La vida sigue igual

Cuando Julio Iglesias ganó el Festival de la canción de Benidorm, corría el año 1968, y venía de dos años de rehabilitación por un accidente de tráfico que le apartó del fútbol y le dio la oportunidad de escribir poemas y canciones que luego le harían famoso en todo el mundo.

Como forma de reflejar el episodio depresivo que supuso un accidente modificador de su proyecto vital, se entiende bien el duelo de considerar que como seres humanos no le somos imprescindibles a la vida, y que esta sigue pese a nuestra desaparición. La vida continúa, pero nunca es igual.

“Pero también los sentidos, permiten descubrir los cambios y las modificaciones constantes que se producen dentro y fuera del individuo”.

Más allá de las contradicciones de la letra de la canción -excusables por las especiales circunstancias del autor-, es biológicamente imposible que nada siga igual nunca, ni siquiera de un segundo para el otro, a pesar de la perseverancia mental de una igualdad ficticia desde las similitudes.

Los sentidos tienden a dar un contenido comprensible para la consciencia, y por tanto toman las referencias de lo conocido para conformar una versión de la realidad. Pero también los sentidos, cuando se manejan desde la propia consciencia de una forma más cualificada, permiten descubrir los cambios y las modificaciones constantes que se producen dentro y fuera del individuo.

“Auténticas fobias a los cambios de quienes deberían ser los valedores principales del sentido de multiplicidad y singularidad”.

Es una cuestión de voluntad, por tanto, el uso que hagamos de las funciones implicadas en la relación que mantenemos con la realidad, que siendo permanentemente cambiante, nos empeñamos reiteradamente en “traducirla” a un mundo conocido, formando parte del lema central de nuestras vidas que transita entre el confort y el bienestar.

En Psicología, con algunas excepciones significativas, los profesionales y las escuelas y metodologías al uso, siempre tratan de retornar al sujeto afectado o trastornado a la “normalidad”, es decir al estado personal definido como ideal previo a los episodios de diferente tipo que provocan el malestar sobrevenido. Y se desoyen con frecuencia las “lecciones de vida” que podrían extraerse de esas vivencias. Auténticas fobias a los cambios de quienes deberían ser los valedores principales del sentido de multiplicidad y singularidad que tienen los procesos vitales a lo largo del tiempo.

“…nuestro supuesto bienestar escondía debajo de la alfombra un sinfín de mentiras y egoísmos que aún han tardado demasiado en hacerse evidentes”.

Shiva, el dios de la metamorfosis en la teogonía hindú de la Trimurti, debe estar bastante harto de todo esto, cuando no deja de preparar situaciones de difícil encaje en nuestras consciencias estáticas, mandándonos constantes problemas tras el desastre mundial de la pandemia. Crisis energéticas, economía en declive, guerras impensables cerca de nuestras fronteras, son realidades que nos están forzando a salir de los mundos ficticios, virtuales, y ahora metavérsicos, en los que estábamos instalados desde hace varias décadas.

“…aprovechándose de unos ciudadanos cada vez más miedosos, dispuestos más a salvar su pellejo que a ninguna otra cosa concernida”.

No es para sumarse a aquellos que piensan que no hay mal que por bien no venga, siempre queriendo sacar lecciones morales de los males que nos acaecen, pero es bastante cierto que nuestro supuesto bienestar escondía debajo de la alfombra un sinfín de mentiras y egoísmos que aún han tardado demasiado en hacerse evidentes.

Si alguna lección se puede sacar de la pandemia que aún padecemos, es la enorme manipulación de gobernantes, dirigentes sanitarios y comunicadores, que en una confabulación colosal han llenado de falsedades, medias verdades, cortinas de humo, y una amplia retahíla de recursos inverosímiles, la verdad de lo sucedido aprovechándose de unos ciudadanos cada vez más miedosos, dispuestos más a salvar su pellejo que a ninguna otra cosa concernida, especialmente respecto al horror vivido en las residencias de mayores.

“…a unos cientos de kilómetros morían sucumbidos por una valla unos pobres inmigrantes que lo único que querían era poder comer”.

Fíjense en lo inverosímil que resulta este esperpento, que reunidos los supuestos mayores especialistas en la geopolítica mundial, con los expertos en eso de la inteligencia, y los principales gobernantes del mundo libre, a unos cientos de kilómetros morían sucumbidos por una valla unos pobres inmigrantes que lo único que querían era poder comer.

¿Por qué le llamamos confort a ese ámbito en el que solo yo le saco provecho, beneficio y bienestar? Sí, aunque la vida nunca siga igual, este mundo vergonzoso se mantiene en lo mismo.

Un comentario

Una respuesta para “La vida sigue igual”

  1. O'farrill dice:

    En efecto, por mucho que se empeñen en vendernos un relato interesado sobre la vida, la muerte, el planeta, y el clima (entre otras cosas) es imposible parar la fuerza de la vida y de la Naturaleza por muy curiosas que sean las aportaciones (como el cubrir con cemento la boca del volcán de la Palma), una ideica «progre» de una peridista «progre», en un programa «progre» de televisión.
    Y…. digo yo ¿donde ha ido a parar la honestidad y la dignidad profesional?
    La «vida» sigue adelante con sus leyes naturales por mucho que ahora nos inventemos un neolenguaje que confunda. Como decía hace unos días un amigo: «las leyes son leyes (la de la gravedad por ejemplo), las teorías son otra cosa…» Que, en un arranque de prepotencia se nos intente convencer de la existencia de un mundo nuevo, seráfico, distópico, antinatural e irreal, queda justificado por los intereses escondidos debajo de la alfombra y que, como en el caso del «estado de bienestar» son simples trampantojos.
    La matanza de inmigrantes en la valla de Melilla, silenciada mediáticamente por los medios de comunicación del régimen, cuando se está trabajando teóricamente por un mundo feliz en la reunión de la OTAN, es el revulsivo que muestra las verdaderas hechuras de la política y sus aledaños, cuyo tratamiento informativo se ha cubierto de tierra de la fosa común por parte de la prensa apesebrada.
    Un saludo. .

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