Compañías peligrosas Imagen de Carlos Lorite en Pixabay

Estamos en nueva legislatura y el apoyo de los nacionalistas ha seguido siendo la clave para que Sánchez continúe como presidente de Gobierno. En la pasada legislatura ya estaba consolidada en nuestro país una situación de alianza duradera que vinculaba estructuralmente al PSOE con el conjunto entero de los partidos nacionalistas.

Quizá esta colaboración se venga produciendo desde 2003. Entonces fue para posibilitar la formación de un gobierno catalanista y de izquierdas, pero los firmantes ya se comprometían a impedir la presencia de otros partidos, no solo en el gobierno regional, sino también, en el gobierno del Estado.

Ahora el PSOE parece haber renunciado a su vocación mayoritaria y desde los partidos nacionalistas ha existido una clara disposición para dar un apoyo coordinado y al unísono que facilitase la gobernabilidad del país. ¿No es razonable que esos partidos nacionalistas, hayan de ser correspondidos desde el Estado, con “colaboraciones” acordes a sus intereses?

De los nacionalistas, solo cabe esperar interés por privilegios que les faciliten alcanzar sus propósitos o por todo aquello que aporte a sus territorios ventajas y beneficios: aumento de brecha económica respecto al resto de comunidades españolas y garantías de poder mantenerlas, maximizar competencias de gestión política y alejar la presencia e influencia del Estado de sus territorios, formas de relación con el Estado diferentes al resto de comunidades, … y, siempre también, con la permanente amenaza del separatismo, aunque nunca sepamos a ciencia cierta, si realmente buscan el independentismo o, más bien, seguir parasitando al resto del país.

Teniendo presentes los fundamentos ideológicos de la izquierda y recordando el rosario de concesiones que Sánchez viene haciendo al nacionalismo, creo es fácil colegir, por increíble que parezca, que no es posible encontrar un solo político de izquierdas en ejercicio, que crea “de verdad” en la importancia ética de cuidar el principio de igualdad entre los españoles. Sorprende también, que toda la izquierda y socialistas en particular, desbaratando otro de sus principios básicos, no hayan tomado posiciones contrarias al nacionalismo; contrarias a todo lo que pueda debilitar al Estado o la nación, como sustrato de solidaridad.

Lo cierto es que asistimos a un incremento de la tendencia al deterioro institucional del país y, aunque sus consecuencias tempranas pueden parecer leves, su impacto a largo plazo puede ser letal.

Existe consenso, entre reputados economistas mundiales, de la relación entre el deterioro de las instituciones de un país y la cada vez más disminuida capacidad de quienes gobiernan esas instituciones, la cada vez peor selección que de ellos se hace y el cada vez menor respeto a lo que debería ser ese comportamiento institucional.

Así, en este país asistimos a como los principios básicos del Estado de Derecho son traicionados por un plato de lentejuelas de poder. Empezando con la destrucción de contrapesos entre poderes, por el acoso permanente sobre el Judicial y la fusión práctica del Ejecutivo y Legislativo, en la que este solo hace de correa de trasmisión del Gobierno, ratificando asuntos negociados fuera de sede parlamentaria (incluso fuera de España) y en un ejercicio legislativo asumido sin discernimiento ético ni jurídico, pese a que la condición de los diputados no conlleva el mandato imperativo.

No existe una variable objetiva para medir la calidad institucional, pero sí existen indicadores elaborados por el Banco Mundial sobre la calidad de la gobernanza. Economistas del Banco Central Europeo han estudiado la evolución de esos indicadores para 30 economías avanzadas (UE, EEUU, Reino Unido y Japón) y han obtenido como resultado que España ha pasado de ocupar el puesto 11 en cuanto a calidad institucional, en 1998, a la posición 20 en 2021 y la segunda posición de mayor deterioro institucional de entre dichas economías. En nuestro país ha sido, por tanto, donde ese deterioro ha sido mucho más agudo que en el resto de los países analizados.

Esta investidura trae nuevos síntomas de erosión del sistema político: la precarización del poder judicial con una ley de amnistía exigida como condición para apoyar dicha investidura y el significado que se le pretende dar, un Tribunal Constitucional dispuesto a validar todo lo que le llegue del Gobierno, posibilidad de mutaciones constitucionales por una mayoría parlamentaria, saltándose las propias reglas constitucionales…

Considero una anomalía las ventajas que la Constitución otorga a unos territorios que, solo por contar con partidos nacionalistas, obtienen privilegios y beneficios desproporcionados frente al resto de comunidades.

Por otra parte, resulta increíble que la palabra “nacionalista” no se asocie con algunas de las más terribles aconteceres y experimentos sociales del siglo pasado. Ni que tampoco sea reconocida como la peor lacra sociopolítica que, aún hoy, lastra el desarrollo social de los pueblos.

Para justificar sus diferencias, pero, sobre todo, sus privilegios, los prebostes del nacionalismo buscan su base ideológica en la infamia de convertir a su grey en seres elegidos. Quizá el rasgo más característico de su discurso sea ese victimismo propio de aquellos que hacen siempre responsable al otro de su situación y cuánto les ocurre; también los nacionalistas parecen creerse con derecho al menosprecio e incluso llegar a la agresión de aquellos, a quienes ellos consideren.

El nacionalismo es semilla toxica; su mayor victoria ha podido ser el habernos traído la violencia y la intolerancia, el enfrentamiento y la discordia, el dolor y el sufrimiento, el revisionismo histórico…  

El recurso más utilizado por Sánchez para justificar su pacto con los nacionalistas ha sido el de evitar que la extrema derecha (VOX) entre a formar parte del gobierno de la nación; pero el que ello sea muy deseable no sirve como excusa moral para las decisiones tomadas. Maxime cuando todos los partidos nacionalistas de su coalición representan posiciones que  pueden ser tan reaccionarias, identitarias y xenófobas  como las de quienes se pretende evitar y, además, también algunos de ellos suelen ser asignados en el Parlamento Europeo a la ultraderecha.

La simpleza de explicaciones que ahora Sánchez ha ofrecido no concuerda con el alcance y consecuencias de sus nuevas concesiones al nacionalismo. Profundizar en la quiebra del principio de igualdad, dando más privilegios y beneficios a quien más tiene o, apelar a la concordia cuando se mantienen políticas de confrontación y se aísla a partidos que representan a la mitad del electorado español, no solo es una desviación de poder, es también no saber que la decencia debería situarse por encima de ideologías y bandos.

No deja de asombrar que un partido, que ha sido fundamental en la gobernanza del país, se aferre a seguir gobernando sin apenas autonomía política, traicionando también sus fundamentos ideológicos y sin el mínimo sonrojo por parte de sus lideres. La dependencia de Sánchez de los partidos nacionalistas nos muestra como su investidura ha sido meramente instrumental y la legislatura una nueva oportunidad para los propósitos del nacionalismo, no para los intereses del país. ¿Hasta qué punto esta alianza no supone por parte de los socialistas, cierto reconocimiento y aceptación de tesis y comportamientos incubados en el nacionalismo?

Las líneas rojas de la democracia se van saltando paso a paso. Desdeñando las advertencias de cualquier oposición con descalificaciones y como si fuesen meras rabietas. Los medios de comunicación son las herramientas que facilitan poder borrar las huellas de los pasos dados y son utilizados, también, para convertir la política-política en política-mediática, destinada básicamente a hacernos consumir un relato político al igual que saboreamos comida basura. En la historia reciente de nuestro país, no ha habido ningún otro gobierno con mayor respaldo mediático que el actual.

Los sueños nacionalistas nunca se desactivan, es un mundo insaciable. Ahora estamos, ante un tipo de liderazgo que por afán de perpetuarse todo lo justifica y está dispuesto a situarse más allá de los límites, sin importarle las facturas que tendrá que asumir este país y que se pagarán a futuro. ¿Como calificar este proyecto político representado por un narcisista, con vocación de servicio a no se sabe quién?

Quizá, la genial película “Amanece que no es poco” aporta la frase-luz que necesitamos para “comprenderlo todo”: “Todos somos contingentes menos usted, señor alcalde, que es necesario”

Y luego nos quejamos de otros.

3 comentarios

3 Respuestas a “Compañías peligrosas”

  1. R. Estévez dice:

    Creo que el PSOE, desde las postrimerías de Aznar, hace una reflexión estratégica y llega a la conclusión de que si quiere gobernar tiene que ponerse al frente de la kaleborroka y reconstruir el Frente Popular. Lo comenzó Zapatero y lo ha remachado completamente Sánchez.
    Esta línea estratégica, débil al principio, se refuerza extraordinariamente cuando Podemos se lleva a buena parte de la «sala de máquinas» de Ferraz. Esto no me lo imagino, me lo explican gentes relevantes del PSOE en aquellos momentos.
    Por eso creo que se equivocan quienes piensan que «el pobre Sánchez» lo hace porque no le queda otra si quiere gobernar.
    Comparto por tanto el análisis del autor que con seguridad habrá tomado nota de que el gran líder Bolivariano, José Luis Rodríguez Zapatero lidera hoy el Grupo de Puebla a lomos de los más de 30 viajes del Falcon a República Dominicana donde, quizás de forma más estratégica que coyuntural, se va domiciliando lo más granado del PSOE.
    Por otra parte no hay que ser un lince para ver la triste realidad de una UE al servicio civil y militar –con tropas incluidas– del Imperio.
    Saludos y gracias

  2. O'farrill dice:

    Volvemos a los «nacionalismos» y a los consabidos tópicos de «izquierdas», «derechas» y supuestos «centros» inexistentes.
    Una de la ventajas que tienen los años es el haber vivido en directo lo que ahora se cuenta para poder pisar «realidad». Y, para ello, debemos remontarnos a los finales de la 2ª G.M. donde los «aliados» (es decir EE.UU.) encuentran en Europa unos estados-nación con fuerte «pedigree» histórico, cultural y social, cohesionados suficientemente para plantar cara -si era preciso- a la hegemonía imperial USA con un fuerte desarrollo industrial y unos recursos humanos de primer orden, pero también un mercado donde colocar sus productos por muy infumables o banales que pudieran ser.
    Pero lo más importante era imponer una ideología «light» (socialdemocracia) que supusiera un colchón ante el comunismo, adaptada a los intereses económicos (sobre todo) escondidos tras la cruzada de «liberación democrática» mundial.
    Para ello era indispensable fragmentar esas grandes naciones sacando a relucir viejas y superadas rencillas, identidades enfrentadas y envidias raciales. Todo un proyecto de captura de Europa y de los europeos con el «divide y vencerás, al igual que lo harán en otras regiones de interés geiopolítico o geoestratégico del mundo.
    En España (como en otros lugares) la preparación del relevo de grandes y potentes estadistas por criaturas propias, de escasa inteligencia y ávidos de poder para implantar el modelo de democracia llevó a que ese pafrtido «fundamental en la gobernanza del pais» (según erl autor) no sólo se llevase por delante cualquier veleidad social, sino que se colocaron como humildes lacayos socialistas al servicio del capitalismo mundial (todo sea por la pasta). Asesores de todo tipo, financiación inacabable, formación en las fundaciones y universidades creadas «ad hoc», nos han traído una serie de «mandados» con instrucciones más o menos explícitas: dinamitar los estados, impedir sus economías, crear el caos jurídico imprescindible…
    Añádase a ello los sesgos personales como «evitar que la ultraderecha llegue al gobierno» y nos encontramos con una caricatura de lo que se pretende defender….
    Ahí, en esos prejuicios personales, empiezan los rencores de todo tipo….. Y luego nos quejamos.
    Un cordial saludo.

  3. pasmao dice:

    Buenas tardes Don Luís

    Desde 1998 hasta ahora el PP disfrutó de dos mayorías absolutísimas, y de varios años de mayoría relativa.

    ¿Que hizo con semejante poder para evitar la deriva de las instituciones?

    – Cuando tenía mayoría relativa pactar con los separatistas, dando carta de naturaleza a lo que el PSOE había pactado antes con ellos, o que pactaría después.

    Además de aprender todas las «mañas» de los PNV y CiU para aplicarlas posteriormente en las Taifas donde ellos mandaban. Como se vio en Galicia, Valencia o Baleares. O posteriormente en Andalucía. Entre otras. La excepción habitual, gracias a su política fiscal, fue Madrid. De ahí ese «desafecto» que hay en la derecha regional del PP hacia la CAM.

    – Cuando tuvo la absoluta o nos metió en guerras o organizó borodorrios a mayor gloria del jefe. O bien, con la 2ª mayoría absoluta, inició esa senda de inseguridad jurídica en lo tributario (Montoro&Cía) y no cambió nada del camino de deterioro instituciona en otras áreas que inició Zapatero.

    Sobre todo se vio su renuencia a darle la vuelta al deterioro institucional negándose a reponer su cabeza a Montesquieu, con una Ley de elección de vocales del CGPJ digna de un Estado con separación de poderes real.

    Las compañías peligrosas de la izquierda que han agravado nuestro deterioro institucional han llegado hasta donde han llegado porque desde el otro lado se ha jugado al bombero pirómano. Se ha minimizado el riesgo a que ese deterioro nos podía llevar y no ha querido desarrollar frenos institucionales al mismo.

    Ese mismo PP del 2011, por ejemplo, se negó a reponer la Ley de Partidos de Aznar. Ahí donde si acertaron antes, luego no repitieron. No creo que los separatistas catalanes lo hubieran tenido tan fácil de haber existido esa Ley.

    El único freno que ha propuesto es el de que sean ellos, el PP, los que con mayoría absoluta gobiernen, sólo y exclusivamente para evitar males mayores. Pero eso no es un freno institucional al destrozo de las instituciones, ni mucho menos. Sino la expresión mas pura del que no esta dispuesto a que desde esas instituciones, una vez depuradas y en funcionamiento con independencia, se puedan derivar acciones que lo puedan dejar sin una porción de poder discrecional que administrar.

    Mejor repartirlas, negociarlas, etc… que ya sacaremos algo.

    Las compañías peligrosas han tenido muchas amistades desde 1978.

    Un saludo cordial

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