Los algoritmos que votarán por nosotros

El conocido autor Yuval Noah Harari indica en su libro “21 lecciones para el siglo XXI” que los “referéndum y las elecciones tienen siempre que ver con los sentimientos humanos, no con la racionalidad humana”.

Los sistemas democráticos liberales se basan desde hace mucho en el axioma de “una persona, un voto” y cada uno de ellos tiene igual valor ya sea el de un iletrado o el de un profesor de economía. No estamos dejando la decisión del futuro político de una nación en manos de un grupo de expertos en economía, en derecho o en estrategia a largo plazo, sino en manos de la mayoría de la población.

Los votantes ejercen su derecho, no porque estén completamente informados de la situación política o de las opciones que se presentan a las elecciones, ni porque conozcan las implicaciones económicas de las distintas alternativas, sino por lo que perciben de cada una de ellas y la sensación que tienen de que se alinea mejor con sus intereses, sus ideales y, por qué no decirlo, por lo bien o mal que le caigan los candidatos.

No estoy quitándole valor al voto por sentimiento así entendido ya que, en el fondo, refleja el sentir de cada individuo que vota (y, sumando todos los votos, el de la comunidad entera). Éste se forma en cada persona a partir de miles de informaciones que son procesadas en su cerebro (a veces de forma inconsciente) y cuyo desarrollo le costaría verbalizar si se lo pidieran. El problema está en la posibilidad de manipulación de estas opiniones.

Los algoritmos están metidos en nuestro día a día mucho más de lo que nos imaginamos. Son algoritmos los que deciden mayoritariamente si un banco nos va a conceder un préstamo, son también los que deciden cuáles son las respuestas más destacadas que recibimos cuando queremos encontrar algo mediante un buscador de internet. También actualmente dan información de diagnóstico médico a partir de las pruebas realizadas y antecedentes de un paciente; son los que deciden en las compañías de seguros si un riesgo es asegurable y a qué precio, y son los que disponen qué anuncios vamos a recibir. Así podríamos estar repasando los distintos sectores de la sociedad y encontraríamos ejemplos en todas partes.

Los algoritmos son de hecho más eficientes que los humanos en la toma de ciertas decisiones ya que disponen de mucha más información y capacidad de procesamiento. Además nos fiamos de ellos cada vez más (por ejemplo, cuando dejamos que un navegador nos guíe al conducir por la ciudad).

En las primeras fases de la era industrial las máquinas lograron superar a los humanos en cuanto a potencia física pero, en el momento actual, la Inteligencia Artificial y sus algoritmos superan intelectualmente a las personas en muchos aspectos, y esto claramente no ha hecho más que empezar, por lo que las máquinas del futuro llegarán todavía mucho más lejos.

¿Qué es lo que le quedará al ser humano? Esto sería objeto de otro debate, pero considero que nuestro lugar en el mundo del futuro estará cada vez más centrado en la creatividad, el arte y los servicios (y en esto también hay parte que será absorbido).

Cabe pensar que si los algoritmos son capaces de conocernos a nosotros y a nuestro entorno incluso mejor que nosotros mismos, deberían ser capaces de darnos un consejo fundamentado sobre decisiones de nuestro día a día, como si debo cambiar de trabajo o de casa, qué pareja debo escoger, qué debo estudiar, e incluso qué debo votar.

El problema de los algoritmos es, por una parte, que quienes los desarrollan son también seres humanos (por lo menos hasta ahora) y que están por tanto sujetos a los sesgos ideológicos y culturales de sus autores.

Por otro lado, son una presa fácil de potenciales manipuladores con intenciones no siempre limpias.

A la prensa se le ha acusado en ocasiones de ser un instrumento al servicio de determinados intereses. Su credibilidad hacía que sus lectores moldearan sus opiniones en función de lo que se les mostraba. La tentación de manipulación, o al menos de influencia, siempre ha estado ahí.

Los algoritmos de Inteligencia Artificial, que nos rodean por todas partes, nos ofrecen credibilidad dada su gran potencia de cálculo por lo que, si son manipulados, podemos caer fácilmente en sus manos.

Las redes sociales han sido el primer campo de experimentación de este poder. En ocasiones, como en el referéndum del Brexit o en el de algunas elecciones de gobiernos, se han utilizado para destacar una opción frente a otra, incluso utilizando falsedades cuando era necesario.

Al igual que ya lo hacemos con el navegador que tenemos en nuestros vehículos, puede llegar un momento en el que nos fiemos más de un algoritmo que del médico que tenemos enfrente a la hora de darnos un diagnóstico, que hagamos más caso a un programa a la hora de decidir qué carrera vamos a estudiar que a nuestras preferencias personales.

Puede también que consideremos que ese “sentimiento” que indicábamos al principio del artículo como motor de nuestra decisión de voto, está mejor evaluado por un algoritmo que conoce nuestros gustos y preferencias así como mucha otra información relevante, que por nuestra propia opinión.

En ese momento podremos empezar a pensar que la democracia ya no existe.

Habría que reflexionar también hasta qué punto nuestro voto actualmente no está siendo ya condicionado por las redes sociales, las mentiras de los políticos, la prensa, etc., es decir hasta qué punto no está ya mermada nuestra capacidad de decisión independiente e informada o, dicho de otra manera, hasta qué punto la democracia no está ya degradada.

5 comentarios

5 Respuestas a “Los algoritmos que votarán por nosotros”

  1. O'farrill dice:

    «En este momento podemos pensar que la democracia no existe». Yo añado… ¿acaso existió alguna vez o todo ha sido una burda manipulación social?
    Tenemos la teoría sí, pero nos hacen falta los hechos que confirmen esa «democracia» a secas, sin adjetivos que la distorsionan.
    No sé por tanto si debemos preocuparnos porque los «algoritmos» voten….. ¿qué? cuando los robotizados cerebros ya lo hacen y cuando toda la estructura que conformaría una verdadera democracia: auténtica soberanía nacional, separación e independencia de poderes emanados de la misma, libertad, igualdad y pluralismo, estado de Derecho sustentado no en ideologías, sino en el interés general, igualdad ante la ley sin distinción, transparencia de gestión y exigencias de responsabilidades personales, etc.etc.ha sido pervertida, violada y destruída para ser sustituida por un totalitarismo distópico y aberrante.
    Y no, no es cierto que el voto tenga el mismo valor en nuestro sistema electoral. Está condicionado y sesgado por el sistema d’Hont que aplica una diferencia de valor según circunscripción. En todo caso, los algoritmos hacen milagros en la mecánica electoral, al igual que lo hacen en la mayor parte de nuestras vidas. Son los nuevos dioses, con su nueva religión y toda su corte de fieles que sustituyeron hace tiempo su facultad de pensar por el servilismo de obedecer.
    No nos engañemos ni nos hagaos trampas en el solitario que nos perjudican directamente. Mientras el protagonismo lo tengan las máquinas y ordenen a los humanos, éstos serán simplemente «cosas» transhumanas donde no quedará un ápice de los rasgos que ya hace muchos años nos sacaron de la musaraña para convertirnos en seres inteligentes en la diversidad enriquecedora.
    Y mucho cuidado en fiarnos de las tecnologías. Este año en plena carretera de curvas de alta montaña, un coche de los «modernos» se quedó con la dirección bloqueada a causa de la dirección eléctrica asistida. Según me dijo la propia casa es una «cosa» que pasa, incluso en otras marcas…. El resultado podría haber sido mortal si la inteligencia humana de quien conducía no hubiera actuado. Por cierto, la dirección de cremallera de mi viejo automóvil sigue siendo perfecta tars más de 200.000 kms. La parte oscura de las tecnologías, no se cuenta, no se dice, al igual que el resto de todo lo vendido como «progreso». Debían decir «negocio». Pero eso sólo queda para los que todavía conservan neuronas vivas: los nuevos herejes.
    Un saludo.

    1. Francisco Díaz-Andreu dice:

      Hola O’Farrill.

      Como bien indicas habría mucho de discutir hasta qué punto los votos que se dan actualmente son totalmente conscientes en esta época que, con un poco de generosidad, podríamos llamar «pre algorítmica». Lo malo es que lo que nos viene puede ser mucho peor.

      Sobre las tecnologías tampoco me gustaría ser negativo. Hay que reconocer que hemos mejorado mucho con respecto a épocas pasadas y nos hacen la vida más cómoda. ¿En todo? No, obviamente, pero si nos comparamos con siglos o incluso decenios atrás, hay que reconocer que hemos mejorado.

      1. O'farrill dice:

        Evidentemente la industria ha proporcionado mejoras en la vida de las personas. La tecnología, muchas menos (aunque la propaganda sea mucho más contundente para la psicología de las masas) y condicionadas a la obediencia a la máquina. Son como vasos comunicantes, lo que se gana en tecnología, se pierde en humanidad. La cuestión es la imposición forzada unilateral en sólo un sentido, eliminando sutilmente a la otra parte. Pero, es un debate amplio que excede la capacidad de un blog.
        Un saludo.

  2. Cristóbal Villalba Artacho dice:

    Excelente reflexión Sr. Francisco Díaz Andreu

    Lo que empezó como un código cifrado para que no pudiera ser interceptado por terceros ,se ha convertido en un invento revolucionario .
    Gracias a esa tecnología militar (en un principio para no ser espiados ) nos espían a todos y con tanta información debidamente procesada pueden influir en nosotros de muchas maneras . No es mucha molestia que analicen el perfil a cambio de unas galletas si le sacas un provecho al invento.
    Todo invento es susceptible de mejoras y toda herramienta tiene su huso preciso , lo contrario es viciar y los vicios sabemos cuanto arraigo producen en los humanos .
    Terminó , en el mundo del arte no tiene cabida las imitaciones ni las copias por muy bien ejecutadas que estén . Lo primero que hace el artista es emplear el ingenio para procurarse los medios para crear una obra lo demás ya no está en su mano.
    Disculpas por la brevedad
    Saludos.

  3. Rafa dice:

    Escuché definir una vez a un periodista la democracia como » la pertinaz sospecha de que más de la mitad de la gente tiene razón el mayor número de veces».

    Esta definición, nos remite a que la esencia de la democracia es una cuestión de cantidad y no de calidad, los algoritmos mandan; intentan realizarse las políticas acertadas o equivocadas que han decido un mayor número de personas, como si el hecho de equivocarse o acertar por muchos, fuera menos grave que el equivocarse o acertar por pocos.

    Porque en este momento conseguir el mayor número de adeptos no se puede relacionar con el beneficio para la mayoría.

    La democracia, basada la toma de decisiones por la participación política de los ciudadanos, no se da por :

    La igualdad de oportunidades que pretende no se produce, no se tiene en cuenta el hecho de que alguien que pueda elegir determinada opción quiere decir que deba elegirla; se ensalza como un triunfo de la democracia el hecho de que cualquier ciudadano puede llegar a presidente, pero quizá ni el deba presentarse, ni nosotros elegir a cualquiera, solo por la circunstancia de que podamos hacerlo.

    Y en este campo entramos en la posible manipulación de la que tu hablas Paco, porque una persona sin criterio claro, por muy emocional e intuitivo que sea, no debería tomar una decisión, pues es mucho mas fácil manipularle para que la tome, y porque parece que a muy pocos interesa formar y capacitar a la gente para tomar decisiones correctas sobre si mismo y sobre otros.

    Por eso los algoritmos mandan en la democracia, se puede decantar a los ciudadanos intencionalmente hacia determinada opción simplemente estudiando sus circunstancias, edad, trabajo, gustos, ocio, etc.

    Pero esta posibilidad que simplemente determinan los números en muchas ocasiones, viene gestándose al dividir a la sociedad en grupos lo mas homogéneos posible, haciéndoles creer lo contrario, que somos completamente libres y diferentes unos a otros participando de sus decisiones.

    Afortunadamente hay jóvenes y también algunos mayores que empiezan a rebelarse y no quieren jugar a este juego y o bien se niegan a votar ( cada vez menos participación) o se rebelan de alguna manera para que los algoritmos no voten por nosotros, contra los que pretenden hacerles creer que en este momento democracia y libertad corren caminos paralelos.

    Un abrazo

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