Mucho se ha hablado de las consecuencias sociales, económicas y políticas de la crisis que empezó a finales de 2007 y de la que parece que todavía no acabamos de salir. Y ya vamos para nueve años. Ni siquiera la hambruna que, en el Génesis, José predijo a través de los sueños del faraón duró tanto: 7 años de vacas gordas y 7 de vacas flacas.

En cualquier caso, lo que parece claro es que, con crisis o sin ella, el modelo económico en el que vivimos desde el siglo XVIII produce un porcentaje de población marginado. En el país que constituye el paradigma de este modelo, los EEUU, el desempleo estuvo en 2006 y 2007 por debajo del 5% (4,7 y 4,6, respectivamente) y a partir de 2008 empezó a subir hasta llegar al 9,8% en 2010. Desde ese año ha vuelto a bajar progresivamente para colocarse nuevamente en el 5%. El porcentaje de pobreza en ese país llegó al 22,4% en 1960, momento en que el Presidente Johnson anunció su “Guerra contra la Pobreza“, para oscilar después y hasta nuestros días entre el 10 y el 15%.

Mientras el porcentaje de población marginal es relativamente bajo, desde un planteamiento cínico, se puede afirmar que la “democracia” funciona razonablemente bien: una sustancial mayoría embobada con el entretenimiento y entregada a la subsistencia se deja llevar, a través de elecciones periódicas y sin hacer demasiado ruido, por los poderes dominantes. Mientras no nos toque a nosotros, tampoco conviene hacernos muchas preguntas sobre ese pequeño porcentaje de población marginada que, dado el juego de mayorías, carece de relevancia en el proceso de toma de decisiones colectivas. Se trata de población que o bien no vota en las elecciones o bien suele votar a partidos extremos que no tienen influencia en el ejercicio del poder político.

El “problema” surge cuando en nuestras sociedades aumenta considerablemente el porcentaje de población que se siente más o menos excluida.

La OCDE viene advirtiendo de los riesgos que, para el crecimiento económico y la cohesión social, supone el fuerte incremento de la desigualdad económica en buena parte de los países pertenecientes a esa organización.

Algunos estudios publicados por esta entidad apuntan que, durante buena parte del siglo XX, en la mayor parte del mundo, se apreció una disminución de las desigualdades. Esta disminución comenzó en Norteamérica y en parte de Europa sobre 1920 y continuó hasta 1980. A partir de este año comienzan a crecer de nuevo las desigualdades económicas. Por ejemplo, en los EEUU, entre 1975 y 2012, alrededor del 47% del crecimiento económico solo benefició al 1% más rico de la población. En los países de la OCDE también se aprecia este incremento de la desigualdad: si en los años 80 la renta disponible para el 10% de la población más rica era 7 veces superior al 10% de la población más pobre, hoy es en torno a 10 veces superior. En término de propiedades (y no de rentas), la desigualdad es todavía más llamativa: el informe anual de Credit Suisse de 2014 señaló que la mitad más pobre de la población mundial dispone de menos del 1% de la riqueza mundial; mientras el 10% más rico era propietario del 87% de esa riqueza y el 1% más rico prácticamente poseía la mitad de las propiedades en el mundo.

Los datos parecen indicar que el crecimiento de la desigualdad se ha acentuado considerablemente durante la reciente crisis; de forma que esta evolución nos ha dejado, en algunos países, un resultado difícilmente manejable: parece que hasta un 40% de la población se ha quedado atrás -es decir, de una u otra forma marginada- y con la percepción que no le llega nada del crecimiento económico.

Con estos mimbres, ¿realmente nos extrañan los movimientos políticos que se están generalizando en los países democráticos? En cada uno de ellos ha tenido manifestaciones distintas, nominalmente de derechas o de izquierdas en función de la historia colectiva de cada país y la aversión a dictaduras radicales de uno u otro color: en España nos repele el radicalismo de derechas por haber sufrido una dictadura de ese color, del mismo modo que en Polonia abominan de la izquierda extrema que padecieron durante largos años. Por supuesto, también ha influido el carisma y habilidad del líder de turno para decirle a la gente lo que, en cada caso, quería oír: léase Le Pen en Francia, Petry en Alemania, Trump en EEUU o Iglesias en España.

Todos estos movimientos tienen en común que son manifestación del hecho de que un porcentaje relativamente importante de la población no se considera partícipe del bienestar ni del crecimiento económico, es decir, de algún modo, se considera marginado.

Esta evolución de los acontecimientos tiene sus bondades y sus contraindicaciones. Entre las primeras está que la minoría marginada deja de ser invisible cuando se convierte en mayoría. Por supuesto, solo hasta que volvamos al punto de equilibrio en el que la marginación vuelve a ser minoritaria. Seguramente ahí nos volveremos a olvidar de ellos.

En el otro lado de la balanza, una de las principales contraindicaciones reside en el riesgo de que la toma de decisiones individuales y colectivas se lleve a cabo desde la rabia contra quien señalemos como culpable de nuestra marginación y no desde el análisis inteligente.

Este es el caldo de cultivo de los populismos extremos, que apuntan su dedo acusador en diversas direcciones en función de sus intereses electorales: para Alternativa para Alemania (AfD), el Frente Nacional o el Partido Republicano de Trump, los culpables son inmigrantes o refugiados; igual que para Syriza o Podemos los culpables son los mercados, la troika, los acreedores…; o para los partidos nacionalistas de distinto pelo los culpables son el resto sus conciudadanos.

Pero la rabia es mala consejera y echarnos en manos de quienes nos dicen lo que aquélla quiere oír suele tener como efecto hundirnos más en el problema del que prometió sacarnos. Así ha ocurrido, por poner dos ejemplos conocidos, en Grecia o en Venezuela.

En nuestro modelo económico, la desigualdad se concibe como incentivo necesario para que una persona decida emprender, asumir riesgos y crear riqueza y empleo. Por ahora, la única alternativa conocida a ese modelo es la fracasada economía planificada.

Cuando la rabia de una mayoría marginada se orienta a la destrucción del modelo, sin haber sido capaces siquiera de percibir lo que viene después, el riesgo es mayúsculo. Por eso, mientras concebimos otro modelo económico, que no esté basado en la competición de unos contra otros sino en la colaboración a la que cada cual aporte sus cualidades diferenciales, parece evidente que urge atajar el incremento de la desigualdad económica y volver a emprender el camino seguido hasta los años 80. La OCDE ha advertido de que el aumento de la brecha entre ricos y pobres y la percepción de que el crecimiento económico solo beneficia a unos pocos perjudica a la propia economía y supone una amenaza para la estabilidad de nuestras sociedades, en cuanto impide formar consensos razonables para afrontar los retos comunes.

Quizá sería bueno entonces embarcarnos en una nueva Guerra contra la Pobreza. Pero, por favor, sin populismos estúpidos. Desde la inteligencia.

10 comentarios

10 Respuestas a “Hombre rico, hombre pobre”

  1. Alicia dice:

    Soy una ignorante nata y neta en este tipo de cuestiones, pero voraz “escuchadora” de tertulias radiofónicas. Así escuché, hace no mucho, hablar del dueño de Inditex y, entre los contertulios, los unos argumentaban que era tan rico porque al fabricar sus prendas en China a muy bajo coste le dejaban mucho margen de beneficio, y que eso es explotación. Otro contertulio repicaba que sí, que los salarios que pagaba en China son muy bajos comparados con los españoles, pero mucho más altos de lo que son los salarios chinos.
    De ahí seguían una serie de argumentaciones y diatribas, de diferentes signos, de las que me quedé con la copla de que si el empleado chino al que paga su sueldo Amancio Ortega se pone tan contento, y el comprador español también se alegra de comprar barato, ¿dónde está la explotación?, ¿quién sale perjudicado?
    En última instancia, si compras barato, dedicarás más de tus ingresos a comprar, ropa, zapatos o desatascadores para fregaderos (un poner), y el vendedor de desatascadores tendrá más dinero para comprar una pamela a su señora (por ejemplo), y el vendedor de pamelas…
    Y fabricantes y vendedores necesitarán más empleados, que serán a su vez compradores de cafeteras y rímel para las pestañas (las señoras)…
    Y así indefinidamente, y el dinero se moverá.
    Así que, a esa inquina que los populismos sienten (o expresan) hacia los “ricos” no le encuentro yo desde mis alcances mucho fundamento.
    Habrá ricos de todo tipo, claro, de toda índole y muy diversos jaeces; pero parece obvio que para crear puestos de trabajo, y riqueza, hace falta ser rico para montar empresas que generen riqueza.
    Puesto que vivimos en sociedades, lo queramos o no, de consumo y que los que menos posibilidades de consumir tienen alimentan un cierto sentimiento de rencor o envidia hacia los que entienden como sus “enemigos” (de clase) pero se les pasa la rabieta en cuanto se sienten más iguales al envidiado… ¿Dónde está el problema de que existan empresarios, y de que los gobiernos les pongan un poquito fácil el crear puestos de trabajo?
    Otra cosa sería un tipo de sociedad distinta, sí, con otra escala de valores. Pero la que tenemos es la que hay, por el momento al menos.
    Si he escrito desatinos admitiré, sin rechistar, las reprimendas a que me haya hecho acreedora.
    Y pido perdón a Isaac, que reconozco que no sé comentar a la altura de sus artículos.
    Pero me gustan y, a mi manera, algo que algo voy entendiendo.
    Y se los agradezco.

  2. Loli dice:

    Hola Alicia

    Tengo un vecino de origen chino, que hace ya unos diez años se vino a España con su mujer, los dos eran muy jóvenes, estudiantes…y aquí se han establecido, con un pequeño negocio de alimentación, y aquí han tenido a sus pequeños. Trabajan prácticamente también de sol a sol, están sumamente integrados con vecinos y con el colegio de sus hijos en todas sus actividades….
    Sí se les ve contentos, pero cuando hablé con él, hace años, al principio de venir, me confesó que venían huyendo del abuso y del miedo, de la más absoluta desprotección frente a los caciques (alcaldes del partido que son empresarios y tienen bajo su mando a, por ejemplo la policía local y no tan local)…
    Aquí le maravillaba que cualquiera que se pusiera enfermo fuera a un hospital y se le atendiera.
    De allí, me explicaba cosas tales como que alguien que se `pusiera malo, podía, tranquilamente, morir a las puertas de un hospital, sin ser atendido.
    Quería hablar, sin parar, de lo que había dejado atrás, me enseñó papeles de periódico (en chino), donde se reflejaban noticias de abusos, y represiones tremendas por denunciar esos abusos.

    No creo que se deba simplificar todo tanto, como para justificar abusos laborales, y un desprecio absoluto de la dignidad del ser humano, en base a una forma diferente o de connotaciones distintas de asumir la vida y el trabajo, que puedan, y que seguramente tienen otros pueblos.

    En todo caso deberían servir para reflexionar y ahondar en la complejidad de formas de abordar, de ver la vida, que tenemos los seres humanos, y abrir los ojos a esa diversidad de matices y de visiones que de las seríamos más capaces, si no nos aferramos a sistemas inflexibles de organizarnos socialmente.

    Pero en ningún caso, caer en la linealidad, de que el abuso y la explotación se viven con felicidad por unos seres humanos, mientras que otros vivimos con dicha el consumo que día a día nos empobrece culturalmente, y nos esclaviza psicológicamente.

    No se veían caras de felicidad en las víctimas rescatadas hace poco en la India por el incendio de una fábrica de ropa, en malísimas condiciones, o en las que arrastran las secuelas de fábricas químicas, sin ningún tipo de garantía de protección para sus trabajadores, en tantos y tantos lugares de ese llamado “tercer mundo”, que ahora nos vuelve “la cara”.

    No nos justifiquemos tan “vulgarmente”, por favor.

    Un saludo

    1. Alicia dice:

      Buenos días, Loli.

      Nada que objetar a tu observación; tan sólo lamentar el haber sido malinterpretada, ya que lo que deduzco has entendido y extraído de mi comentario no tiene nada que ver con lo que desde mi criterio y mi entender he escrito yo en él.

      Yo sólo hablaba de que los ricos son necesarios. Y nada más.

      ¿Pero qué puedo hacer para explicarme mejor? ¿Volver a escribir lo que he escrito para dar lugar a una nueva reinterpretación por tu parte?

      El mundo de las palabras es escurridizo; tanto que, desolada, me he planteado muy seriamente y muchas veces renunciar a ellas y enmudecer, de por vida.

  3. Loli dice:

    ¡Por favor Alicia, no enmudezcas!

    Lamento si mi comentario al tuyo te ha podido resultar áspero.

    Quizás estaba pensando más en aquéllos que tienen mucho menos claras las cosas, y las catalogan de forma facilona. Yo sé que tú no eres de ellos.

    Yo también estoy de acuerdo en que dentro de esa “simplista” visión de las cosas, está el dividir al mundo entre “pobres buenos” y “malos ricos”…..visión ante la cual, con un poco que se quiera profundizar en las cosas…nos podemos encontrar con amplísimas y fascinantes variantes que no son más que el reflejo de lo equivocados que estamos en querer seguir justificando nuestro binario pensamiento, a expensas de la “realidad”, esa, de la que aún estamos lejos de entender, y ni siquiera queremos ser conscientes de ello.

    Te repito que yo sé que no eres una persona que te conformes con ese tipo de reflexiones, que buscas la complejidad preexistente en las cosas, y por ello, por favor te vuelvo a pedir: no enmudezcas, sigue…porque aprendemos todos.

    Un abrazo

    1. Alicia dice:

      Vale. No enmudeceré.
      Un beso.

  4. O'Farrill dice:

    La cuestión no es “hombre rico, hombre pobre” sino las enormes desigualdades en las oportunidades que la sociedad presenta para desarrollar distintos proyectos de vida. Hay un hilo conductor que nos lleva siempre a esa desigualdad histórica que, la civilización considera injusta y trata de resolver pero, mucho me temo, que seguimos sin avanzar demasiado. Lo único que ocurre es que nos lo venden de otra forma más sutil desde la propaganda. Las revoluciones sociales fueron intentos fallidos para conseguir mejoras en la relación de los siempre sometidos con quienes siempre están en las cimas del poder pero, nunca, a lo largo de la Historia, se ha conseguido invertir la situación. Cuando se ha hecho supuestamente, surgen otros “dominantes” que sustituyen a los anteriores y todo sigue igual: unas sociedades alienadas y manipuladas donde, el miedo a ser libres, es la justificación de la comodidad irresponsable. Un saludo.

  5. Manu Oquendo dice:

    He leído un par de veces el artículo de Isaac. Comentarlo es cuestión de gran complejidad y requiere tiempo y orden. Y además de analizar el sistema en si mismo habría que compararlo con opciones alternativas.

    Creo que todos encontramos objeciones y reparos a uno de sus resultados más aparentes: Nuestro Sistema Social resulta en un porcentaje de gente que vive en los márgenes del mismo en lo que a trabajo, renta y patrimonio se refiere. Trabajo, Renta y Patrimonio son los instrumentos importantes para cosas tan básicas como ejercitar autonomía personal, acceder a la cultura, poder plantearse una cierta vía de crecimiento humano para uno mismo y su familia, no ser instrumento sin control de la propia vida, etc.

    Si levantamos la vista, sin embargo, nos encontramos con que, en las sociedades en las cuales opera, estos datos son mejores que en las opciones alternativas conocidas. Bastante mejores. Se podrá argüir que también hay otros factores causales y es cierto, pero las alternativas son peores.

    Es decir, en este momento y por insatisfactoria que nos resulte la situación, no tenemos sobre la mesa alternativas viables de ningún tipo capaces de remediar las cosas de modo significativo. Si además pedimos que sea duradero, apaga y vámonos.

    Tenemos, eso sí, claras señales de que nuestro sistema está en un ciclo de deterioro de Rendimientos y Resultados que va destruyendo su tejido social incrementando por un lado los porcentajes de Marginalidad y, por otro, reduciendo el segmento social que fue su motor y su base política: La clase media. La metáfora viene definida por Stiglitz: el 1% vs el 99%. En realidad el 1% es menor todavía.

    Este sistema no puede existir sin los Valores de la Clase media. Sin ellos se muere irremediablemente. Y la verdad es que sistemáticamente esos Valores están siendo masacrados por el Poder como si ello fuera “Progreso”.

    Además, el ciclo va para muy largo. Nada que se parezca a lo vivido hasta ahora incluyendo la depresión del año 1929 que necesitó una Gran Guerra para que algunos países, dedicados a la Reconstrucción de lo destruido durante la guerra, pudieran salir de ella.

    Uno de los errores más frecuentes al analizar la situación nos es casi inevitable: hacerlo desde la economía en vez de desde varias disciplinas y perspectivas en paralelo.

    El propio sistema político (desde las políticas públicas de la Escuela Neoclásica al Marxismo más extremo pasando por el hecho frecuentemente olvidado de que nuestro sistema opera en Constituciones Socialdemócratas y Rawlsianas) incentiva el enfoque economicista como si no hubiera otros factores y otras disciplinas tan importantes o más para entender esto.

    Por tanto, no hemos de extrañarnos de que desde las Instituciones de la Social Democracia ( y la OCDE, El FMI, la UE, El BCE, etc, etc, etc, etc lo son) no puedan surgir evaluaciones adecuadas del la situación.

    En mi opinión llamar “capitalismo” a esto es, en el mejor de los casos, engañarse uno mismo ingenuamente, en el peor, un intento deliberado de engañar a los demás.

    Lo que estamos viviendo es clarísimamente un fracaso del sistema de Poder Político y Constitucional elaborado para resistir al Comunismo a lo largo del siglo XX.

    El comunismo se rindió y ahora lo estamos reviviendo con el caballo de Troya ya perfectamente instalado y construido por los Propios “sitiados”.

    Cambiar el enfoque de análisis y hacerlo de Forma Multidisciplinaria parece imprescindible para entender más y mejor la situación.

    Por ejemplo:

    1. ¿Puede una sociedad Hipercontrolada ser Creativa? ¿Es irrelevante la libertad de verdad, la de elegir sin coacciones desde arriba? ¿Puede existir libertad en un mundo globalizado?

    2. Si todos los organismos tienen un ciclo de vida y les llega la muerte inevitablemente ¿Qué nos hace pensar que las instituciones y los sistemas de todo tipo están exentos?

    3. Las causas de la desaparición de culturas y de sistemas sociales están bastante estudiadas y sin embargo nada de este conocimiento está hoy sobre la mesa al analizar la realidad porque pone de manifiesto las limitaciones del ……….sistema de Poder..

    La lista es interminable.

    Creo que analizar los sistemas sociales como lo que son –SISTEMAS– es imprescindible. No lo hacemos.
    Es igualmente necesario analizar otra cosa: El PODER. Es la causa de todo el resto de subsistemas en los que se apoya y sin embargo sigue siempre en su Sagrario, bien protegido, como si su naturaleza todopoderosa fuese la Divinidad.

    Estamos omitiendo, a mi modo de ver, esos dos factores: El Poder y los Sistemas.

    Buenos días y muchas gracias por otro excelente artículo de Isaac.

  6. RBCJ dice:

    Se dice en el artículo “Quizá sería bueno entonces embarcarnos en una nueva Guerra contra la Pobreza. Pero, por favor, sin populismos estúpidos. Desde la inteligencia.”

    De acuerdo, pero empecemos :¿quién declara la guerra? , ¿qué persona?,¿qué pueblo? , ¿qué institución?…¿con qué herramientas/armas?..¿contra quién?, ¿contra qué ley? , ¿contra qué países?….la ONU , la OCDE , La OTAN…pintan algo ahí…¿los objetivos?¿los 10 países más pobres del mundo que se comenta en EL País están en Äfrica?.http://blogs.elpais.com/africa-no-es-un-pais/2013/09/los-10-paises-mas-pobres-del-mundo.html
    Aunque se piense desde la inteligencia no veo cómo declarar esa guerra..necesaria en el mejor de los sentidos.Honestidad, Valores , Responsabilidad, Plan…comencemos de forma individual.

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