamos compararnos con Polonia, que tiene un porcentaje de abandono del 5% y una tasa de desempleo juvenil del 14,8%. Ambos países, al parecer, están claramente mejor que nosotros, aunque sus sistemas educativos son muy diferentes.

El sistema educativo alemán es considerablemente menos comprensivo que el nuestro. Desde muy temprano, desde los 10 años, se selecciona a los alumnos que van a seguir una trayectoria académica, y el resto se desvía hacia los estudios profesionales. El sistema de Polonia es más similar al que tenemos, manteniendo juntos a todos los alumnos hasta los 16 años, y la tasa de abandono es la mitad de la de Alemania y la cuarta parte de la de España. Así que está claro que intervienen más factores y no solo la edad a la que se empieza a separar a los alumnos.

Es más, dentro de un mismo país, las cifras no se distribuyen por igual. Así, por ejemplo, en Alemania, el fracaso educativo en la antigua RDA es escandalosamente mayor que el del sur del país, la zona más industrializada, más rica, con menor desempleo y con una formación profesional dual altamente eficiente. Y lo mismo sucede en Polonia, donde el este del país está menos desarrollado que el sur o el centro.

En España, a otra escala, sucede algo parecido: País Vasco y Cantabria están por debajo de la media europea, mientras que otras como Murcia, Andalucía o Baleares, la duplican ampliamente. De hecho, Baleares está a la cabeza, con un 26,5%, por delante de otras comunidades más deprimidas; y podría tener su explicación si atendemos a la relativa facilidad de encontrar empleo en el turismo.

Hay incontables evidencias de que la educación le interesa bastante poco a los políticos; salvo que la puedan rentabilizar electoralmente. Y todas las declaraciones sobre la renovación de la formación profesional, la educación en consonancia con el modelo productivo y temas de ese calibre me parecen vacías, porque no vienen acompañadas de los hechos, ni hay intención de buscar otro modelo educativo ni social, sino que solo se pretende ajustar el que tenemos.

Después de un parón de meses, desde el fracaso del último intento de pacto educativo, apenas se ha hablado de educación en los medios de comunicación. Ya no gobierna el PP, pero la LOMCE, la controvertida ley que a nadie satisface, todavía sigue vigente. Y parece ser que la alternativa que tiene el actual gobierno en mente es una vuelta a la LOE, la ley socialista que la precedía. Es decir, seguimos igual: a ningún partido le interesa un cambio educativo en profundidad.

Un planteamiento educativo profundo debería partir del hecho de que todos y cada uno de los seres humanos tienen un enorme potencial, tienen multitud de capacidades que los hacen únicos. Pero estas capacidades se tienen que desarrollar y, para ello, se precisa de un entorno que lo facilite y, sobre todo, del esfuerzo personal. La función de la educación debería ser proporcionar lo primero y apoyar lo segundo; sin establecer categorías entre los aprendizajes, ensalzándolos o menospreciándolos según su utilidad.

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